viernes, 3 de abril de 2026

    Del dicho al hecho

    “En realidad, una de las mayores discusiones que tuvimos en 1989, cuando decidimos
    introducir el modelo de gestión de calidad, fue por qué debíamos
    aplicar un proceso más complejo, que implica una disciplina de trabajo
    diferente, si no teníamos problemas de calidad”, cuenta Alberto Espósito,
    presidente de Farmográfica, una Pyme del sector gráfico, dedicada
    a la fabricación de envases de cartulinas. “Tuvimos que hacerlo porque
    el ritmo competitivo de los mercados está imponiendo contar con registros
    que demuestren que, además de hacer las cosas bien, las tenemos bajo
    control”, responde. Y se preocupa por aclarar que no se consideran “un modelo
    de calidad”.

    Fundada por su padre, a fines de la década de los ´40, como una empresa
    unipersonal, Farmográfica emplea hoy a 170 personas, ocupa el segundo
    puesto en el ranking de su sector y en 1995 obtuvo el premio de la Fundación
    Invertir.

    La evolución de Farmográfica
    Facturación
    (En millones de dólares)
    1989 1,85
    1997 17,38
    Rechazos
    internos y externos

    (En % sobre el volumen total de papel
    transformado)
    1992 2,08
    1996 1,03
    Volumen producido
    (En toneladas de papel transformado)

    1989 1.173
    1997 7.043
    Reclamos,
    justificados o no

    (En % sobre el volumen total de papel
    transformado)
    1991 3,32
    1996 0,59

    Lo excepcional de su caso es que, mientras comenzaba a aplicar el modelo de
    gestión de calidad, por diversos factores iniciaba una etapa de crecimiento
    con tasas anuales extraordinarias que llegarían a un pico de 58% en 1994.
    Espósito está convencido de que si hubiera crecido a ese ritmo
    y no hubiera podido mantener los atributos de sus productos, la firma habría
    terminado fracasando porque los clientes la habrían rechazado.

    De todos modos, el directivo admite que avanzar en una gestión de calidad
    no es garantía de aumento de las ventas. “A pesar de todo lo que hicimos
    ­dice­, nadie nos compra porque fabricamos las cosas bien y aseguramos
    la calidad. En la Argentina sigue mandando el precio. Sucede que muchos han
    quedado en el camino y ahora sólo quedan los mejores. Por eso, no cabe
    duda de que quien no adopte este sistema no va a tener herramientas para enfrentar
    la tremenda competencia que impone el modelo.”

    Vencer las resistencias

    En Farmográfica el modelo de gestión de calidad se aplicó
    en dos etapas. La primera fue eminentemente técnica: se creó un
    departamento de calidad y después se incorporó un asesor externo
    con experiencia en el tema. “El diseño y la realización del programa
    de calidad total ­afirma Espósito­ impone una cultura de medición
    que debió adecuarse a las necesidades de nuestra empresa para no caer
    en una burocratización innecesaria. Contra los que dicen que la calidad
    es una oportunidad que no genera costos, tengo que decir que, a nuestra escala,
    sin duda es un costo que hay que sostener y, sobre todo, mantener acotado.”

    Los esfuerzos se concentraron en objetivos estratégicos. Surgió
    así, por ejemplo, la necesidad de realizar un manual de procedimientos,
    como una forma empírica de volcar al papel todo lo que se hacía
    y, a partir de allí, inscribir todos los cambios y las mejoras, para
    luego verificar, con auditorías permanentes, que los procedimientos se
    cumplieran. Para lograr esto se formaron grupos de trabajo en el área
    de producción, que requirieron la participación de los que hacían
    el trabajo, quienes, al describir los procedimientos, se dieron cuenta de que
    las cosas podían realizarse mejor, iniciando así el proceso de
    mejora continua.

    Programa de calificación de calidad

    La Fundación Empresaria para la Calidad y la Excelencia (Fundece)
    ­institución que nuclea a los número uno de más
    de 130 empresas de la Argentina­ tiene en marcha un programa de calificación
    de la calidad de gestión que permite a cualquier organización
    que lo desee saber en qué nivel se encuentra en relación
    con el modelo de gestión del Premio Nacional a la Calidad. Algo
    que no permite conocer una certificación ISO 9000, que sólo
    indica que las cosas se hacen siempre de la misma manera, pero no discrimina
    su grado de calidad.

    “Este programa es mucho más importante que una medición
    aislada, porque las empresas pueden volver a ser calificadas periódicamente
    y, consecuentemente, tener idea de cómo están evolucionando”,
    explica Luis Crosta, quien desarrolló el proyecto.

    El sistema se puso en práctica el 15 de diciembre pasado, siguiendo
    las nuevas bases del Premio Nacional a la Calidad que, como reflejo de
    los tiempos que corren, pone más énfasis en criterios que
    hace cuatro o cinco años tenían una incidencia más
    baja, como los resultados económicos y financieros de la compañía.

    La calificación es realizada por los mismos evaluadores del Premio
    Nacional a la Calidad, quienes firman un acuerdo de confidencialidad muy
    estricto ya que, obviamente, quien solicita la calificación está
    abriendo el corazón de su empresa.

    Crosta asegura que los costos de intervenir en el programa no son elevados.
    “Existen consideraciones en función del volumen de la compañía,
    pero en una Pyme es menos de US$ 10.000.”

