lunes, 15 de junio de 2026

    Los gerentes del 2007

    · Perez Companc, Price Waterhouse, Techint, IBM, Citibank,
    YPF, Banco de Boston, Arthur Andersen, Hewlett-Packard y Unilever son
    las diez empresas preferidas por los estudiantes universitarios que
    están cursando el último año de sus carreras y
    que participaron en esta encuesta encargada por MERCADO a la firma
    MORI.

    · La oportunidad de capacitarse les importa más que
    el sueldo.

    · Creen que un estudio de posgrado es necesario para acceder
    a buenas oportunidades laborales.

    · Se definen a sí mismos como responsables y con ganas
    de trabajar. Son pocos, sin embargo, los que se consideran muy
    inteligentes e imaginativos.

    · Contemplan con optimismo el futuro del país y de sus
    propias carreras.

     

    ¿Cómo son los jóvenes que dentro de diez
    años estarán ocupando los puestos de decisión en
    las organizaciones? ¿Qué esperan del futuro? ¿Se
    sienten adecuadamente preparados para la vida y el trabajo?
    ¿Qué actividades y empresas elegirían para
    desarrollar sus carreras?

    La búsqueda de respuestas para estos interrogantes
    orientó la investigación especial que MERCADO le
    encomendó a la firma MORI durante octubre. Fueron consultados
    637 estudiantes del último año de carreras directamente
    relacionadas con la actividad empresaria (administración,
    contador público, economía, informática,
    ingeniería industrial, civil y electrónica,
    física y química) en las universidades de Buenos Aires,
    Belgrano, Salvador, Católica, ITBA, Di Tella, San
    Andrés, UCES y UADE.

    La pregunta acerca de cuáles son las empresas en las que
    más les gustaría trabajar conduce a interesantes
    revelaciones, no sólo sobre el perfil de los estudiantes, sino
    sobre la imagen de las compañías ante un público
    cuya opinión resulta de particular importancia. Cada
    entrevistado pudo seleccionar hasta cinco empresas en una
    nómina de 100, en la que se incluyeron las líderes en
    ventas y en los principales sectores de actividad. (Se les dio,
    además, la oportunidad de mencionar otras no contempladas en
    la lista.)

    El perfil de las diez más elegidas es sugestivo. Entre
    las top ten hay dos bancos (Citi y Boston), dos grandes consultoras
    (Price Waterhouse y Arthur Andersen), dos gigantes de la
    computación (IBM y Hewlett-Packard), los dos principales
    grupos empresarios del país (Perez Companc y Techint), la
    compañía más grande de la Argentina (YPF) y un
    líder internacional del consumo masivo (Unilever).

    Resulta curioso comprobar el escaso eco que tiene entre los
    estudiantes avanzados de la Argentina el mítico prestigio
    internacional de la consultora McKinsey, que aquí sólo
    fue mencionada por 4% de los encuestados.

    La interminable guerra entre Coca-Cola y Pepsi se define, en
    este caso, a favor de la primera: 10% querría desarrollar su
    carrera laboral en Coca-Cola, y sólo 4% se interesa más
    en Pepsi. En la industria de las bebidas se destaca, además,
    la cervecería Quilmes, con 7%.

    La industria automotriz no llega a ocupar un lugar en el cuadro
    de honor de las diez primeras, pero Mercedes Benz y Ford cosechan un
    índice más que aceptable: 10%.

    Si se analizan los resultados por carrera, Unilever y Procter
    & Gamble revalidan su fama mundial en el terreno del management:
    son las más elegidas por los jóvenes próximos a
    graduarse en administración de empresas.

    Para los futuros contadores públicos, el destino
    más codiciado es la firma Price Waterhouse (23%). Los
    estudiantes de economía votan por el Citi (39%). En las
    carreras de física y química las preferencias se
    inclinan por el laboratorio Roemmers (37%). Pero el dato más
    sorprendente se encuentra en las respuestas de los que cursan
    carreras vinculadas con la computación. AT&T (una empresa
    de presencia relativamente reciente en el país) acapara 64% de
    las preferencias, superando, incluso, a IBM (56%).

