sábado, 18 de abril de 2026

    Empresas que crean empresas

    Cada vez son más las empresas que encuentran más

    rentable concentrarse en sus fortalezas y tercerizar las funciones

    que no son esenciales para su negocio. Los resultados de la

    tercerización o outsourcing han sido sustanciales para reducir

    costos fijos y potenciar la productividad. Es así cómo

    cada una de las áreas de la empresa ha ido

    desprendiéndose de varias de las funciones que

    tradicionalmente realizaba.

    Según un informe de la International Trade Comission, la

    tasa actual de crecimiento de la tercerización es de 12% en el

    mundo, y las proyecciones indican que se mantendrá en ese

    nivel en los próximos años. Pero, ¿en

    quiénes se terceriza? En la mayoría de los casos, en

    empresas especializadas ya existentes que, a partir de este proceso,

    encuentran oportunidades de crecimiento.

    Sin embargo, muchas grandes empresas encuentran más

    atractivo tercerizar en sus propios empleados y, de paso,

    desprenderse de estructuras internas que no son parte del core

    business. Así, muchas veces como parte de procesos de

    reestructuración, se crean, alrededor de las grandes

    organizaciones, pequeñas firmas dirigidas por ex empleados que

    prestan servicios desde afuera, con la misma eficiencia y con una

    rebaja considerable de costos.

    Estos emprendimientos permiten a las grandes empresas minimizar

    algunas de las desventajas de la tercerización &endash;como el

    desconocimiento del negocio o la falta de compromiso de los

    proveedores&endash; y ganar todas las ventajas, como la

    reducción de costos, la transformación de costos fijos

    en costos variables y, fundamentalmente, la posibilidad de

    focalizarse en los aspectos estratégicos del negocio mientras

    el proveedor puede hacerlo en mejorar continuamente la calidad del

    servicio.

    “En este momento, el outsourcing es un tema que está en

    boga; para el mercado argentino está empezando a tener

    aceptación en este momento y es un tema no explotado

    todavía”, explica Santiago Pordelanne, director de Desarrollo

    de Negocios de Servicios de Outsourcing en la Argentina para Andersen

    Consulting.

     

    Las privatizadas siembran

    Un sector tal vez paradigmático de las transformaciones es

    el de las empresas privatizadas, en las que los cambios incluyeron

    notables reducciones de personal y tercerizaciones. Servicios

    técnicos, mensajerías, servicios de soporte,

    enfermerías, imprentas y áreas de sistemas, recursos

    humanos y asuntos legales se tercerizaron en compañías

    ya existentes o en nuevas creadas especialmente para esos fines.

    Central Puerto es una empresa de capitales chilenos que

    tomó control, luego de la privatización de Segba, de la

    generación y la comercialización de energía

    eléctrica. Cuando comenzó a operar, el 1º de abril

    de 1992, tenía 1.100 empleados. Hoy, luego de un proceso de

    reestructuración que se fue implementando en etapas, quedan

    320 personas.

    Como parte de esa reestructuración se tercerizaron en ex

    empleados numerosos sectores de servicios. Germán Hamelau,

    subgerente de Recursos Humanos de Central Puerto, relata: “El proceso

    comenzó en 1995. Se ofrecieron proyectos de

    tercerización para las áreas de enfermería,

    servicio técnico, seguridad e higiene de trabajo, y

    después se tercerizó el grupo de mensajería

    interna y externa, que también maneja lo que son las

    fotocopias centrales. Se tercerizó también un grupo

    importante de gente para obras de mantenimiento y reparaciones

    especiales. La asesoría legal fue tercerizada en una segunda

    etapa, en 1997”.

    A los empleados se les ofreció un retiro voluntario con una

    forma de compensación que superaba la indemnización

    legal y se armaron propuestas de tercerización para la gente,

    en aquellos sectores en los que era factible. Los interesados se

    inscribían en los planes de retiro voluntario y en los planes

    de outsourcing. Cuando se aprobaron las tercerizaciones, se

    entregó a los grupos un informe preparado por la empresa sobre

    inscripción societaria, modelo de contrato e

    información legal útil para la puesta en marcha de los

    emprendimientos.

