-¿Qué cambió con la privatización del banco?
-Muchas cosas. Pero tal vez lo más trascendente es que con la apertura
al sector privado el banco entregó al mercado una importante señal
de continuidad y consistencia de las políticas a seguir en el mediano
y el largo plazos. Dejamos de estar sujetos a los cambios de humor político
y a los condicionamientos que a la gestión podían imponer los
recambios de administraciones gubernamentales.
-¿Ayuda que el capital privado que se inyectó tenga un nombre
y sea el de Irsa?
-Creo que sí, y mucho. Que Irsa, la compañía local de
desarrollos inmobiliarios más conocida por los inversores internacionales,
haya pasado a ser accionista principal del banco supone una mejora sustantiva
en la calidad y la valoración que el management de esta entidad
pueda tener sobre la evolución del negocio inmobiliario e hipotecario
en el país. Esto va a ser evidente en un futuro próximo, cuando
queden expuestas las mejoras que el banco obtendrá para sus estrategias
a mediano y largo plazo.
-¿Cuánto afectó al banco el cuadro de restricción
crediticia vigente?
-Obviamente, bastante en lo que hace a su capacidad de fondeo. Pero no diría
que afectó nuestra expansión. La crisis del sector inmobiliario
e hipotecario pasa más por el lado de la demanda que por la oferta. Y
esta situación se debe a la incertidumbre que generó entre la
gente la sucesión de turbulencias financieras internacionales, combinada
con una situación de crisis recesiva local desatada en medio del proceso
electoral.
-¿Es un simple presentimiento o maneja algún dato que lo
fundamente?
-Es una mezcla de ambas cosas. Pero la expectativa está sustentada
en ciertos indicadores que aparecieron últimamente y que suelen tener
algún poder de predicción.
-¿Cuáles?
-Por ejemplo, la cantidad de gente que se acerca con consultas concretas o
que visita los emprendimientos que el banco tiene en ejecución. Eso es
lo que anuncia un crecimiento de la demanda en los próximos meses. Es
como si la gente hubiera tomado la decisión de no firmar un crédito
hasta después de las elecciones pero a la vez estuviera dando los pasos
previos como para poder hacerlo rápidamente una vez que se disipe la
incertidumbre política y económica. Por eso entiendo que está
cerca el cambio de clima.
-¿Cuándo va a ocurrir?
-Hay cierta coincidencia en que ese momento podría llegar una vez que
se defina el próximo gobierno, aunque sólo si inmediatamente después
de las elecciones se anuncian orientaciones muy claras de ejecución en
materia económica.
-Pero si se produjera esa eclosión en la demanda, ¿cómo
harán para atenderla con las dificultades para fondearse que hoy
enfrentan?
-Es que un banco no reacciona de esa manera. Si nosotros estuviéramos
seguros de que tenemos demanda a los volúmenes de precrisis, obtendríamos
sin duda el dinero. Pero no vamos a salir a buscarlo si no estamos seguros de
tener tomadores, y menos convalidando tasas que escapan de las posibilidades
de nuestros potenciales clientes. Además, no es correcto hablar de problemas
de fondeo. En todo caso, se puede hablar de una situación de restricción
que hace que la ecuación del negocio no cierre transitoriamente y nos
obligó a ajustar nuestra gestión financiera a esa realidad.
-¿Cuánto tiempo podrían sostener las actuales tasas
que ofrecen al público si esta situación se prolongara?
-En ese escenario seguramente debiéramos revisar nuestra política
de tasas para varios productos. Pero es un supuesto sobre el que hoy no trabajamos,
porque en verdad creemos que el mercado va a retomar un curso positivo después
de las elecciones.
-Entonces, ¿la gente no puede soñar con una baja en el costo
de los créditos hipotecarios?
-Sí, si se cumplen las proyecciones optimistas que manejamos para el
año próximo. Creemos que no sólo bajará el costo
del fondeo, producto de una disminución marcada en el riesgo país,
sino que además un proceso de reingeniería de costos en el que
estamos trabajando nos permitirá reducir los costos vinculados con el
crédito que no tienen que ver con la tasa pura.
-¿Analizan la de bancarizar a sus clientes de créditos?
Algunos analistas creen que tienen un gran potencial desaprovechado en eso.
-Es un viejo debate que aún no hemos saldado en el banco. Particularmente
creo que incorporar otros productos bancarios tradicionales a nuestra actividad
supone enfrentar muchos costos. Por ejemplo, deberíamos contar con un
número muy superior de sucursales y con personal no sólo entrenado
para dar créditos hipotecarios sino para abrir cajas de ahorro, vender
fondos comunes o colocar tarjetas. Eso atentaría contra una de las grandes
ventajas competitivas que tiene el Hipotecario: hoy somos el banco que tiene
el menor costo administrativo en relación con sus activos. Estamos por
debajo de 3% cuando el promedio de la banca comercial está en torno de
5%. Esto es una gran ventaja en un mercado como el hipotecario, en el que la
gente decide claramente en función del precio.
-Los empresarios de la construcción dicen que el banco les cortó
los créditos y que los pocos que hay se los dan a Irsa.
-Es mentira. Nosotros nunca financiamos a Irsa de ninguna forma. Creo que
lo dicen porque están nerviosos por el golpe que la recesión implicó
para la construcción. Pero se equivocan. No cortamos la financiación
a la construcción en ningún caso para los proyectos que ya estaban
aprobados y en ejecución. Un solo número lo muestra: actualmente
estamos financiando la construcción de 20.000 viviendas en todo el país.
-Cuando dice que no dejaron sin fondos a los proyectos en ejecución
no hace referencia a las nuevas propuestas. ¿Por qué?
-Porque en los últimos tiempos hemos decidido, y creo que muy sensatamente,
no financiar proyectos nuevos por una razón simple: en este momento existe
un enorme número de viviendas en construcción. Son obras que se
iniciaron en el boom del ´97 y ahora están en plena ejecución
y próximas a ser terminadas. Esto preanuncia una abundante oferta de
vivienda terminada en los próximos meses y durante todo el 2000. Sólo
en función de cómo sea absorbida esa oferta decidiremos la financiación
a nuevas obras.
