&endash;Dadas las crecientes tensiones políticas de
origen tanto interno como externo, ¿se verá afectada la
gobernabilidad de la Argentina de aquí al recambio
presidencial de fin del año próximo?
&endash;Me parece que no hay nada que amenace la gobernabilidad.
Hasta ahora, lo único que podría ponerla en crisis es
una pelea muy fuerte en el interior del Partido Justicialista, y
parecería ser que los roles se ven claros. Pero a nadie se le
escapa que alguien está empapelando el país con Menem
99.
Lo que sí está agitando el panorama político
es el escándalo de las armas, en el que ya a nadie le cabe
duda de que las responsabilidades son de máximo nivel.
En materia económica, si las cosas siguieran así por
mucho tiempo, no sé qué va a pasar. Pero ya estamos
acusando recibo: se detuvieron las ventas. En estas condiciones, si
hubo un descenso del desempleo, creo que se va a detener. En este
caso deberíamos lograr acuerdos muy grandes, dejando de lado
lo electoral, para hacer todo lo posible para que la crisis golpee lo
menos posible en la sociedad.
&endash;Otro tema que tal vez podría enrarecer el
proceso político es la actitud de los jueces federales, que
dan muestras de querer despegarse cada vez más del Poder
Ejecutivo.
&endash;Ahí, un leading case va a ser el de las armas. Ese
sí que toca a Menem. Ahí no se puede mirar para otro
lado. Cuando me preguntan cómo imagino un gobierno de la
Alianza, o mío, con jueces federales más que
sospechados de haber sido muy leales al actual oficialismo, respondo
que la lógica y el sentido común nos dicen que quienes
más rápidamente fueron conquistados para ser sumisos
son los que más rápidamente tratan de despegarse,
primero, y después se ponen a la orden. Que uno,
después, quiera tenerlos atrás es otra historia. Esto
ya empezó a ocurrir. Hay jueces que avanzan y otros que no lo
hacen, como Bonadío y otros, porque deben su existencia a la
servilleta de Corach. Pero eso va a cambiar en la medida en que
cambie de lado el poder.
&endash;¿Y el caso de la Corte Suprema? Porque allí
no parece tan dinámico el proceso como entre los jueces
federales.
&endash;Es distinto, porque ellos tienen la sensación, y es
razonable, de que, a menos que se pudiera avanzar en un juicio
político, son intocables. Y por ahora, mientras el juicio
político esté en manos del justicialismo en el
Congreso, eso les sirve de pantalla y protección.
&endash;Con Menem fuera del tablero político, el
adversario más contundente que le queda a la Alianza es
Duhalde. Y Duhalde sale a correrla por izquierda, diciendo que las
elecciones no se ganan con el establishment y que el modelo
está muerto. Con lo cual la Alianza queda como el sector, si
no más conservador, al menos más cuidadoso.
&endash;No es mala la palabra cuidadoso. En estos momentos, no es
mala.
&endash;Pero si es cierto que las elecciones no se ganan con el
establishment, en el caso de que se agudizara la crisis
económica, el discurso de Duhalde podría sonar como el
que ofrece alguna esperanza.
&endash;Sí, pero, ¿a quién? Cuando yo digo que
no vamos a salir de la convertibilidad, no se lo digo al
establishment, que está más que seguro de que no vamos
a salir (aunque tal vez algún sector del establishment termine
demandando que se salga). Estoy diciéndoselo a la gente, a
quienes tienen cuotas en dólares. Duhalde ha optado por el
peor de los caminos, que es el del doble discurso. ¿Ustedes
creen que alguno de los hombres del equipo económico de
Duhalde (Remes Lenicov, Frigeri o el que sea), haría una
política económica diferente de la de Roque
Fernández y compañía? ¿Qué
política diferente está haciendo Duhalde en su
gobernación? ¿Qué hicieron los diputados de
Duhalde con la ley de flexibilización laboral? No sólo
dieron quórum sino que votaron, empezando por su mujer. Nadie
va a perdonar a un candidato que diga una cosa y haga otra. Quienes
se asustan cuando en las encuestas se les pregunta por la
convertibilidad no son Eduardo Escasany ni Benito Roggio, sino la
gente común.
