lunes, 1 de junio de 2026

    Una mirada desde el Olimpo

    Pocas historias se asemejan tanto a la esencia de cómo explicar
    la vida, con todas las tragedias y la destrucción que avizorara
    Schumpeter para este fin de siglo, como la aparición de Bill Gates.
    Y recuerden que Gates sólo tiene 42 años y su empresa, Microsoft,
    apenas 23. Microsoft comenzó a cotizar en bolsa hace nada más
    que 12 años. Su valor en el mercado bursátil es hoy de US$
    80.000 millones, y Gates es dueño de 23%. Un sencillo cálculo
    matemático permite comprobar que el patrimonio neto de Gates se
    aproxima a la insondable cifra de US$ 18.000 millones, lo que lo convierte
    en la persona más rica del mundo.

    ¿Y qué vende Gates? Vende código. El código
    que Gates vende está impreso en discos magnéticos plásticos,
    que valen aproximadamente US$ 0,50 cada uno, o en CD-ROM, que cuestan un
    poco más. Cuando usted invierte US$ 299 en el Office 97, menos de
    US$ 5 de su dinero van a parar a esa cosa física que contiene el
    código. Todo el resto va al código y, en el caso de Microsoft,
    a la marca y al poder de marketing que respaldan ese código. Todo,
    o casi todo, es material intangible. Información pura. Un hombre
    vende código y se convierte en la persona más rica del mundo,
    empezando de la nada y en sólo 21 años.

    Dados sus antecedentes, sería impensable dejar a Gates fuera
    del debate sobre los grandes temas de la revolución digital. Por
    eso incluimos a continuación a Bill Gates según sus propias
    palabras.

     

    La virtual desaparición de los intermediarios

    El mecanismo clave del capitalismo consiste en compatibilizar a los
    compradores con los vendedores. ¿Quién tiene algo que a usted
    le interese? ¿Qué es la calidad o el precio? ¿Hay
    otros que apuesten a lo mismo? Esto es la información. Progresivamente
    toda la información sobre los productos y los servicios, sobre los
    compradores y los vendedores, hará su migración a las redes.
    Una vez que eso suceda, quienes se han beneficiado con la intermediación
    &endash;es decir: pasando información de unos a otros&endash;
    verán cambiar su mundo de manera contundente. Los compradores y
    los vendedores tendrán un contacto directo. No hace falta ser un
    genio para saber que el porcentaje de intermediarios va a reducirse significativamente.

     

    El surgimiento de los micromercados

    Hoy, si usted desea enviar información a una persona, utiliza
    el correo electrónico o la llama por teléfono. Si desea llegar
    a un millón de personas o más, monta un show televisivo o
    funda un diario. Pero el problema surge cuando se quiere llegar a algunos
    miles de personas: en ese caso, el tema económico se pone difícil.
    El costo de localizar a la gente que podría estar interesada en
    el contenido que usted ofrece y llegar a ella a través de los canales
    de distribución favorece a la escala. Pero, una vez que se ingresa
    al mundo electrónico, el estrangulamiento creado por la distribución
    desaparece. En el futuro veremos mucho contenido dirigido a esos miles
    de personas. Habrá una redefinición contundente de los canales
    de distribución.

    Su modelo comercial enfrenta un factor disociador importante

    Toda empresa debe pensar en la forma de agregar valor a la cadena de
    abastecimiento. Con el surgimiento de las redes electrónicas y la
    declinación de los intermediarios, la clave está en encontrar
    un nuevo rol. Quienes más deberían pensar en este tema son
    los minoristas. Ese es un territorio en el que las redes electrónicas
    podrían ser un factor disociador importante, y nadie conoce hoy
    la respuesta.

    En una especie de quiosco montado a la entrada de un negocio, el cliente
    podrá pedir ropa hecha a medida, examinar una amplia selección
    y hasta ver cómo le podría llegar a quedar la prenda elegida,
    utilizando la base de datos digital correcta que estará disponible
    para ese propósito.