     

    Expectativas

    Los gerentes del 2007 muestran, en general, una actitud de
    optimismo y confianza en sí mismos. Una sólida
    mayoría de 55% cree que tiene bastantes o muchas posibilidades
    de conseguir empleo en las empresas que más le interesan. La
    fe es particularmente sólida entre los alumnos del ITBA (92%
    de respuestas positivas) y de la Universidad San Andrés (91%),
    y decae en las aulas de la UBA (47%).

    Los estudiantes de economía son los que en mayor medida
    se asignan muchas posibilidades de ingresar a las empresas elegidas
    (18%). Los que cursan ingeniería industrial y
    administración muestran altos índices de un optimismo
    más moderado. Y entre los alumnos avanzados de física y
    química sólo un tercio cree que tiene bastantes o
    muchas oportunidades en este sentido.

     

    Consultoras y bancos

    Cuando se les pregunta a los estudiantes en qué sectores
    o ramas de actividad les gustaría trabajar, los estudios de
    contabilidad y auditoría y las consultoras absorben un
    porcentaje de respuestas llamativamente elevado: 61%. (Cada
    encuestado podía mencionar hasta tres sectores.) Este
    índice equivale a casi el doble del que obtuvieron los bancos,
    segundos en este ranking de preferencias (con 32%).

    La elevada gravitación de estudiantes de la carrera de
    contador público dentro de la población universitaria
    contribuye, desde luego, a explicar el fenómeno. Pero
    también se advierte aquí la notable tendencia de los
    futuros contadores a concentrar sus elecciones en el segmento de las
    firmas contables y de consultoría (83% de las menciones).

    Los rubros más tradicionales de la economía real
    muestran una convocatoria modesta en la totalidad de la muestra. La
    industria de los alimentos y bebidas recibe 18% de las preferencias,
    el mismo índice que registra el floreciente sector
    energético. Mucho menor aún es la tasa de menciones
    para la industria automotriz (8%) y la petroquímica (7%).

    Y en el rubro de servicios financieros contrasta la fuerte
    atracción de los bancos (casi un tercio de los encuestados los
    eligieron) frente a los bajos índices que cosechan las
    compañías de seguros, AFJP y ART (6%).

    Al igual que los futuros contadores, los estudiantes avanzados
    de computación concentran sus elecciones en un único
    rubro: las empresas de tecnología informática. Pero los
    alumnos de otras carreras se muestran menos previsibles. Los de
    economía, por ejemplo, reparten sus preferencias entre los
    bancos (44%) y las firmas de investigación de mercado (40%).
    En la carrera de administración de empresas, en cambio, los
    estudiantes se inclinan por la industria de alimentos y bebidas (44%)
    y las consultoras (43%).

    Cuando se les pregunta a los encuestados cuáles son las
    áreas de actividad en las que menos les gustaría
    trabajar, la administración pública encabeza el ranking
    con 32% de menciones, seguida por la docencia (22%) y el comercio
    minorista (19%).

     

    La especialización

    Siete de cada diez alumnos del último año de las
    carreras analizadas sabe ya en qué especialidad o área
    de su profesión quiere trabajar. Son relativamente pocos (21%)
    los que ingresaron a la universidad con la decisión ya tomada.
    En general, las determinaciones surgen después de cursar el
    tercer año (62% de los casos).

    Nuevamente se impone aquí el número de
    estudiantes de la carrera de contador público, que contribuyen
    decididamente a llevar el área de contabilidad y finanzas al
    primer puesto de las menciones con 41%.

    En contrapartida, es notablemente bajo el índice
    registrado por el área de recursos humanos como primera
    opción de carrera: 2%, que se eleva a 8% sólo como
    segunda opción.

    Otro caso curioso es el de ventas, una actividad que no capta
    primeras menciones, y apenas llega a 2% como segunda alternativa.

    La docencia tampoco es contemplada como un área
    principal de trabajo, pero llega a atraer 11% de las preferencias
    como segunda mención.

    Qué quieren

    La noción de que la formación profesional es un
    proceso sin línea de llegada se refleja con asombrosa claridad
    en los resultados de la encuesta. La oportunidad de recibir
    capacitación y aprovechar mejor las propias aptitudes fue el
    factor más mencionado (44% de la muestra) entre los
    determinantes en la elección de un trabajo.