&endash;En momentos como éste, ¿usted comparte la
impresión de que la conducción de la economía
queda cada vez más limitada al día a día y cada
vez menos a la posibilidad de diseñar el país a cuatro,
cinco o 10 años?
&endash;Depende. Primero, creo que volvió el momento de la
política. Cito como ejemplo el almuerzo que tuve a principios
de septiembre con los directivos de Adeba, porque allí
escuché a algunas personas &endash;en las que antes esto
hubiese resultado impensable&endash; que se quejan por la
desaparición del Estado. No es casual que Blair, Clinton,
Prodi, Cardoso y Jospin se juntaran para empezar a hablar de la
tercera vía y de reponer la política. Porque aquello
que iba a ordenar todo, que era el mercado, produjo esta
situación caótica en la que todo el mundo está
patas para arriba sin haberlo previsto, porque nadie fue capaz de
instalar el antivirus.
&endash;De algún modo, quien quiera que gobierne a
partir del ´99 va a tener que bailar con la más fea…
&endash;No necesariamente.
&endash;Por lo menos, en una situación delicada y en un
panorama internacional que, se supone, no se habrá despejado
del todo. En ese contexto, el encargado de manejar el Ministerio de
Economía tendría que ser alguien reconocido no
sólo por su capacidad técnica sino por el grado de
credibilidad que pueda tener en el ámbito internacional.
¿Eso abona las chances de Domingo Cavallo como potencial
ministro de la Alianza?
&endash;¿Quién dijo eso? No. Y le digo por qué:
Cavallo difícilmente acepte ser ministro de nadie porque
él quiere ser presidente. Y yo jamás tendría un
ministro que me mandara. ¿Ustedes lo imaginan a Cavallo sin
mandar?
&endash;Tras la renuncia de Cavallo llegó a instalarse
la idea de que la Argentina ha entrado en una situación
similar a la que caracterizó a Italia durante años: un
panorama político confuso, pero con una economía
ordenada y próspera.
&endash;Está bien. Y ahora viene la etapa siguiente, igual
que en Italia: una gran coalición que reponga la
política en el lugar que corresponde y que garantice que no
hay impunidad para los corruptos. Sólo que acá la mani
pulite no van a hacerla los jueces, sino la política.
&endash;¿Es capaz de hacerla la clase política?
&endash;Tiene que ser capaz de hacerla. No es lo mismo un
presidente que diga “cada uno puede hacer el negocio que sea con tal
de que a mí no me fastidien y además me sean leales”,
que otro que diga “señores, no hay cobertura política a
ningún funcionario que robe, no hay impunidad”.
Corrupción siempre va a intentar haber, cómo no.
¿O vamos a creer que en Italia, de golpe, todo el mundo se puso
honesto? Vamos. Pero hay otra mirada, otra forma. No es un viva la
pepa.
&endash;¿Cuáles son los márgenes para
cambiar políticas sin abandonar la convertibilidad?
&endash;Tenemos, por ejemplo, el sistema impositivo: si
lográramos tener un organismo de cobro de impuestos eficiente,
una aduana que no fuera un agujero negro, descentralizar el sistema
de los impuestos y cobrar todo lo que no se cobra, no hace falta una
nueva ley impositiva. Se trata de hacer una política
progresiva de cobro de impuestos, porque si yo soy presidente quiero
que la educación llegue a todos lados y sea buena, porque es
la única forma de igualar oportunidades; lo mismo que la salud
y la seguridad. Y necesito con qué pagar.
&endash;¿Es solamente un problema de cobrar lo que no se
cobra, o también de que el Estado gasta muy mal?
