sábado, 30 de mayo de 2026

    La medición de los agregados económicos (I)

    A partir de esta edición, MERCADO ofrecerá a sus lectores
    una serie de trabajos, preparados por economistas de reconocido prestigio
    académico, destinados a servir de orientación en temas relacionados
    con los grandes objetos económicos y, por lo tanto, con los grandes
    problemas. Esta incursión en los territorios de la macroeconomía
    tiene una clara intención didáctica. En la medida de lo posible,
    se ofrecerán ilustraciones y ejemplos con datos obtenidos de la
    experiencia argentina. En las cuestiones donde existen puntos de controversia,
    se presentarán los principales puntos de vista sobre el tema.

    Esta serie de trabajos ha sido diseñada y supervisada por el
    economista Pablo Gerchunoff, investigador jefe del Centro de Investigaciones
    Económicas del Instituto Torcuato Di Tella y profesor de Historia
    Económica Argentina de la universidad homónima.

    Esta primera entrega estuvo a cargo de los economistas Osvaldo Kacef
    y Jorge Robbio. Ambos son investigadores del Instituto para el Desarrollo
    Industrial (IDI) de la Fundación de la Unión Industrial Argentina,
    docentes universitarios y autores de numerosos trabajos de investigación.

    Una de las formas de presentación más sencilla y habitual
    de la ciencia económica es aquella que la muestra dividida en dos
    grandes campos: la microeconomía y la macroeconomía. Como
    lo indican los términos, la principal diferencia entre ambas ramas
    de la teoría es la magnitud de su objeto de estudio. La microeconomía
    trata de identificar los factores que determinan el nivel observado y los
    cambios experimentados por el precio de un producto específico (por
    ejemplo, el precio de los automóviles o el precio de las papas),
    en tanto que la macroeconomía se preocupa por los cambios exhibidos
    por alguna expresión sintética de todos los precios (por
    ejemplo, el nivel general de los precios al consumidor, o el nivel general
    de los precios al por mayor). De este modo, la macroeconomía se
    esfuerza por entender por qué algunas economías conviven
    durante largos períodos con tasas muy altas de inflación
    mientras otras exhiben precios estables, o por qué algunas naciones
    han experimentado turbulentos episodios hiperinflacionarios.

    Otro ejemplo para destacar el contraste entre ambos enfoques: la microeconomía
    trata de explicar cómo se determinan las cantidades ofertadas y
    demandadas de un bien o servicio específico (autos, cortes de pelo
    o pescado), en tanto la macroeconomía se preocupará por el
    volumen global de producción de una sociedad, esto es, por la evolución
    de una medida que represente a todos los bienes y servicios producidos
    y transados en todos los mercados.

     

    Producto e ingreso

    Una de las preocupaciones centrales de la teoría macroeconómica
    es el estudio de las fuerzas que determinan el volumen global de producción
    de una economía. Para el lector habituado a la sección económica
    de los diarios, el PBI (Producto Bruto Interno) es la variable que mide
    los cambios en el nivel de actividad del aparato productivo en el país.
    Aunque con un retraso considerable, el Ministerio de Economía (antes
    y por muchos años el Banco Central) difunde un informe trimestral
    sobre la evolución del producto y de otros indicadores macroeconómicos.

    Vale la pena introducir aquí la primera definición: el
    producto de una economía en un período dado es el valor de
    los bienes y servicios finales producidos durante ese lapso. Conviene detenerse
    en algunos detalles de esta definición.

    Primero: se habla de un lapso, de un período, y sin la explicitación
    de este dato no estaría completa la definición, ya que el
    producto forma parte del conjunto que técnicamente se denomina de
    variables flujo. De este modo es necesario precisar que el producto de
    una economía fue de US$ 300.000 millones en un año, o de
    70.000 millones en un trimestre. El otro gran grupo de variables, en cuanto
    a su dimensión temporal, es el de las variables stock, como el saldo
    de la cuenta corriente o la caja de ahorros de un individuo. Aquí,
    para poder definir la variable hace falta referirse a un momento en el
    tiempo; de este modo una persona o una empresa puede tener un rojo en su
    cuenta corriente de $ 10.000 al 10 de febrero de 1998.