    “La tercerización &endash;explica Hamelau&endash; surge

    como una buena oportunidad para hacer el trabajo que mejor hacen y ya

    tener un cliente que les ofrece un contrato más o menos

    atractivo. Había dos opciones: hacer las obras de

    mantenimiento grande y luego decirle a la gente ´se tienen que ir´ o

    decirle ´miren, les ofrecemos que se retiren ahora de la

    compañía, con un retiro voluntario, que formen un

    emprendimiento, que tengan un contrato fijo con Puerto y que sobre

    esa base armen otras cosas´. Después estará en ellos

    buscar ampliarse en su negocio, y eso es un poco lo que nosotros

    más tratamos de fomentar.”

    La experiencia dio buenos resultados, y varios de los

    emprendimientos comenzados entonces han renovado contrato con Central

    Puerto para los próximos años (ver recuadros).

     

    Adiós a las áreas no estratégicas

    La creación de nuevas empresas de servicios parece a simple

    vista más sencilla, ya que requieren por lo general una menor

    inversión de capital. Sin embargo, la razón de ser del

    outsourcing es el desprendimiento de todas las funciones no

    estratégicas de una compañía. Todo aquello que

    no forma parte del core business es susceptible de ser trasladado a

    otra firma para la que sí constituya su negocio central.

    En Siemens, una empresa igualmente afectada por el proceso de

    privatizaciones tras haber sido por muchos años la principal

    proveedora de Entel, la creación de empresas con ex empleados

    también llegó a la fábrica. El gerente de

    Producción, Oscar Biondo, cuenta que todo el consumo de

    plástico de la compañía era abastecido por un

    área interna llamada Inyectado de Termoplástico.

    “Viendo que era un área no estratégica para la empresa

    &endash;agrega&endash; y que ese trabajo afuera se hace y bien,

    tomamos una decisión: sacar una parte de las máquinas,

    las menos estratégicas en cuanto a volumen, y alentar a

    supervisores nuestros a formar una empresa. Queríamos ver

    cómo funcionaba.”

    Siemens indemnizó a sus empleados y los ayudó a

    convertirse en empresarios, vendiéndoles las máquinas

    &endash;a un precio “muy conveniente”, según Biondo&endash;,

    brindándoles asesoramiento para la nueva etapa y

    ofreciéndoles un contrato. Como esa prueba piloto

    funcionó bien durante más de un año, hace tres

    la compañía comenzó a evaluar la posibilidad de

    tercerizar todo el inyectado de piezas plásticas.

    Para eso necesitaba desarrollar una firma de mayor envergadura,

    que estuviera en condiciones de proveer los 300.000 teléfonos

    anuales que Siemens requiere con un sistema de calidad y just in

    time. Se pensó entonces en Senowij Baluk, un empleado que

    tenía nivel de jefatura. “La idea &endash;relata

    Biondo&endash; era ayudar a ubicarlo en un local e

    instalárselo para lograr la calidad que Siemens requiere. El

    iba a recibir su indemnización más un plus que le

    permitiría afrontar la compra del local y pagarnos en cuotas,

    con producción, todo lo que íbamos a ponerle como

    infraestructura. El know how, él ya lo tenía.”

    Baluk aceptó la propuesta y en tres meses se fusionó

    con la pequeña empresa que Siemens había creado un

    tiempo antes. Firmó un contrato que le garantizaba trabajo por

    dos años, recibió apoyo para desarrollar su

    emprendimiento, capacitación y apoyo técnico, y puso

    rápidamente en marcha BMD (ver recuadro). “Dejamos de trabajar

    acá un viernes y empezamos en el local el lunes siguiente;

    como tenemos una producción continua, no podemos parar”, dice

    Baluk.

