lunes, 15 de junio de 2026

    El granero de fin de siglo

    En la primera mitad del siglo el perfil económico de la
    Argentina se definía con una imagen tan sencilla como
    elocuente: el granero del mundo. La prosperidad del país se
    asentaba en su papel de gran exportador de materias primas de origen
    agropecuario -básicamente, granos y carnes.

    Mucha agua corrió bajo los puentes desde entonces,
    incluidos numerosos ensayos industrialistas -la política de
    sustitución de importaciones, el régimen de Compre
    Nacional, entre otros- hasta comienzos de los ´90, cuando la
    globalización obligó a la Argentina a comportarse en
    sintonía con el resto del mundo.

    La preocupación por situar la evolución de las
    principales variables macroeconómicas dentro de
    parámetros comparables a los de las naciones desarrolladas o,
    al menos, a los de las calificadas como emergentes, redujo
    prácticamente a cero el espacio para el debate sobre el perfil
    productivo del país, a pesar de los esporádicos
    reclamos de pesos pesados como Francisco Macri y Roberto Rocca.

    Sin embargo, a pesar de la ausencia de ese debate, hoy, a seis
    años y medio de vigencia de la convertibilidad, es posible
    extraer algunas conclusiones que sugieren un retorno de la Argentina
    a la función de proveedor de commodities; claro que, a esta
    altura de los tiempos, ya no en un sentido tan estrictamente
    elemental.

     

    Punto de inflexión

     

    Una de esas conclusiones surge del análisis de dos casos
    testigo, los de Perez Companc y Techint. Los dos grupos
    económicos más grandes del país participaron
    exitosamente de casi todas las privatizaciones y en pocos años
    diversificaron su actividad de manera explosiva, con presencia en
    rubros tan diversos como las telecomunicaciones, la
    distribución de electricidad y la concesión de rutas y
    autopistas.

    No puede decirse que les haya ido mal, sobre todo si se
    considera que, simultáneamente, otros grandes holdings
    nacionales iban achicándose o eran absorbidos. Sin embargo,
    hace poco notaron que habían llegado a un punto de
    inflexión y comenzaron a desprenderse de sus participaciones
    en todos aquellos negocios que no tuvieran que ver con sus
    actividades tradicionales. Rubros que, como se sabe, están
    básicamente vinculados con la producción de acero, en
    el caso de Techint, y con el petróleo, en el de Perez Companc.
    En ambos casos con amplios mercados ganados en el exterior pero, al
    mismo tiempo, con un grado relativamente bajo de valor agregado.

    A partir de la página 56, junto al análisis del
    proceso que siguieron paralelamente los dos grupos, están los
    porqué en boca de sus mentores. “En los servicios la
    competencia es feroz y los precios tienden a bajar; los
    márgenes son cada vez más pequeños, a diferencia
    de lo que ocurre en la industria cuando se es un jugador global”,
    explica Paolo Rocca, de Techint. “En los últimos años
    los negocios han cambiado por la apertura económica, la
    privatización de las empresas públicas, la estabilidad
    económica en la región, el Mercosur y la agresiva
    competencia de empresas internacionales líderes”, sostiene
    Tadeo Percich, de Perez Companc.

     

    Plato fuerte, pero sencillo

     

    El Informe Especial (pág. 88) sobre la industria
    alimentaria es otra muestra en el mismo sentido. Pese a que el sector
    jamás gozó de un régimen tan favorable como el
    que benefició a la industria automotriz, es, sin duda, el
    más dinámico no sólo en términos de
    crecimiento local, sino, sobre todo, por su potencial exportador.

    Claro que no escapa a los signos de los tiempos: el explosivo
    aumento de las ventas al exterior llegó de la mano de una
    creciente concentración de la producción, un aumento
    notable de las inversiones y un gran incremento de la productividad,
    pero también de una nula generación de empleo y de un
    bajo aporte de valor agregado.

    El valor de las exportaciones argentinas de alimentos
    creció 26% en 1995 y 16% en 1996, y se espera que aumente 8%
    este año, a un nivel superior a US$ 9.500 millones. Sin
    embargo, los productos elaborados representan sólo 15% de las
    ventas al exterior, aunque si se incluye a los semielaborados la
    proporción crece a 63%.

    La economista Beatriz Nofal, que asesora a una de las dos
    cámaras del sector, es optimista: “Hay que distinguir entre la
    foto y la película. En la foto, en el total de exportaciones
    todavía predominan los productos sin elaboración, pero
    si se observa la película se descubre que las tasas de
    crecimiento más importantes en los últimos años
    se registraron en rubros de alto valor agregado, como chocolates,
    panadería, preparados alimenticios y lácteos”.

    En cambio, su colega Gerardo Gargiulo, de Copal (el otro
    nucleamiento de la industria), es más escéptico.
    “Estamos vendiendo tantos productos con valor agregado como podemos;
    tenemos facilidad para exportar semielaborados y restricciones de
    muchos países para los elaborados”, dice, y cree que mejorar
    la proporción de elaborados en el mix de las exportaciones es
    un objetivo virtualmente inalcanzable.

     

    Frente al espejo

     

    Esta imagen contradictoria y todavía incierta del perfil
    de la economía argentina surge, también, de los
    resultados de la investigación que, por cuarto año
    consecutivo, MERCADO encomendó a la firma Total Research para
    evaluar la calidad percibida de los productos y servicios que
    consumen las empresas.

    No hay, por cierto, ninguna marca local entre las seis
    estrellas que se mantienen en la lista de las top ten por cuarta vez:
    los hoteles Hyatt y Caesar Park, Hewlett-Packard, American Express,
    Swissair y Lufthansa. Otra aerolínea internacional, KLM,
    aparece en el cuadro de honor de las últimas tres encuestas.

    Las calificaciones de los propios empresarios y gerentes trazan un
    cuadro aún más sugestivo. Los sectores que exhiben un
    desempeño superior al promedio son aquellos mayoritariamente
    controlados por prestadores o proveedores extranjeros: computadoras,
    hoteles, tarjetas de crédito, equipos de fax y líneas
    aéreas internacionales.

    Contrariamente, por debajo de la media figuran aquellos rubros
    donde abundan las compañías nacionales: AFJP, tickets
    de almuerzo, universidades, seguros, ART, bancos, aerolíneas
    de cabotaje y correos locales.

     

     

    volver al índice