sábado, 18 de abril de 2026

    En la montaña rusa

    Luego de una temporada en la que la nieve llegó tarde a los

    Andes patagónicos y directamente no se hizo presente en los

    valles mendocinos, el negocio de los deportes invernales comienza a

    entrar en una etapa de fuertes definiciones. En dos de los tres

    principales centros de esquí del país hubo cambio de

    dueños y en el tercero &endash;Las Leñas&endash; se

    tornó necesario aumentar el nivel de endeudamiento de la

    empresa. Analistas del sector estiman que, tras haber crecido 20% el

    año pasado, el mercado mostrará un incremento de apenas

    5% en 1998.

    Las cifras en danza muestran, de todos modos, amplias divergencias

    según las fuentes que se consulten. En la Argentina hay entre

    70.000 y 150.000 personas que se deslizan por las laderas nevadas

    durante una semana o más, al menos una vez al año. La

    facturación global del negocio ronda los US$ 150 millones por

    temporada, si se incluyen los servicios de montaña, la

    hotelería y la gastronomía.

    Los que saben coinciden en que nueve de cada 10 esquiadores vienen

    del área metropolitana de Buenos Aires, y que 90% del mercado

    se concentra en el Cerro Catedral (Bariloche, provincia de Río

    Negro), Las Leñas (Malargüe, provincia de Mendoza) y

    Chapelco (San Martín de los Andes, provincia de

    Neuquén). El resto se distribuye entre la chubutense La Hoya y

    el recientemente inaugurado Monte Castor, ubicado a escasos

    kilómetros de Ushuaia, además de los mendocinos

    Penitentes y Vallecitos, y el modesto y casi artesanal desarrollo de

    Cerro Bayo en Villa La Angostura.

    El potencial de crecimiento parece importante si se considera que,

    en los países donde existen centros de esquí, 2% de la

    población practica deportes invernales (entre los

    nórdicos este negocio aporta 10% del PBI) y que en la

    Argentina la cifra es cuatro veces inferior.

     

    La trama del negocio

    Juan Pablo Reynal, director comercial de Alta Patagonia, la

    empresa que opera el lado norte de Cerro Catedral, argumenta que “el

    negocio del esquí es una suma de muchos negocios”. Para

    entenderlo hay que considerar que los centros de esquí tienen

    bajo su control todo lo que se requiere para el desarrollo y el

    mantenimiento de las pistas y los medios de elevación,

    además del alquiler de los equipos y las escuelas para

    debutantes. Suelen tercerizarse, en cambio, la hotelería y la

    gastronomía.

    Claro que gran parte del negocio que se genera en las

    montañas se derrama hacia las localidades cercanas, como

    ocurre claramente en los casos de Cerro Catedral y Chapelco,

    próximos a importantes polos turísticos como Bariloche

    y San Martín de los Andes que en invierno colman sus

    capacidades hoteleras, aunque no necesariamente de esquiadores.

    El complejo de Las Leñas, implantado en 1983 en el sur

    mendocino, aislado de focos turísticos tan fuertes como los de

    la Patagonia constituye, en ese sentido, una experiencia singular.

    Pero, acaso porque la empresa operadora se encuentra en una

    situación calificada por propios y extraños como

    “delicada”, Jorge Birkner, gerente de servicios de Valle de Las

    Leñas SA, se resiste a dar detalles. Además de una

    deuda calculada en US$ 40 millones, el centro mendocino no pudo abrir

    esta temporada por falta de nieve.

     

    Cuestión de altura

    Cada centro de esquí parece tener, por otra parte, su

    propio público. Carlos La Ruffa, secretario de la

    Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo (AAAVyT)

    que reúne a las 1.000 empresas más importantes del

    negocio turístico y gerente comercial de Chapelco entre 1987 y

    1994 explica que “los esquiadores son habitués de los centros

    de esquí por distintos motivos, entre ellos, las diferencias

    de paisajes y la altura. Bariloche o Chapelco, que promedian los

    2.000 metros, ofrecen un paisaje de montaña, bosques y lagos.

    Particularmente en Chapelco, las pistas han sido trazadas en medio de

    los bosques, que también sirven para amortiguar el efecto del

    viento, mientras que en el caso de Las Leñas, la base

    está a más de 3.000 metros de altura con un paisaje

    desértico”.

    Eso sí, el target del negocio es en general ABC1. Como

    prefiere explicar Reynal, “el segmento está compuesto por toda

    persona que pueda pagar un paquete de $ 1.000 por esquiar una semana

    al año”.