     

    Empresas con vida propia

    También en el área industrial, a principios de la

    década, Fiat Iveco fue precursora de un proceso de

    tercerización que está registrándose en todo el

    mundo y que, como explica Horacio Losoviz, presidente de la

    compañía, tiene tres etapas respecto de la

    fabricación de piezas: tercerizar, seleccionar armadores de

    conjuntos y traer a los armadores de conjuntos a la propia

    fábrica.

    “Un caso paradigmático &endash;afirma el ejecutivo&endash;

    es el de Volkswagen Brasil, que tiene la fábrica repartida

    entre cuatro proveedores que arman los conjuntos con los que se

    ensamblan los automóviles.”

    La primera etapa ya se desarrolló en la Argentina y la

    producción de gran parte de las piezas nacionales ha sido

    tercerizada. Iveco no ha creado una empresa desde cero, pero el

    outsourcing de algunas de sus actividades es capaz de generar un

    incremento de volumen más que significativo para una

    pequeña empresa.

    Fiat Iveco tenía depósitos centrales donde manejaba

    los repuestos propios, de terceros nacionales y de terceros

    importados. Manejaba el transporte, el almacenaje y la

    distribución. Ahí trabajaban entre 40 y 50 personas en

    forma directa y más si se tiene en cuenta las áreas

    relacionadas. En 1992 evaluó a sus tres proveedores de

    transporte y eligió a Same para que se encargara de todo el

    manejo de repuestos. Le dio los equipos, le trasladó una

    docena de empleados y le puso de inmediato las órdenes de

    compra. Bajó significativamente los costos e incrementó

    30% el volumen de actividad de Same (ver recuadro en página

    182).

    Lo que fue alguna vez el área de asuntos legales de Central

    Puerto y es hoy el Estudio Díaz Bobillo, tiene otros clientes.

    En el caso de Siemens, BMD planifica buscar nuevos clientes, pero es

    aún un proyecto. Same trabaja para numerosas empresas,

    además de Iveco. La tendencia es a desarrollar estas empresas

    tercerizadas para que consigan nuevos clientes y puedan perpetuarse

    en el tiempo. “Hay gente que simplemente lo tomó como una

    postergación del tiempo del retiro”, explica Hamelau, con la

    experiencia de varias tercerizaciones a cuestas. Y agrega: “La gente

    que realmente se hizo una empresa aparte, que encaró el tema

    como un servicio y que buscó que su trabajo fuese un nuevo

    emprendimiento, es la gente que hoy está trabajando, porque

    fue la gente que entendió el negocio de la

    tercerización”.

    Entrevistas: Jerónimo Zambrano

     

    Estudio Díaz Bobillo

    La independencia de la ley

    Díaz Bobillo es el nombre del estudio jurídico

    surgido de las entrañas de Central Puerto. Cuatro ex abogados

    de la empresa son sus socios: Carolina Sigwald, Patricio Testorelli,

    Leonardo Marinaro y Víctor Díaz Bobillo, socio

    mayoritario y antiguo gerente de Legales y presidente de algunas

    empresas subsidiarias de Central Puerto.

    “Nuestro caso fue diferente del resto”, dice Díaz Bobillo,

    y explica por qué: “Recibía muchas consultas de otras

    empresas del grupo, como Chilgener. Las atendía, pero con

    limitaciones, porque yo estaba en relación de dependencia con

    Central Puerto”.

    El abogado cuenta que en 1996 solicitó la

    tercerización del área de asesoramiento legal, pero la

    empresa no estuvo de acuerdo. “En julio de 1997

    &endash;continúa&endash;, en medio de todos los procesos de

    tercerización, aprovechamos y volvimos a presentar nuestro

    proyecto de poner un estudio para asesorar a Central Puerto y a otras

    empresas, muchas de Chile, que nos pedían asesoramiento. La

    relación con esas empresas venía por parte de los

    accionistas de Central Puerto, que veían que no

    hacíamos las cosas mal y por eso nos llamaban.”

