La designación como máximo referente
económico de la Alianza UCR-Frepaso lo catapultó a los
primeros planos con un grado de exposición como no
había tenido siquiera cuando fue importante funcionario del
gobierno de Alfonsín. “Mis colegas dirían que soy un
heterodoxo razonable que no va a hacer un desastre fiscal pero que
está dispuesto a analizar ciertas políticas
económicas que no son las superortodoxas”, dice de sí
mismo. Ese autorretrato encaja perfectamente con la actitud
pública que tuvo desde que pasó a la oposición,
en la que tuvieron igual cabida, y con idéntica firmeza,
críticas y respaldos al programa económico de Menem.
Acaso por eso es escuchado y respetado por diversos sectores que no
coincidirían en muchas cosas más. En esta extensa
entrevista con MERCADO, por primera vez, Machinea lleva al terreno
concreto de los instrumentos las ideas económicas de la
coalición opositora.
-Usted sostiene que la Argentina debe resolver ante todo tres
problemas: el desempleo, la distribución del ingreso y el poco
dinamismo de las exportaciones. ¿Qué herramientas y
políticas concretas emplearía la Alianza para
corregirlos?
-Nosotros decimos que, en primera instancia, sin crecimiento no se
puede pensar en nada. Al mismo tiempo, sostenemos que al crecimiento
hay que agregarle otras cosas para pensar en la meta social. Uno de
los principales problemas para un crecimiento sostenible es, sin
duda, el sector externo, porque esta economía empieza a crecer
y el desequilibrio del sector externo se hace muy grande. En el tema
de las exportaciones lo que no haríamos -aunque es muy
difícil dar marcha atrás- es lo que hizo el gobierno
hace un año, cuando disminuyó los reintegros. Nosotros
devolveríamos el IVA y pagaríamos esos reintegros en
tiempo y forma; no como en la actualidad, que hay más de $
3.000 millones acumulados de reintegros de IVA de distintos tipos. O
sea que el presupuesto parece ajustar todo el tiempo con la no
devolución del IVA, y básicamente con el IVA a las
exportaciones. Esto genera que los exportadores no saben si se lo
devolverán y que cuando van a un banco a pedir un
crédito no se lo toman en cuenta porque no saben si lo van a
percibir. Hay que dar seguridad de que no se van a tocar nunca
más. La otra cuestión es que hay 8.000 Pymes
exportadoras en la Argentina -que exportan menos de US$ 2 millones
cada una- y no hay ninguna política para ellas; conseguir que
dupliquen su número y aumenten fuertemente sus exportaciones
requiere muy poca plata. Lo que hace falta son medidas como fomentar
los consorcios de exportación, llevar a cabo negociaciones
comunes y abrir oficinas argentinas en el exterior. Brasil ha lanzado
ahora una campaña muy fuerte con las oficinas comerciales en
el exterior, mientras la Argentina sigue teniendo sólo
representaciones diplomáticas.
-Hasta ahora, en la Alianza no hay menciones muy
específicas a los temas de política industrial.
Más bien, parece haber una inclinación por
políticas horizontales de beneficios. ¿A qué se
debe?
-Las razones son varias. La primera es que no hemos avanzado en
eso y lo estamos trabajando con nuestros equipos técnicos.
Segundo, porque, personalmente, creo que con el Estado que tenemos
ahora no podemos ir a políticas selectivas; entonces tenemos
pensadas políticas de tipo horizontal, que tienen que ver con
recursos humanos, exportaciones, tecnología, Pymes, normas de
calidad. La otra política, la de los encadenamientos en
determinado sector, tendrá que esperar porque no hay recursos
y porque habrá que esperar a que haya prioridades. Pero hay
que tener una política, como la tienen Estados Unidos,
Alemania o los tigres asiáticos. Ahora, para políticas
sectoriales, primero no estamos en condiciones; segundo, no tenemos
los recursos y, tercero, tenemos que reconstruir el Estado para poder
hacerlo.
