martes, 21 de abril de 2026

    Qué hay que buscar (y dónde encontrarlo)

    El período de mayor auge de la consultoría de empresas se inició, en la Argentina, a partir de los últimos años de la década del ´80. En ese proceso de crecimiento confluyeron, desde respetadas firmas que aportaron una actuación profesional responsable, hasta consultoras de ocasión que, desafortunadamente, desacreditaron la actividad a los ojos de varias empresas, a las que privaron, así, de un gran aliado potencial.

    Esto condujo, inevitablemente, a interrogantes fundamentales, que se mantienen
    vigentes:

    • ¿cómo se distinguen las buenas consultoras de las demás?;
    • ¿cómo se las selecciona?;
    • ¿qué beneficios prácticos pueden obtenerse de su participación
      en la empresa?;
    • ¿pueden utilizarlas, de igual manera, empresas de pequeño,
      mediano y gran tamaño?

    Los de afuera y los de adentro

    El consultor de empresas actúa como un observador externo, ajeno a la
    lucha cotidiana del ejecutivo, a las pasiones humanas y a las discusiones internas;
    identifica oportunidades de optimización global o parcial de la empresa,
    de expansión de negocios actuales o de incursión en otros nuevos,
    y apunta a la eficiente utilización de los recursos técnicos,
    humanos, materiales y financieros del cliente. La consultoría empresarial
    eficaz busca nada menos que el éxito para su cliente. Las consultorías
    más competentes llevan a sus clientes a innovarse y, más aún,
    a reinventarse.


    La actividad reconoce, en principio, dos vertientes: consultorías de gestión y consultorías especializadas.


    La consultoría de gestión (management consulting) enfoca los problemas de la empresa de manera integral, y persigue la optimación del todo, aun cuando el objetivo sea parcial.

    La consultoría especializada actúa en áreas delimitadas,
    tales como investigación de mercado, productividad industrial, logística,
    o desarrollo de recursos humanos. Procura alcanzar resultados específicos
    en su área de actuación, pero no puede permitir que se pierda
    de vista el conjunto.

    ¿Cuándo y cómo?

    La consultoría no debe ser convocada solamente cuando la empresa se
    encuentra en un período de vacas gordas o cuando se requiere de
    un milagro para sacarla de un estado agonizante. El momento más adecuado
    es, quizá, aquél en el que se percibe que algo no funciona bien
    o que podría ir mejor, o, más aún, cuando hay energías
    disponibles para explorar nuevas oportunidades.


    La contratación de una asesoría externa debe ser una decisión consciente, aceptada por los principales directivos o socios, para que el trabajo no esté condenado al fracaso.


    Lo que determina la utilización de una consultoría es el tipo de trabajo que se desea realizar. Su costo está relacionado con el esfuerzo que los consultores necesitan realizar para alcanzar el cumplimiento de una determinada tarea. Las grandes compañías tienen, evidentemente, más recursos para contratar un mayor volumen físico de trabajo. Pero no siempre disponen de ellos o desean dedicarlos a este fin.


    En el caso de que una gran empresa decida recurrir a los servicios de una consultoría externa, puede contar con la participación del consultor en el asesoramiento personal a los principales socios o ejecutivos sobre los asuntos globales empresariales, y hasta en la búsqueda de soluciones de asuntos específicos para los ejecutivos de áreas funcionales.


    En las pequeñas y medianas empresas (Pymes), lo ideal es que el consultor actúe directamente con el dueño o con el director ejecutivo, para realizar, en primer lugar, un diagnóstico global o sectorial y luego orientar a sus funcionarios sobre la manera de aplicar las medidas recomendadas y aprobadas. (ver recuadro).


    Es importante tener en cuenta que el resultado del trabajo de una consultoría externa no se mide necesariamente en proporción al volumen físico de trabajo dedicado al proyecto, sino por la calidad de las ideas que se generan (a veces, en poco tiempo). No es aconsejable decidir la contratación de una consultoría a partir del precio de la propuesta.

    El patrón de calidad de un trabajo de consultoría debe ser el
    mismo para una empresa pequeña, mediana o grande.

    Los factores a tener en cuenta

    Seleccionar una consultora puede convertirse en una tarea difícil, principalmente
    para empresas que no cuentan con experiencia previa en la materia. Tomar una
    decisión sólo porque la consultora exhibe un nombre conocido,
    porque un amigo dijo que es “buena”, o por otros criterios subjetivos, puede
    convertirse en el primer paso para adquirir un problema.


    Estos son algunos de los criterios fundamentales a considerar a la hora de elegir una firma de consultoría:

    Habilidad para absorber la cultura del cliente. Dos bancos de
    parecido tamaño, o dos industrias del mismo sector tendrán, sin
    duda, soluciones de gestión diferentes, porque sus orígenes son
    distintos; sus dueños o ejecutivos los habrán moldeado con diferentes
    personalidades y sus respectivas culturas empresarias serán, por lo tanto,
    diferentes. Este es uno de los factores esenciales para evitar que se quiebre
    la armonía del ambiente interno de la empresa-cliente y es una condición
    básica para el éxito de los consultores, en cualquier tipo de
    trabajo.

    Definición clara y precisa de la naturaleza de los trabajos y
    objetivos a alcanzar.
    Esta es una tarea básica del cliente, pero
    el consultor debe saber auxiliarlo en la identificación de las necesidades
    y en la definición exacta del enfoque, del alcance y de los productos
    que se desea obtener con el trabajo de la consultoría. En ocasiones,
    el cliente no sabe qué es lo que quiere o qué es lo que necesita.

