Durante los cincuenta años que lleva en el mercado local,
la subsidiaria de Cargill ha sido la representación más
acabada de la Argentina granero del mundo. Su protagonismo dentro de
la industria alimentaria nacional se percibe desde diferentes
indicadores que, en todos los casos, remitirán siempre a sus
ventas externas: Cargill es, desde hace nueve años, el segundo
exportador del país, detrás de la petrolera YPF.
“Más de 80% de nuestra facturación anual, que en
1997 alcanzó a US$ 2.100 millones, proviene de las ventas al
exterior de granos, aceites vegetales y harinas proteicas”,
señala Scott Portnoy, designado por la compañía
hace tres años para hacerse cargo de la conducción de
la empresa.
Impulsada por las buenas perspectivas internacionales, a
principios de los ´90 Cargill decidió que había llegado
la hora de sumar a su capacidad de producción y acopio de
granos el agregado de valor en el procesamiento de oleaginosas.
La apuesta – que desde 1991 demandó el desembolso de
US$ 230 millones – le permitió a la empresa incursionar
en nuevos negocios, como el de las harinas industriales y las pastas,
a través de la adquisición de Molinos Minetti, y
desarrollar sus capacidades de molienda de soja y girasol, en las que
ya era un jugador de peso. “La estabilidad económica y la
integración regional – Cargill tiene presencia directa
en todos los países del Mercosur – nos permitieron
decidir inversiones locales teniendo en cuenta el mercado regional”,
dice Portnoy.
El horizonte que la multinacional trazó para sus filiales
argentina y brasileña “apunta a convertir nuestras operaciones
del Cono Sur en una base muy eficiente en el procesamiento y la
exportación de alimentos e insumos para la industria
alimentaria. Apostamos a atender la potencialidad de mercados como
los del sudeste asiático, cuyas demandas continuarán en
aumento”.
Definiciones y desinversiones
Si hay algo que disgusta a Portnoy es que Cargill sea definida
como una trader de commodities. “Todos los productos que vendemos
contienen etapas de valor agregado, y en la mayoría de los
casos ese proceso se hace atendiendo a especificaciones que nos dan
nuestros clientes.”
El CEO de Cargill pone como ejemplo el contrato con Kellogg´s, que
la instala como proveedora exclusiva de maíz colorado de todas
las plantas europeas del gigante de los cereales para el desayuno.
“Para garantizar un negocio así debimos controlar la calidad
del grano desde su cosecha, contar con condiciones diferenciadas de
almacenamiento, cumplir con cada una de las pautas de embarque que
nos fijaron. Todo el proceso supone mucho más que despachar
maíz”, argumenta Portnoy.
La integración de valor es una de las claves en el negocio
de las materias primas agrícolas. Las empresas recurren a
distintas instancias de procesamiento, de modo de sumar las
utilidades que no obtienen en los exiguos márgenes que
caracterizan a la comercialización de semillas. Esa
circunstancia fue determinante para que Cargill Argentina
desarrollara – desde fines de los ´80 y durante siete
años – una experiencia atípica para la
compañía: llegar a los consumidores finales a
través de productos con marca propia.
El negocio elegido fue el de los alimentos congelados. Cargill
contaba con el expertise que había obtenido en la crianza,
faenamiento y comercialización de pollos, una operación
que había iniciado en los ´60. Y optó por redoblar su
apuesta, apuntando a un mercado recién nacido. El experimento
tuvo nombre y apellido – Granja del Sol – y le
permitió instalarse – con un share que osciló
entre 40 y 70%, según las líneas de productos –
como la número uno dentro del segmento.
Sorpresivamente, en diciembre del ´96, Cargill aceptó una
oferta de US$ 60 millones para retirarse del negocio, y
transfirió la totalidad del paquete de Granja del Sol a
Molinos, su principal competidora en harinas industriales y aceites.
Portnoy explica que la decisión respondió a la
necesidad de volver a concentrar a la compañía en las
que eran sus core competences históricas. “Desde su
nacimiento, Cargill construyó ciertas fortalezas: el
procesamiento y el trading de alimentos, la reducción de
costos en todas las etapas, la logística, el risk management.
Granja del Sol era una empresa que, aunque exitosa, no encajaba
dentro de los negocios que la compañía define como
propios en todo el mundo.”
Vuelta a las fuentes
Los alimentos para mascotas Dogui y Gati – una
derivación de su división de alimentos
balanceados – representan hoy el único vínculo
entre Cargill y las góndolas de los supermercados. Fieles a su
costumbre, también son líderes en ese mercado.
“Pero en el futuro nuestras operaciones apuntarán a agregar
valor en las operaciones de procesamiento de aceites y harinas
proteicas – pellets – de soja y girasol, el maní
confitería y la malta. También buscamos ganar
participación en el negocio de las harinas industriales, donde
captamos entre 10 y 11% del mercado, una cifra que queremos duplicar
en cuatro años. Todas nuestras inversiones recientes apuntan
al logro de esos objetivos”, explica Portnoy.
Una rápida enumeración sirve para corroborarlo:
desde 1994 Cargill desembolsó US$ 24 millones para inaugurar
en el puerto de Bahía Blanca un muelle propio de carga,
completamente computarizado y dotado de 8 silos capaces de almacenar
50.000 toneladas de cereales. También destinó US$ 31
millones a la construcción de una planta procesadora de aceite
y pellets de girasol. El cuadro se completará dentro de tres
meses: en Bahía Blanca Portnoy cortará las cintas de
una planta de procesamiento de malta que, con una inversión de
US$ 45 millones, “nos permitirá abastecer a los principales
jugadores del mercado de la cerveza, tanto en la Argentina como en
Brasil”.
En 1998 Cargill espera crecer entre 4 y 5%, una tasa inferior a la
de los últimos años. La explicación,
según Portnoy, debe buscarse en una previsible caída de
las exportaciones de la empresa “debido a que la cosecha de soja del
´97 fue inferior a la prevista. A Cargill, salvando las distancias,
le pasa en gran parte lo mismo que a un productor agropecuario:
algunas variables, como el sol y la lluvia, siguen siendo
difíciles de predecir”. •
La fórmula de Cargill
- Una estrategia asentada en las exportaciones.
- Reconversión tecnológica: ampliación e
inauguración de plantas para sumar capacidad de
procesamiento, reducir costos operativos e incorporar valor a sus
productos. - Mayor control en el punto de origen de las materias
primas. - Reingeniería: abandono de sus operaciones con productos
de marca, reorientación de las inversiones,
incursión en nuevos negocios.
Ventas de Cargill entre 1993 y 1997

