El escenario económico internacional presenta
síntomas cada vez más evidentes de que lo que hay por
delante es una compleja y delicada situación. Se proyecta, por
un lado, una imagen floreciente de Estados Unidos y de la
Unión Europea. En contrapartida, surge la visión del
resto del mundo deslizándose por una pendiente negativa.
Japón se ha sumido en una recesión; la primera en
veinte años. Durante el primer trimestre, su PBI se contrajo
en 1,3%. Para caracterizar mejor el cuadro, cabe agregar que una
cotización de 144 yenes por dólar, como la alcanzada a
mediados de junio, indica que, en los últimos tres
años, la moneda japonesa se devaluó en 44%. Y un
número creciente de analistas considera que esta tendencia
aún no se ha frenado.
Para el resto del Asia, que viene acumulando los efectos de la
crisis que se desató a mediados del año anterior, la
combinación de una débil demanda en Japón, la
caída permanente del yen y la fragilidad de su sistema
bancario ha sido devastadora: mayor competencia en los mercados
internacionales, menor confianza y menores créditos de los
bancos.
Norte y Sur
El riesgo soberano, en países como Brasil y la Argentina,
ha vuelto a incrementarse desde fines de marzo. Es preciso tener en
cuenta, además, que las cotizaciones en sus recintos
bursátiles habían declinado, desde fines de junio de
1997 y hasta mediados del mismo mes de este año, 26% en el
caso de la bolsa de San Pablo y 30% en la de Buenos Aires. En cambio,
los mercados de Estados Unidos y Europa crecieron significativamente.
En el caso del Dow Jones el aumento fue de 17%.
Si, como suelen argumentar los economistas, permanecen constantes
las actuales tendencias que se observan en la economía
mundial, los grandes beneficiarios de la situación
serán Estados Unidos y la Unión Europea. Debe tenerse
en cuenta que en conjunto representan 40% del PBI mundial y que, sin
duda, la demanda interna es la principal fuente de su crecimiento. En
ese marco, la presión deflacionaria que proviene de los
países asiáticos y la caída en los precios de
los commodities permite, simultáneamente, que se siga
alimentando el recalentamiento de la economía norteamericana y
el avance de las europeas sin que ello se acompañe, por ahora,
de mayores riesgos inflacionarios.
No obstante, esta perspectiva difícilmente se sostenga a
largo plazo. Más allá de la discusión que
envuelve a economistas y analistas acerca de si existe o no un nuevo
paradigma de crecimiento en Estados Unidos, casi nadie duda de que,
en algún momento, habrán de surgir las presiones
inflacionarias.
En ese sentido, con independencia del hermético testimonio
del presidente de la Reserva Federal en el Congreso estadounidense,
la decisión de no modificar las tasas de interés de
corto plazo en la última reunión de la Fed ha sido
interpretada, mayoritariamente, como una necesidad impuesta por el
complejo escenario internacional. Se estima que un aumento de la
tasa, en el actual contexto, podría gatillar una
situación de mayores perturbaciones en los mercados de divisas
y de acciones.
Podría suponerse que la actual crisis internacional
comienza a solucionarse: que los sucesivos paquetes de medidas
adoptados resultan exitosos y que la amarga medicina recomendada por
el FMI para enfrentar el colapso de los países del sudeste
asiático empieza a curar al enfermo.
En ese marco, la confianza de los inversores tendería a
restablecerse y los flujos de capitales privados retornarían
hacia Japón, las naciones del sudeste asiático y los
otros países emergentes. Dado que la mayor parte de los
capitales que se fugaron se dirigieron a Estados Unidos y a la
Unión Europea, un escenario de estas características
podría derivar en una nueva crisis financiera internacional;
pero en este caso se podría iniciar en Estados Unidos.
Aunque se estima que la economía norteamericana
exhibirá superávit en sus cuentas fiscales, la
combinación de un amplio y persistente déficit en
cuenta corriente del balance de pagos y la ya indudable
sobrevaluación de los activos accionarios podría poner
en marcha esa nueva ronda de conmociones financieras internacionales.
Al respecto, un reciente estudio sobre los valores de las acciones,
basado en el modelo que suele utilizar la Fed, mostraba que a
principios de junio la sobrevaluación superaba el nivel de
20%.
Pesadilla china
Podría plantearse un tercer escenario en el cual la
caída del yen se mantenga, China no pueda resistir las
presiones para devaluar y Hong Kong, en ese contexto,
difícilmente pueda evitar salir de la convertibilidad. Esta
situación, indudablemente, provocaría una nueva ronda
de devaluaciones competitivas y un colapso económico que,
incluso, arrastraría inevitablemente a Brasil y a la
Argentina.
En este caso, aunque Estados Unidos tiene un déficit
externo manejable, un escenario como éste podría
empeorar su posición y, con ello, las posibilidades de salir
relativamente airoso de la crisis. En esas condiciones, las presiones
de tipo proteccionista podrían alcanzar niveles elevados. De
ahí que la probabilidad de una fase de corrección en
los mercados de acciones no pueda descartarse; corrección que
alcanzaría tanto a Estados Unidos como a la Unión
Europea.
En suma, con distintos matices, ninguno de estos escenarios
muestra perspectivas inmediatas alentadoras. Por el contrario, la
impresión que prevalece es que lo peor de la crisis iniciada a
fines del primer semestre de 1997 todavía no ha pasado. Y la
Argentina no ha sido ajena a ese cambio de clima.
La evolución de indicadores como la prima de riesgo
país, la cotización de las acciones líderes, el
saldo de la cuenta comercial externa y el monto de las reservas del
Banco Central muestran que, en una medida no desdeñable, la
confianza de los inversores sobre el rumbo futuro de la
economía argentina presenta no pocas dudas e incertidumbres.
Así lo refleja, con crudeza, la encuesta de expectativas de
los empresarios para el segundo semestre, elaborada por MERCADO, que
se publica a partir de la página 111.
Ese cambio en el clima de confianza también comienza a
reflejarse en la evolución de los principales agregados
macroeconómicos. Los datos correspondientes al primer
trimestre del año de los componentes de la oferta y la demanda
global muestran que, en términos desestacionalizados, el PBI
creció apenas 0,7% con respecto al nivel alcanzado a fines de
1997. Se habría entrado en una suerte de meseta en el nivel de
producto.
Y se estima que, si no mejora el clima que prevalece en los
mercados internacionales, en el segundo trimestre podrían
aparecer los primeros síntomas de caída en el nivel del
PBI.
Oferta y demanda global | ||||||
Datos desestacionalizados | ||||||
(variación en % respecto del trimestre | ||||||
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1991 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1992 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1993 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1994 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1995 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1996 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1997 | I Trimestre | |||||
| II Trimestre | |||||
| III Trimestre | |||||
| IV Trimestre | |||||
1998 | I Trimestre | |||||
Fuente: Elaboración propia en base a datos del | ||||||