    Hasta ahora, las empresas que han pedido la calificación pertenecen
    tanto al sector manufacturero como al de servicios y, salvo alguna excepción,
    son medianas-grandes a grandes.

    La segunda parte surgió a partir de un descubrimiento: habiendo dado
    todos los pasos técnicos, y aunque aparentemente todos estaban de acuerdo
    en seguir adelante, existían resistencias que impedían avanzar
    en el proceso.

    Fue una etapa particularmente dura y estresante. Es que para quienes debían
    emprender cambios que no comprometían de manera importante su actividad,
    la visión de una empresa motivada con la mejor respuesta hacia las demandas
    del cliente era encantadora. Pero aquellos que veían que todo lo que
    hacían con su mayor esfuerzo iba a ser fuertemente revisado y cuestionado,
    resistían los cambios con escepticismo y temor.

    “Necesitábamos a alguien que nos ayudara a descubrir los conflictos
    no manifiestos entre los diferentes actores de esta organización y por
    eso sumamos al equipo a una psicóloga y creamos grupos de capacitación
    muy heterogéneos que, en realidad, eran de sensibilización, porque
    estaban destinados a crear confianza, conocimiento y credibilidad entre los
    distintos sectores de la empresa”, reconoce Espósito.

    La calidad obliga

    Cuando en 1995 la división lubricantes de YPF tomó la decisión
    de iniciar su proceso de mejora continua, sus resultados operativos venían
    cayendo en el orden de 50%. “Eramos los primeros ­dice Antonio Allegretta,
    vicepresidente a cargo de esa unidad de negocios­ pero estábamos
    a punto de perder la delantera. Por lo tanto, había dos cosas que mejorar:
    nuestro liderazgo en el negocio y la inserción en el mercado internacional.
    Hoy logramos ambos objetivos: avanzamos 33% a 40% en el market share,
    recuperamos el resultado operativo que teníamos en 1992 y exportamos
    a Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Brasil, donde ya conquistamos
    1% del mercado.”

    Tener un sistema de calidad total surgió como respuesta a la necesidad
    de mejorar todo un sistema de gestión, revisando para ello cada uno de
    los pasos del negocio. YPF Lubricantes empezó certificando ISO 9002 en
    forma completa, desde el abastecimiento de las materias primas hasta la entrega
    del producto terminado en la puerta del cliente.

    Más tarde haría lo mismo con la norma ISO 9001, que analiza
    el desarrollo de los productos. “Dado que YPF es la única empresa que
    hace el research de sus productos lubricantes en la Argentina, lograr
    esta certificación constituye un factor sumamente importante porque es
    una manera de demostrar la continuidad del negocio, que sólo se tiene
    cuando se le ofrece al mercado innovación”, explica Allegretta.

    La evolución de YPF Lubricantes
    Facturación
    (En millones de dólares)
    1995 150
    1998 200
    Market share
    (En %)
    1995 33
    1998 40
    Aumento de
    productividad

    (En valor índice; base 100 = 1995)
    1995 100
    1998 253
    Satisfacción
    del cliente

    (Consumidor final en la estación de
    servicio; en %)
    1995 51
    1998 80

    Finalmente, apareció la necesidad de postularse al Premio Nacional a
    la Calidad, considerada la máxima exigencia para un modelo de gestión
    empresario en la Argentina. “Fue cuando nos dimos cuenta de que para nuestro
    negocio el tema de la calidad es esencial, y que nuestra posición en
    ese sentido no era la mejor porque había un producto de la competencia
    que era paradigmático”, reconoce el ejecutivo.

    El proceso, que duró 18 meses y concluyó con la obtención
    de la distinción, este año, comenzó con la formación
    de grupos de mejora para abordar todos aquellos factores en los cuales la división
    estaba débil o se sentía insuficientemente preparada. La evolución
    era analizada en reuniones trimestrales de la dirección con los responsables
    de atacar cada uno de esos puntos.

    Liderazgo y compromiso

    Para Allegretta, la capacitación fue un factor clave: “Cuando se quiere
    poner el foco en los clientes ­dice­ y se pretende ser realmente eficiente
    en cada una de las etapas del negocio, hay que delegar responsabilidad, aplicar
    lo que se denomina empowerment, para que la gente resuelva cada problema
    en el momento y el lugar en que se produce. Pero para eso el personal tiene
    que estar capacitado”.

    En tres años la división desarrolló 950 cursos, 12 posgrados
    en el exterior y el promedio de horas-hombre de capacitación pasó
    de 29 a 69.

    El directivo está convencido de que para que un proceso de calidad
    funcione debe haber un liderazgo: “Una vez que un gerente ha logrado integrar
    los valores del modelo, automáticamente cada uno de los recursos humanos
    de la empresa se va comprometiendo y el tema va saliendo mucho más fácil
    de lo que puede creerse”, sostiene.

    No obstante, reconoce que en el proceso suelen aparecer resistencias porque
    ingresar en un sistema de calidad total tiene duras exigencias: mientras se
    mejora hay que seguir produciendo, vendiendo y cumpliendo objetivos. Pero no
    duda de que haber ingresado en este proceso dejó, más allá
    de galardones y resultados, satisfacción: “Después de que se fueron
    los evaluadores del Premio Nacional a la Calidad ­concluye­, preguntamos
    al personal que había participado qué cambiarían. Aparecieron
    56 nuevas oportunidades de mejora”.

    H. C.

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