Si se lo compara con los flujos internacionales de capitales y de mercancías, el tamaño de la economía argentina es tan ínfimo que ningún pronóstico puede eludir una visión del escenario mundial. Y esto es especialmente relevante en la actualidad: luego de la crisis asiática, el default ruso y la devaluación brasileña, el clima económico internacional dista de ser tranquilo y apacible.
La recuperación de la economía argentina durante el próximo período de gobierno estará influida, de manera particularmente relevante, por los siguientes factores externos:
Luego de una crisis que sacudió a los mercados internacionales durante
más de dos años, la economía mundial debería comenzar
a recuperarse a partir del 2000. El Fondo Monetario Internacional estima para
el próximo año un crecimiento de 3,4% (bastante superior al índice
de 2,3% pronosticado para 1999). Este respiro tiene que ver con la consolidación
europea y la recuperación de las economías en desarrollo, que
fueron las más afectadas por la reciente crisis.
Pero la recuperación no será igual para todos. Según
el FMI, Asia (excluyendo Japón) crecerá cerca de 5,7% y actuará,
de hecho, como motor de los países emergentes. En América latina
el proceso será más lento: durante el 2000 la región crecería
sólo 3,5%.
Los flujos de capitales deberían normalizarse al ritmo de la recuperación
económica. El ingreso neto de capitales a los países en desarrollo,
que alcanzó su máximo nivel en 1996 con US$ 190.300 millones,
se redujo a US$ 80.000 millones en 1998 y las estimaciones para 1999 son sustancialmente
menores. Se espera una recuperación a partir del 2000, una vez superado
el temor a una nueva crisis financiera. De todos modos, la mejoría será
paulatina y comenzará por las dinámicas economías asiáticas.
Es poco probable, por lo tanto, que la Argentina registre durante el 2000
una entrada de capitales suficientemente importante como para impulsar la salida
de la actual recesión.
La desaceleración del crecimiento mundial de los últimos dos
años se hizo sentir en los precios de las materias primas, que desde
1997 cayeron más de 25%. Esto, sumado a la crisis de Brasil, condujo
al deterioro del valor de las exportaciones argentinas.
Aunque el crecimiento de la economía mundial a partir del 2000 favorecería
un aumento de la demanda de bienes transables y una tendencia ascendente de
los precios, el proceso será gradual y diferente para cada producto.
El petróleo se recuperará rápidamente (el FMI prevé
un aumento de 13% para el próximo año), pero en el resto de los
productos primarios la evolución no será tan favorable.
El frente externo seguirá, por lo tanto, relativamente complicado para
la Argentina. En contrapartida, se avizora un horizonte más prometedor
en Brasil. Desmintiendo los sombríos pronósticos que lanzaron
los analistas tras la devaluación del real, las nuevas proyecciones para
el año 2000 apuntan a un crecimiento de la economía brasileña
cercano a 4%. Esto no sólo promovería un aumento de la demanda
interna sino que, además, el real se apreciaría y, por lo tanto,
el mercado brasileño volvería a asumir un papel preponderante
en la dinámica de las exportaciones argentinas.
Pasar el 2000
Todo esto refuerza la impresión de que la coyuntura internacional no será la mejor aliada del próximo gobierno durante su primer año de gestión. Los flujos de capitales y los precios internacionales de los commodities marchan en contra de los intereses argentinos.
Sin embargo, no hay razones para suponer que esta situación persistirá más allá del 2000. La recuperación de la economía mundial, y de Brasil en particular, debería reflejarse en una mejora, tanto de los términos de intercambio como de las exportaciones argentinas.
Por otra parte, la entrada de capitales tenderá a regularizarse a medida
que la economía presente un panorama más alentador y se haya disipado
definitivamente la incertidumbre política que suele acompañar
los cambios de gobierno.
Pablo Gerchunoff es Director de la Fundación Argentina para
el Desarrollo con Equidad (Fade).
