sábado, 18 de abril de 2026

    “Acá hace falta una derecha conservadora”

    &endash;Dadas las crecientes tensiones políticas de

    origen tanto interno como externo, ¿se verá afectada la

    gobernabilidad de la Argentina de aquí al recambio

    presidencial de fin del año próximo?

    &endash;Me parece que no hay nada que amenace la gobernabilidad.

    Hasta ahora, lo único que podría ponerla en crisis es

    una pelea muy fuerte en el interior del Partido Justicialista, y

    parecería ser que los roles se ven claros. Pero a nadie se le

    escapa que alguien está empapelando el país con Menem

    99.

    Lo que sí está agitando el panorama político

    es el escándalo de las armas, en el que ya a nadie le cabe

    duda de que las responsabilidades son de máximo nivel.

    En materia económica, si las cosas siguieran así por

    mucho tiempo, no sé qué va a pasar. Pero ya estamos

    acusando recibo: se detuvieron las ventas. En estas condiciones, si

    hubo un descenso del desempleo, creo que se va a detener. En este

    caso deberíamos lograr acuerdos muy grandes, dejando de lado

    lo electoral, para hacer todo lo posible para que la crisis golpee lo

    menos posible en la sociedad.

    &endash;Otro tema que tal vez podría enrarecer el

    proceso político es la actitud de los jueces federales, que

    dan muestras de querer despegarse cada vez más del Poder

    Ejecutivo.

    &endash;Ahí, un leading case va a ser el de las armas. Ese

    sí que toca a Menem. Ahí no se puede mirar para otro

    lado. Cuando me preguntan cómo imagino un gobierno de la

    Alianza, o mío, con jueces federales más que

    sospechados de haber sido muy leales al actual oficialismo, respondo

    que la lógica y el sentido común nos dicen que quienes

    más rápidamente fueron conquistados para ser sumisos

    son los que más rápidamente tratan de despegarse,

    primero, y después se ponen a la orden. Que uno,

    después, quiera tenerlos atrás es otra historia. Esto

    ya empezó a ocurrir. Hay jueces que avanzan y otros que no lo

    hacen, como Bonadío y otros, porque deben su existencia a la

    servilleta de Corach. Pero eso va a cambiar en la medida en que

    cambie de lado el poder.

    &endash;¿Y el caso de la Corte Suprema? Porque allí

    no parece tan dinámico el proceso como entre los jueces

    federales.

    &endash;Es distinto, porque ellos tienen la sensación, y es

    razonable, de que, a menos que se pudiera avanzar en un juicio

    político, son intocables. Y por ahora, mientras el juicio

    político esté en manos del justicialismo en el

    Congreso, eso les sirve de pantalla y protección.

    &endash;Con Menem fuera del tablero político, el

    adversario más contundente que le queda a la Alianza es

    Duhalde. Y Duhalde sale a correrla por izquierda, diciendo que las

    elecciones no se ganan con el establishment y que el modelo

    está muerto. Con lo cual la Alianza queda como el sector, si

    no más conservador, al menos más cuidadoso.

    &endash;No es mala la palabra cuidadoso. En estos momentos, no es

    mala.

    &endash;Pero si es cierto que las elecciones no se ganan con el

    establishment, en el caso de que se agudizara la crisis

    económica, el discurso de Duhalde podría sonar como el

    que ofrece alguna esperanza.

    &endash;Sí, pero, ¿a quién? Cuando yo digo que

    no vamos a salir de la convertibilidad, no se lo digo al

    establishment, que está más que seguro de que no vamos

    a salir (aunque tal vez algún sector del establishment termine

    demandando que se salga). Estoy diciéndoselo a la gente, a

    quienes tienen cuotas en dólares. Duhalde ha optado por el

    peor de los caminos, que es el del doble discurso. ¿Ustedes

    creen que alguno de los hombres del equipo económico de

    Duhalde (Remes Lenicov, Frigeri o el que sea), haría una

    política económica diferente de la de Roque

    Fernández y compañía? ¿Qué

    política diferente está haciendo Duhalde en su

    gobernación? ¿Qué hicieron los diputados de

    Duhalde con la ley de flexibilización laboral? No sólo

    dieron quórum sino que votaron, empezando por su mujer. Nadie

    va a perdonar a un candidato que diga una cosa y haga otra. Quienes

    se asustan cuando en las encuestas se les pregunta por la

    convertibilidad no son Eduardo Escasany ni Benito Roggio, sino la

    gente común.

