Los cambios estructurales en la economía argentina durante
los años 90, la apertura económica y la
integración regional, junto a las reformas y las
políticas de desregulación promovidas desde el Estado,
fueron los disparadores que delinearon un nuevo horizonte para la
industria local de la construcción.
En ese escenario, los productores de cemento supieron aprovechar
las oportunidades y se lanzaron a la meta de recuperar el tiempo
perdido durante los ´80, una década que, señalan los
protagonistas del sector, merece pasar al olvido.
“En 1980 se alcanzó el punto máximo de esta
industria en el país. Durante ese año, el consumo per
cápita de cemento fue de 264 kilos. Después la demanda
comenzó a caer hasta llegar, a principios de los ´90, a poco
más de 100 kilos anuales (ver Cuadro 1). La década
pasada fue realmente muy mala para este negocio. Siempre digo que en
ese tiempo la verdadera hazaña de las empresas fue haber
logrado sobrevivir”, señala Pablo Verzini, presidente de
Corcemar, la cementera que se ubica en el segundo puesto del ranking
por volumen de producción y tercera en ventas, detrás
de Loma Negra y Juan Minetti.
Entre las tres se reparten algo más de 85% de un sector que
genera ventas por aproximadamente US$ 800 millones anuales. A ese
pelotón de vanguardia se suman Cementos Avellaneda (entre 8 y
9% del mercado) y Cemento San Martín, una empresa controlada
por Loma Negra. La compañía de Amalia Lacroze de
Fortabat es la líder absoluta del mercado: concentra 55% de la
producción de cementos del país y suma la mitad de las
ventas.
Ahí vienen los suizos
Pero los tradicionales dueños del negocio ya no
están solos: el grupo suizo Holderbank, principal productor
mundial de cemento, se sentó cuatro años atrás
en el directorio de Corcemar. Junto a los Verzini -una de las
familias fundadoras de la empresa- tiene en sus manos el
management de la cementera. Pero desde junio, y a través de su
subsidiria chilena Polpaico, se convirtió en socio mayoritario
de Corcemar.
Y ahora se propone reforzar su llegada al mercado de la Capital
Federal y el Gran Buenos Aires -en el que Loma Negra concentra
80% de las ventas- instalando un molino entre Campana y
Zárate, que le demandará una inversión de US$ 50
millones.
Juan Minetti, por su parte, le encargó a la firma
internacional Booz, Allen & Hamilton un estudio de alternativas
para el futuro. El consultor Gonzalo Larraguibel es el encargado de
pilotear este proceso, que podría desembocar en la venta
parcial o total de las acciones que se encuentran en manos de parte
de los herederos de la familia fundadora, aunque en la empresa se
encargan de negar esa posibilidad.
Lo cierto es que varios grupos locales e internacionales
-once en total- entre los que se cuentan Holderbank y
la mexicana Cemex, tercera productora de cemento a nivel mundial
-que hasta ahora exhibe una módica presencia en la
Argentina (ver recuadro)- ya habrían hecho conocer su
interés por comprar o asociarse a Minetti.
La empresa -que capta entre 18 y 20% de las ventas totales
del sector- también estaría siendo observada con
atención por Loma Negra, con la que mantiene relaciones
estrechas. Además de tener estructuras y estilos de management
similares, cada una de las compañías suele recurrir al
cemento fabricado por la otra para cumplir con contratos conseguidos
en Buenos Aires o Córdoba. Esa historia confirmaría a
Loma Negra como una candidata firme -se dice que la otra
sería Holderbank- si es que, finalmente, las familias
herederas de Minetti se decidieran a vender.
Frente a los movimientos de sus competidoras, la líder no
se quedó atrás: suscribió hace cuatro meses un
convenio de complementación con la empresa estatal uruguaya
Ancap, que prevé el intercambio de asistencia técnica
entre ambas compañías y la creación de una nueva
sociedad que le permitirá a Loma Negra llegar con sus cementos
a Uruguay y, como contrapartida, hacerse de la representación
comercial de Ancap para vender en el país los productos
fabricados por sus socios.
