viernes, 1 de mayo de 2026

    “Sin crecimiento no hay nada, pero eso no es todo”

    La designación como máximo referente
    económico de la Alianza UCR-Frepaso lo catapultó a los
    primeros planos con un grado de exposición como no
    había tenido siquiera cuando fue importante funcionario del
    gobierno de Alfonsín. “Mis colegas dirían que soy un
    heterodoxo razonable que no va a hacer un desastre fiscal pero que
    está dispuesto a analizar ciertas políticas
    económicas que no son las superortodoxas”, dice de sí
    mismo. Ese autorretrato encaja perfectamente con la actitud
    pública que tuvo desde que pasó a la oposición,
    en la que tuvieron igual cabida, y con idéntica firmeza,
    críticas y respaldos al programa económico de Menem.
    Acaso por eso es escuchado y respetado por diversos sectores que no
    coincidirían en muchas cosas más. En esta extensa
    entrevista con MERCADO, por primera vez, Machinea lleva al terreno
    concreto de los instrumentos las ideas económicas de la
    coalición opositora.

     

    -Usted sostiene que la Argentina debe resolver ante todo tres
    problemas: el desempleo, la distribución del ingreso y el poco
    dinamismo de las exportaciones. ¿Qué herramientas y
    políticas concretas emplearía la Alianza para
    corregirlos?

    -Nosotros decimos que, en primera instancia, sin crecimiento no se
    puede pensar en nada. Al mismo tiempo, sostenemos que al crecimiento
    hay que agregarle otras cosas para pensar en la meta social. Uno de
    los principales problemas para un crecimiento sostenible es, sin
    duda, el sector externo, porque esta economía empieza a crecer
    y el desequilibrio del sector externo se hace muy grande. En el tema
    de las exportaciones lo que no haríamos -aunque es muy
    difícil dar marcha atrás- es lo que hizo el gobierno
    hace un año, cuando disminuyó los reintegros. Nosotros
    devolveríamos el IVA y pagaríamos esos reintegros en
    tiempo y forma; no como en la actualidad, que hay más de $
    3.000 millones acumulados de reintegros de IVA de distintos tipos. O
    sea que el presupuesto parece ajustar todo el tiempo con la no
    devolución del IVA, y básicamente con el IVA a las
    exportaciones. Esto genera que los exportadores no saben si se lo
    devolverán y que cuando van a un banco a pedir un
    crédito no se lo toman en cuenta porque no saben si lo van a
    percibir. Hay que dar seguridad de que no se van a tocar nunca
    más. La otra cuestión es que hay 8.000 Pymes
    exportadoras en la Argentina -que exportan menos de US$ 2 millones
    cada una- y no hay ninguna política para ellas; conseguir que
    dupliquen su número y aumenten fuertemente sus exportaciones
    requiere muy poca plata. Lo que hace falta son medidas como fomentar
    los consorcios de exportación, llevar a cabo negociaciones
    comunes y abrir oficinas argentinas en el exterior. Brasil ha lanzado
    ahora una campaña muy fuerte con las oficinas comerciales en
    el exterior, mientras la Argentina sigue teniendo sólo
    representaciones diplomáticas.

     

    -Hasta ahora, en la Alianza no hay menciones muy
    específicas a los temas de política industrial.
    Más bien, parece haber una inclinación por
    políticas horizontales de beneficios. ¿A qué se
    debe?

    -Las razones son varias. La primera es que no hemos avanzado en
    eso y lo estamos trabajando con nuestros equipos técnicos.
    Segundo, porque, personalmente, creo que con el Estado que tenemos
    ahora no podemos ir a políticas selectivas; entonces tenemos
    pensadas políticas de tipo horizontal, que tienen que ver con
    recursos humanos, exportaciones, tecnología, Pymes, normas de
    calidad. La otra política, la de los encadenamientos en
    determinado sector, tendrá que esperar porque no hay recursos
    y porque habrá que esperar a que haya prioridades. Pero hay
    que tener una política, como la tienen Estados Unidos,
    Alemania o los tigres asiáticos. Ahora, para políticas
    sectoriales, primero no estamos en condiciones; segundo, no tenemos
    los recursos y, tercero, tenemos que reconstruir el Estado para poder
    hacerlo.

     

    -¿Se puede vivir razonablemente bien en la economía
    globalizada sin un conjunto de ventajas competitivas desarrolladas,
    como tienen, por caso, los países del sudeste asiático
    o Chile?

    -Nosotros no vamos a competir en el mundo a partir de salarios
    bajos. No vamos a competir con China ni con India, que se incorpora
    ahora. Esa, además de ser una carrera perdida, es una carrera
    que no debemos correr. Entonces, el único destino es invertir
    en recursos humanos y encontrar nichos, como hizo gran parte del
    sudeste asiático con una relación entre el Estado y el
    sector privado realmente espectacular, con una gran disciplina.

     

    -Otra cosa que llama la atención en la propuesta de la
    Alianza, considerando el arco ideológico que la compone, es el
    énfasis en el equilibrio fiscal.

