Pocas historias se asemejan tanto a la esencia de cómo explicar
la vida, con todas las tragedias y la destrucción que avizorara
Schumpeter para este fin de siglo, como la aparición de Bill Gates.
Y recuerden que Gates sólo tiene 42 años y su empresa, Microsoft,
apenas 23. Microsoft comenzó a cotizar en bolsa hace nada más
que 12 años. Su valor en el mercado bursátil es hoy de US$
80.000 millones, y Gates es dueño de 23%. Un sencillo cálculo
matemático permite comprobar que el patrimonio neto de Gates se
aproxima a la insondable cifra de US$ 18.000 millones, lo que lo convierte
en la persona más rica del mundo.
¿Y qué vende Gates? Vende código. El código
que Gates vende está impreso en discos magnéticos plásticos,
que valen aproximadamente US$ 0,50 cada uno, o en CD-ROM, que cuestan un
poco más. Cuando usted invierte US$ 299 en el Office 97, menos de
US$ 5 de su dinero van a parar a esa cosa física que contiene el
código. Todo el resto va al código y, en el caso de Microsoft,
a la marca y al poder de marketing que respaldan ese código. Todo,
o casi todo, es material intangible. Información pura. Un hombre
vende código y se convierte en la persona más rica del mundo,
empezando de la nada y en sólo 21 años.
Dados sus antecedentes, sería impensable dejar a Gates fuera
del debate sobre los grandes temas de la revolución digital. Por
eso incluimos a continuación a Bill Gates según sus propias
palabras.
La virtual desaparición de los intermediarios
El mecanismo clave del capitalismo consiste en compatibilizar a los
compradores con los vendedores. ¿Quién tiene algo que a usted
le interese? ¿Qué es la calidad o el precio? ¿Hay
otros que apuesten a lo mismo? Esto es la información. Progresivamente
toda la información sobre los productos y los servicios, sobre los
compradores y los vendedores, hará su migración a las redes.
Una vez que eso suceda, quienes se han beneficiado con la intermediación
&endash;es decir: pasando información de unos a otros&endash;
verán cambiar su mundo de manera contundente. Los compradores y
los vendedores tendrán un contacto directo. No hace falta ser un
genio para saber que el porcentaje de intermediarios va a reducirse significativamente.
El surgimiento de los micromercados
Hoy, si usted desea enviar información a una persona, utiliza
el correo electrónico o la llama por teléfono. Si desea llegar
a un millón de personas o más, monta un show televisivo o
funda un diario. Pero el problema surge cuando se quiere llegar a algunos
miles de personas: en ese caso, el tema económico se pone difícil.
El costo de localizar a la gente que podría estar interesada en
el contenido que usted ofrece y llegar a ella a través de los canales
de distribución favorece a la escala. Pero, una vez que se ingresa
al mundo electrónico, el estrangulamiento creado por la distribución
desaparece. En el futuro veremos mucho contenido dirigido a esos miles
de personas. Habrá una redefinición contundente de los canales
de distribución.
Su modelo comercial enfrenta un factor disociador importante
Toda empresa debe pensar en la forma de agregar valor a la cadena de
abastecimiento. Con el surgimiento de las redes electrónicas y la
declinación de los intermediarios, la clave está en encontrar
un nuevo rol. Quienes más deberían pensar en este tema son
los minoristas. Ese es un territorio en el que las redes electrónicas
podrían ser un factor disociador importante, y nadie conoce hoy
la respuesta.
En una especie de quiosco montado a la entrada de un negocio, el cliente
podrá pedir ropa hecha a medida, examinar una amplia selección
y hasta ver cómo le podría llegar a quedar la prenda elegida,
utilizando la base de datos digital correcta que estará disponible
para ese propósito.
La compra de libros por la Web avanza a un ritmo vertiginoso. Y esto
es significativo. Personalmente, me gusta comprar videos viejos, casi desconocidos,
y eso es bastante difícil de hacer hoy. Me encantaría que
alguien se dedicara a desarrollar esto. Hay muchos productos en los que
la variedad y la elección importan.
Cómo apostar al futuro
Las computadoras evolucionan al ritmo de la Ley de Moore. Si se trata
de cavar un foso, la situación no es la misma. Hay ciertas cosas
que llevan tiempo. La fibra óptica no crece de la noche a la mañana.
Entonces, para hacer una apuesta inteligente en relación con el
futuro, es necesario comprender qué es lo que puede pasar en los
próximos 10 años. La mayoría de las personas sobreestima
lo que va a suceder en los próximos dos a tres años y subestima
lo que va a ocurrir en la próxima década. Tomemos el caso
de las comunicaciones de alta velocidad. Una vez que esta infraestructura
comience a cobrar vigencia, la gente esperará que todo funcione
de ese modo. Una vez que le digo a mi abogado que debe trabajar de una
manera determinada, cambia y comienza a trabajar de esa forma, y eso termina
empujando a todos los demás al mismo sistema porque todos están
relacionados con todos. Cuando se da este tipo de fenómeno, las
cosas pueden tomar un rumbo decisivo. Pero eso no ocurre en dos o tres
años. El acondicionamiento de los pares trenzados para correr ADSL,
el costo de mejorar la infraestructura del cable para aceptar datos bidireccionales
y el tiempo que hace falta para que se aclaren las reglamentaciones, todo
eso lleva más de dos o tres años.
Pero, ¿qué ocurrirá dentro de diez años?
En 10 años llegará la locura. Me interesan tres grupos
de cosas. Uno es el efecto, sumamente predecible, que tendrá la
Ley de Moore en la capacidad de la computadora. La potencia de la PC en
términos absolutos llegará a ser tan grande que su capacidad
para hacer cosas enriquecedoras &endash;como guardar toda su colección
personal de fotos en la PC&endash; será una verdadera delicia.