-¿Se puede vivir razonablemente bien en la economía
globalizada sin un conjunto de ventajas competitivas desarrolladas,
como tienen, por caso, los países del sudeste asiático
o Chile?
-Nosotros no vamos a competir en el mundo a partir de salarios
bajos. No vamos a competir con China ni con India, que se incorpora
ahora. Esa, además de ser una carrera perdida, es una carrera
que no debemos correr. Entonces, el único destino es invertir
en recursos humanos y encontrar nichos, como hizo gran parte del
sudeste asiático con una relación entre el Estado y el
sector privado realmente espectacular, con una gran disciplina.
-Otra cosa que llama la atención en la propuesta de la
Alianza, considerando el arco ideológico que la compone, es el
énfasis en el equilibrio fiscal.
-No es que haya sido tomado con fervor, pero sí con
convicción. El país ha vivido experiencias muy
traumáticas. Entonces digo: Japón puede darse el lujo
de tener más déficit fiscal para ayudarse a salir de la
recesión, pero en la Argentina se perdió ese
instrumento: no se puede aumentar el gasto público porque
automáticamente se genera un problema de expectativas en el
mercado. Sí me parece un disparate pretender cerrar el
déficit como sea en el medio de una violenta recesión,
como algunos proponían en el ´95. Pero otra cosa es plantear
la utilización del déficit como instrumento
macroeconómico. No es un problema ideológico: yo
defendería su utilización si lo tuviéramos, pero
lo hemos perdido como instrumento. Tampoco digo que tendríamos
que tener dos puntos de superávit fiscal, no soy un
fanático. Pero creo que tenemos que acostumbrarnos a que las
cosas hay que hacerlas dentro de las posibilidades que uno tiene, y
la deuda ya es lo suficientemente grande.
-¿Qué pasaría si de acá al ´99 el
gobierno, en campaña, decidiera ignorar el déficit
fiscal y aumentara el gasto desmedidamente?
-Buena pregunta. Sería de terror. Para evitar esa
posibilidad tendríamos que ir a presupuestos plurianuales como
mecanismo, pero a eso no vamos a llegar ahora. Pero creo que el
gobierno no va a hacerlo porque es consciente de que si comete
excesos va a ser castigado. Así que espero que no pase tal
cosa. Y si pasara, no sé, no quiero pensar qué
ocurriría.
-Hasta ahora, los mercados no reaccionaron negativamente a la
aparición de la Alianza. ¿Se mantendrá esa
situación?
-No sólo no reaccionaron negativamente, sino que
reaccionaron positivamente. Convengamos que en las últimas
semanas los mercados anduvieron mejor en la Argentina que en
México, Brasil y Estados Unidos. Y van a reaccionar bien si
ganara la Alianza porque este país se va a convertir en
creíble en ese momento y no antes. Pasó hasta en
México cuando ganó Cuhautémoc Cárdenas,
no después de 10 años sino de 70 años de
primacía del PRI, y subió la Bolsa de México,
porque Cárdenas está diciendo cosas razonables y porque
el país va a ser confiable en la medida en que Cárdenas
no cambie ciertas reglas macro. Pasó también con la
Convergencia en Chile.
-De algún modo pasó acá con la caída
de Domingo Cavallo…
-Exactamente.
-En varios artículos usted se refirió a los peligros
de permitir un ingreso de capitales externos absolutamente libre.
Chile lo tuvo claro desde el comienzo, pero acá tenemos el
problema de que la convertibilidad es capital externo-dependiente.
¿Cuál es el punto de equilibrio?
-Yo creo que hay capitales de distinta calidad: de largo plazo,
como los que hubo en Chile, y de corto plazo. Lo que hay que evitar
son los ciclos muy fuertes: que haya una muy fuerte entrada de
capitales, un ciclo especulativo, un aumento de la Bolsa y luego una
caída. Para evitar eso hay que utilizar todos los instrumentos
que sean necesarios, entre ellos algunas restricciones en forma de
impuestos a la entrada de capitales, que es lo que tiene Chile.