    El nivel del salario inicial quedó así desplazado
    al segundo lugar en el orden de prioridades, con 35% de menciones.

    No menos llamativo es el bajo índice de importancia
    (14%) que los estudiantes asignan a la seguridad del empleo a largo
    plazo. Lo que revelaría, por un lado, la confianza en su
    propia capacidad para impulsar su carrera y, por el otro, la
    convicción de que los empleos de por vida son cosa del pasado.

    Un esquema de horario flexible es, en cambio, un factor
    importante para 17% de los estudiantes, probablemente interesados en
    contar al comienzo con un margen de tiempo que les permita dedicarse
    a estudios de posgrado u otras actividades de capacitación.

    Por otra parte, los estudiantes avanzados saben de qué
    hablan cuando hablan de trabajo. Siete de cada diez desempeñan
    ya una actividad laboral y, de ellos, la mitad le destina más
    de 30 horas semanales. El lado positivo de este fenómeno es
    que algo más de la mitad trabaja en un área afín
    a su carrera.

    Esta exposición cotidiana a la realidad del mercado
    laboral explica la notable homogeneidad en los niveles de sueldos que
    los estudiantes esperan ganar cuando salgan de la universidad. Los
    más modestos son los alumnos de física y
    química, que apuntan a un salario promedio de $ 1.450. Los de
    informática y administración de empresas se muestran
    algo más ambiciosos ($ 1.940 y 1.900, respectivamente). Pero
    en ningún caso se advierten grandes brechas con respecto al
    promedio general de $ 1.620.

    Durante este año académico sólo tres de
    cada diez estudiantes han buscado trabajo para después de la
    graduación. Casi una cuarta parte de los que no lo hicieron ya
    tiene un empleo que no planea cambiar. Y otro tanto prefiere esperar
    hasta después de las vacaciones.

    Ahora bien, ¿a quién recurren para asesorarse en la
    búsqueda de oportunidades? Los mecanismos informales, como las
    charlas con gente que ya trabaja en su área o especialidad,
    son los más utilizados. Los siguen la orientación
    recibida en la universidad y la experiencia concreta en el mercado
    laboral. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, las
    presentaciones y charlas de potenciales empleadores y las entrevistas
    con reclutadores de personal son vías virtualmente
    inexploradas.

     

    El posgrado necesario

    La idea de la formación continua también asoma
    en las respuestas acerca de los planes de cursar un posgrado. Casi
    dos tercios contesta afirmativamente. Los indecisos suman 32%. Y
    apenas 4% ha desechado el proyecto.

    Sugestivamente, aunque los que afirman que un posgrado es
    necesario para conseguir un buen empleo suman un alto porcentaje
    (56%), esta proporción es bastante inferior al 64% que planea
    llevar adelante una maestría o un doctorado.

    Entre los decididos a hacerlo, 41% se quedará en el
    país, 29% viajará a una universidad del exterior y 30%
    medita aún sobre ambas alternativas.

    Las diferencias son, en este punto, notables entre alumnos de
    diferentes carreras y universidades. Los esudiantes de
    economía y administración son los más inclinados
    a completar su formación con un posgrado (73 y 71%,
    respectivamente), en tanto que la proporción desciende a 35%
    entre quienes cursan ingeniería civil o electrónica.

    En la UADE, el ITBA y la Universidad de Belgrano más de
    80% de los encuestados planea cursar un posgrado. Los índices
    más bajos se encuentran en la Di Tella y la UBA.

    Las áreas elegidas para el estudio de posgrado son, en
    orden de importancia, administración y negocios (el
    mítico MBA), finanzas, impuestos, economía
    (generalmente para no economistas), políticas públicas
    y auditoría.

     

    Los juicios

    ¿Qué piensan de sí mismos los futuros
    gerentes argentinos? El perfil que surge de sus respuestas los
    muestra pragmáticos, seguros de sí mismos pero no
    soberbios, y más confiados en el esfuerzo que en el talento.

    Responsable (63%), con muchas ganas de trabajar (43%) e
    interesado en desempeñarse en una organización
    líder (30%) son las expresiones más usadas por los
    encuestados para describirse a sí mismos. El éxito
    personal (25%), la ambición (19%) y el dinero (14%) aparecen
    como factores de motivación de relativamente escasa
    importancia.