    La compra de libros por la Web avanza a un ritmo vertiginoso. Y esto
    es significativo. Personalmente, me gusta comprar videos viejos, casi desconocidos,
    y eso es bastante difícil de hacer hoy. Me encantaría que
    alguien se dedicara a desarrollar esto. Hay muchos productos en los que
    la variedad y la elección importan.

     

    Cómo apostar al futuro

    Las computadoras evolucionan al ritmo de la Ley de Moore. Si se trata
    de cavar un foso, la situación no es la misma. Hay ciertas cosas
    que llevan tiempo. La fibra óptica no crece de la noche a la mañana.
    Entonces, para hacer una apuesta inteligente en relación con el
    futuro, es necesario comprender qué es lo que puede pasar en los
    próximos 10 años. La mayoría de las personas sobreestima
    lo que va a suceder en los próximos dos a tres años y subestima
    lo que va a ocurrir en la próxima década. Tomemos el caso
    de las comunicaciones de alta velocidad. Una vez que esta infraestructura
    comience a cobrar vigencia, la gente esperará que todo funcione
    de ese modo. Una vez que le digo a mi abogado que debe trabajar de una
    manera determinada, cambia y comienza a trabajar de esa forma, y eso termina
    empujando a todos los demás al mismo sistema porque todos están
    relacionados con todos. Cuando se da este tipo de fenómeno, las
    cosas pueden tomar un rumbo decisivo. Pero eso no ocurre en dos o tres
    años. El acondicionamiento de los pares trenzados para correr ADSL,
    el costo de mejorar la infraestructura del cable para aceptar datos bidireccionales
    y el tiempo que hace falta para que se aclaren las reglamentaciones, todo
    eso lleva más de dos o tres años.

     

    Pero, ¿qué ocurrirá dentro de diez años?

    En 10 años llegará la locura. Me interesan tres grupos
    de cosas. Uno es el efecto, sumamente predecible, que tendrá la
    Ley de Moore en la capacidad de la computadora. La potencia de la PC en
    términos absolutos llegará a ser tan grande que su capacidad
    para hacer cosas enriquecedoras &endash;como guardar toda su colección
    personal de fotos en la PC&endash; será una verdadera delicia.
    Es fácil predecir que así será, porque se trata de
    una aplicación que a la gente le va a interesar.

    Seguramente habrá también descubrimientos de vanguardia
    entre hoy y el 2008. Por ejemplo, los displays de paneles planos sumamente
    baratos. Sobre mi escritorio y en muchas de mis paredes, seguramente voy
    a tener displays que me van a mostrar cuál es el estado del proyecto
    o la información sobre las ventas; todo va a estar allí.
    Me bastará con caminar hasta ellos y tocarlos para sumergirme instantáneamente
    y observar diferentes ópticas de la información. Esta tecnología
    habrá de invadirnos. Podremos ingresar los datos mediante punteros
    o hablando con la computadora. La computadora va a hablar con nosotros
    y además podrá ver; vernos, por ejemplo, cuando entramos
    a una habitación.

     

    Seguramente es una broma, Sr. Gates

    La gente dice que soy demasiado optimista. Pero yo estoy invirtiendo
    para hacer todas estas cosas. Tengo mucha gente trabajando en ellas. Cuando
    la computadora pueda verlo, reconocerlo, responder a su voz y a sus gestos,
    y otras cosas por el estilo, entonces adoptará una actitud mucho
    más invasiva en la adaptación a su entorno y en la forma
    en la que usted la utilice como herramienta de la información. Y
    la gente, en general, subestima mucho todo esto.

    La resolución de las pantallas habrá mejorado mucho con
    respecto a la que tenemos hoy. Algunas veces querremos trabajar con la
    pantalla en primer plano, y otras, con la pantalla alejada. Tendremos varias
    computadoras y varias pantallas conectadas mediante una infraestructura
    alámbrica o inalámbrica. Con pantallas del tamaño
    de la pared y mucho ancho de banda, el usuario podrá decir: “Quiero
    ver esa cámara que está en el techo de ese Club Med cerca
    de Puerto Vallarta. Quiero ver cómo está la playa por esos
    lugares en este momento”.