-¿Usted es consciente de que eso, acá, es un anatema?
-Bueno, éste no es el momento porque recién estamos
saliendo de la recesión. Pero uno puede pensar en impuestos a
capitales de corto plazo, o eso junto a algunas otras medidas en el
sistema financiero, porque esos capitales generan una
expansión del crédito muy grande. Entonces, a
través del aumento de los requisitos de liquidez o de ciertas
restricciones por el lado del crédito, hay que buscar
mecanismos para que las entradas de capitales no se conviertan en
burbujas. Si pudiéramos pararlos en la entrada sería
mejor, pero convengamos que en el mundo de hoy, con la
economía globalizada, resulta difícil controlarlo.
-¿Cuál es su opinión respecto del proceso que
se abre a partir de la acelerada extranjerización de la banca?
-Sinceramente, hubiera preferido que fueran banqueros locales. La
pregunta -y la preocupación- es por qué la
burguesía nacional no aparece y por qué vende
rápidamente sus empresas. Y debe ser porque todavía no
tiene suficiente confianza en el país. El Banco Central, con
sus regulaciones, de alguna manera ha incentivado esta
concentración y el arribo de banca extranjera al poner
requisitos de capital excesivamente elevados. ¿Qué pienso
una vez ocurrido este proceso? Creo que ahora tenemos un sistema
más sólido que el que teníamos en el pasado,
menos sujeto a corridas. Porque los bancos son más grandes y
porque tenemos instituciones más sólidas. Hasta la
crisis del ´95 no teníamos un Banco Central que operara como
prestamista de última instancia, no teníamos red de
seguridad, no teníamos una ley de entidades financieras que
permitiera al Banco Central actuar en forma discrecional, no
teníamos ley de garantía de depósitos. En medio
de la crisis, y después de prometer que nunca lo
harían, tuvieron que hacer todo eso. Esto no quiere decir que
hayamos resuelto el problema central del sistema financiero, que son
las tasas de interés y el acceso al crédito.
-Pero el hecho de que la banca esté cada vez más
concentrada, y en instituciones de origen extranjero, supone que la
torna menos permeable a cualquier intento del gobierno de movilizar
el instrumento financiero.
-Sí, pero creo que para eso el Estado debe utilizar
políticas específicas. Tiene que seguir habiendo banca
pública. En la situación actual, en que la banca no ha
llegado al interior, donde existen muchas ciudades que
quedarían desbancarizadas en este proceso de privatizaciones,
hay un rol para la banca pública. El Banco Nación tiene
que estar por un período largo prestándoles a las
Pymes, porque para eso está. Necesitamos mecanismos directos,
necesitamos un banco de segundo piso que funcione como en Alemania,
donde hay dos bancos que toman fondos para prestarles a las Pymes. El
Bice no funciona. Necesitamos una sociedad de garantías
recíprocas; la del Banco Nación fue anunciada hace
más de un año y todavía no funciona. Yo
volvería a mecanismos -que tendrían que estar en el
presupuesto- de subsidios de tasas de interés para Pymes.
Además de la factura conformada y del leasing. Es decir: el
problema de las Pymes no se resuelve con un solo instrumento, sino
con cinco o seis.
-Usted decía que las normas que se autoimpuso la Argentina
en materia financiera son más duras que las de los
países desarrollados. ¿Le parece que es el momento de
aflojar las tuercas?
-El argumento que se dio en su momento fue que la banca era
más endeble en la Argentina y por eso tenía
requerimientos de capital más altos. Con la presencia del
Santander, el Bilbao Vizcaya y todos los que están llegando,
en algún momento se va a plantear que ya no es tan endeble.
Entonces se va a dar la paradoja de que una vez que se haya producido
todo el proceso de entrada de la banca extranjera vamos a empezar a
aflojar los requisitos de capital porque ya no serán
necesarios. Creo que nunca fueron necesarios requisitos de capital de
la magnitud que tiene la Argentina. Sí mayores que los
países desarrollados, porque somos un país un poco
más inestable, pero hoy día tenemos exigencias de
capital 60% más altas, que siempre me parecieron una
exageración.
