sábado, 30 de mayo de 2026

    Oferta y demanda

    En la edición anterior se habló de la
    medición del producto y de su distribución, tanto desde
    el punto de vista de los perceptores del ingreso (asalariados y no
    asalariados) como desde la perspectiva del origen sectorial de los
    bienes y servicios que produce la economía. El tema de esta
    segunda entrega es la composición de la oferta global y su
    distribución entre los componentes de la demanda agregada.

    La oferta global de bienes y servicios se compone de la suma de la
    producción local más las importaciones. La
    producción local es el resultado de la aplicación de la
    fuerza de trabajo a la transformación de materias primas e
    insumos, utilizando equipos y herramientas. El modo específico
    en que se combinan cantidades determinadas de esos elementos se suele
    llamar, en un sentido amplio, tecnología. Una economía
    eleva sus niveles de producción a través del aumento de
    la cantidad de equipos e instalaciones, del incremento y la
    capacitación de la fuerza de trabajo, del ensanchamiento de la
    base nacional de recursos naturales (por ejemplo: hallazgo de nuevas
    reservas de gas y petróleo) y de la modificación de la
    tecnología. Todos estos factores contribuyen a definir lo que
    se denomina desarrollo económico.

    En la práctica vigente en la Argentina, las importaciones
    – el otro elemento de la oferta global – se clasifican
    según su destino final: bienes intermedios o insumos (para ser
    utilizados en la producción de nuevos bienes y servicios),
    bienes de consumo, bienes de capital y sus partes y piezas
    (destinados a la renovación y/o mantenimiento del stock de
    capital de la economía), y combustibles y lubricantes.
    Además, es habitual encontrar discriminado el dato
    correspondiente a un tipo particular de bien de consumo durable; por
    ejemplo, los vehículos automotores de pasajeros.

    Además de los bienes, las importaciones consideradas en la
    estimación de la oferta global incluyen los servicios reales
    (fletes, gastos de turismo y viajes, gastos por el uso de licencias y
    royalties, etc.).

    Es interesante observar cómo ha variado la importancia
    relativa de cada componente de la oferta global en la historia
    reciente de la economía argentina. En el lapso 1980/97 las dos
    participaciones mayores de las importaciones dentro de la oferta a
    precios constantes se registraron en 1980/81 y durante el plan de
    Convertibilidad (1997 fue el año récord, con 17,3% de
    participación).

     

    La demanda

    La demanda, al igual que la oferta, tiene un componente interno:
    consumo e inversión, y otro externo, exportaciones. El consumo
    agrupa aquellos bienes cuya demanda guarda una relación mucho
    más estable y directa con el ingreso que la que caracteriza a
    los bienes que forman parte de la inversión, sujeta a cambios
    más bruscos.

    Las exportaciones, por su parte, dependen de las decisiones de
    compra de no residentes y son afectadas por otros precios relativos,
    así como por el nivel de actividad del resto del mundo.

    En futuras entregas volveremos sobre el comportamiento
    diferenciado de los diversos agregados; basta señalar
    aquí que los esquemas de clasificación, y las
    estadísticas a las que dan origen, suelen reflejar una cierta
    visión de cómo funciona la economía.

    El consumo se compone de los bienes y servicios demandados por las
    familias para satisfacer tanto sus necesidades básicas
    (alimentación, vestimenta) como las menos perentorias
    (esparcimiento, cambio de automóvil).

    Se acostumbra a distinguir los bienes de consumo no durables, que
    desaparecen con el primer uso (los alimentos son el ejemplo
    típico), de los que brindan servicios durante períodos
    prolongados (un televisor o un automóvil), denominados
    durables.

    Ni los bienes de consumo ni las exportaciones contribuyen de un
    modo directo al proceso productivo. Entre los que sí
    intervienen en la producción de otros bienes se encuentran los
    insumos, que se extinguen en el primer uso, y los bienes de capital,
    que se amortizan con el tiempo.

    El cálculo de la inversión suele presentarse
    discriminado en: construcciones, maquinaria y equipo de
    producción, y variación de existencias. En el primer
    rubro se computan construcciones nuevas o mejoras de las existentes
    relacionadas con el proceso productivo como, por ejemplo, una planta
    industrial, el alambrado de un campo o el tendido de una línea
    de alta tensión. La construcción de viviendas
    residenciales no está incluida en esta partida ya que se
    considera parte del consumo de las familias.