    &endash;En momentos como éste, ¿usted comparte la

    impresión de que la conducción de la economía

    queda cada vez más limitada al día a día y cada

    vez menos a la posibilidad de diseñar el país a cuatro,

    cinco o 10 años?

    &endash;Depende. Primero, creo que volvió el momento de la

    política. Cito como ejemplo el almuerzo que tuve a principios

    de septiembre con los directivos de Adeba, porque allí

    escuché a algunas personas &endash;en las que antes esto

    hubiese resultado impensable&endash; que se quejan por la

    desaparición del Estado. No es casual que Blair, Clinton,

    Prodi, Cardoso y Jospin se juntaran para empezar a hablar de la

    tercera vía y de reponer la política. Porque aquello

    que iba a ordenar todo, que era el mercado, produjo esta

    situación caótica en la que todo el mundo está

    patas para arriba sin haberlo previsto, porque nadie fue capaz de

    instalar el antivirus.

    &endash;De algún modo, quien quiera que gobierne a

    partir del ´99 va a tener que bailar con la más fea…

    &endash;No necesariamente.

    &endash;Por lo menos, en una situación delicada y en un

    panorama internacional que, se supone, no se habrá despejado

    del todo. En ese contexto, el encargado de manejar el Ministerio de

    Economía tendría que ser alguien reconocido no

    sólo por su capacidad técnica sino por el grado de

    credibilidad que pueda tener en el ámbito internacional.

    ¿Eso abona las chances de Domingo Cavallo como potencial

    ministro de la Alianza?

    &endash;¿Quién dijo eso? No. Y le digo por qué:

    Cavallo difícilmente acepte ser ministro de nadie porque

    él quiere ser presidente. Y yo jamás tendría un

    ministro que me mandara. ¿Ustedes lo imaginan a Cavallo sin

    mandar?

    &endash;Tras la renuncia de Cavallo llegó a instalarse

    la idea de que la Argentina ha entrado en una situación

    similar a la que caracterizó a Italia durante años: un

    panorama político confuso, pero con una economía

    ordenada y próspera.

    &endash;Está bien. Y ahora viene la etapa siguiente, igual

    que en Italia: una gran coalición que reponga la

    política en el lugar que corresponde y que garantice que no

    hay impunidad para los corruptos. Sólo que acá la mani

    pulite no van a hacerla los jueces, sino la política.

    &endash;¿Es capaz de hacerla la clase política?

    &endash;Tiene que ser capaz de hacerla. No es lo mismo un

    presidente que diga “cada uno puede hacer el negocio que sea con tal

    de que a mí no me fastidien y además me sean leales”,

    que otro que diga “señores, no hay cobertura política a

    ningún funcionario que robe, no hay impunidad”.

    Corrupción siempre va a intentar haber, cómo no.

    ¿O vamos a creer que en Italia, de golpe, todo el mundo se puso

    honesto? Vamos. Pero hay otra mirada, otra forma. No es un viva la

    pepa.

    &endash;¿Cuáles son los márgenes para

    cambiar políticas sin abandonar la convertibilidad?

    &endash;Tenemos, por ejemplo, el sistema impositivo: si

    lográramos tener un organismo de cobro de impuestos eficiente,

    una aduana que no fuera un agujero negro, descentralizar el sistema

    de los impuestos y cobrar todo lo que no se cobra, no hace falta una

    nueva ley impositiva. Se trata de hacer una política

    progresiva de cobro de impuestos, porque si yo soy presidente quiero

    que la educación llegue a todos lados y sea buena, porque es

    la única forma de igualar oportunidades; lo mismo que la salud

    y la seguridad. Y necesito con qué pagar.

    &endash;¿Es solamente un problema de cobrar lo que no se

    cobra, o también de que el Estado gasta muy mal?