    Para las agencias de viaje que apuntan a este mercado, las ventas

    de ski weeks representan, durante la temporada, entre 30% y 40% de su

    facturación total.

    “Nuestra estrategia apunta a abrir el abanico demográfico y

    hacer que el esquí sea accesible a todos”, señala

    Reynal. “Nuestro cliente ya no es sólo el ABC1. Es alguien que

    puede invertir entre $ 800 y 1.500 por una semana de vacaciones y

    esas cifras son, hoy en día, muy razonables si uno las compara

    con otros productos del mercado turístico. Es más

    barato esquiar una semana que irse al Caribe, a Europa o a Estados

    Unidos. Hoy tenemos paquetes de una semana de esquí, con

    pases, alojamiento, pasaje aéreo y media pensión por

    US$ 800.”

     

    A la conquista de la montaña

    En Alta Patagonia aseguran que Cerro Catedral es el dueño

    histórico de 50% del mercado. Pero la empresa tiene la

    concesión de la mitad del cerro desde hace dos años. La

    otra mitad está en manos de la firma Robles. Con una baja

    inversión en los medios de elevación y también

    con precios diferenciados, Robles parece apuntar más al

    mercado turístico general que a los esquiadores, que necesitan

    de medios de elevación rápidos y holgados. Así

    las cosas, en Alta Patagonia esperan con ansias el vencimiento de la

    concesión de Robles para hacerse cargo de toda la

    montaña y expandir el negocio.

    Pero la estrategia de Alta Patagonia, cuya facturación por

    los servicios de montaña, el alquiler de equipos y el

    merchandising ronda los US$ 9 millones por temporada, no se queda en

    la espera. Actualmente está desarrollando un emprendimiento

    inmobiliario para ampliar la capacidad de alojamiento en la base del

    cerro y diversificarse en el negocio hotelero. La gestión de

    la empresa está en manos de Willy Reynal, fundador de Austral,

    Sol Jet y Chapelco, una trayectoria que su hijo Juan Pablo suma a su

    propio patrimonio. “Estamos adoptando conceptos que ya hemos usado en

    el pasado y que probaron ser eficientes: ofrecer paquetes

    turísticos a costos razonables para que tengan acceso todos

    los sectores. El mayor problema de Bariloche en los últimos

    años fue la baja de jerarquía en los servicios y

    nuestra filosofía es que el cliente es número uno

    siempre.”

    Siguiendo el “método Sol Jet”, los clientes de Alta

    Patagonia tienen zonas de espera diferenciadas en Aeroparque y se

    transportan en charters, cuya atención a bordo es ofrecida por

    personal de la propia operadora del centro de esquí. El

    cuidado personalizado continúa, incluso, en las pistas.

    “Es todo un cambio de filosofía; capacitamos a todo el

    personal de medios de elevación en distintos idiomas y

    atención al cliente”, explica Reynal, bendecido por una

    importante nevada que permitió comenzar las operaciones del

    centro justo cuando finalizaban las vacaciones de invierno, pero con

    un par de fines de semana largos que aprovecharon con toda su

    capacidad.

     

    Nuevo dueño

    Claro que idea de mejorar la calidad de atención al cliente

    para apuntalar el negocio no florece sólo en el Cerro

    Catedral. En Chapelco también hay cambios significativos.

    La Cooperativa Telefónica de San Martín de los Andes

    se hizo cargo de la concesión en 1993 y luego de tres

    años de operación decidió formar una

    Unión Transitoria de Empresas (UTE) con Valle de Las

    Leñas SA para su explotación. Eso fue hasta mediados de

    este año, cuando la cooperativa rescindió el contrato

    para crear una nueva sociedad, Nieves del Chapelco, en la que Enrique

    Quique Capozzolo, ex funcionario de la Secretaría de Turismo

    controla 70%.

    Las negociaciones por el cambio de dueño alteraron la

    tranquilidad de San Martín de los Andes, donde había un

    grupo cooperativo que se oponía a la venta. Las llamadas

    realizadas por el equipo de Capozzolo durante las negociaciones

    fueron grabadas clandestinamente y difundidas en algunas radios

    locales. El conflicto adquirió proporciones que lo llevaron a

    la primera plana de los diarios provinciales, pero a fines de junio

    una asamblea decidió aprobar la conformación de la

    sociedad.

    Alberto Vigna, gerente comercial de Chapelco y ex Sol Jet, dice

    que el centro de esquí atrae a 35% del mercado esquiador, que

    deja por temporada entre US$ 6 y 7 millones.

