martes, 2 de junio de 2026

    Orientar la brújula

    Más allá del despliegue y consolidación de
    las tendencias que ya se venían imponiendo desde tiempo
    atrás, o quizá por esa misma razón, parece haber
    llegado el momento de reflexionar, afinar la puntería y
    apoyarse en el back to basics, sin olvidar una buena dosis de sentido
    común.

    En el terreno del marketing, el ´97 no hizo sino confirmar el
    panorama anunciado. La necesidad de salir al mundo, la
    intensificación del proceso de integración regional, el
    aumento de la presión competitiva y el aún incipiente
    pero firme perfil de lo que podría denominarse el nuevo
    consumidor fueron algunos de los elementos de peso que condicionaron
    las acciones desarrolladas.

    No es tarea fácil seleccionar, entre la multiplicidad de
    fenómenos, los más destacados del año que
    pasó. Quizá podrían ocupar ese lugar el impacto
    del despliegue tecnológico y el auge de las promociones.

    En cuanto al primer ítem, si bien la tendencia venía
    avanzando desde tiempo atrás, la mayor experiencia en materia
    de bases de datos y marketing one to one demostró
    concretamente que no constituyen fórmulas mágicas
    destinadas a garantizar inexorablemente el éxito, sino que son
    lo que parecen: herramientas. Y, como tales, necesitan estar insertas
    en una estrategia global que contemple tanto las necesidades reales
    del mercado como las posibilidades de quien las utilice, sin olvidar
    cuestiones que, aunque parezcan obvias, por eso mismo a veces se
    omiten en el análisis y elaboración de acciones: la
    correcta selección de los targets, el diferencial de producto,
    el peso del valor de marca.

    Para los que acertaron en la adecuada combinación de todos
    estos ingredientes, la receta funcionó; los que erraron,
    transformaron inversión en gasto inútil y, peor
    aún, en algunos casos generaron disgusto en quienes
    consideraban potenciales clientes. Tal la situación, por
    ejemplo, de la colocación compulsiva de productos financieros,
    como tarjetas de crédito que se recibían de modo
    inconsulto y que obligaban a quienes no estaban interesados a tomarse
    la molestia de deshacer la operación. Este abuso del tiempo
    – y la paciencia – del consumidor también se
    manifestó a veces en la inadecuada implementación del
    telemarketing, sea por una excesiva insistencia o la elección
    de horarios inadecuados para ingresar en la intimidad de los hogares.

    En cuanto a las promociones, se multiplicaron hasta el infinito,
    que es una medida que está demasiado cerca de la
    saturación. O bien se clonaron, repitiendo la misma
    fórmula para productos diversos – esto se vio claramente
    en la catarata de concursos televisivos – , con lo que
    expusieron a las marcas al desgaste y la indiferenciación,
    proceso que a la corta o a la larga atenta contra su valor y
    fortaleza.

    Lo que vendrá

    A la hora de delinear el posible escenario del año que
    comienza, no se vislumbran cambios profundos de tendencias. En
    opinión de los expertos, sería importante encontrar el
    espacio de reflexión que permita darle una buena cuota de
    protagonismo al sentido común, en una suerte de back to
    basics, quizá el mejor antídoto contra las acciones
    impulsadas por el afán de la mera emulación de lo que
    hacen los competidores, y a la vez una buena guía para no
    perderse en el fascinante laberinto de las nuevas tecnologías.

    En materia de retailing, la concentración y la dominante
    presencia de las grandes superficies seguirán ocupando un
    lugar preponderante. Como novedad, seguramente volverán al
    escenario de la comercialización las grandes tiendas, que
    desaparecieron hace casi tres décadas, y quizá lleguen
    de manera masiva los largamente anunciados hard discount. Estas
    pequeñas superficies venden lo que se conocía como
    productos de almacén y compiten con los supermercados
    básicamente en precios; no tienen estacionamiento ni ninguna
    clase de servicio, trabajan con una marca propia o a lo sumo con una
    líder y una propia, y no son unidades aisladas sino que se
    despliegan como grandes cadenas, las que a su vez – al menos en
    la experiencia europea y norteamericana – suelen pertenecer a
    los hipermercados, que de esta manera avanzan para cubrir todos los
    flancos.

    Un fenómeno al que habrá que prestar mucha
    atención es el del comercio electrónico. La
    aparición de sistemas de compra segura por Internet
    – Visa ya está experimentando uno y existen otros en
    vías de desarrollo – permite augurar que en el ´98
    habrá desaparecido el último obstáculo
    operativo; de aquí en más, todo dependerá del
    nivel de crecimiento del número de navegantes por un lado, y
    de la actitud – y aptitud – de las empresas por el otro.

    En el primer punto, no es posible pronosticar con razonable
    exactitud qué cantidad de cibernautas se incorporarán
    al mundo web en la Argentina; algunos especialistas prevén que
    la cifra se duplicará a lo largo de este año, mientras
    otros plantean que, si se registra una rebaja en las tarifas de
    acceso y éste se hace más fluido y veloz, podría
    producirse una verdadera explosión demográfica en el
    sector. Con respecto a la conducta de las empresas, sus estructuras
    de marketing tendrán que afinar la puntería para
    aprovechar al máximo este nuevo canal con
    características y dinámica propias. Ya no
    bastará con plantar un site estilo catálogo, por el
    mero hecho de estar en la red; se impondrá la necesidad de
    elaborar las estrategias adecuadas, aprovechando la experiencia
    internacional en la materia y las ventajas – y
    desafíos – que plantea la interactividad.

     

    Capacitarse para sobrevivir

    El aumento de la presión competitiva – exacerbado por
    la presencia de big players internacionales – y la
    fragmentación de la demanda, sumados a una poco probable
    expansión significativa del mercado interno y al perfil del
    nuevo consumidor argentino, cada vez más informado y exigente,
    crean un marco que reclama una mayor profesionalización de la
    gente de marketing y también de las fuerzas de ventas.

    Durante muchos años los vendedores en la Argentina no
    recibían entrenamiento porque se movían en un mercado
    comprador; la inflación constante les proveía el
    argumento básico: “Compre ahora, que la semana que viene
    aumenta”. El latiguillo, efectivo en esa peculiar realidad, tapaba
    los déficit de formación; la imagen era más la
    de un tomapedidos que la de un vendedor profesional. Eso no funciona
    más, y así está siendo entendido por buena parte
    de las compañías, que ya invierten una importante
    porción de sus presupuestos comerciales en capacitación
    específica para sus organizaciones de venta.

    En la misma línea, resultará prioritario reforzar la
    eficacia de la atención posventa – en muchos casos sigue
    siendo una asignatura pendiente – , que sintoniza con ese nuevo
    perfil de consumidor que ya está en condiciones de comparar,
    elegir y exigir.

    Retomando la idea del back to basics, el eje de agregar valor a
    cada acción puede constituir un buen norte para que la
    brújula del marketing funcione con la precisión
    requerida.

    V.R.