    Lo curioso del caso es que los rasgos de personalidad en los
    que suelen poner más énfasis los head hunters aparecen
    aquí bastante desdibujados. Sólo 13% de los encuestados
    se consideran imaginativos, otro tanto dice que tiene una mente
    analítica y apenas 10% se atreve a afirmar que es “muy
    inteligente”. Y, lo que resulta más sugestivo aún, la
    madurez es una cualidad que sólo declaran 8% de los
    estudiantes.

    Contrariamente a lo que podría suponerse, la
    mayoría se muestra satisfecha con lo que ha obtenido hasta
    ahora en la universidad: dos tercios sienten haber adquirido
    allí una perspectiva más amplia acerca de la vida, y
    más de la mitad (53%) no cree que la preparación
    recibida haya sido insuficiente o inadecuada.

    Los juicios son menos favorables a la hora de evaluar las
    habilidades no académicas que les requerirá el mercado
    laboral. En una escala de uno a diez, los estudiantes se califican
    con 5,92 en dominio del idioma inglés, 6,78 en manejo de
    herramientas informáticas (el área donde todos se
    sienten más capacitados), 5,77 en experiencia laboral y 5,96
    en capacidad para gerenciar recursos humanos.

     

    El color del cristal

    Bien sea porque pertenecen, en general, a segmentos
    socioeconómicos medios y altos, o porque su propia
    formación los lleva a realizar juicios más ponderados,
    lo cierto es que los estudiantes se muestran bastante más
    optimistas que el resto de la población a la hora de evaluar
    la situación económica del país.

    Los que creen que la Argentina está bien o muy bien suman
    20%, frente a sólo 9% del público general. Y, en
    contrapartida, apenas 6% de los universitarios dice que la
    situación es “muy mala”, una opinión que suscribe 23%
    de la población encuestada recientemente por la consultora
    Mori.

    De cara al futuro, sin embargo, las diferencias no son tan
    marcadas. Es parejo el porcentaje de los que avizoran una
    mejoría (18% del público general y 17% de los
    estudiantes). La mayoría absoluta (52 y 58%, respectivamente)
    no espera grandes cambios. Y sólo 17% de los universitarios
    (frente a 22% del público) cree que las cosas van a estar
    peor.

    Los estudiantes no se muestran, por otra parte, complacientes
    en sus juicios a las empresas, sus futuros (y, en muchos casos,
    actuales) empleadores. Dos de cada tres afirman que la industria y el
    comercio no prestan la atención que deberían a sus
    responsabilidades sociales. Y una proporción aún mayor
    (79%) no cree que las empresas argentinas se preocupen por cuidar el
    medio ambiente.

     

    ¿Y el desempleo?

    El optimismo tampoco aflora a la hora de vaticinar la
    evolución del problema del desempleo. Cuatro de cada diez
    estudiantes creen que todo seguirá igual y uno de cada cinco
    anticipa un agravamiento. Sólo 29% confía en que la
    situación va a mejorar.

    Pero resulta sorpresiva la aparente calma con que enfrentan
    individualmente la cuestión. Algo menos de la mitad reconoce
    que la desocupación puede afectarlo “bastante”. Sólo
    13% dice que el tema lo preocupa mucho en lo personal. Y más
    de un tercio (35%) asegura que la tasa de desempleo lo afecta poco o
    nada.

    Con este mismo espíritu, 55% de los estudiantes
    próximos a graduarse se muestra convencido de que
    conseguirá un buen trabajo, aunque esto le llevará
    algún tiempo. Casi una cuarta parte confía, incluso, en
    que lo conseguirá rápidamente. Solo 4% cree que no va a
    encontrar trabajo en su área profesional.

    El mayor grado de optimismo se encuentra en los estudiantes de
    ingeniería industrial, computación y economía.
    Las expectativas moderadas prevalecen entre los futuros contadores,
    físicos y químicos. Y los alumnos de ingeniería
    civil y electrónica son los que menos confían en poder
    trabajar dentro de su especialidad.

     

     

    Ficha técnica

    Universo: Estudiantes del último año de las
    carreras de administración, contador público,
    economía, informática, física, química,
    ingeniería industrial, civil y electrónica de las
    universidades de Buenos Aires, Belgrano, Salvador, Católica,
    ITBA, Di Tella, San Andrés, UCES y UADE.

