Durante décadas, Televisa, la mayor cadena de televisión del mundo de habla hispana, operó con una fórmula imbatible: sabía cómo llegar al corazón del público y también del gobierno.
Conocida como la fábrica de sueños, sus edulcoradas telenovelas se vendían como pan caliente en todo el mundo, mientras sus vínculos con el partido de gobierno, el todopoderoso PRI, le deparaban privilegios envidiables.
Pero los 71 años de monopolio del poder del PRI en México están a punto de concluir, y Televisa teme que esto se convierta en una amenaza a su propio reinado.
Para colmo, el nuevo presidente, Vicente Fox, pertenece a un partido que no olvida la parcialidad de Televisa.
Javier Corral, senador del Partido de Acción Nacional, PAN, que llevó al triunfo electoral a Fox, y preside el Comité de Comunicaciones del Senado (a cargo de regular la actividad de la televisión) tiene 34 años, pero es capaz de citar una larga lista de ejemplos de la parcialidad de Televisa. Entre ellos, la negativa de la cadena a cubrir las protestas contra el fraude electoral en el norte de México, en 1986, y la escasa cobertura brindada a los candidatos de la oposición.
Buena letra
Desde la muerte, en 1997, del presidente de Televisa, Emilio Azcarraga Milmo, la emisora ha hecho esfuerzos para presentarse como un medio independiente, lo que le valió, incluso, el aplauso de los grupos de derechos humanos por su ecuanimidad durante las elecciones que ganó Fox en julio de este año.
La mayor imparcialidad en sus enfoques periodísticos y una programación enfocada en el mercado le han ayudado a mantener a raya a la competencia, encarnada por TV Azteca, el rival surgido en 1993, cuando Televisa perdió su monopolio en la televisión privada. Su nuevo compromiso con la democracia y la transparencia también mejoraron su imagen ante los inversores.
Pero el legado del Tigre (como se lo conocía a Azcárraga), todavía se hace sentir en el poder dominante de Televisa en México, donde controla cuatro cadenas, cientos de emisoras locales y un share de 75% de la audiencia, todo ello gracias a las concesiones gratuitas que obtuvo de sucesivos gobiernos.
Corral admite que hubo mejorías en el tratamiento de las noticias, pero advierte que el poder de la cadena todavía plantea una amenaza. “Cuando las papas queman, la televisión siempre se pone del lado del régimen”, dice.
Más democracia
Para poner freno al poder de Televisa, Corral propone reemplazar el sistema por el cual las concesiones de televisión son otorgadas a discreción del Ejecutivo, sin reglas claras ni licitaciones públicas.
La idea, dice, es democratizar la televisión otorgando más concesiones, especialmente a emisoras estatales, y sometiéndolas a la aprobación de las autoridades antimonopolio.
La paradoja es que el tamaño de Televisa es, quizá, su principal ventaja competitiva. Hasta Corral admite que el presidente electo puede tener dudas acerca de la conveniencia de alterar el sistema de concesiones, por temor a ganarse el antagonismo de potenciales y poderosos aliados dentro de la cadena. Además, 60% de las acciones de Televisa están en manos de inversores extranjeros, y la división forzosa de una compañía que el año pasado sumó una facturación de US$ 1.700 millones podría ser interpretada como una señal negativa por la comunidad financiera internacional.
La influencia de Televisa y la fortaleza de sus lazos con el gobierno del PRI se tornaron evidentes en 1997, cuando la muerte del Tigre dejó en manos de su hijo, Emilio Azcárraga Jean, el control de la compañía y una deuda de US$ 1.800 millones. Un subsecretario del Ministerio de Hacienda fue enviado de inmediato para ayudar a poner orden en las cuentas.
Según Alfonso de Angoitia, un alto ejecutivo de Televisa que dirigió la operación de reestructuración de la deuda, esta asistencia no involucró tratamientos impositivos preferenciales ni préstamos oficiales para la cadena. También asegura que Azcárraga Jean finalmente consolidó su control merced a su propio esfuerzo.
Pero un ex alto funcionario del PRI asegura que “sin duda, Televisa recibió un tratamiento especial”, aunque no especifica si los favores fueron de naturaleza financiera. A la hora de citar las razones, invoca la importancia estratégica de la empresa y las relaciones históricas del gobierno mexicano con el Tigre.
Los analistas creen que Fox podría optar por una salida intermedia, a través de pasos graduales para introducir el pago de un canon por las concesiones de espacios en la televisión y la venta de los canales estatales.
Angoitia se muestra optimista al afirmar que Televisa ya probó, ante TV Azteca, que es capaz de vencer a cualquier competidor. Pero no le gusta la perspectiva de que la compañía sea vigilada por la oficina antimonopolio.
“En México, mucha gente cree que una empresa exitosa es una empresa
monopólica. Yo no estoy de acuerdo”, argumenta.
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