    &endash;El Estado gasta muy mal. No tenemos presupuestos bajos,

    sino mal administrados. Por eso estoy convencida de que el gobierno

    que viene debe ser de alta calidad de gestión. Porque no estoy

    segura de que la crisis dure hasta el ´99. Pero sí estoy

    segura de que, como después del tequila, habrá una

    recomposición. Y si hay un crecimiento sostenido con muy buena

    gestión, se puede, usando la misma plata, conseguir mejores

    resultados. La Argentina no es un país pobre. Es injusto, eso

    sí, pero puede ser un país mucho mejor administrado.

    &endash;En un momento en el que empiezan a reverdecer

    teorías no necesariamente intervencionistas, pero sí de

    un reflujo del neoliberalismo, en las que el Estado empieza a tener

    una función más activa a través de

    políticas industriales, ¿hay margen en la Argentina para

    una mayor participación del Estado?

    &endash;Yo creo que sí. El Estado chileno, que no ha sido

    excesivamente intervencionista pero se ocupó de que hubiera un

    Pro Chile, hoy está promoviendo una ley de salvaguarda contra

    las exportaciones de los países que están devaluando y

    que, obviamente, van a querer meter todos sus productos excedentes

    acá. ¿Qué hace el Estado ante esa

    situación? ¿Se queda tranquilo y espera? ¿O pone en

    marcha todos los mecanismos que permite la Organización

    Mundial del Comercio y protege la industria? La OMC admite

    herramientas que, de hecho, otros países usan para proteger el

    crecimiento de sus industrias. ¿Eso es intervencionismo

    inadecuado? Al contrario. En lugar de eso, tenemos un ministro que

    dice: “Quédense tranquilos, no pasa nada”. Mentira. Pasa. Si

    no, no estaríamos todos preocupados, viendo qué pasa en

    Brasil, si devalúan o no devalúan, si a Clinton lo

    echan o lo sostienen. Al mercado y a los gerentes nadie los elige;

    por lo tanto, tenemos a los más hábiles que pudieron

    establecerse. A los gobernantes sí los eligen; por lo tanto,

    al ponerles un voto les ponen confianza. Lo que el mercado no va a

    hacer jamás es cuidar a la gente.

    &endash;Pero la elección de gobernantes tiene una

    imperfección: la lista sábana.

    &endash;Es verdad. Hay, por lo menos, dos cosas para corregir. Una

    es el financiamiento de los partidos políticos. Porque si hay

    grandes inversiones de empresas en su campaña, quién va

    a ir después a cobrarles los impuestos. La otra

    cuestión es la modificación del sistema electoral. De

    cualquier manera, no me parece que eso sea lo más grave que

    haya que corregir.

    &endash;Justamente, esos dos problemas son reconocidos por toda

    la sociedad desde hace mucho tiempo. Si la clase política, que

    es la encargada de solucionarlo, no lo hace, ¿hasta dónde

    se puede confiar en que será capaz de solucionar otros

    problemas tanto o más graves, como el de la

    corrupción?

    &endash;Depende de qué clase sean quienes terminen

    gobernando. En lo que a nosotros respecta, hemos presentado un

    proyecto para las dos cosas. No pudo funcionar porque no tuvimos

    número.

    &endash;Volviendo al ejemplo italiano, ¿es posible

    aquí una gran coalición con el justicialismo

    afuera?

    &endash;Cuando hablo de concertación, parte del

    justicialismo está adentro.

    &endash;¿Es posible a corto plazo?

    &endash;Cuanto antes, mejor. Acá hace falta una derecha

    conservadora. ¿Quién va a ocupar ese lugar? Porque ese

    papel lo hizo el justicialismo, siendo un partido popular. Es cierto

    que el justicialismo no da para imaginar que es la derecha.

    ¿Quién será? ¿Menem? ¿Cavallo? Pero hace

    falta una derecha democrática, que se defina. Mientras tanto,

    habrá muchos corrimientos. Si sobrevivió el

    fenómeno del Frepaso, es porque la política en la

    Argentina cambió.