    Metodología del estudio: Cuestionario autoaplicado.

    Características de la muestra: Por cuotas de sexo,
    universidad y carrera.

    Tamaño de la muestra: 637 casos.

    Fecha del trabajo de campo: entre el 1º y el 14 de
    octubre de 1997.

     

    Mesa redonda: ¿qué producen las
    universidades?

    De los títulos a las cabezas

     

    Los gerentes del 2007 se habrán formado en una universidad
    en transición que aún no definió cómo
    ajustarse a un escenario en el que el bien que provee, el
    conocimiento, se torna obsoleto a un ritmo aparentemente
    ingobernable. Para debatir cuáles son sus responsabilidades,
    limitaciones y fortalezas en la preparación de cuadros
    gerenciales, MERCADO convocó a responsables de las carreras
    ligadas a la economía empresarial de seis universidades de
    diferente perfil, trayectoria y tamaño.

     

    MERCADO: -¿De qué manera perciben ustedes, como
    responsables de la formación de los futuros gerentes, la
    brecha entre la formación académica y las demandas del
    mercado?

    Ernesto Gore (San Andrés): -Aquí hay un viejo
    problema que es discernir entre las demandas y las necesidades de las
    empresas, porque no siempre son la misma cosa. Si analizamos
    cuántas compañías certificadas con ISO hay en la
    Argentina o cuántas son capaces de competir
    internacionalmente, podemos llegar a la conclusión de que
    quizá lo que se está pidiendo no es todo lo que se
    necesita.

    Si hubiéramos tenido esta conversación hace algunos
    años, habríamos coincidido en apoyar carreras de la
    mayor duración posible, con una muy alta especificidad y en
    las que trataríamos de enseñar todo lo que la persona
    debe saber a lo largo de su vida. Y, sin duda, con fronteras
    profesionales mucho más nítidas.

    Hoy, cuando los conocimientos se desactualizan muy
    rápidamente, la forma en que se ve la carrera universitaria es
    distinta. Es una plataforma de una fuerte formación
    generalista con conocimientos que envejecen a menor velocidad que el
    downsizing, el benchmarking o miles de cosas por el estilo. La
    universidad ahora apunta más a cabezas y espíritus bien
    armados que a conocimientos específicos.

    Miguel Sofer (Di Tella): -Yo creo que ésa es la
    tendencia. La función de la universidad consiste, cada vez
    más, en asegurar que el graduado tenga activos de
    amortización lenta, que no son los conocimientos
    específicos sino habilidades generales, como capacidad de
    análisis, capacidad de resolución de problemas,
    habilidad en la toma de decisiones. Hoy es realmente muy
    difícil educar a un administrador. Porque las habilidades que
    se le reclaman cubren todos los campos. Por eso pienso que, cada vez
    más, lo importante es la calidad de la cabeza y la agilidad
    que tiene para el cambio, porque la constante es que su realidad
    profesional va a variar a lo largo de su carrera.

    Gore: -Si se me permite la ironía, diría que
    más importante que lo que las universidades están dando
    hoy en día es lo que el alumno aprende mientras el profesor
    piensa en otra cosa: aprender a trabajar en equipo, a generar y
    recuperar información, a escribir un informe, a conectar
    hechos con teorías y ese tipo de cosas que -me parece- son lo
    central de la educación universitaria de grado.

    José Pena (UADE): -Estamos preparando alumnos para
    la próxima década, para las condiciones que van a regir
    entonces. Creo que tenemos que preocuparnos por la empleabilidad, lo
    que supone, desde el punto de vista funcional, una estrecha
    relación entre la universidad, la empresa y el gobierno. Y
    resulta fundamental dar una educación amplia que le permita
    tener una gran flexibilidad ante el cambio, con capacidad
    crítica y formación humanística. Pero
    además, debemos preparar personas orientadas a la
    acción, porque actuarán en un contexto en el que, como
    dijo Rifkin, se acaba el trabajo.

    MERCADO: -¿Qué papel cumplen los posgrados en
    este esquema de ciclos de grado orientados hacia una
    preparación generalista y con menos énfasis en las
    habilidades básicas?