Demandas privadas
Las jugadas que ensayan los protagonistas del sector son
calculadas: todos alistan sus armas para ampliar su capacidad
instalada y continuar dando batalla en un mercado que, según
estiman, exhibirá tasas anuales de crecimiento cercanas a 10%
durante, al menos, el próximo lustro.
“El país tiene un déficit en materia de viviendas
que distintas fuentes ubican en tres millones de unidades. Y en
cuanto a infraestructura, sólo basta con observar el deterioro
de los caminos y las deficiencias en la capacidad de almacenaje, los
accesos a las grandes ciudades, la infraestructura portuaria, de
saneamiento o de agua corriente”, enumera Raúl Hermida,
director de Juan Minetti e investigador del sector, para subrayar las
potencialidades de la demanda futura.
De hecho, la producción nacional de cemento
registró, en los últimos ocho años, un
incremento de 90%, al pasar de los 3,61 millones de toneladas de 1990
a los 6,76 millones de 1997 (ver Cuadro 2). “Para este año
estimamos que las ventas de la industria aumentarán entre 8 y
10%”, pronostica Hermida.
Pero en el sector reconocen que todavía falta mucho por
hacer. “Las expectativas de crecimiento se asientan en el hecho de
que aún nos queda por recuperar 30% de la demanda que la
industria registraba en 1980. En el ´97 el consumo de cemento por
habitante en el país fue de 193 kilos. En comparación
con los países vecinos, la Argentina todavía tiene gran
potencial de crecimiento. Y esta evaluación es la misma que
hace el resto de los fabricantes: todos estamos anunciando planes de
expansión”, apunta Verzini.
A diferencia de lo que ocurría en décadas
anteriores, cuando el gran movilizador de la demanda dentro de la
industria de la construcción era el sector público, en
los ´90 los emprendimientos privados tomaron la delantera.
Verzini sostiene que “el flujo de inversiones externas que
recibió el país en los últimos cinco años
fue uno de los más fuertes impulsores de la demanda. Las
empresas que llegaron a la Argentina para fabricar bienes de capital
o brindar servicios -desde la industria automotriz, hasta los
alimentos y la hotelería- lo hicieron a través
de inauguraciones y ampliaciones de plantas y la construcción
de establecimientos hoteleros que, en la mayoría de los casos,
suelen venir acompañados de complejos comerciales y otras
obras de infraestructura. Todas estas inversiones se traducen, de una
forma u otra, en consumo de cemento. Y este proceso, que promete
seguir, obliga a la industria a aumentar su capacidad de
producción para poder aprovechar las oportunidades que ofrece
una demanda ampliada”.
Según las estadísticas que maneja la
Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP), en 1997
las obras privadas captaron 5,61 millones de toneladas (88% del total
de cemento despachado), frente a 1,05 millón demandado por los
emprendimientos encarados desde el sector público y poco
más de 128.000 toneladas que se destinaron a la
exportación hacia los países vecinos.
A la sombra del crédito
La creciente disponibilidad de créditos hipotecarios en el
mercado financiero local deberá constituirse, según
Hermida, en otro de los grandes propulsores del crecimiento del
sector. “Se están dando las condiciones macroeconómicas
para que el crecimiento de la industria cementera se asiente sobre la
base de las posibilidades que brinda el endeudamiento hipotecario.
Hasta ahora, y pese a que en los últimos siete años se
ha observado un crecimiento importante de los créditos,
todavía estamos lejos de los niveles internacionales. La deuda
hipotecaria per cápita en Estados Unidos es 61 veces mayor que
en la Argentina, la de España es 12 veces superior y la de
Chile triplica la nuestra” (ver Cuadro 4).
