sábado, 30 de mayo de 2026

    La energía de la próxima década

    ¿Asignación planificada o laissez faire? La lógica
    del mercado puede generar obstáculos para el futuro. Una estrategia
    energética para los próximos 10 años debería
    basarse en las potencialidades del gas natural.

    Las reglas de juego del mercado han demostrado logros y ventajas respecto
    del esquema de asignación planificada. El problema de la operatividad
    del mercado es la miopía del largo plazo. De allí que, aun
    cuando se privilegie su funcionamiento, no se puede resignar la importancia
    de contar con una estrategia energética.

    El largo plazo revela que la oferta de energía primaria en la
    Argentina acentúa su dependencia de los hidrocarburos. A mayor crecimiento
    económico, mayor dependencia. El sistema gasífero colmará
    su capacidad máxima de transporte (90 millones de metros cúbicos
    por día) a principios del siglo XXI y se prevén importantes
    expansiones en los gasoductos del Sur y del Norte en el 2004.

    Al decrecer la influencia del gran aporte hidroeléctrico en los
    primeros años del próximo siglo, la oferta de este energético
    vuelve a depender del parque térmico alimentado por gas natural
    (ciclo combinado). Debe recordarse que la demanda de energía eléctrica
    creció en los últimos años a un ritmo de 6% anual.

    La lógica del laissez faire puede complicar el escenario futuro.
    La presión de demanda interna sobre el gas natural – que
    seguirá siendo el recurso energético relativamente abundante
    de la próxima década – debe ser compatibilizada
    con la necesidad de aprovechar las oportunidades de exportación
    al mercado regional (Chile, Brasil, Uruguay). El desarrollo de nuevas reservas
    gasíferas y el sendero de precios del gas natural, a la vez, son
    claves para despejar incertidumbres en el mercado eléctrico.

    La comercialización spot en el mercado mayorista eléctrico
    está sujeta a precios fijados por el Despacho Nacional de Cargas
    (Cammesa) en función de “costos marginales de corto plazo”. Por
    esta metodología, el precio mayorista de la energía eléctrica
    para los generadores privados se fija cada hora, de acuerdo con el último
    MW que ingresa al sistema para atender la demanda. Los generadores se ordenan
    según su eficiencia y entran primero al sistema los que tienen menores
    costos de producción.

    Cuanto mayor es el déficit de oferta, mayor es el precio de la
    electricidad, porque entran en servicio las unidades de generación
    menos eficientes. Las usinas hidroeléctricas tienen que ofrecer
    la electricidad al precio más bajo posible, en caso extremo sólo
    para cubrir el costo variable – o sea, dejando afuera la amortización
    y el interés del capital invertido – , ya que de lo contrario
    tienen que tirar el agua por el vertedero.

    Con abundancia de generación hidroeléctrica, las usinas
    térmicas más obsoletas se quedan sin demanda. Como a la vez
    el “costo marginal de corto plazo” puede ser de alta variabilidad en el
    tiempo (hidraulicidad, fallas de equipos importantes, disponiblidad y precio
    de los combustibles), es muy riesgosa la renovación de equipos en
    el parque térmico.

    Cuando vuelva a crecer la importancia relativa del parque térmico,
    si se responde con las viejas máquinas, la lógica marginalista
    llevará a escenarios de electricidad cara. Esto puede evitarse si
    se han llevado adelante los proyectos de generación térmica
    a partir del gas natural. De allí la importancia de despejar incertidumbres
    respecto de este mercado.

    La estrategia energética de la próxima década descansa
    en las potencialidades del gas natural: en su capacidad de seguir sustituyendo
    líquidos y de dar estabilidad a los precios de la electricidad.
    Para apuntalar esta estrategia hay que promover el desarrollo del gas por
    cable y definir parámetros que den automaticidad a las exportaciones
    de gas natural. Una nueva oferta exploratoria debe establecer parámetros
    económicos diferenciales para la exploración en cuencas no
    productivas.