    Presentación de una propuesta que refleje las reales necesidades
    del cliente.
    La propuesta del trabajo a realizar debe contener la suma
    de las necesidades del cliente, los objetivos específicos y los resultados
    a alcanzar, la metodología de trabajo que se aplicará, la organización
    y perfil del tiempo de trabajo y un cronograma preliminar. También, claro,
    deberá incluir los costos. Una propuesta de trabajo mal definida o no
    claramente establecida es una invitación al fracaso o a mucho trabajo
    excesivo y desgaste mutuo.

    Conocimiento técnico de la consultora sobre el objetivo de la
    asesoría.
    La consultora debe tener experiencia técnica
    acerca del trabajo a realizar, y contar con expertos en temas específicos,
    que aporten valor a los trabajos. Puede ser muy importante proveer benchmarking
    de otras experiencias en situaciones semejantes.

    Metodología de trabajo e integración sinérgica con
    el cliente.
    La experiencia demuestra que uno de los factores fundamentales
    para el éxito de la consultoría es la participación del
    personal de la empresa-cliente con los consultores, para facilitar la rápida
    asimilación de los conocimientos del cliente por parte de los consultores
    y la transmisión del know-how de éstos hacia el personal
    de la empresa.

    Algo más a tener en cuenta, para no recibir luego sorpresas desagradables:
    el cronograma de trabajo debe prever la realización de reuniones formales
    con el cliente, cualquiera sea el tiempo previsto para la conclusión
    de los trabajos.

    Experiencia ejecutiva de los consultores. Un consultor senior
    deberá haber enfrentado la realidad del día a día empresarial.
    Tendrá experiencia en la toma de decisiones, en el acierto, pero también
    en la equivocación. Sería aún mejor que haya ejercido la
    responsabilidad ejecutiva, por ejemplo, de un centro de rentabilidad, de un
    centro de costos, o por trabajos con el staff relacionados con el desarrollo
    empresario.

    Discreción, confidencialidad y confiabilidad. (No se requieren,
    para estas cuestiones, comentarios adicionales).

    Costos ajustados a los trabajos. La consultora debe mensurar
    los trabajos de manera tal de incorporar a cada una de sus partes al consultor
    adecuado, de modo tal de agilizar la obtención de una rápida devolución
    de la inversión hecha por el cliente.

    Verificación de referencias. La consultora debe tener
    un pasado de experiencias exitosas, y es poco frecuente que un cliente se rehúse
    a facilitar las referencias, siempre que se mantengan en reserva los detalles
    del trabajo. También el consultor tiene referencias, tanto profesionales
    como personales. En el caso de que surja alguna duda al respecto, no hay porqué
    abstenerse de preguntar. Y si alguien se rehusara a dar referencias, esto representa,
    en sí mismo, un dato relevante. Pero cuidado: ejecutivos que han obtenido
    resultados negativos con una u otra consultora, algunas veces facilitan referencias
    positivas para no admitir sus errores.

    Lo importante, finalmente, es disfrutar de una relación provechosa
    con agentes externos que pueden contribuir y agregarle valor a la empresa.

    Qué pueden hacer las Pymes

    Las pequeñas y medianas empresas que no desean o no pueden destinar
    importantes sumas a una asesoría externa pueden obtener el apoyo
    eficaz de una consultoría a través de la intervención
    personal de un consultor, o mediante la coordinación de esfuerzos
    con otras empresas:

    • Una asesoría personal puede ser prestada por un consultor independiente
      o perteneciente a una empresa de consultoría, quien actúa
      como un consejero de los dueños o directivos de la Pyme. Para
      tareas específicas, pueden incorporarse uno o más consultores
      que actúan puntualmente.
    • Varias Pymes que enfrentan problemas similares pueden reunirse y
      contratar a una consultora que las oriente y capacite a su personal
      en la solución de esos problemas.
    • Otra alternativa es que un grupo de Pymes que producen bienes o prestan
      servicios a una gran compañía compartan con ese cliente
      común el costo de la consultoría, debido a que un mejor
      desempeño de estos proveedores seguramente será ventajoso
      para la empresa.

    En todas las situaciones, el consultor debe proveer las ideas y ejecutarlas
    con el propio personal de las Pymes, lo que permite reducir los costos
    de su participación y dejar un valioso know how dentro de
    la empresa. Y no es necesario abarcar a toda la organización en
    un proyecto de consultoría, si se puede trabajar en partes del
    negocio.

    Es muy importante verificar las referencias de los consultores antes
    de contratarlos. Muchas Pymes suelen contratar profesionales independientes
    para obtener asesoramiento. Esta puede ser una solución interesante,
    pero es preciso tener en cuenta que un ejecutivo de línea exitoso
    no necesariamente se transforma en un buen consultor.

    Todo dueño de una Pyme tiene alguna relación profesional
    con un ejecutivo de una gran organización que quizás ya
    ha usado un servicio de consultoría. Es una buena alternativa preguntarle
    sobre este tema.

    Un aspecto a superar es el prejuicio de algunos dueños de Pymes,
    que se consideran a sí mismos como los máximos expertos
    en su negocio y su empresa, y ­por celos o ignorancia­ no aceptan
    el apoyo de un consultor externo; creen que no lo necesitan.

    Desafortunadamente también son muchas las Pymes que tuvieron
    malas experiencias con consultores poco profesionales o poco experimentados
    (en su mayoría, ejecutivos que ofrecen consultoría mientras
    buscan otro empleo).

    También muchos mantienen una actitud prejuiciosa ante los proyectos
    de reingeniería: temen perder el control sobre sus empresas
    o que las vayan a poner patas para arriba. Si el consultor está
    adecuadamente entrenado y si el objetivo y los resultados esperados están
    bien definidos, la satisfacción final está casi garantizada.