viernes, 17 de abril de 2026

    El desafío de la competitividad

    Las restricciones macroeconómicas, las opciones en torno a la integración regional ­con los ejes Mercosur/ Alca­ y la definición de una nueva estrategia competitiva que permita al país avanzar hacia una estructura de exportaciones más diversificada y con una penetración creciente en los mercados de mayor dinamismo, constituyen los principales ejes de un debate con final abierto.


    “La sensación que tengo es que no conseguimos, como sociedad, otorgarle al tema de la inserción en el mercado mundial la prioridad que debiera tener, dada la restricción de financiamiento externo que vamos a enfrentar en los próximos años. Creo que no está instalada como una cuestión central de la política pública, a pesar de que mucho se habla de esto. Tenemos una gran dificultad para construir instituciones y políticas que apunten en este sentido”, afirma Roberto Bouzas.


    “Habría que hacer una revolución competitiva”, sostiene Mario Damill. “La mitad de los cañones tienen que apuntar en este sentido porque no se podrá alcanzar el equilibrio fiscal si no hay un mejor desempeño del sector externo. Ni hablar del empleo. Habría que hacer un esfuerzo muy grande en esta dirección. Lo que pasa es que los márgenes de maniobra que tiene la Argentina son muy estrechos para operar. No quiero ser pesimista. Pero esto me lleva a tener un cierto temor hacia el futuro.”


    El diputado Enrique Martínez plantea, por su parte, la necesidad de que el sector público desaliente el déficit privado de divisas. La idea, plasmada en un proyecto de ley, apunta a gravar el déficit de divisas, empresa por empresa, con el objetivo de modificar conductas empresarias y no para incrementar la recaudación impositiva.


    Carlos Pérez, de la Fundación Capital, sostiene que, dada la restricción cambiaria, el nuevo motor del crecimiento tendría que ser una deflación concertada. “Si uno repasa los costos laborales, impositivos, de los servicios, de infraestructura y financieros, advierte que son excesivamente elevados y tornan imposible que una empresa pueda ser competitiva de cara al mundo. Yo creo que una deflación simultánea, en todos los frentes y con acuerdo de partes, posibilitaría una mejora de la competitividad”.


    La restricción de divisas para afrontar los compromisos externos del país en los próximos años aparece como una de las prioridades en la agenda pública. Sin embargo, como afirma Fernando Porta, “ésa es sólo una parte del problema”.


    “El modelo macro no parece sustentable con este nivel de exportaciones en un contexto financiero diferente del actual. Pero el desempeño exportador tiene que ver con otras cuestiones: también hay que mirar la calidad del sector exportador. La idea es cómo hacer para complementar la natural tendencia a exportar ventajas naturales con una estructura de exportaciones con salarios altos, capacitación de mano de obra, cambios tecnológicos e innovación.”


    Buscando una especialización


    ¿Cuáles son las potencialidades competitivas de la economía argentina? ¿En qué mercados y segmentos de la cadena de valor es posible ir avanzando para consolidar un perfil exportador más sólido?


    “El asunto es dar un salto”, sostiene Valle. “Hay que poner el esfuerzo en modernizar aquellos nichos de la vieja economía donde todavía se puede ser competitivo; por ejemplo, acero, aluminio, papel, algunas partes de automóviles o máquinas no seriadas. Sin embargo, esto no alcanza, porque la locomotora del proceso es la nueva economía: básicamente, informática, comunicaciones y biotecnología. Pienso que podríamos tener una buena inserción internacional si ocupáramos los dos frentes: una base agropecuaria y el desarrollo de ciertos nichos de la industria intermedia de la vieja economía, por un lado, y plantearse también qué vamos a hacer con la nueva economía.”


    La idea de combinar una especialización productiva con base en la riqueza de los recursos naturales del país con otras actividades de mayor valor agregado, suscita la convergencia de opiniones. “Creo que la Argentina tiene grandes potenciales en exportaciones de servicios, que sean intensivas en el uso de capital humano. Y ahí uno también ve que esto no se percibe a nivel de la política pública como una oportunidad. La Argentina debería tener como proyecto estratégico convertirse en una economía exportadora de servicios de distinto tipo, servicios de consultoría, de desarrollo de programas y servicios audiovisuales, entre otros”, opina Bouzas.


    “El perfil de la Argentina tiene que ser el de exportador de servicios”, coincide Della Paolera. “No creo que se pueda competir con países que tienen una producción intensiva en mano de obra. En primer lugar, el turismo es muy importante, porque genera una gran cantidad de valor agregado y divisas para el país. En segundo lugar, está el campo de las information technologies, que es un gran sector para desarrollar. Algunos ya lo están haciendo en San Carlos de Bariloche, exportando soft de manera muy competitiva. Son cosas muy pequeñas pero que están empezando a surgir. Y creo que un sector que debería exportar a toda América latina, si tuviera un buen sistema, sería el universitario”.