    A diferencia de Alta Patagonia, que redujo el riesgo

    climático instalando 60 máquinas para fabricar nieve,

    Chapelco no tiene ninguna (aunque, en contrapartida, cuenta con una

    pista iluminada, única en Latinoamérica).

    “Hasta el 2007 invertiremos US$ 7,5 millones. Dos millones

    serán para instalar máquinas fabricadoras de nieve que

    estarán en funcionamiento para la próxima temporada.

    Esto nos dará una mayor tranquilidad a la hora de

    comercializar el producto porque, en cierta medida, estaríamos

    garantizando el aprovechamiento de la montaña en su

    totalidad”, anticipa Vigna. El plan de inversiones continuará

    con el recambio de los medios de elevación y la

    construcción de nuevos paradores gastronómicos en la

    montaña.

    Dicen que 65% de los argentinos que saben esquiar aprendieron en

    Chapelco, lo que explica la importancia de la escuela para la

    estrategia de negocios. La capacitación de los 120

    instructores y del otro centenar y medio de empleados que trabajan en

    el centro también refuerza la actual política de

    mejorar la atención al cliente.

     

    En la cornisa

    Chapelco fue bendecida por una nevada que, según parece,

    extenderá la temporada hasta ya entrada la primavera. Las

    Leñas, en cambio, no tuvo parecida suerte, lo que

    acentúa los pronósticos negativos en torno al

    emprendimiento.

    “Los medios dicen que estamos en una situación delicada, y

    es así; pero yo no diría que es algo más que

    delicada”, afirma el ex campeón argentino de esquí y ex

    representante olímpico, Jorge Birkner, gerente de servicios de

    Valle de Las Leñas, cuando se lo consulta acerca del panorama

    financiero del centro instalado en el extremo sur mendocino, que

    arrastra una deuda de US$ 40 millones.

    Chapelco tuvo su etapa de esplendor a partir de su

    inauguración, fue sede de los campeonatos mundiales en 1985 y

    1986 y se convirtió en reducto favorito del jet set

    vernáculo entrados los ´90.

    Por entonces, el complejo funcionaba con una estructura

    centralizada. Las Leñas no sólo se hacía cargo

    de los servicios de montaña, sino que también se

    encargaba de proveer el agua, el gas y la electricidad para el valle,

    además de administrar los hoteles y restaurantes.

    El centralismo, señalan algunos analistas del negocio,

    condujo a problemas de financiamiento que obligaron a Las

    Leñas a solicitar créditos del banco Medefin que luego

    fueron canjeados por acciones. La familia Spolski (del ahora

    liquidado Banco Patricios) también participó en la

    sociedad. Actualmente la composición accionaria se divide

    entre Finansur (38%) y Primaque (31%) y diversos tenedores, entre

    ellos, la familia Moché.

    Tras una temporada sin nieve, se estima que las pérdidas

    pueden haber aumentado en US$ 10 millones. En Las Leñas

    funcionan cinco hoteles que fueron concesionados, uno de ellos, de

    cinco estrellas que llega a facturar US$ 2.800.000 por temporada y

    cu-yas pérdidas para ésta se calculan en US$ 500.000.

    Además, hay ocho apart-hoteles y otros tantos restaurantes.

    A pesar de todo, Birkner mantiene el optimismo. “Situaciones como

    la de este invierno no se registraron nunca en la historia. La del

    año pasado fue una temporada muy buena y en los últimos

    tres años la capacidad aumentó, en promedio, 300 plazas

    anuales sobre las 3.000 existentes.”

    Para sortear el bache, Las Leñas busca oxígeno

    financiero. IRSA, del célebre inversor húngaro George

    Soros, inició conversaciones con los propietarios del

    complejo, pero hasta el momento no se presentó ninguna oferta.

    Como con la nieve, nadie sabe qué pasará el año

    que viene.

     

    Para pasar el verano

    La infraestructura de los centros de esquí demanda una

    inversión poco común para lo que es habitual en el

    negocio del turismo, una desventaja que se agrava considerablemente

    si se limita la actividad a la temporada invernal.

    El verde reemplaza admirablemente al blanco níveo en las

    cumbres de Chapelco, y en el verano el cerro se rebautiza como El

    Parque de la Aventura, que contiene una veintena de atracciones,

    entre ellas, las telecabinas, transformadas para la ocasión en

    miradores. El turismo de aventura, con cabalgatas, mountain bike,

    recorridos lacustres y los circuitos en vehículos 4×4

    completan la oferta, todo por un pasaporte de $ 25 diarios. Entre

    diciembre y la Semana Santa, la actividad generó una

    facturación de US$ 700.000.