    Norberto Cinat (UBA): -Nosotros observamos que dentro de
    los tres primeros años de graduados, nuestros egresados
    realizan estudios de posgrado o continúan su formación
    en el marco de los cursos de la empresa en la que trabajan. Hoy no es
    suficiente tener un título de grado; hace falta reciclarse
    permanentemente. Y creemos que para llegar a algún puesto de
    dirección es inevitable pasar por un curso de posgrado.

    Gore: -Parecería que cada vez más esa
    formación generalista se completa con el posgrado, que es el
    que finalmente define la especialización y la ubicación
    laboral de la persona. Hoy, un egresado puede empezar trabajando de
    ingeniero y terminar trabajando de cualquier otra cosa, en un periplo
    que difícilmente puede planificarse. Lo que hace entonces a
    través de los sucesivos posgrados es redefinir su
    inserción profesional.

    Ricardo Domínguez (UB): -El tema del posgrado merece
    un análisis con mayor detenimiento, porque uno se pasa la vida
    frente al pizarrón y siempre parece que falta más. Hay
    una fuerte ansiedad por seguir ganando títulos. Y creo que
    esto depende de muchas cosas. La maestría quizás
    empieza a ser una necesidad, pero otra vez dependiendo de qué
    haga uno. Más aún el doctorado, que no es un requisito
    laboral, sino académico. En la escuela de negocios de Harvard
    sólo 5% estudia doctorado, el resto hace masters, porque ese
    5% es el que va a formar a los futuros estudiantes de MBA.

    Luis Beccaria (UBA): -Me da la impresión de que el
    panorama debe ser un poco más heterogéneo que lo que
    estamos viendo acá. No hay duda de que crecientemente las
    empresas demandan y necesitan profesionales con las
    características que se mencionaron, pero todavía queda
    un resto de empresas que contratan personal en primer lugar por la
    situación del mercado de trabajo.

    Y pienso que la presión por el posgrado es una muestra no
    sólo de que se requieren perfiles más sofisticados sino
    también de que hay un problema de mercado: para conseguir
    trabajo es necesario diferenciarse, lograr una credencial adicional.
    Porque si bien es cierto que los profesionales tienen una tasa de
    desempleo menor a la general, también lo es que ha sido el
    sector en el que más creció la desocupación.
    Cuando el desempleo total era de 6 o 7%, los profesionales
    desempleados eran apenas 2%; hoy llegan a 8%.

    MERCADO: -¿Cómo evalúan ustedes la
    incorporación de recursos que está llevando a cabo el
    mercado? ¿Las empresas están demandando lo que realmente
    necesitan ?

    Sofer: -En nuestro caso pude constatar que las empresas
    están buscando de una manera muy madura a sus recursos
    humanos. Tenemos una licenciatura un tanto extraña, de
    Estudios Internacionales, para la que preveíamos un problema
    de marketing. Y vemos que las empresas, sobre todo los bancos, les
    están dando un lugar en paralelo a los economistas
    empresariales.

    De todos modos, hay cierta ambivalencia, parecería que
    estamos viviendo una transición en la que coexisten dos tipos
    de demanda. Por un lado, cuando se acercan a la universidad
    demuestran que sí están buscando cabezas. Pero
    después vemos una divergencia notable en los avisos de los
    diarios, donde queda claro que no buscan talento sino a alguien que
    resuelva un problema hoy: que sepa hacer algo y que lo haya mostrado
    durante cinco años en algún otro lado.

    Gore: -La madurez se ve en que la búsqueda es mucho
    más cuidadosa. Antes, un graduado universitario era alguien
    con un título, mientras que hoy se mira de qué facultad
    viene, cuáles fueron sus notas, en qué tiempo hizo la
    carrera, en qué materias anduvo bien. En la medida en que el
    conocimiento se va convirtiendo en un factor de producción,
    las empresas asumen que cuando incorporan conocimiento están
    incorporando posibilidades y miran más qué recursos
    humanos reclutan. Lo que no sé es hasta qué punto se ha
    generalizado esta política.

