sábado, 18 de abril de 2026

    Perdidos en el espacio

    Históricamente, en la Argentina, el negocio

    turístico pareció manejarse de modo casi artesanal. En

    el interior del país, el flujo se concentraba en la costa

    marítima bonaerense y las sierras de Córdoba, donde la

    infraestructura hotelera se había desarrollado en buena medida

    al compás de la irrupción del turismo social en la

    década de los ´50, y donde vastos sectores de la clase media

    solían adquirir su casa o departamento. Eran épocas en

    las que las vacaciones se medían por mes e involucraban

    generalmente al grupo familiar. Bariloche y las cataratas del

    Iguazú emergían como pequeños nichos adonde se

    iba a conocer o, eventualmente, de luna de miel.

    Por entonces, viajar al exterior &endash;fundamentalmente a

    Europa&endash; seguía siendo patrimonio de un sector

    socioeconómico reducido que, si bien ya no se trasladaba con

    la vaca atada en la bodega del barco, lucía esas

    travesías como símbolos de status. En cuanto a la

    vía inversa, esto es, la recepción de extranjeros, el

    país no figuraba como destino habitual para quienes se

    aventuraban a redescubrir el subcontinente.

    Los operadores centrales del negocio, agencias de viajes de

    pequeña o mediana envergadura, se limitaban, por lo tanto, a

    despachar pasajes y reservar plazas hoteleras a la medida de la

    demanda. El marketing, con sus estrategias y herramientas, era algo

    tan lejano como las cumbres del Himalaya.

    Pero, inexorablemente, todo empezó a cambiar. Primero fue

    el aperitivo de la plata dulce a fines de los ´70, a cuyo calor los

    argentinos invadieron Brasil y descubrieron el shopping en Miami.

    Luego, ya en los ´90, irrumpió la globalización: Buenos

    Aires se pobló de hoteles cinco estrellas pertenecientes a

    cadenas internacionales y buena parte de los argentinos que quedaron

    del lado floreciente del modelo comenzaron a deambular por los

    rincones más recónditos del planeta.

    Las condiciones estaban dadas para una profesionalización

    de la actividad en todos sus niveles, con la necesaria cuota de

    marketing incluida. Sin embargo, muchos indicios permiten arriesgar

    que ese proceso todavía está en ciernes.

     

    De eso no se habla

    En los diarios de circulación nacional &endash;que en su

    mayoría incorporaron un suplemento dedicado a esta

    temática&endash; aparecen, semana a semana, avisos de

    página completa de agencias de viajes que ofrecen una gama de

    paquetes con los más diversos destinos, combinaciones y

    precios. Llamativamente, las que más anuncian &endash;ergo, se

    supone, las que más venden&endash;, confiesan en estricto off

    the record que no cuentan con un departamento de marketing y que

    cosas tales como investigaciones de mercado, bases de datos o

    fidelización no forman parte de su arsenal de trabajo.

    Una de las excepciones parece ser Donde, que se autodefine como

    especializada en el área Caribe, México y la Florida.

    “Nuestra especialización en estos lugares no es

    indiscriminada”, dice su presidente, Marcelo Israel; “las

    características no estacionales, la abundante oferta hotelera

    y otras ventajas, nos llevaron a tratar de convertir el producto

    Caribe, que años atrás era considerado elitista, en

    algo masivo. Hoy podemos afirmar que es el destino más masivo

    que se comercializa en la Argentina, sustituyendo al propio turismo

    nacional”.

    Básicamente mayorista, Donde realiza acciones de marketing

    &endash;como trade shows y viajes de familiarización&endash;

    dirigidas a las agencias minoristas y también a empresas

    líderes para sus programas de incentivos al tren gerencial.

    También crearon el producto “Solos y solas” &endash;que es una

    marca registrada&endash; apuntando a hombres y mujeres de la clase

    media y media-alta, separados o viudos, quienes &endash;intuyeron

    desde Donde&endash; no se entusiasmaban con la idea de viajar en

    soledad; “pero como no hay que prometer algo que no se puede cumplir,

    sencillamente organizamos grupos que cubren esa necesidad puntual, la

    de compañía”, refiere Israel, “por eso de ninguna

    manera les prometemos que el paquete incluye sexo o futuro

    matrimonio”. En la agencia se ufanan asimismo de su departamento de

    atención al cliente &endash;a través del cual, pese a

    no ser responsables directos, se hacen cargo de todos los problemas

    que puedan surgir en el viaje, sea por causa de las líneas

    aéreas o de la hotelería&endash;, y de su acción

    comunicacional de posicionamiento de marca, que le demanda $

    1.500.000 al año.