    Cuando Central Puerto dijo finalmente sí a la

    tercerización de su equipo de abogados, lo contrató por

    dos años para una asesoría completa, desde el mercado

    eléctrico hasta el mercado de capitales. “Cuando emprendimos

    el proyecto &endash;recuerda Díaz Bobillo&endash;, nuestro

    lema fue Nada cambia. La idea era que nadie en la empresa

    debía notar que ya no formábamos parte de ella. De

    hecho, luego del cambio realizamos unas encuestas que fueron muy

    favorables.”

    “La oportunidad de tercerizarnos tuvo que ver también con

    una visión personal: en Central Puerto yo podía ser el

    gerente de Legales y podía estar ahí 15 años,

    pero tenía un techo; entonces decidí arriesgarme y

    fundar el estudio”, confiesa Díaz Bobillo.

    Actualmente, el estudio asesora a empresas del sector

    eléctrico &endash;Chocón, Capex y Piedra del Aguila,

    entre otras&endash;, compañías de gas y otras firmas

    que no tienen nada que ver con el negocio de la energía. Junto

    a los socios trabajan en el estudio un junior y una estudiante de

    Derecho. El bufete funciona en el edificio de Central Puerto,

    mientras se completa la remodelación de la futura oficina

    propia, en Leandro Alem y Paraguay. Será el momento

    &endash;inminente al cierre de esta edición&endash; de cortar

    definitivamente el cordón umbilical.

     

    Condiciones para que funcione un proceso de

    tercerización

    1. Que las dos partes arranquen con un espíritu win-win

      (que los dos salgan ganando).

    2. Que el top management dedique tiempo. Para armar un acuerdo a

      largo plazo, el top management tiene que estar involucrado.

    Fuente: Santiago Pordelanne, de Andersen Consulting.

     

    BMD

    Teléfonos con tono firme

    “Todo esto comenzó en abril del ´95 y se concretó

    cuatro meses después, con el objetivo decidido de buscar un

    lugar adecuado para trasladar el área de inyección de

    termoplásticos”, relata Senowij Baluk, entonces empleado de

    Siemens y hoy gerente general de BMD, un desprendimiento propiciado

    por la propia empresa alemana. Baluk, Juan Magallanes y Juan

    Dillinger, sus socios y fundadores, aceptaron la propuesta de iniciar

    un emprendimiento propio con un gran cliente asegurado: la misma

    compañía que durante muchos años los

    había empleado.

    Dillinger y Magallanes habían iniciado una pequeña

    empresa un tiempo antes, y cuando Siemens quiso ampliar su

    tercerización hizo un ofrecimiento a Baluk, que había

    sido jefe de ambos, para convertir el microemprendimiento en uno de

    mayor envergadura. “Estaba en la empresa desde hacía 16

    años y ésa era una oportunidad muy importante, dado que

    llegar a ser un empresario era el sueño del pibe”, recuerda

    Baluk, quien tiene 70% de las acciones de BMD. Magallanes y Dillinger

    tienen 15% cada uno.

    Con una docena de empleados, BMD produce partes de aparatos

    telefónicos que diariamente envían a la planta de

    Siemens, ubicada a pocos kilómetros de la fábrica que

    montó la nueva empresa y que está equipada con

    máquinas que la gigante alemana le dio en comodato. Aunque

    advierte que la producción “es fluctuante”, Baluk la ubica

    alrededor de 300.000 teléfonos anuales. Agrega que la firma

    factura US$ 500.000 al año y que está en tratativas

    para convertirse en proveedora de piezas plásticas

    especializadas para otras compañías, de modo de dejar

    de tener un único cliente.

    Baluk asegura que tanto él como sus socios están

    conformes con el cambio, aunque el sueño de la empresa propia

    implique esfuerzos adicionales: “En relación de dependencia

    uno trabaja ocho horas y después puede poner la mente en

    blanco; acá hay que estar el doble de tiempo, ver los

    problemas y señalar objetivos”, dice.