    Algo parecido planea Las Leñas para la próxima

    temporada de verano. “Lo que se hace en Chapelco fue idea nuestra y

    lo implementamos el año pasado con el nombre El Cerro de la

    Aventura. Algunos lo rebautizaron como el Cerro de la Locura, pero

    resultó ser un buen negocio”, se enorgullece Jorge Birkner,

    gerente de servicios de Valle de Las Leñas.

    El concepto de proveer al cliente la bicicleta, el casco y los

    anteojos necesarios para lanzarse al mountain bike se repetirá

    en el valle mendocino y se espera que el negocio al menos cubra los

    costos operativos del complejo.

    En Bariloche, Cerro Catedral cuenta con una gran ventaja: los

    grupos estudiantiles que, en todas las épocas, pueblan las

    laderas del cerro.

     

    La esperanza brasileña

    Para los operadores de centros de esquí argentinos, el

    norte de la brújula apunta a Brasil. Juan Pablo Reynal,

    director comercial de Alta Patagonia, estima que a los resorts del

    estado norteamericano de Colorado (Aspen, entre ellos) acuden 20.000

    brasileños por año. “Como destino para los

    brasileños, le siguen Chile y Europa. Se ha perdido un poco

    del mercado que tuvo la Argentina. Nosotros, en la época de

    Sol Jet, traíamos 11.000 esquiadores brasileños. El

    año pasado fueron sólo 2.500. El mercado

    brasileño de esquí creció y el mercado argentino

    de brasileños disminuyó, porque éste es un

    target de muy alto nivel de exigencias, que demanda servicios,

    infraestructura e inversión.”

    Alta Patagonia se plantea una estrategia especial para ese

    segmento: “hacemos un trabajo muy fuerte de ventas y marketing en

    Brasil. Para este año estimamos traer de allí 4.000

    visitantes y volver, en algún momento, a los 10.000”,

    pronostica Reynal.

    Carlos La Ruffa, secretario de la Asociación Argentina de

    Agencias de Viajes y Turismo, no coincide con la estimación de

    caídas que plantea Reynal, pero concuerda en que el de Brasil

    es el mercado con mayor potencial para hacer crecer el negocio del

    esquí en la Argentina.

     

    La historia según Reynal

    La historia del negocio del esquí en la Argentina lleva la

    impronta de Willy Reynal, fundador de Austral y Chapelco (la

    compañía aérea construyó el aeropuerto de

    San Martín de los Andes) y de un estilo, el de Sol Jet, que

    fue el gran impulsor de este mercado. Ahora, Reynal se encuentra al

    frente de Alta Patagonia, que hace dos años se hizo cargo de

    la concesión de la mitad de Cerro Catedral.

    No parece casual que en el management de las

    compañías consultadas para este informe siempre se

    encuentre algún ex-Sol Jet, o referencias al trabajo de

    Reynal.

    “El mercado de esquí en la Argentina se inició con

    Willy Reynal en 1968, cuando empezó a desarrollar Catedral, y

    después lo comercializó a través de Austral y

    Sol Jet”, proclama su hijo, Juan Pablo, actual director comercial de

    Alta Patagonia. El emprendimiento, dice, funcionó tan bien que

    tuvo la idea de duplicarlo. Así nació Chapelco.

    “Y ese negocio marchó bien hasta 1980, porque era un mega

    grupo que entendía todos los aspectos del segmento

    turístico, los hoteles y los transportes aéreos”,

    explica. “Después del ´80, cuando nos fuimos de Austral y

    de todo el negocio, se dividieron los centros de esquí y se

    vendieron a diferentes compañías que no tenían

    conocimiento en la materia. Eran grupos de amigos esquiadores a los

    que les parecía divertido comprar un centro.”

    Durante los 17 años que los Reynal estuvieron ausentes del

    negocio (entre 1980 y 1996) ocurrieron varias cosas. En 1983 se

    inauguró Las Leñas, impulsada por una potente

    campaña de marketing que atrajo buena parte del mercado.

    Chapelco, por su parte, se entregó en concesión a una

    empresa petrolera interesada en el negocio.

    “Creo que el tiempo de las subidas y bajadas en los centros de

    esquí está llegando a su fin. La gente que sabe del

    negocio se está haciendo cargo nuevamente, y su manejo

    comienza a estabilizarse”, reflexiona Reynal.