    En segundo lugar, se está haciendo referencia a bienes y servicios
    finales, es decir, a productos que van a parar a manos de sus usuarios
    definitivos (sean éstos consumidores o empresas) excluyendo los
    bienes que se adquieren para ser utilizados en un nuevo proceso productivo
    (insumos).

    El sentido de esta distinción es evitar duplicaciones en la contabilización
    de la riqueza generada por la economía en un cierto período.
    Un ejemplo clásico, al que le pondremos números, servirá
    para aclarar la cuestión.

    Imaginemos una economía muy sencilla que produce un único
    bien final (pan) en tres etapas o por medio de tres sectores productivos.
    En una primera etapa el agro produce trigo por un valor de 5; éste
    es adquirido por los molinos que lo utilizan para elaborar harina, la que
    a su vez es comprada por las panaderías por un valor de 8. Con la
    harina se hará el pan que llega a los consumidores finales a un
    valor de 10.

    La riqueza generada en cada etapa, el valor agregado, es la diferencia
    entre el valor de compra del insumo y el valor al que se vendió
    el producto elaborado. En el caso de los agricultores el valor agregado
    es de 5 (suponemos que no utilizaron insumo alguno), los molinos a su vez
    generaron riqueza por 3 (8 – 5), mientras que el valor agregado por las
    panaderías fue de 2 (10 – 8). El valor agregado o producto de esta
    economía es de 10 (5 + 3 + 2) y coincide, de acuerdo con nuestra
    definición, con el valor de los bienes finales (pan).

    Si hubiéramos procedido de otro modo y considerado como adición
    a la riqueza o producto el valor total de las ventas de cada etapa, el
    valor del trigo, por ejemplo, habría sido contabilizado tres veces:
    una a título propio, otra como parte de la harina y otra como parte
    del pan. Son estas duplicaciones las que evita esta definición.

    Nuestro ejemplo tiene aun un poco más de miga. El valor agregado
    o producto generado por cada etapa, dijimos, es igual a la diferencia entre
    las ventas y el valor de los insumos. ¿Qué destino tiene
    este nuevo valor? Podemos suponer que se distribuye entre los trabajadores
    y empresarios del sector bajo la forma de salarios y beneficios, es decir,
    que constituyen el ingreso de los participantes en el proceso productivo.
    Obviamente, si el ingreso es igual a la suma del valor agregado por las
    distintas etapas, también será igual al producto. De este
    modo hemos llegado a una de las identidades básicas de la macroeconomía:
    producto = ingreso.

     

    Precios constantes y precios corrientes

    Un último punto con respecto a esta definición de producto.
    En nuestra economía imaginaria suponíamos que sólo
    existía un único bien final, el pan; pero si pasamos a la
    economía real, constituida por cientos de miles de diferentes productos,
    llegar a un único número que represente el nivel de la producción
    plantea una dificultad: como sabemos desde la escuela primaria, no se pueden
    sumar peras y manzanas. Para llegar a esa única cifra precisamos
    encontrar algo común entre objetos tan diversos; ese algo común
    es el precio. Si multiplicamos la cantidad de manzanas por su precio unitario,
    y hacemos lo mismo con las peras, habremos obtenido dos valores homogéneos
    que pueden ser sumados. Lo mismo vale para todos los bienes y servicios
    que son objeto de comercio en la economía.

    Y aquí llegamos a un punto de interés.

    Volvamos a nuestra economía imaginaria, pero suponiendo que ahora
    produce dos bienes finales: pan y leche. Para obtener el producto de esa
    economía no podemos, como decíamos antes, sumar kilos de
    pan y litros de leche, pero sí podemos sumar el valor de la producción
    de esos dos productos utilizando con ese fin los precios respectivos.

