jueves, 2 de abril de 2026

    El verdadero coloquio de Idea

    Junto a reclamos clásicos como la seguridad jurídica
    y la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal,
    las preocupaciones empresarias incluyen enfoques novedosos de
    antiguos problemas, como la reforma de la legislación laboral,
    y temas hasta ahora insospechados, como los posibles efectos
    negativos de la incorporación de tecnología.

     

    Suele suceder cuando se reúnen varios de los empresarios
    más poderosos del país, los principales referentes del
    gobierno y la oposición, y un puñado de figuras
    internacionales relevantes: fatalmente, la realidad se encarga de
    superar todas las previsiones.

    Como es usual, el 33er Coloquio Anual del Instituto para el
    Desarrollo Empresarial de la Argentina (Idea) tenía el
    propósito de analizar los principales temas &emdash;fijados
    con antelación por consenso de los propios empresarios&emdash;
    de la agenda del mundo de los negocios para los próximos
    años.

    No es que eso haya sido dejado de lado. Pero hubo en San Carlos de
    Bariloche al menos tres coloquios: el formal, el mediático y
    el paralelo. El primero fue el que cumplió el programa
    oficial, con sus exposiciones, debates y conclusiones. El segundo, el
    que reflejó la cobertura de la mayoría de los medios,
    cargado de declaraciones sobre cuestiones de coyuntura y de
    exageradas interpretaciones políticas.

    Acaso el más rico haya sido el último: por cierto
    menos visible &emdash;transcurrió entre la discreta
    informalidad de almuerzos, sobremesas y coffee-breaks&emdash;,
    reflejó con una transparencia inusualmente cruda cuáles
    son las preocupaciones, las prioridades y las limitaciones de los
    hombres de negocios.

     

    La agenda real

    Seguramente, la agenda real para los próximos años
    incluye muy poco de lo mucho expuesto en el coloquio mediático
    &emdash;por lo rápidamente perecedero de sus
    contenidos&emdash;, algo más de lo tratado en el coloquio
    formal &emdash;se enunciaron en él casi todos los temas
    importantes, pero no todos los que se trataron tuvieron espacio entre
    las conclusiones, y éstas no reflejan los diversos grados de
    preocupación que despiertan los puntos que sí
    figuran&emdash; y bastante de lo conversado en el paralelo.

    Por ejemplo, la breve mención a que “la dinámica
    actual del mundo requiere una actitud abierta para el cambio” no
    sugiere la sorprendente avidez que muchos participantes demostraron
    por saber qué sucede, y cómo, fuera de las puertas de
    sus empresas. Ni, mucho menos, permite detectar que ya no son pocos
    los empresarios que lamentan sinceramente la escasez de dirigentes
    sindicales en serio, capaces de representar los genuinos intereses de
    los trabajadores más que apetencias materiales propias cuya
    satisfacción no siempre garantiza a las
    compañías la solución de conflictos
    explícitos o latentes.

    Esa “actitud abierta para el cambio” es la que permitió a
    los empresarios convertir al socialista español Felipe
    González en la estrella indiscutida del encuentro, así
    como asumir con total naturalidad las posibilidades de la Alianza
    UCR-Frepaso de llegar dentro de dos años al gobierno nacional.
    Aunque para muchos fuera impensable hasta hace muy poco tiempo, los
    dirigentes opositores que asistieron al Coloquio tuvieron mucho
    más rating entre los participantes que las figuras del
    oficialismo.

    Es cierto que hay razones más o menos objetivas para ello:
    la estabilidad económica ya no depende exclusivamente del
    gobierno, como quedó demostrado cuando nada cambió tras
    el despido de Domingo Cavallo del Ministerio de Economía
    &emdash;en un fenómeno político comparable a lo que
    ocurrió con la estabilidad institucional luego de los
    episodios de Semana Santa, en 1987&emdash;, y la Alianza ha hecho
    explícitos votos de compromiso con la convertibilidad, la
    apertura de la economía, la disciplina fiscal y las
    consecuencias jurídicas de las privatizaciones.

     

    Reclamos clásicos

    Que todas esas cuestiones estén fuera de discusión
    permite orientar el foco hacia dos demandas que a esta altura ya son
    un clásico de los coloquios de Idea: la seguridad
    jurídica y la lucha contra la corrupción. A nadie
    sorprendió que esos reclamos &emdash;a los que en esta
    ocasión se sumó, sin eufemismos, el “combate contra el
    delito organizado”&emdash; volvieran a figurar en las conclusiones
    del encuentro: porque todavía están lejos de ser
    razonablemente satisfechos y porque, en todo caso, los empresarios no
    quieren abandonar una bandera que levantaron acaso antes que
    ningún otro sector.