    Cuestión estratégica


    La redefinición del tipo de inserción internacional admite, a su vez, una perspectiva más amplia, vinculada con la estrategia de desarrollo de largo plazo de la economía argentina. Desde este punto de vista, el desempeño externo puede visualizarse como el efecto de la estructura productiva interna y, por lo tanto, su modificación supone cambios más generales que permitan, entre otras cosas, la reducción de la brecha tecnológica con los países más desarrollados.


    Según Porta, “hace falta otra estructura capitalista. Una estructura capitalista de riesgo, por una parte, y de participación en los beneficios y de solidaridad fiscal. El cambio es difícil de ser pensado meramente como un plan económico; es, más bien, un cambio estructural”.


    Jorge Avila, plantea un camino diferente: la profundización de la apertura externa como elemento central para mejorar la competitividad de la economía en su conjunto: “No hay que esperar un gran desarrollo tecnológico en la industria automotriz, textil o en la siderurgia para que se abaraten y lleguen al precio internacional. Hay que abrir la libre importación y se van a abaratar de golpe. Ese es un rebenque de competitividad. La apertura es una medida de tremenda disciplina: enseña, ordena, pone plazos, obliga a respetar contratos, involucra una mayor afluencia de tecnología y principalmente es un gran push exportador que baja esa relación deuda-producto que nos llevaría a un riesgo país mucho más bajo”.


    Bouzas pone el acento en la necesidad de definir objetivos estratégicos. “Aquí, la función coordinadora del sector público es fundamental. Junto al sector privado tiene que dar un sentido de dirección, hacia dónde queremos ir desde el punto de vista de la especialización de la Argentina: generar espacios que provean externalidades para el sector privado, el tema de la presencia en el exterior a través del desarrollo de la identidad de la Argentina con algún tipo de producción y el proceso de apoyo a las Pymes para desarrollar especializaciones en ciertos segmentos de mercados. Lo primero que se requiere, y de alguna manera ya lo tenemos, es cierto orden macroeconómico. Ahora, lo que hace falta son instituciones que puedan mirar hacia lo micro y dar una dirección de futuro”.


    Los caminos de la integración


    Un aspecto central que condicionará de manera determinante el tipo de inserción internacional del país se vincula con las decisiones estratégicas en materia de integración regional. En un mundo que marcha hacia la consolidación de grandes bloques regionales, lo que resta por definir es el perfil de esa integración: cuáles serán los socios y bajo qué condiciones. La consolidación del Mercosur, como herramienta de negociación de un espacio mayor, o la integración directa al Alca (mercado común americano) aparecen como las opciones más relevantes.


    “Creo que nuestro destino debería estar ligado a un mercado común de las Américas, el Alca. El Nafta tuvo para México un impacto importante, no sólo en lo económico, sino también como un proceso de transparencia en las instituciones políticas. Por eso se vio por primera vez en varias décadas el triunfo de un partido que representa una alternativa al PRI”, sostiene Della Paolera.


    “El nombre que tiene en esta nueva época el libre comercio no es Mercosur. Mercosur es la asociación a una potencia pequeña, cerrada y estable, que es Brasil”, argumenta Jorge Avila. “A nosotros nos hace falta ir al Nafta, porque es la única manera de darle permanencia y credibilidad a una política de libre importación. Una vez que se entienda esto, hay que ir y golpear la puerta, crear una oficina en Washington y otra en Nueva York con US$ 100 millones de presupuesto para hacer lobby activo, para que la Argentina sea integrada. Hacer lobby como lo hacen los países del sudeste asiático.”


    Sin embargo, la estrategia de integrarse al Alca es resistida por varios motivos. Entre ellos, porque debilitaría el Mercosur y con él, la posibilidad de consolidar un espacio autónomo que permita mejores condiciones de negociación, tanto en el marco del Alca como con otros bloques regionales.

    “Yo creo que el Mercosur es favorable para la Argentina. Es con el único
    bloque con el cual tenemos superávit comercial. El Mercosur ha operado
    positivamente porque atrajo, como bloque, muchas inversiones extranjeras directas”,
    opina Carlos Pérez. “Todo llevaría a pensar que lo natural es
    el Alca, pero primero es necesario un Mercosur más fuerte, más
    atractivo, para poder negociar mejor en el Alca o ver con qué otro bloque
    regional conviene aliarse.”