Es fácil predecir que así será, porque se trata de
una aplicación que a la gente le va a interesar.
Seguramente habrá también descubrimientos de vanguardia
entre hoy y el 2008. Por ejemplo, los displays de paneles planos sumamente
baratos. Sobre mi escritorio y en muchas de mis paredes, seguramente voy
a tener displays que me van a mostrar cuál es el estado del proyecto
o la información sobre las ventas; todo va a estar allí.
Me bastará con caminar hasta ellos y tocarlos para sumergirme instantáneamente
y observar diferentes ópticas de la información. Esta tecnología
habrá de invadirnos. Podremos ingresar los datos mediante punteros
o hablando con la computadora. La computadora va a hablar con nosotros
y además podrá ver; vernos, por ejemplo, cuando entramos
a una habitación.
Seguramente es una broma, Sr. Gates
La gente dice que soy demasiado optimista. Pero yo estoy invirtiendo
para hacer todas estas cosas. Tengo mucha gente trabajando en ellas. Cuando
la computadora pueda verlo, reconocerlo, responder a su voz y a sus gestos,
y otras cosas por el estilo, entonces adoptará una actitud mucho
más invasiva en la adaptación a su entorno y en la forma
en la que usted la utilice como herramienta de la información. Y
la gente, en general, subestima mucho todo esto.
La resolución de las pantallas habrá mejorado mucho con
respecto a la que tenemos hoy. Algunas veces querremos trabajar con la
pantalla en primer plano, y otras, con la pantalla alejada. Tendremos varias
computadoras y varias pantallas conectadas mediante una infraestructura
alámbrica o inalámbrica. Con pantallas del tamaño
de la pared y mucho ancho de banda, el usuario podrá decir: “Quiero
ver esa cámara que está en el techo de ese Club Med cerca
de Puerto Vallarta. Quiero ver cómo está la playa por esos
lugares en este momento”.
Computadoras: los que tienen y los que no tienen
Hay un problema serio. Si esta herramienta es tan grande como creemos
que es, es lógico que el usuario desee poder acceder a ella fácilmente.
Una vez tuvimos un problema similar con los libros, pero después
de transcurridas literalmente algunas décadas, la sociedad aceptó
el criterio de que todos debían tener acceso a los libros. Así
fue como se invirtieron muchos fondos locales para construir bibliotecas.
Muchos filántropos, y muy especialmente Carnegie, pusieron manos
a la obra para asegurarse de que así fuera. Hoy nadie puede decir:
“No pude hacer el trabajo porque no tenía libros”. Porque, de ser
así, usted le contestaría: “Bueno, para eso está la
biblioteca pública; allí hay muchos más libros que
los que tengo en mi casa, y tengo muchos”.
Quizás en el 1900 era genial ir a la biblioteca. Pero hoy no
lo es. Pero si allí hubiera terminales públicas y chicos
que contaran cómo las usan y las cosas copadas que pueden hacer
con ellas, entonces se podría generalizar su uso. Quizá los
chicos de una determinada edad o las personas de un determinado ingreso
podrían acceder a la propiedad intelectual sin tener que pagar regalías
o pagando menos. ¿Por qué no? Allí no hay costos marginales.
El coeficiente intelectual no debería crear ninguna diferencia
Para mí, el coeficiente intelectual no es algo estático.
Puede ser que en algún momento lo sea &endash;objetivamente
la gente con un coeficiente intelectual inferior al promedio queda completamente
marginada&endash;, aunque le apuesto que si tomáramos un grupo
con un promedio inferior ya comprobado y le permitiéramos acceder
a herramientas adecuadas durante una cierta cantidad de años, seguramente
verificaríamos un coeficiente superior al promedio. Las herramientas
aceleran el progreso intelectual de la gente. El valor de un coeficiente
intelectual de 100 antes y después de las bibliotecas no es el mismo.
¿Quién cuestionaría el hecho de que somos mucho
más ricos hoy, que podemos ir a leer a Charles Dickens y también
las biografías de las personas con las que nos relacionamos y que
son nuestra fuente de inspiración? Es mucho mejor que ser un peón
de campo que nunca aprendió a leer. Creo que el mundo avanza y que
hay una mayor abundancia de recursos. Prefiero entrar a un comercio de
comestibles hoy que asistir al banquete que daba un rey hace 100 años.
¿Es la Internet una fuerza que alimenta la moralidad?
La moralidad es un poco confusa para mí. Es un término
muy amplio. Tenemos a alguien como Lee Kuan Yew &endash;el arquitecto
de este Singapur moderno&endash;, que ha creado una sociedad virtualmente
sin droga y con bajísimos niveles de delito, y es imposible no comparar
esta situación con la de Estados Unidos. La mayoría de los
norteamericanos no compartiría el camino que eligió (una
forma de semiautoritarismo) para crear valores comunitarios. Pero un ciudadano
de Singapur podría observar a Estados Unidos y decir que a los norteamericanos
les gustan las armas, que aman el delito, que aman la disparidad de los
niveles de ingresos. Y pienso que hasta sería difícil ponernos
de acuerdo en lo que significa el bien.
Estados Unidos es el lugar en el que la Internet cobra vida. Digamos
que hace que todo el mundo se asemeje a Estados Unidos. Algunas personas
dirán que eso está bien; otras dirán lo contrario.
En la moralidad interviene el criterio personal. Es una herramienta de
la comunicación que nos permite desarrollar todo nuestro potencial.
© Forbes ASAP / MERCADO
(*) William H. Gates III es CEO y presidente de Microsoft. En 1975 dejó
la Universidad de Harvard para dedicarse a desarrollar software para una
computadora, la Altair 8800, junto a su amigo de Seattle Paul Allen.