“El incremento del crédito es fundamental”, coincide
Verzini. “Las personas con ingresos inferiores a $ 1.000 mensuales
-que representan a la gran mayoría de quienes padecen
el déficit habitacional del país- sólo
podrá pensar en acceder a su vivienda de la mano de
créditos a largo plazo.”
Más allá de las demandas insatisfechas, en el sector
ya observan con entusiasmo los últimos indicadores que
prefiguran el escenario por venir. En términos de
producción, el volumen de cemento despachado por la industria
durante el año pasado fue 32,8% superior al de 1996.
Los permisos para la construcción constituyen un indicador
importante para la industria cementera. Y también allí
las noticias son alentadoras para los protagonistas del negocio:
durante 1997, los permisos otorgados en los 20 centros urbanos
más importantes del país se incrementaron en 33,8% con
respecto al año anterior y en 38% si se los compara con los
registros de 1995. Sólo en el primer bimestre de 1998, las
obras abarcadas por los permisos sumaron 611.580 metros cuadrados.
Esa cifra representa un incremento de 68,4% con respecto al mismo
período de 1997.
Aprendiendo a ser globales
Este escenario lleva a las empresas a moverse aceleradamente, con
inversiones y planes de asociaciones que les permitan seguir siendo
competitivas.
La cementera Juan Minetti ya opera tres plantas, ubicadas en las
provincias de Córdoba, Mendoza y Jujuy. En la fábrica
cordobesa de Malagueño invirtió algo más de US$
90 millones para ampliar la capacidad productiva y montar una nueva
línea de fabricación. “Como nuestra proyección
de la demanda es positiva, creemos que en los próximos
años será necesario seguir invirtiendo en nuevas
plantas cementeras, pero aún no hemos decidido la
localización ni los volúmenes de inversión. Y a
eso le deberemos sumar la ampliación de las existentes y una
mayor inversión en hormigón elaborado y algunos otros
derivados del cemento”, asegura Hermida.
Según observadores de la industria, el desafío que
plantean las inversiones futuras habría decidido a algunos de
los grupos que integran la sociedad controlante de la empresa
-Suma Huayco, dueña de 52% de las acciones- a
vender para sumar un socio estratégico. Hermida lo niega: “Es
cierto que estamos analizando con Booz Allen un planteamiento
estratégico para el futuro de la empresa, pero no estamos en
venta ni tenemos potenciales interesados”.
Sin embargo, esa negativa respondería a un pacto de
silencio que habrían acordado los miembros de la familia
Minetti, para no entorpecer las negociaciones de las tres ramas de
herederos que estarían pensando en vender su
participación.
A los ojos de Loma Negra, la empresa cordobesa representa una
buena oportunidad para consolidar su posición de liderazgo
local. Embarcada en un proceso de expansión geográfica
-el acuerdo con Ancap la llevó a poner un pie en el
Mercosur- la compra de Minetti, que además de ser la
segunda en ventas, ya exporta cemento a Bolivia, a la región
central de Chile, al sur de Brasil y a Uruguay, le permitiría
a la compañía de Fortabat elevar las barreras de
entrada a la presencia de nuevos competidores en el país.
Claro que enfrente tiene a la suiza Holderbank, una de las
líderes mundiales de la industria, que hace tres meses se
convirtió en dueña de la mayoría accionaria de
Corcemar y estaría dispuesta a dar batalla por Minetti.
Verzini lo admite: “Hace unos años analizamos la
posibilidad de fusionarnos con Minetti. Pensamos que sería una
buena oportunidad para generar una competencia más equilibrada
frente al peso que Loma Negra tiene dentro del mercado. En ese
momento la negociación se frenó porque surgieron
problemas a la hora de fijar el valor de cada empresa. Ahora, que
Minetti haya contratado a una consultora y que existan jugadores
internacionales dispuestos a entrar al negocio, parecería
apuntar a una intención de venta. Pero sobre eso no puedo
opinar. La gente de Minetti será la que finalmente
evaluará si le conviene más contar con un socio local o
extranjero”.
