El déficit de la balanza comercial vuelve a ocupar el centro
de la escena y de las preocupaciones de analistas e inversores. Si en algún
momento la brecha toca el límite de los US$ 5.000 millones (acumulados
en los últimos doce meses), se disparará la cláusula
gatillo del acuerdo con el FMI y el gobierno se verá obligado a
pisar el freno.
El déficit de US$ 4.892 millones que , según cifras oficiales,
exhibió la balanza comercial de 1997 reavivó las inquietudes
de analistas e inversores acerca del desempeño futuro de las cuentas
externas de la Argentina. Ese saldo negativo contrasta significativamente
con el virtual equilibrio de 1996 (superávit de US$ 49 millones)
y, sobre todo, con el balance positivo de 1995 (US$ 842 millones). Además,
el déficit del ´97 resultó el segundo más alto de
la era de la convertibilidad, sólo superado por el de 1994 (US$
5.752 millones).
La situación no pasó inadvertida para los funcionarios
del FMI que negociaron los términos del acuerdo de facilidades extendidas
recién aprobado: el documento contiene una cláusula que establece
que si en cualquier mes de 1998 el déficit comercial acumulado en
los últimos 12 meses superara los US$ 5.000 millones, “el gobierno,
en consulta con los funcionarios del FMI, adoptará las medidas correctivas
y/o de política crediticia que resulten apropiadas”.
El interrogante inmediato es cuán cerca (o lejos) se está
de que se dispare esa cláusula gatillo. Si se confirma que la balanza
comercial de enero ha registrado un déficit de US$ 553 millones,
las autoridades se verán obligadas a adoptar medidas fiscales, monetarias
y financieras que apunten a enfriar la economía.
Como referencia, vale recordar que en enero del año pasado el
déficit llegó a US$ 445 millones. Por otra parte, tanto los
datos desestacionalizados del déficit como los valores de tendencia
reflejan que durante 1997 hubo un claro comportamiento ascendente. En otras
palabras: si este año el PBI crece alrededor de 5%, como estima
el gobierno, difícilmente el déficit comercial se ubique
por debajo de US$ 5.000 millones.
Las preocupaciones crecen si se contemplan las cifras desestacionalizadas
de las exportaciones y las importaciones: si se compara el segundo semestre
del ´96 con el mismo período del ´97, las exportaciones quedaron
virtualmente estancadas, en tanto que las importaciones crecieron más
de 11%.
Competitividad y balanza comercial
Por otra parte, es preciso tener en cuenta que, a raíz de la
crisis internacional surgida a mediados del ´97, este año disminuirá
el ritmo de la producción y el comercio mundiales, tal como auguran
los pronósticos del FMI, la Ocde, el Banco Mundial y el BID.
Aunque el presidente Carlos Menem ha reiterado en varias ocasiones que
la Argentina no fue ni será afectada por la crisis internacional,
es difícil ignorar algunas evidencias que apuntan en el sentido
opuesto: no sólo los valores bursátiles han caído
desde el inicio de la crisis, sino que han aumentado las tasas de interés
internas. Sin embaro, la prima de riesgo país, que había
aumentado fuertemente, se redujo significativamente en febrero.
Tampoco se puede soslayar que los valores desestacionalizados de la
producción industrial mostraron un virtual estancamiento en los
últimos dos meses del ´97; que el ritmo de creación de empleos
se redujo, según el Ministerio de Trabajo, y que cayó significativamente
la competitividad externa de la industria debido a las devaluaciones de
los países asiáticos y a la revaluación del dólar
frente a otras monedas fuertes, según el Instituto de Investigaciones
de la UIA.
Aunque es difícil asegurarlo, dado el escaso detalle que presentan
los datos oficiales, parece razonable explicar el estancamiento de las
exportaciones durante el último semestre del ´97 en esa pérdida
de competitividad y en el acentuamiento del deterioro de los términos
del intercambio que también se advierte a partir de la segunda mitad
del año pasado.
Las exportaciones a la Unión Europea – cuyas monedas
se devaluaron frente al dólar – se redujeron 13%. Las
ventas a los países del Nafta apenas crecen, aunque es importante
el aumento de las de origen industrial (17%). En el caso del sudeste asiático,
las exportaciones argentinas mostraron diferentes comportamientos según
se haya tratado de bienes primarios, manufacturas de origen agropecuario
o de origen industrial.
Si se toman las exportaciones de manufacturas de origen industrial como
el indicador más apropiado para medir la evolución de la
competitividad de la producción local, resulta evidente que la industria
argentina es menos competitiva con respecto a la Unión Europea y
los países asiáticos. En cambio, el panorama es más
positivo en el ámbito del Mercosur y, en menor medida, en el del
Nafta. De hecho, las ventas al Mercosur – incluido Chile –
crecieron de 40,7% de las exportaciones totales en 1996 a 42,5% en 1997.
Si, en cambio, se consideran las importaciones, los mayores aumentos
se verifican entre las que proceden de Asia, que pasaron de 9,4% del total
en 1996 a 11,1% en 1997. Es, por otra parte, el único bloque regional
que aumentó su participación en las compras externas de la
Argentina durante el año pasado.
El balance de pagos
La información disponible sobre la cuenta corriente del balance
de pagos llega hasta los primeros nueve meses de 1997. Siguiendo la metodología
tradicional, o sea, excluyendo los intereses percibidos por argentinos
en el exterior, el déficit acumulado a esa fecha casi duplica al
del mismo período del ´96: US$ 9.500 millones contra 4.800 millones.
Puede estimarse que el déficit para todo el ´97 se ubicará
entre US$ 12.000 millones y US$ 13.000 millones. Se trata de un valor muy
cercano al mítico 4% del PBI que para muchos analistas representa
uno de los semáforos rojos para los inversores.
Incluso, es probable que ese quebranto sea superado en 1998. Sin embargo,
los requerimientos de fondos no se limitan al financiamiento de la cuenta
corriente: aun cuando las reservas internacionales no variaran, habrá
que agregar las amortizaciones de la deuda pública externa y las
del sector privado.
Estimaciones del Banco Central ubican para este año a la primera
en alrededor de US$ 5.928 millones y a la segunda – sin incluir
la deuda financiera y comercial directa, de la cual no hay datos disponibles –
en US$ 1.955 millones. En suma, se trata de una necesidad mínima
de casi US$ 21.000 millones, bajo el supuesto de que el déficit
de la cuenta corriente se mantenga en niveles similares a los de 1997.
