miércoles, 3 de junio de 2026

    La buena semilla

    Durante los cincuenta años que lleva en el mercado local,
    la subsidiaria de Cargill ha sido la representación más
    acabada de la Argentina granero del mundo. Su protagonismo dentro de
    la industria alimentaria nacional se percibe desde diferentes
    indicadores que, en todos los casos, remitirán siempre a sus
    ventas externas: Cargill es, desde hace nueve años, el segundo
    exportador del país, detrás de la petrolera YPF.

    “Más de 80% de nuestra facturación anual, que en
    1997 alcanzó a US$ 2.100 millones, proviene de las ventas al
    exterior de granos, aceites vegetales y harinas proteicas”,
    señala Scott Portnoy, designado por la compañía
    hace tres años para hacerse cargo de la conducción de
    la empresa.

    Impulsada por las buenas perspectivas internacionales, a
    principios de los ´90 Cargill decidió que había llegado
    la hora de sumar a su capacidad de producción y acopio de
    granos el agregado de valor en el procesamiento de oleaginosas.

    La apuesta – que desde 1991 demandó el desembolso de
    US$ 230 millones – le permitió a la empresa incursionar
    en nuevos negocios, como el de las harinas industriales y las pastas,
    a través de la adquisición de Molinos Minetti, y
    desarrollar sus capacidades de molienda de soja y girasol, en las que
    ya era un jugador de peso. “La estabilidad económica y la
    integración regional – Cargill tiene presencia directa
    en todos los países del Mercosur – nos permitieron
    decidir inversiones locales teniendo en cuenta el mercado regional”,
    dice Portnoy.

    El horizonte que la multinacional trazó para sus filiales
    argentina y brasileña “apunta a convertir nuestras operaciones
    del Cono Sur en una base muy eficiente en el procesamiento y la
    exportación de alimentos e insumos para la industria
    alimentaria. Apostamos a atender la potencialidad de mercados como
    los del sudeste asiático, cuyas demandas continuarán en
    aumento”.

     

    Definiciones y desinversiones

     

    Si hay algo que disgusta a Portnoy es que Cargill sea definida
    como una trader de commodities. “Todos los productos que vendemos
    contienen etapas de valor agregado, y en la mayoría de los
    casos ese proceso se hace atendiendo a especificaciones que nos dan
    nuestros clientes.”

    El CEO de Cargill pone como ejemplo el contrato con Kellogg´s, que
    la instala como proveedora exclusiva de maíz colorado de todas
    las plantas europeas del gigante de los cereales para el desayuno.
    “Para garantizar un negocio así debimos controlar la calidad
    del grano desde su cosecha, contar con condiciones diferenciadas de
    almacenamiento, cumplir con cada una de las pautas de embarque que
    nos fijaron. Todo el proceso supone mucho más que despachar
    maíz”, argumenta Portnoy.

    La integración de valor es una de las claves en el negocio
    de las materias primas agrícolas. Las empresas recurren a
    distintas instancias de procesamiento, de modo de sumar las
    utilidades que no obtienen en los exiguos márgenes que
    caracterizan a la comercialización de semillas. Esa
    circunstancia fue determinante para que Cargill Argentina
    desarrollara – desde fines de los ´80 y durante siete
    años – una experiencia atípica para la
    compañía: llegar a los consumidores finales a
    través de productos con marca propia.

    El negocio elegido fue el de los alimentos congelados. Cargill
    contaba con el expertise que había obtenido en la crianza,
    faenamiento y comercialización de pollos, una operación
    que había iniciado en los ´60. Y optó por redoblar su
    apuesta, apuntando a un mercado recién nacido. El experimento
    tuvo nombre y apellido – Granja del Sol – y le
    permitió instalarse – con un share que osciló
    entre 40 y 70%, según las líneas de productos –
    como la número uno dentro del segmento.

    Sorpresivamente, en diciembre del ´96, Cargill aceptó una
    oferta de US$ 60 millones para retirarse del negocio, y
    transfirió la totalidad del paquete de Granja del Sol a
    Molinos, su principal competidora en harinas industriales y aceites.
    Portnoy explica que la decisión respondió a la
    necesidad de volver a concentrar a la compañía en las
    que eran sus core competences históricas. “Desde su
    nacimiento, Cargill construyó ciertas fortalezas: el
    procesamiento y el trading de alimentos, la reducción de
    costos en todas las etapas, la logística, el risk management.
    Granja del Sol era una empresa que, aunque exitosa, no encajaba
    dentro de los negocios que la compañía define como
    propios en todo el mundo.”

     

    Vuelta a las fuentes

     

    Los alimentos para mascotas Dogui y Gati – una
    derivación de su división de alimentos
    balanceados – representan hoy el único vínculo
    entre Cargill y las góndolas de los supermercados. Fieles a su
    costumbre, también son líderes en ese mercado.

    “Pero en el futuro nuestras operaciones apuntarán a agregar
    valor en las operaciones de procesamiento de aceites y harinas
    proteicas – pellets – de soja y girasol, el maní
    confitería y la malta. También buscamos ganar
    participación en el negocio de las harinas industriales, donde
    captamos entre 10 y 11% del mercado, una cifra que queremos duplicar
    en cuatro años. Todas nuestras inversiones recientes apuntan
    al logro de esos objetivos”, explica Portnoy.

    Una rápida enumeración sirve para corroborarlo:
    desde 1994 Cargill desembolsó US$ 24 millones para inaugurar
    en el puerto de Bahía Blanca un muelle propio de carga,
    completamente computarizado y dotado de 8 silos capaces de almacenar
    50.000 toneladas de cereales. También destinó US$ 31
    millones a la construcción de una planta procesadora de aceite
    y pellets de girasol. El cuadro se completará dentro de tres
    meses: en Bahía Blanca Portnoy cortará las cintas de
    una planta de procesamiento de malta que, con una inversión de
    US$ 45 millones, “nos permitirá abastecer a los principales
    jugadores del mercado de la cerveza, tanto en la Argentina como en
    Brasil”.

    En 1998 Cargill espera crecer entre 4 y 5%, una tasa inferior a la
    de los últimos años. La explicación,
    según Portnoy, debe buscarse en una previsible caída de
    las exportaciones de la empresa “debido a que la cosecha de soja del
    ´97 fue inferior a la prevista. A Cargill, salvando las distancias,
    le pasa en gran parte lo mismo que a un productor agropecuario:
    algunas variables, como el sol y la lluvia, siguen siendo
    difíciles de predecir”. •

     

    La fórmula de Cargill


    • Una estrategia asentada en las exportaciones.
    • Reconversión tecnológica: ampliación e
      inauguración de plantas para sumar capacidad de
      procesamiento, reducir costos operativos e incorporar valor a sus
      productos.
    • Mayor control en el punto de origen de las materias
      primas.
    • Reingeniería: abandono de sus operaciones con productos
      de marca, reorientación de las inversiones,
      incursión en nuevos negocios.

     

    Ventas de Cargill entre 1993 y 1997