Mientras tanto, Corcemar se dispone a darle pelea a Loma Negra en
su propio territorio. En los próximos dos años
invertirá US$ 50 millones en la construcción de un
complejo industrial que emplazará sobre el río
Paraná, entre las localidades bonaerenses de Campana y
Zárate. La nueva planta le permitirá reducir el costo
de flete -hasta ahora, abastecía a sus clientes en
Buenos Aires transportando el cemento desde sus plantas de
Córdoba y Mendoza- y ganar presencia en un mercado que
concentra 60% de las ventas totales del país.
“Si queremos mantener nuestro nivel de ventas tenemos que aspirar
a ganar presencia en este mercado. Transportando el clincker
-la materia prima del cemento- y moliéndolo en
la nueva planta vamos a tener notables ventajas de costos”, asegura
Verzini.
La nueva planta, que estará en funcionamiento hacia fines
del próximo año, tendrá una capacidad de
molienda y producción de 1.200.000 toneladas anuales, que
sumaría 60% a la actual capacidad de la empresa. “Pero eso
-explica Verzini- no significa que vayamos a utilizar
toda la capacidad disponible de inmediato. Pensamos que llegaremos a
eso recién en el 2003. Todo va a depender de que se cumplan
nuestras expectativas de crecimiento de la demanda durante los
próximos años.”
M. B.
Cuadro 1- Consumo per cápita
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Años
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1990
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1991
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1992
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1993
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1994
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1995
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1996
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1997
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Fuente: Asoc. de Fabricantes de Cemento Portland.
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Cuadro 2 – Producción anual (en toneladas)
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1990
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1991
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1992
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1993
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1994
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1995
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1996
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1997
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Fuente: Asoc. de Fabricantes de Cemento Portland.
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Cuadro 3 – El mercado local y el resto de América
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País
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Estados Unidos
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México
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Chile
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Brasil
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Uruguay
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Argentina
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Perú
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Colombia
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Bolivia
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Paraguay
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(*) Para 1997, en kilos.
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Fuente: Asoc. de Fabricantes de Cemento Portland.
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Cuadro 4 – Deuda hipotecaria per cápita (en US$)
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Estados Unidos
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España
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Chile
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Brasil
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México
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Argentina
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Fuente: CEP, Secretaría de Industria, Comercio y Minería.
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Cemex: ¿un desembarco por etapas?
Uno de los rumores en torno de la venta de parte del paquete
accionario de Minetti señala a Cemex -la cementera
mexicana que, con ventas anuales de US$ 3.700 millones en 1997, se
instala en el tercer escalón mundial dentro del sector-
como una de las interesadas en desembarcar en la Argentina.
Hasta ahora, la presencia de Cemex en el país es apenas
embrionaria. Desde el año pasado la empresa local Chemerinsky
Holding Group es la representante comercial de los mexicanos en el
único producto que venden en el país: el cemento
blanco. “Nuestro vínculo”, asegura Uriel Chemerinsky, director
financiero de la firma, “se limita a este producto, un cemento tres
veces más caro que el portland, que se emplea, entre otras
cosas, para la fabricación de mosaicos”.
Aunque la demanda local de cemento blanco todavía es muy
pequeña -20.000 toneladas anuales, frente a los casi 7
millones del cemento portland- y está concentrada en
Iggam, que capta 80% de las ventas, “en Cemex evaluaron que
había mercado por tomar y que la demanda en la Argentina
seguiría orientándose hacia productos cada vez
más específicos, algo que ya sucedió en otros
países en los que tienen presencia”, explica Chemerinsky.
“No sabemos si Cemex ha decidido tener una presencia directa en el
país. No somos los responsables de canalizar la
información que surge del proceso de auditoría de Juan
Minetti y tampoco seríamos los intermediarios si,
eventualmente, decidieran tomar parte de este negocio”, asegura.