&endash;El Estado gasta muy mal. No tenemos presupuestos bajos,
sino mal administrados. Por eso estoy convencida de que el gobierno
que viene debe ser de alta calidad de gestión. Porque no estoy
segura de que la crisis dure hasta el ´99. Pero sí estoy
segura de que, como después del tequila, habrá una
recomposición. Y si hay un crecimiento sostenido con muy buena
gestión, se puede, usando la misma plata, conseguir mejores
resultados. La Argentina no es un país pobre. Es injusto, eso
sí, pero puede ser un país mucho mejor administrado.
&endash;En un momento en el que empiezan a reverdecer
teorías no necesariamente intervencionistas, pero sí de
un reflujo del neoliberalismo, en las que el Estado empieza a tener
una función más activa a través de
políticas industriales, ¿hay margen en la Argentina para
una mayor participación del Estado?
&endash;Yo creo que sí. El Estado chileno, que no ha sido
excesivamente intervencionista pero se ocupó de que hubiera un
Pro Chile, hoy está promoviendo una ley de salvaguarda contra
las exportaciones de los países que están devaluando y
que, obviamente, van a querer meter todos sus productos excedentes
acá. ¿Qué hace el Estado ante esa
situación? ¿Se queda tranquilo y espera? ¿O pone en
marcha todos los mecanismos que permite la Organización
Mundial del Comercio y protege la industria? La OMC admite
herramientas que, de hecho, otros países usan para proteger el
crecimiento de sus industrias. ¿Eso es intervencionismo
inadecuado? Al contrario. En lugar de eso, tenemos un ministro que
dice: “Quédense tranquilos, no pasa nada”. Mentira. Pasa. Si
no, no estaríamos todos preocupados, viendo qué pasa en
Brasil, si devalúan o no devalúan, si a Clinton lo
echan o lo sostienen. Al mercado y a los gerentes nadie los elige;
por lo tanto, tenemos a los más hábiles que pudieron
establecerse. A los gobernantes sí los eligen; por lo tanto,
al ponerles un voto les ponen confianza. Lo que el mercado no va a
hacer jamás es cuidar a la gente.
&endash;Pero la elección de gobernantes tiene una
imperfección: la lista sábana.
&endash;Es verdad. Hay, por lo menos, dos cosas para corregir. Una
es el financiamiento de los partidos políticos. Porque si hay
grandes inversiones de empresas en su campaña, quién va
a ir después a cobrarles los impuestos. La otra
cuestión es la modificación del sistema electoral. De
cualquier manera, no me parece que eso sea lo más grave que
haya que corregir.
&endash;Justamente, esos dos problemas son reconocidos por toda
la sociedad desde hace mucho tiempo. Si la clase política, que
es la encargada de solucionarlo, no lo hace, ¿hasta dónde
se puede confiar en que será capaz de solucionar otros
problemas tanto o más graves, como el de la
corrupción?
&endash;Depende de qué clase sean quienes terminen
gobernando. En lo que a nosotros respecta, hemos presentado un
proyecto para las dos cosas. No pudo funcionar porque no tuvimos
número.
&endash;Volviendo al ejemplo italiano, ¿es posible
aquí una gran coalición con el justicialismo
afuera?
&endash;Cuando hablo de concertación, parte del
justicialismo está adentro.
&endash;¿Es posible a corto plazo?
&endash;Cuanto antes, mejor. Acá hace falta una derecha
conservadora. ¿Quién va a ocupar ese lugar? Porque ese
papel lo hizo el justicialismo, siendo un partido popular. Es cierto
que el justicialismo no da para imaginar que es la derecha.
¿Quién será? ¿Menem? ¿Cavallo? Pero hace
falta una derecha democrática, que se defina. Mientras tanto,
habrá muchos corrimientos. Si sobrevivió el
fenómeno del Frepaso, es porque la política en la
Argentina cambió.
