No sólo de su presupuesto vive la universidad. La Facultad
de Ciencias Económicas de la UBA está demostrando que
es posible utilizar su arsenal de conocimiento y experiencia para
competir con éxito en el terreno de la capacitación y
la asistencia técnica a las empresas.
Muchos no lo saben, pero la Facultad de Ciencias Económicas
de la Universidad Nacional de Buenos Aires, la de mayor
población estudiantil del país (60.000 alumnos),
autofinanció el año pasado 30% de su presupuesto, lo
que representa cerca de $ 4 millones. El mérito le corresponde
a su Secretaría de Asistencia Técnica y
Pasantías, que desde 1994 viene trabajando en áreas
directamente relacionadas con la actividad productiva.
“Cuando comenzamos, el principal objetivo era ayudar activamente
en la reforma del Estado, a través de nuestros pasantes y
docentes que iban insertándose en los distintos ministerios.
Pero, enseguida, comenzamos a vislumbrar la posibilidad de que todos
esos aportes pudieran llevarse también al sector privado”,
señala el director de la Secretaría, Marcelo Paz.
En poco tiempo, se formó un equipo encargado de
relacionarse con las empresas y ofrecer los servicios que
podía brindar la facultad.
Los resultados están a la vista. Por ejemplo, sobre tres
licitaciones del Ministerio de Trabajo, donde compitieron con las
principales consultoras de opinión del país, ganaron
dos. “Probablemente si uno de nuestros docentes se presentaba con su
estudio en esa misma licitación, ni siquiera hubiera
precalificado”, reflexiona Paz, consciente del papel de la facultad
como generador de ingresos adicionales para sus docentes, de los
cuales alrededor de 150 participan en los cursos de
capacitación y los trabajos de asistencia técnica.
Al principio las cosas no fueron fáciles. Las empresas
reconocían a la facultad como una entidad de prestigio en todo
lo que tenía que ver con formación pero no la
veían como capacitadora para puestos gerenciales y mandos
medios. “Teníamos que competir, y de hecho lo estamos
haciendo, con organizaciones que ya tienen un prestigio ganado en el
mercado. Ahora estamos participando de una licitación de
Telefónica y nos hemos fortalecido en lugares donde antes ni
nos tenían en cuenta”, dice Paz.
Con YPF empezaron en julio pasado y ya llevan realizados alrededor
de 30 cursos. En Edenor están desarrollando un programa de
capacitación para 900 personas, tanto en las áreas de
los mandos medios como en las operativas. Y han dictado cursos para
empresas como Basf, Exxel Group, Banco Francés y
Hewlett-Packard.
La misión
Cuando se habla de consultoría, uno de los problemas
más mencionados es la imposibilidad económica de la
mayoría de las Pymes de acceder a estos servicios. “Nuestra
apuesta se redobla en esas empresas. Tenemos muy en cuenta que son el
mayor proveedor de trabajo en la Argentina”, afirma Paz.
La Facultad de Ciencias Económicas creó un centro de
asistencia a 14 cámaras de Pymes de la provincia de Buenos
Aires. Desde allí se están empezando a aportar
soluciones a cuestiones que para estas empresas pueden llegar a
representar grandes dificultades, como preparar una
presentación para pedir un crédito.
El departamento que dirige Paz ofrece ventajas competitivas.
“Nosotros no tenemos que enviar regalías al exterior. No
cobramos hora/socio y somos una de las pocas facultades en la
Argentina, tal vez la única, que factura a su nombre”,
explica. (Por lo general, cuando una facultad presta un servicio la
facturación queda a cargo de una fundación o centro que
retiene un porcentaje.)
Opinión ignorada
En Estados Unidos las universidades prestan servicios al gobierno
federal a niveles máximos y hay una verdadera relación
sinérgica entre los centros de estudios y las empresas. En la
Argentina éste es un camino todavía inexplorado. “Si en
todo el mundo buena parte del conocimiento se genera en la
universidad, la pregunta que cabe es: ¿por qué
aquí no se la busca como generadora de conocimiento y de
opinión?”, dice Marcelo Paz. “Es curioso, por ejemplo, que
ante un proyecto de reforma impositiva no se consulte a la facultad,
que tendría que ser el ente normal de adecuación de
propuestas. Aquí están los mejores expertos en
impuestos del país; ¿por qué no se les pide una
opinión? Ellos son técnicos, no políticos, y van
a opinar desde ese ángulo sobre lo que habría que hacer
con las promociones industriales o cómo se tendrían que
adecuar algunos regímenes donde se favorezca a las Pymes.
Mucho más importante que la ganancia monetaria que podamos
obtener con nuestra actividad es el papel que deberá tomar la
universidad en estos años por venir.”
Héctor Casinelli
Para grandes y chicos
Regido por el decreto 340/92, el programa de inserción
laboral comprende una base de datos que llega a cubrir más de
10.000 alumnos y alrededor de 200 empresas de primera línea.
Actualmente hay en el sistema 600 pasantes que cobran entre $ 700 y
1.300 mensuales, según las horas de trabajo y su grado de
formación académica.
En materia de capacitación, la secretaría ofrece
tres tipos de cursos: abiertos, a medida o programas integrales. Los
dos primeros apuntan a cubrir áreas básicas, como
recursos humanos, finanzas, marketing, comunicación,
management, planificación y costos. Los aranceles dependen de
la duración del curso y el tiempo que lleve la
preparación del material. Por lo general, los dictados en la
facultad cuestan entre $ 180 (10 horas) y $ 400 (50 horas). En el
caso de talleres como el ciclo de actualización impositiva o
el curso de coaching in house los costos oscilan entre $ 1.000 y
1.500.
En cuanto a los trabajos de asistencia técnica
(consultoría), los aranceles dependen de diversos factores,
como tiempo de dedicación y magnitud del estudio. El punto de
partida es el taller de diagnóstico (gratuito) a cargo de los
expertos de la facultad. Luego queda a criterio de cada empresa
desarrollar o no el trabajo propuesto.
Una de las labores de asistencia técnica más
importantes realizadas por la facultad tuvo que ver con una pericia,
encargada por la intervención de la Aduana, para revisar los
costos del sistema María.