    En la otra punta del espinel, Tavella Viajes trabaja en un nicho

    muy especial. “Nos dedicamos al diseño de viajes exclusivos

    que conjugan el atractivo del lugar de destino con algún

    evento relevante, como puede ser un remate en Sotheby o un gran

    concierto”, explica Nilda Tavella, titular de la firma. Para ello

    cuentan con un diferencial clave: son los representantes en la

    Argentina de Orient Express, la empresa inglesa que corre los trenes

    más sofisticados del mundo. Además del mítico

    París-Estambul (cinco días con sus noches en lujosos

    camarotes y comedores servidos por chefs cinco gorros a US$ 4.625 per

    cápita) la línea ofrece itinerarios que van desde

    Escocia hasta el sudeste asiático, incluyendo Sudáfrica

    y próximamente Australia, y posibilidades de combinar con

    lujosos cruceros y también travesías en autos de

    colección.

    Tavella afirma que su herramienta fundamental es el marketing uno

    a uno; “tenemos un mailing de 3.000 clientes propios, además

    de operar con agencias y grandes empresas, que están

    utilizando cada vez más estos viajes como parte de sus

    programas de incentivos para sus ejecutivos. En otros casos,

    aprovechando un viaje de negocios, recurren a nosotros para que les

    organicemos una escapada de pocos días que salga de lo

    común, de lo que ya conocen”.

     

    Vender el destino

    Si el turista argentino, salvo contadas excepciones, parece estar

    alejado de la mano del marketing, la otra incógnita se refiere

    a los extranjeros que aterrizan en estas latitudes. Las

    estadísticas muestran que cada vez son más, que los

    hoteles de cinco estrellas mantienen altos niveles de

    ocupación y que, en ciertas épocas del año,

    también se llenan los menos estelares.

    El Bauen es un cuatro estrellas cuyo público tradicional

    viene de las provincias y de países limítrofes (55%,

    está constituido por turistas). Jorge Servat, gerente

    Comercial, señala que las principales herramientas que

    utilizan son la participación en ferias del sector, acuerdos

    con agencias y la comunicación a su mailing de clientes de

    todas las novedades &endash;ofertas de espectáculos, tarifas

    especiales, etc.&endash;, todo ello sumado a acciones publicitarias

    en canales de televisión del interior y en algunas

    publicaciones de circulación nacional.

    “Es imposible manejarse en este negocio sin emplear estrategias y

    herramientas de marketing”, afirma Cees Houweling, director general

    del Park Hyatt; “hay que establecer los targets y ver a quién

    y cómo se aplican las inversiones. La actividad tiene que

    aprender de otras categorías del sector servicios”.

    El hotel alberga fundamentalmente a viajeros de negocios; apenas

    10% son turistas. “Por supuesto que hay mucho más turismo

    internacional que podría venir a la Argentina, pero en esto

    tiene mucho que ver cómo se maneja el área oficial que

    se ocupa del tema”, afirma Houweling. Entre risas, recuerda como

    anécdota la idea que se le ocurrió a algún

    funcionario, quien quería repartir en las calles de

    París gorros con la inscripción Viva la Argentina. “No

    se vende al país como destino, a pesar de que posee lugares

    maravillosos &endash;no sólo las cataratas y

    Bariloche&endash;; y la falta de infraestructura no es

    justificación porque, precisamente, si hay promoción,

    la infraestructura llega sola porque ve el negocio.”

    Jean Franken, director de Ventas y Marketing del Park Tower

    Sheraton, otro cinco estrellas dentro de cuya clientela hay 25% de

    turistas, acuerda con esta carencia de promoción del destino:

    “Nosotros participamos en muchas ferias internacionales, pero el

    cliente primero elige el destino, el hotel viene después. En

    este sentido, los stands oficiales dejan mucho que desear; no

    seducen. Uno ve los de México o Brasil, y tienen encanto,

    música, atracción. Además, para el turista

    europeo o norteamericano, Río o Cancún quedan

    más cerca y son más baratos, así que hace falta

    mucha acción promocional, mucho más y mejor marketing

    del país para compensar la diferencia”.

    A excepción de la solitaria experiencia oficial del Ente de

    Turismo de la Ciudad de Mar del Plata, que luego de un concurso

    seleccionó al Grupo Estratégico de Negocios para

    desarrollar un ambicioso plan de marketing &endash;con

    megainvestigación de mercado incluida&endash;, y de los

    esfuerzos también aislados de algunos operadores privados, el

    negocio turístico sigue exhibiendo una extraña

    peculiaridad. Mientras la sensación generalizada apuesta a la

    riqueza de su potencial, sus principales actores parecen poco

    dispuestos a abandonar la improvisación y profesionalizar el

    marketing. Quizá sea cierto que Dios es argentino y, como todo

    personaje top, termina yendo a Punta del Este.