    El rubro de maquinaria involucra tanto el gasto destinado a
    adquirir máquinas y equipos (incluyendo el material de
    transporte de carga o para pasajeros), como el gasto en mantenimiento
    o reparación de equipos preexistentes cuando incrementan su
    productividad o vida útil.

    La variación de existencias, finalmente, se refiere al
    cambio en los stocks de materias primas y de bienes en proceso de
    producción, o producidos pero aún no vendidos. Estos
    son, sin duda, una parte de la riqueza generada por la sociedad,
    sólo que al momento del cálculo del producto bruto
    aún no se han asignado al sector de las familias ni han sido
    utilizados por las empresas en sus procesos productivos.

    Como puede verse en el gráfico, en la Argentina la
    inversión se reparte actualmente casi por mitades entre
    construcciones y maquinaria y equipo de producción. En cambio,
    durante la década del ´80 esta relación era cercana a
    dos tercios y un tercio, respectivamente. Es interesante notar
    también el crecimiento de la proporción de maquinarias
    y equipos de origen importado, cuya participación en el total
    de la inversión equivale hoy al triple de la que
    exhibía durante la década pasada y representa las dos
    terceras partes del total del rubro (ver gráfico pág.
    50).

    Las exportaciones son la parte de la producción local de
    bienes y servicios no absorbida por la demanda interna, que se coloca
    en el exterior. A diferencia de las importaciones, que se clasifican
    por su destino y por el modo en el que ingresan al proceso productivo
    nacional, las exportaciones se distinguen según el sector de
    origen y grado de elaboración. Así, se reconocen como
    principales categorías los productos primarios, las
    manufacturas de origen agropecuario (básicamente alimentos),
    las manufacturas de origen industrial y los combustibles.

     

    Ahorro e inversión

    En la edición anterior nos referimos a la equivalencia
    entre el producto y el ingreso, y cómo se reparte éste
    entre los participantes en el proceso productivo. Ahora conviene
    avanzar en el tratamiento del uso del ingreso percibido. Las familias
    destinan una cierta fracción de sus ingresos al gasto en
    bienes de consumo, y asignan esa suma a diferentes productos y
    servicios según sus gustos y preferencias. La
    proporción no consumida forma parte del ahorro de la
    economía, que se completa con las ganancias no distribuidas de
    las empresas.

    Este ahorro se aplica – en forma directa o a través
    del sistema financiero – a la inversión. En una
    economía cerrada, sin intercambio de bienes con el resto del
    mundo, la inversión no puede ser superior al monto ahorrado
    por la sociedad. Visto de otra forma, si no hay exportaciones ni
    importaciones, el ingreso se ahorra o se consume, y el producto se
    destina a la inversión o al consumo. Como producto e ingreso
    son equivalentes; también deben serlo ahorro e
    inversión.

    Hasta aquí nos hemos referido a relaciones contables, a
    identidades, no a relaciones de causalidad. Decimos que en una
    economía cerrada el ahorro y la inversión siempre
    serán idénticos, pero podría ocurrir que el
    mayor ahorro sea el que promueva la mayor inversión
    (afirmación que caricaturiza a la economía
    prekeynesiana), o que la mayor inversión sea la que genere el
    mayor ahorro (ahora simplificamos al límite una
    afirmación de la economía keynesiana).

    En el mundo real no existen economías totalmente cerradas,
    de modo que el ahorro (la fracción no consumida del producto)
    y la inversión no serán idénticos. En el caso de
    que el ahorro sea mayor que la inversión, habrá una
    masa excedente de bienes nacionales que se colocará en el
    resto del mundo: se trata del superávit en la balanza
    comercial o el exceso de exportaciones sobre importaciones, una
    situación característica de la década del ´80.
    Como sabemos, hoy se registra en la Argentina la situación
    inversa: el balance comercial es deficitario, y este exceso de
    importaciones sobre exportaciones es idéntico al exceso de la
    inversión sobre el ahorro doméstico (ver cuadro).

    Puesto en otros términos, la inversión total nunca
    puede ser superior a los recursos que desde el ahorro se destinan a
    su financiamiento, sólo que este ahorro puede ser de origen
    interno, proveniente de la parte no consumida del ingreso, o de
    origen externo, contrapartida del déficit en el balance
    comercial. Sobre este tema y otros vinculados con las cuentas
    externas volveremos en la próxima edición.

     

    Esta serie de trabajos ha sido diseñada y supervisada por
    el economista Pablo Gerchunoff, investigador jefe del Centro de
    Investigaciones Económicas del Instituto Torcuato Di Tella y
    profesor de Historia Económica Argentina de la universidad
    homónima.