    Computadoras: los que tienen y los que no tienen

    Hay un problema serio. Si esta herramienta es tan grande como creemos
    que es, es lógico que el usuario desee poder acceder a ella fácilmente.
    Una vez tuvimos un problema similar con los libros, pero después
    de transcurridas literalmente algunas décadas, la sociedad aceptó
    el criterio de que todos debían tener acceso a los libros. Así
    fue como se invirtieron muchos fondos locales para construir bibliotecas.
    Muchos filántropos, y muy especialmente Carnegie, pusieron manos
    a la obra para asegurarse de que así fuera. Hoy nadie puede decir:
    “No pude hacer el trabajo porque no tenía libros”. Porque, de ser
    así, usted le contestaría: “Bueno, para eso está la
    biblioteca pública; allí hay muchos más libros que
    los que tengo en mi casa, y tengo muchos”.

    Quizás en el 1900 era genial ir a la biblioteca. Pero hoy no
    lo es. Pero si allí hubiera terminales públicas y chicos
    que contaran cómo las usan y las cosas copadas que pueden hacer
    con ellas, entonces se podría generalizar su uso. Quizá los
    chicos de una determinada edad o las personas de un determinado ingreso
    podrían acceder a la propiedad intelectual sin tener que pagar regalías
    o pagando menos. ¿Por qué no? Allí no hay costos marginales.

     

    El coeficiente intelectual no debería crear ninguna diferencia

    Para mí, el coeficiente intelectual no es algo estático.
    Puede ser que en algún momento lo sea &endash;objetivamente
    la gente con un coeficiente intelectual inferior al promedio queda completamente
    marginada&endash;, aunque le apuesto que si tomáramos un grupo
    con un promedio inferior ya comprobado y le permitiéramos acceder
    a herramientas adecuadas durante una cierta cantidad de años, seguramente
    verificaríamos un coeficiente superior al promedio. Las herramientas
    aceleran el progreso intelectual de la gente. El valor de un coeficiente
    intelectual de 100 antes y después de las bibliotecas no es el mismo.

    ¿Quién cuestionaría el hecho de que somos mucho
    más ricos hoy, que podemos ir a leer a Charles Dickens y también
    las biografías de las personas con las que nos relacionamos y que
    son nuestra fuente de inspiración? Es mucho mejor que ser un peón
    de campo que nunca aprendió a leer. Creo que el mundo avanza y que
    hay una mayor abundancia de recursos. Prefiero entrar a un comercio de
    comestibles hoy que asistir al banquete que daba un rey hace 100 años.

     

    ¿Es la Internet una fuerza que alimenta la moralidad?

    La moralidad es un poco confusa para mí. Es un término
    muy amplio. Tenemos a alguien como Lee Kuan Yew &endash;el arquitecto
    de este Singapur moderno&endash;, que ha creado una sociedad virtualmente
    sin droga y con bajísimos niveles de delito, y es imposible no comparar
    esta situación con la de Estados Unidos. La mayoría de los
    norteamericanos no compartiría el camino que eligió (una
    forma de semiautoritarismo) para crear valores comunitarios. Pero un ciudadano
    de Singapur podría observar a Estados Unidos y decir que a los norteamericanos
    les gustan las armas, que aman el delito, que aman la disparidad de los
    niveles de ingresos. Y pienso que hasta sería difícil ponernos
    de acuerdo en lo que significa el bien.

    Estados Unidos es el lugar en el que la Internet cobra vida. Digamos
    que hace que todo el mundo se asemeje a Estados Unidos. Algunas personas
    dirán que eso está bien; otras dirán lo contrario.
    En la moralidad interviene el criterio personal. Es una herramienta de
    la comunicación que nos permite desarrollar todo nuestro potencial.

     

    © Forbes ASAP / MERCADO

     

    (*) William H. Gates III es CEO y presidente de Microsoft. En 1975 dejó
    la Universidad de Harvard para dedicarse a desarrollar software para una
    computadora, la Altair 8800, junto a su amigo de Seattle Paul Allen.