    Claro que el hecho de estar bajo el ala de una gigante brinda

    mayor seguridad. “Si me hubiese ido por mi cuenta a fabricar

    chupetines, todo habría sido diferente; pero con el apoyo de

    Siemens, la cosa es distinta”, confiesa Baluk, y remata: “Yo tengo

    puesta la camiseta de Siemens”.

     

    Same

    Trabajo en equipo

    Same es una empresa de logística y transporte con

    más de tres décadas de trayectoria. Hace algo

    más de dos años, un proceso de tercerización que

    inició Iveco la convirtió en administradora de los

    almacenes y la distribución de los repuestos y el manejo de

    stock de la automotriz para todo el país. “Es un acuerdo de

    gestión integral”, explica Luis Angel Monti, director de Same.

    “Trabajamos para Iveco en el manejo de materiales para la

    producción, hacemos la consolidación de los materiales

    de los proveedores y el transporte hacia la planta”, agrega.

    El contrato que firmaron aseguraba a Same trabajo por cinco

    años e incluía el traspaso de 10 empleados de Iveco

    especializados en esas tareas. Además, Iveco le proveyó

    su sistema informático para estar conectada con la planta, ya

    que debe administrar 14.000 tipos de repuestos diferentes.

    Same trabaja para Fiat, Depósitos Fiscales, Perkins y otros

    y, si bien ya tenía trayectoria y volumen, creció

    abruptamente 30% a partir de la tercerización de Iveco.

    “Estamos realmente muy conformes con el acuerdo &endash;dice

    Monti&endash; y, según tengo entendido, Iveco también.

    Se ha logrado una integración muy importante, estamos

    trabajando como un equipo. Nuestra gente siente que está

    trabajando para Iveco. Hay tercerizaciones que separan mucho a las

    dos empresas, pero en Same no nos sentimos terceros: trabajamos en

    forma conjunta.”

     

    Ajar

    Un correo con energía

    En 1995, Alberto Castaño, Rafael Pusnar, Juan Carlos

    Barberi y Antonio De Robertis formaron un microemprendimiento que

    comparten en partes iguales y que presta servicios de

    mensajería a Central Puerto, en el puerto de Buenos Aires. Los

    hoy socios fueron durante muchos años empleados de la estatal

    Segba, de cuya privatización surgió Central Puerto.

    Con la privatización, recibieron la invitación al

    retiro voluntario y a la empresa propia para seguir funcionando como

    mensajería, pero en forma externa. La empresa estaba

    reduciendo personal y para ellos no eran muchas las probabilidades de

    continuar trabajando internamente. “No es que no se podía

    rechazar la oferta, pero no era conveniente hacerlo; si yo

    decía que no, me quedaba a un costado y, llegado el momento,

    quedaba afuera”, explica De Robertis, reflejando una situación

    habitual cuando es la empresa la que toma la decisión de

    tercerizar.

    Con tres empleados y la asistencia de dos de las hijas de los

    socios, Ajar administra la recepción externa e interna de

    correspondencia y realiza trámites para Central Puerto, con un

    contrato que le asegura una facturación mensual durante un

    período fijo, más un lugar en el edificio de la

    compañía, desde donde desempeña sus tareas.

    El modelo parece ser beneficioso para las dos partes: “El primer

    contrato fue por 18 meses y se extendió a 24; después

    firmamos otro por un año, que se prorrogó hasta un

    año y medio”, señala De Robertis.

    Claro que el cambio tuvo &endash;y tiene&endash; sus costos,

    según De Robertis: “Estuve mal durante tres meses

    &endash;dice&endash;; al fin y al cabo, 25 años adentro de una

    empresa es toda una vida. Si me pongo a hilar fino, a lo mejor ganaba

    un poco más antes, cuando tenía aguinaldo y una

    bonificación a fin de año; ahora me tengo que pagar el

    servicio social. Pero hay que aceptarlo y hay que estar contentos

    porque, por lo menos, estamos trabajando”.