-¿La Alianza tiene previsto promover alguna ley
antimonopolio?
-Sí. Esa y algunas otras leyes. Nuestra idea es tener
algunos proyectos de ley y algunas propuestas en distintos
ámbitos, pero primero tenemos que trabajar en los equipos
técnicos.
-¿Está de acuerdo con el foro especial para asuntos
financieros que propuso el FMI?
-A mí me parece razonable, pero es mi opinión, no la
de la Alianza. Uno de los muchos problemas que tiene la Justicia es
que, en algunas provincias en particular, ejecutar al deudor de un
crédito demanda tres o cuatro años. A la larga, hay
bancos que dejan de prestarles a esas provincias o les exigen
garantías mayores o les cobran tasas de interés
mayores. No me parece que tengamos que usar los juzgados para evitar
esta discusión; tiene que haber un fuero que sea ejecutivo y
que atienda más rápido, para bajar realmente el costo
del crédito.
-¿Cuál debe ser la prioridad para las relaciones
exteriores argentinas: Estados Unidos, Europa o el Mercosur?
-El Mercosur, sin dudas. Esa es nuestra prioridad y allí
vamos a poner todo el esfuerzo. Lo que tenemos que hacer es encontrar
el mecanismo para negociar con Brasil y no llegar siempre tarde, no
enterarnos por los diarios de qué es lo que hace nuestro
socio. Después, tenemos que fijarnos objetivos para los
procesos de integración con el resto del mundo, porque no es
cuestión de hacer zonas de libre comercio por todos lados sino
definir qué es lo que estratégicamente conviene
más.
-En la medida en que continúe la convertibilidad, la
Brasil-dependencia del comercio exterior argentino es una cuerda que
tiende a tensarse cada vez más. ¿Qué
pasaría ante un eventual sacudón de la economía
brasileña?
-Acá hay dos cosas. Primero hay una natural
Brasil-dependencia como fruto del Mercosur; nosotros vamos a
comerciar cada vez más con Brasil y para eso es que se
estableció el acuerdo. La parte más preocupante surge
cuando vemos que somos muy competitivos con respecto a la
región y poco con respecto al resto del mundo. En las
exportaciones de origen industrial vemos que, si bien crecieron un
12% en el primer semestre del año, aumentaron 32% a Brasil y
cayeron 3% al resto del mundo. El mercado ampliado debería ser
una especie de plataforma de lanzamiento hacia los demás
mercados, en el que aprendemos a exportar y competimos con actores
más o menos similares. Yo tengo mis dudas de que esto
esté siendo así y por eso digo que, ya que no podemos
utilizar el instrumento cambiario, necesitamos políticas de
estímulos indirectos a las exportaciones para llegar a ser
competitivos a nivel mundial.
-Pero para ser más competitivos en el mercado global se
supone que deberíamos ser más productivos.
¿Cuál es la expectativa razonable de aumento de
productividad?
-No va a haber muchas más ganancias de productividad. El
shock ya se produjo. De aquí en más la ganancia
será de 2% o 3% anual, que es fantástico, pero no es lo
mismo que 7%. Nuestra competitividad ahora va a mejorar muy
lentamente, por lo que insisto en que es necesario apuntalar nuestro
perfil exportador con políticas adicionales.
-¿La flexibilización laboral es la solución al
desempleo?
-Yo creo que el tema del empleo pasa 60% por el ritmo de
crecimiento de la economía, 25% o 30% por el tema impositivo y
sólo el resto por las reglas laborales. No me parece que la
flexibilización sea urgente; es un asunto sobre el que se debe
lograr consenso entre los actores y sacarlo por ley. De todos modos,
tampoco se puede dejar de reconocer que con 16% de desempleo existe
flexibilidad de hecho. Yo digo que tenemos empleo-basura y que
así vamos en contra de la racionalidad económica.
Dolores Valle y Alejandro J. Lomuto