    Jorge Meier (ITBA): Por lo que hablamos con los jefes de
    personal de las empresas, para ellos también está claro
    que lo importante no son los conocimientos estrictamente
    técnicos sino que resaltan en forma creciente la
    formación humanística, la personalidad y las
    características de liderazgo de la persona. Este contexto
    resultó muy favorable para los ingenieros industriales, que
    además de la instrucción básica en materias como
    matemática o química reciben una formación en
    contabilidad, finanzas e investigación de mercado. Justamente
    la visión amplia que adquieren tiene tanta demanda que los
    ingenieros están invadiendo otras áreas de
    economía o administración e, incluso, están
    siendo requeridos en instituciones financieras.

    Cinat: -Hace un par de años hicimos una encuesta de
    seguimiento de nuestros egresados inmediatos: cerca de 90%
    tenía empleo, y uno de cada diez, en bancos. A los ingenieros
    de ramas más duras les resulta en cambio más
    difícil conseguir empleo, porque les falta esa visión
    global de la organización que tienen nuestros egresados.

    Osvaldo Navarro (UB): -Nosotros tenemos un sistema de
    pasantías para que los alumnos se acerquen al sector
    productivo y lo conozcan mientras estudian. Pero el contacto
    también nos sirve para evaluar nuestra oferta con respecto al
    mercado. Las debilidades que señalaron las empresas, en el
    caso de los estudiantes de contaduría, fueron tres: liderazgo
    y trabajo en equipo, creatividad en las funciones e insuficiente
    conocimiento del sector bancario. Es decir, menos en este
    último punto, hicieron hincapié en las actitudes o
    comportamientos de los alumnos antes que en su formación como
    técnicos.

    Domínguez: -Es claro que lo que ahora se busca es un
    profesional polivalente, con la materia prima necesaria para poder
    ser recreado en la empresa y trasladado a distintas posiciones. Esto
    tiene que ver con la famosa globalización. Hasta la
    década pasada teníamos dos clases de empresas: la
    local, encerrada en el mercado interno y la multinacional tradicional
    que mantenía estrategias diferenciadas para el Norte y el Sur.
    Allá, digamos, generaba estrategias y renovaba todos los
    años al Mustang, mientras que acá mantenía al
    histórico Falcon. Eso cambió; las trasnacionales tienen
    -o al menos tienden- a parámetros globales y, por otro lado,
    aparecieron Goliats nacionales.

    Esto reclama otros recursos; exige profesionales que, al menos en
    el mediano plazo, sean capaces de establecer estrategias. No es una
    tarea fácil, sobre todo porque unir la formación de un
    intelectual con la formación de un profesional ha sido una
    tarea crítica en la universidad argentina. Nos cuesta tener
    esas dos imágenes juntas. Y creo que la clave del éxito
    está en juntarlas, porque un profesional sin una
    formación global se queda en el corto plazo y un
    todólogo no puede aplicar nada de lo que sabe.

    MERCADO: -A la carrera de economía se la ha
    considerado, por lo general, una disciplina confinada al mundo
    académico o al sector público. ¿Se está
    produciendo, ahora, una inserción creciente de economistas en
    empresas de distintas ramas?

    Beccaria: -A partir de los años ´80 el mercado
    cambió para los economistas. El sector privado
    tradicionalmente absorbía a muy pocos y cuando los contrataba
    no lo hacía porque fueran economistas. Hoy es evidente que la
    matriz de salida es otra y que el mercado recluta egresados, sobre
    todo para las áreas financieras. De todos modos, más
    allá de casos particulares, la carrera de los economistas
    dentro de las empresas no tiende hacia la gerencia sino hacia la
    definición de estrategias y el relevamiento del medio en el
    que la organización se desenvuelve. Quizá sea
    éste el modo específico de inserción en el
    sector privado.

    Domínguez: -En última instancia, cuando una
    gran empresa arma su estrategia empresarial no dista mucho de lo que
    debe hacer un economista en un Estado al diseñar una
    política económica. En el fondo, la idea de
    planeamiento, de estrategia, de tener en cuenta una serie de
    variables externas a la institución, es la misma. Esto
    igualó mucho las funciones de los profesionales de uno y otro
    sector y en los países desarrollados se observa que los
    cuadros pasan de un lado a otro sin ningún tipo de problemas.