    Fue precisamente en el Coloquio de 1990 cuando el abogado Emilio
    Cárdenas, entonces presidente de Abra, dijo que reinaba en el
    país la “cleptocracia”. Aunque Cárdenas abandonó
    ese discurso al poco tiempo, cuando aceptó el ofrecimiento del
    gobierno para ser el embajador argentino ante las Naciones Unidas,
    Idea lo mantuvo con firmeza.

    No se trata sólo de una abstracta cuestión de
    principios, sino, fundamentalmente, de un concreto problema de
    intereses: en estabilidad y con apertura, la corrupción y la
    evasión impositiva provocan fuertes desequilibrios
    competitivos que se agudizan cuando en situaciones de crisis
    &emdash;como la presente&emdash; el gobierno y los organismos
    financieros internacionales piensan en aumentar la presión
    tributaria.

     

    Reclamos no tan clásicos

    Los empresarios siguen reclamando que se profundice la reforma de
    la legislación laboral, pero muchos de ellos admiten
    &emdash;por ahora, sólo en privado&emdash; que la continua
    flexibilización de las condiciones de trabajo no es, como se
    esperaba, una efectiva solución al problema del desempleo. En
    ese aspecto, lo mismo que en relación con “la función
    social de la empresa” y con la necesidad de alentar la
    educación y la capacitación laboral, los hombres de
    negocios parecen estar mucho más seguros del
    diagnóstico que de la receta para atacar el problema. Sin duda
    se convertirán en materias de amplio debate.

    Lo que sí comienza a verse con claridad es que una de las
    consecuencias del desempleo es la caída de la demanda. Por
    eso, todavía en forma muy incipiente, algunos hombres de
    empresa empiezan a mirar con cierta inquietud el proceso cada vez
    más acelerado de incorporación de
    tecnología.

    “Todavía estamos en el costado de la curva en el que la
    incorporación de tecnología significa principalmente
    ahorro de costos y ganancia de eficiencia; pero en tanto el proceso
    es cada vez más acelerado y por consiguiente se acelera su
    efecto expulsor de empleo, ¿no está cada vez más
    cerca el punto de inflexión y la posibilidad de quedar del
    otro lado de la curva, en el que la incorporación de
    tecnología signifique sobre todo pérdida de mercados?”,
    le preguntó MERCADO a Jorge Romero Vagni, director general de
    Sociedad Comercial del Plata y vicepresidente primero de Idea. “Ese
    tema da para un coloquio entero”, respondió.

    Con un enfoque ligeramente diferente, en el extenso
    análisis que hizo del Coloquio en La Nación del domingo
    16 de noviembre, José Claudio Escribano &emdash;acaso la firma
    más influyente del diario más influyente&emdash;
    habló del “resultado paradójico de enormes progresos
    tecnológicos” que “no resuelven, y por momentos agravan, el
    problema del empleo”. El tema, pues, parece comenzar a
    instalarse.

    Otro asunto que pide permiso en la agenda del mundo de los
    negocios es la postura de un grupo de pesos pesados locales que
    postula la necesidad de que la Argentina tenga un empresariado
    nacional fuerte. Mientras avanzaba en la arquitectura del Grupo
    Argentina (ver página 114), Enrique Pescarmona pasó el
    aviso en el Coloquio. Aldo Roggio, que no será fundador de ese
    selecto club pero será invitado a integrarlo, había
    hecho lo propio a comienzos de noviembre, en una entrevista a
    página entera en el suplemento económico de La
    Nación.

    Los temas están. Muchos de ellos, es cierto, apenas
    enunciados, como la escueta apelación a que “resulta
    indispensable impulsar el desarrollo de las Pymes”. Sería
    saludable que, además de los temas, estuvieran en el debate
    todos los que deben estar. Entre los más de 400 asistentes al
    33er Coloquio de Idea se contaron muchos ejecutivos y muy pocos
    empresarios, y hubo sectores que tuvieron una presencia escasa o
    directamente inexistente, como el retail y las industrias alimentaria
    y textil. Vale un ejemplo: de las 20 primeras compañías
    del último ranking de MERCADO de las 1.000 que más
    facturan sólo estuvieron presentes ocho.

    (En San Carlos de Bariloche)



     

     

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