Desde 1994, el Instituto Argentino de Altos Estudios Empresariales (IAE) de la Universidad Austral viene realizando la encuesta de opinión a ejecutivos que se utiliza en la elaboración del Informe Mundial de Competitividad del World Economic Forum.
La versión 2000 del ranking de competitividad del WEF no trae buenas noticias para la Argentina, que desciende tres posiciones, para ubicarse en el puesto 45º.
No menos significativos son, por cierto, los comentarios de los investigadores del IAE que tuvieron a su cargo el análisis de la encuesta local. “La agenda pendiente se ha desplazado y se ha instalado claramente más allá de las herramientas económicas”, señala el informe. “Los problemas a los que ahora nos enfrentamos son más profundos y hacen al propio funcionamiento de la sociedad y de sus valores”.
En la esfera social, los directivos consultados señalaron, mayoritariamente, las siguientes falencias:
- Mala composición del gasto público.
- El sistema tributario no es adecuado ni eficiente para combatir la evasión.
- El sistema legal no es suficientemente independiente e interfiere de manera
negativa. - El costo de litigar disminuye los incentivos de la litigación.
- Muy baja confianza en instituciones claves para la seguridad.
- Muy baja confianza en la honestidad financiera de los partidos políticos.
- Insuficientes inversiones en investigación y desarrollo.
- Mala relación universidad-empresa.
- Amplia brecha de calidad entre los sistemas públicos y privados
de salud y educación.
Entre los factores vinculados con la gestión de las empresas y del sector público, los encuestados mencionaron, en forma predominante, los siguientes:
- Baja competitividad del sector público.
- Dificultad para conseguir adecuado financiamiento.
- El control de empresas a través de la compra de acciones en el mercado
bursátil no es práctica habitual. - Una creciente participación del Estado en el crédito interno,
lo que modifica los incentivos de las entidades financieras y restringe el
acceso a nuevas firmas y Pymes. - El mercado bursátil parece sólo accesible para las grandes
firmas. - El capital de riesgo no se encuentra fácilmente disponible; es muy
difícil obtener un crédito en el país con sólo
un buen plan de negocios. - Es muy amplia la brecha entre tasas activas y pasivas.
Medir el potencial
En esta ocasión, el WEF ha incorporado, a su tradicional ranking, una medición de la competitividad corriente de la economía, que identifica las condiciones que determinan un nivel de productividad nacional sostenible en el tiempo, tales como el acervo de conocimiento, tecnología, capital físico y recursos humanos, la calidad de la infraestrucutra, y la fortaleza de las leyes, regulaciones e instituciones que conforman el contexto en el que operan las empresas.
En este ranking, la Argentina también aparece ubicada en el puesto 45º, pero aventajada, en este caso, por el resto de las principales economías de la región. Chile es el país latinoamericano mejor ubicado (en el 26º lugar), Brasil trepa al 31º, y México se instala en el 42º.
El informe destaca que, en el caso de la Argentina, “no se vislumbran grandes cambios en el corto plazo, pues las condiciones que determinan sus posibilidades de dar un salto competitivo (esto es, el ambiente de negocios y la sofisticación de operaciones y estrategias de sus firmas) han desmejorado”.
Fortalezas y debilidades
Entre los factores considerados en la investigación para medir la competitividad del país, el de apertura viene exhibiendo, desde 1994, un puntaje relativamente alto (4,84 sobre 7 en esta ocasión). Las áreas de tecnología, finanzas y trabajo se mantienen en valores inferiores a 60% del máximo. En materia de infraestructura, la evaluación venía mejorando constantemente, excepto en esta medición, en la que se observa una ligera caída. El factor gobierno muestra aquí el puntaje más bajo (2,84 sobre 7).
Estas son las principales fortalezas y debilidades mencionadas por los directivos encuestados en cada una de estas áreas.
Apertura. Los puntos desfavorables apuntan, básicamente, al tipo de cambio y a la ausencia de políticas de apoyo a las exportaciones. Se destaca, al mismo tiempo, la estabilidad cambiaria y la libertad para realizar operaciones financieras y bursátiles.
Gobierno. Abundan las críticas a la composición del gasto público, a los subsidios que “mantienen en operación industrias obsoletas”, a la ineficacia en la lucha contra la evasión, a la capacidad del personal del sector estatal y al sistema tributario. Se considera, en cambio, adecuada la tasa de impuesto a las Ganancias y la protección legal a los derechos de propiedad.
Finanzas. Los ejecutivos consultados mencionan el bajo nivel de sofisticación de la banca local, las dificultades para acceder al crédito “sólo con un buen plan de negocios”, la brecha entre las tasas pasivas y activas, la poca disponibilidad de capital de riesgo y el escaso desarrollo del mercado bursátil. Por el lado de las ventajas, señalan la solvencia del sistema y la libertad con que funciona el mercado.
Infraestructura. Aunque se llama la atención sobre las falencias de la red ferroviaria, hay menciones elogiosas a la difusión de la telefonía celular y el uso del e-mail, y a la participación del sector privado en la gestión de los servicios.
Tecnología. Las preocupaciones apuntan, sobre todo, a la escasez de recursos (públicos y privados) destinados a la investigación y el desarrollo, la falta de cooperación entre universidades y empresas, y el éxodo de talentos.
Trabajo. Entre los aspectos negativos se destacan la falta de vinculación entre salarios y productividad, el bajo nivel de la educación pública, y la brecha de calidad entre el sistema privado de salud y los establecimientos estatales. Se asignan, sin embargo, valores positivos a la reforma laboral destinada a reducir los costos de contratación y descentralizar el poder de los sindicatos.
Instituciones. Predomina, aquí, la desconfianza en el sistema legal y político: aparecen cuestionados el Poder Judicial, los partidos y las fuerzas de seguridad.
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