    MERCADO: -Mientras que otros países, incluso
    latinoamericanos, tienden a la profesionalización de la
    enseñanza, en la Argentina la docencia sigue siendo,
    básicamente, una segunda ocupación para los
    profesionales. ¿Es posible garantizar así la excelencia
    educativa?

    Gore: -Yo creo que los procesos que mencionábamos
    modifican la organización interna de las instituciones. En las
    universidades no sólo se enseñan teorías sino
    que también se aplican teorías acerca de cómo se
    educa a una persona. Y me parece que la teoría de que a un
    joven lo podía educar un profesional en sus tiempos libres se
    acaba. Es necesario educar con verdaderos docentes, con
    investigadores, con profesores de dedicación full time.

    Beccaria: -La falta de la carrera docente es una de las
    preocupaciones más serias dentro de la facultad de Ciencias
    Económicas, que se destaca por tener una baja
    proporción de profesores de dedicación exclusiva. Son
    investigadores, pero por fuera de la institución; ahora
    estamos tratando de articular el trabajo de esos centros o
    fundaciones con los recursos de la UBA para poder asegurar dentro de
    las cátedras una generación de recambio.

    Cinat: -Pienso que, en algunos casos, como en el de
    ingeniería industrial, es una ventaja que el docente no sea un
    full time que cuenta lo que leyó en un libro, sino un hombre
    que trabaja en la industria. En nuestra facultad, los profesores de
    dedicación exclusiva o semiexclusiva se encuentran con mayor
    frecuencia en las ciencias básicas, pero en los departamentos
    terminales es preferible que los docentes no sean teóricos
    sino gente en plena actividad.

    MERCADO: -¿Esto no equivale a hacer de la necesidad
    una virtud?

    Cinat: -No, porque el que tiene que volcar la experiencia
    es el profesor y nadie puede transmitir experiencia de algo que no
    vive.

    Meier: -Coincido plenamente, porque ése es el
    enfoque que buscamos en el ITBA.

    Sofer: -Esto nos lleva al planteo inicial. ¿Qúe
    es lo que estamos transmitiendo? ¿Conocimiento o habilidades
    básicas, como capacidad de análisis o de
    resolución de problemas? En nuestra universidad intentamos
    avanzar hacia el modelo estadounidense, donde está clara la
    separación entre grado y posgrado, entre formación
    intelectual básica y formación profesional
    específica. En la Argentina, fiel al estilo europeo, ambas
    aparecen mezcladas y hasta buena parte de la formación
    intelectual se supone que recae sobre la escuela secundaria. Coincido
    plenamente con quienes expresan la necesidad de contar con expertos
    en actividad en una escuela profesional, pero por detrás queda
    la pregunta de si eso corresponde o no al nivel de las licenciaturas.

    Domínguez: -Un tema inevitable es el financiamiento
    de la educación superior, porque cualquier intento de
    construir una institución distinta necesita recursos. Todos
    podemos tener como modelo a Harvard o Berkeley, pero esas
    universidades manejan, con 14.000 alumnos, presupuestos de US$ 1.000
    millones. Y disponen de semejantes montos porque existe la figura de
    memorial, que permite convertir impuestos en donaciones. Sin una
    legislación semejante, el desarrollo universitario queda atado
    a la matrícula, en el caso de las privadas, y al subsidio
    estatal en el de las públicas. Si queremos hacer Harvard, no
    importa si pública o privada, además de esfuerzo
    deberemos contar con dinero.

    D.A. y D.V.

     

    Los participantes

    Luis Beccaria, director del Departamento de Economía de la
    facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos
    Aires (UBA).

    Norberto Cinat, director de la carrera de Ingeniería
    Industrial de la Universidad de Buenos Aires.

    Ricardo Domínguez, director de las carreras de
    Economía y Administración de la Universidad de Belgrano
    (UB).

    Ernesto Gore, director del Departamento de Administración
    de Empresas de la Universidad San Andrés.

    Jorge Meier, director del Departamento de Ingeniería
    Industrial del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

    Osvaldo Navarro, director de las carreras de Contaduría y
    Recursos Humanos de la Universidad de Belgrano (UB).

    José Pena, director de la carrera de Administración
    de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

    Miguel Sofer, director del Departamento de Economía
    Empresarial de la Universidad Torcuato Di Tella.

     

     

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