    Supongamos ahora que se presentó la siguiente situación:
    entre dos años consecutivos se duplican los precios del pan y la
    leche y, simultáneamente, se contraen a la mitad los volúmenes
    (kilos y litros) producidos de ambos bienes. El producto así medido
    no cambió, pero los habitantes de esta sociedad disponen de la mitad
    del alimento con respecto al año previo y se encuentran en una gravísima
    situación.

    En otras palabras, el producto nominal no ha cambiado, pero el producto
    real registra una fuerte baja. Intuitivamente es fácil percibir
    en nuestro sencillo ejemplo que el producto real ha caído a la mitad
    pero, ¿cómo hacemos para obtener valores que reflejen esa
    realidad ignorando el cambio de precios que enmascaran este fenómeno?.
    La solución es utilizar un conjunto de precios constantes. Las cantidades
    de los distintos bienes en cada año serán multiplicadas por
    un mismo y único conjunto de precios correspondientes a un año
    elegido de acuerdo con ciertos criterios, que se denomina año base.

    En la Argentina el año base vigente es 1986, y cuando se dé
    a conocer, por ejemplo, que en 1997 el crecimiento del PBI fue de 8% con
    respecto a 1996, este resultado se habrá obtenido comparando productos
    cuyos valores fueron calculados utilizando un conjunto de precios registrados
    durante el año 1986.

    Si observamos qué es lo que ocurrió con el PBI real y
    el PBI nominal en los últimos años, veremos que mientras
    el PBI real aumentó entre 1991 y 1997 casi 37%, el PBI nominal creció
    más de 79%. La diferencia se explica por el hecho de que entre esos
    años los precios de la canasta de bienes que representa el PBI aumentaron
    más de 31%. Es decir que los aproximadamente $ 320.000 millones
    que se produjeron en 1997 representan, en relación con el año
    1991, una mayor producción en términos de unidades físicas
    de 37% y un encarecimiento promedio de 31% del conjunto de bienes producidos
    por la economía.

     

    El PBI sectorial

    Como vimos en uno de los ejemplos anteriores, el PBI es el resultado
    de un proceso de agregación de valor del que participan diferentes
    sectores. Se puede decir, por ejemplo, que el PBI total surge de sumar
    el producto de los sectores productores de bienes y el producto de los
    sectores productores de servicios. En el primer grupo están el agro,
    la minería, la industria, la construcción, la generación
    de energía y el suministro de gas y agua. Forman parte del segundo
    grupo actividades tales como el comercio, las finanzas, el transporte,
    las comunicaciones, la salud, la educación, etc.

    En números gruesos, el sector productor de bienes representa
    actualmente alrededor de 40% del PBI, medido a precios del año 1986,
    mientras que el sector productor de servicios representa el restante 60%.
    En el cuadro que ilustra esta página puede verse un detalle de la
    composición del producto sectorial correspondiente al año
    1996, valuado a precios de 1986.

    También en el caso de la composición sectorial del PBI
    es relevante la distinción acerca de los precios utilizados para
    el cálculo. Los precios implícitos en el PBI son un promedio
    ponderado de los precios de todos los sectores, de manera tal que las fluctuaciones
    de precios relativos se manifiestan en distintas composiciones sectoriales
    según el cálculo se efectúe a precios del año
    base o a precios corrientes.

    Aunque no se dispone de estimaciones oficiales a precios corrientes,
    la composición que observaríamos en 1996, si utilizáramos
    para la estimación los precios de ese año, sería seguramente
    más favorable a los sectores productores de servicios. La razón
    de este comportamiento es que, por tratarse de productos expuestos a la
    competencia internacional, los precios de los bienes crecieron menos que
    los precios de los servicios, cuya actividad está naturalmente protegida
    de la competencia externa.

    En la próxima edición de MERCADO continuaremos con el
    tema de los grandes agregados macroeconómicos según la definición
    de las cuentas nacionales. En particular, los componentes de la oferta
    y la demanda de bienes y servicios y el efecto de las interacciones entre
    el sector público y el sector privado y entre la economía
    local y el exterior.