    -No es que haya sido tomado con fervor, pero sí con
    convicción. El país ha vivido experiencias muy
    traumáticas. Entonces digo: Japón puede darse el lujo
    de tener más déficit fiscal para ayudarse a salir de la
    recesión, pero en la Argentina se perdió ese
    instrumento: no se puede aumentar el gasto público porque
    automáticamente se genera un problema de expectativas en el
    mercado. Sí me parece un disparate pretender cerrar el
    déficit como sea en el medio de una violenta recesión,
    como algunos proponían en el ´95. Pero otra cosa es plantear
    la utilización del déficit como instrumento
    macroeconómico. No es un problema ideológico: yo
    defendería su utilización si lo tuviéramos, pero
    lo hemos perdido como instrumento. Tampoco digo que tendríamos
    que tener dos puntos de superávit fiscal, no soy un
    fanático. Pero creo que tenemos que acostumbrarnos a que las
    cosas hay que hacerlas dentro de las posibilidades que uno tiene, y
    la deuda ya es lo suficientemente grande.

     

    -¿Qué pasaría si de acá al ´99 el
    gobierno, en campaña, decidiera ignorar el déficit
    fiscal y aumentara el gasto desmedidamente?

    -Buena pregunta. Sería de terror. Para evitar esa
    posibilidad tendríamos que ir a presupuestos plurianuales como
    mecanismo, pero a eso no vamos a llegar ahora. Pero creo que el
    gobierno no va a hacerlo porque es consciente de que si comete
    excesos va a ser castigado. Así que espero que no pase tal
    cosa. Y si pasara, no sé, no quiero pensar qué
    ocurriría.

     

    -Hasta ahora, los mercados no reaccionaron negativamente a la
    aparición de la Alianza. ¿Se mantendrá esa
    situación?

    -No sólo no reaccionaron negativamente, sino que
    reaccionaron positivamente. Convengamos que en las últimas
    semanas los mercados anduvieron mejor en la Argentina que en
    México, Brasil y Estados Unidos. Y van a reaccionar bien si
    ganara la Alianza porque este país se va a convertir en
    creíble en ese momento y no antes. Pasó hasta en
    México cuando ganó Cuhautémoc Cárdenas,
    no después de 10 años sino de 70 años de
    primacía del PRI, y subió la Bolsa de México,
    porque Cárdenas está diciendo cosas razonables y porque
    el país va a ser confiable en la medida en que Cárdenas
    no cambie ciertas reglas macro. Pasó también con la
    Convergencia en Chile.

     

    -De algún modo pasó acá con la caída
    de Domingo Cavallo…

    -Exactamente.

     

    -En varios artículos usted se refirió a los peligros
    de permitir un ingreso de capitales externos absolutamente libre.
    Chile lo tuvo claro desde el comienzo, pero acá tenemos el
    problema de que la convertibilidad es capital externo-dependiente.
    ¿Cuál es el punto de equilibrio?

    -Yo creo que hay capitales de distinta calidad: de largo plazo,
    como los que hubo en Chile, y de corto plazo. Lo que hay que evitar
    son los ciclos muy fuertes: que haya una muy fuerte entrada de
    capitales, un ciclo especulativo, un aumento de la Bolsa y luego una
    caída. Para evitar eso hay que utilizar todos los instrumentos
    que sean necesarios, entre ellos algunas restricciones en forma de
    impuestos a la entrada de capitales, que es lo que tiene Chile.

     

    -¿Usted es consciente de que eso, acá, es un anatema?

    -Bueno, éste no es el momento porque recién estamos
    saliendo de la recesión. Pero uno puede pensar en impuestos a
    capitales de corto plazo, o eso junto a algunas otras medidas en el
    sistema financiero, porque esos capitales generan una
    expansión del crédito muy grande. Entonces, a
    través del aumento de los requisitos de liquidez o de ciertas
    restricciones por el lado del crédito, hay que buscar
    mecanismos para que las entradas de capitales no se conviertan en
    burbujas. Si pudiéramos pararlos en la entrada sería
    mejor, pero convengamos que en el mundo de hoy, con la
    economía globalizada, resulta difícil controlarlo.

     

    -¿Cuál es su opinión respecto del proceso que
    se abre a partir de la acelerada extranjerización de la banca?

    -Sinceramente, hubiera preferido que fueran banqueros locales. La
    pregunta -y la preocupación- es por qué la
    burguesía nacional no aparece y por qué vende
    rápidamente sus empresas. Y debe ser porque todavía no
    tiene suficiente confianza en el país. El Banco Central, con
    sus regulaciones, de alguna manera ha incentivado esta
    concentración y el arribo de banca extranjera al poner
    requisitos de capital excesivamente elevados. ¿Qué pienso
    una vez ocurrido este proceso? Creo que ahora tenemos un sistema
    más sólido que el que teníamos en el pasado,
    menos sujeto a corridas. Porque los bancos son más grandes y
    porque tenemos instituciones más sólidas. Hasta la
    crisis del ´95 no teníamos un Banco Central que operara como
    prestamista de última instancia, no teníamos red de
    seguridad, no teníamos una ley de entidades financieras que
    permitiera al Banco Central actuar en forma discrecional, no
    teníamos ley de garantía de depósitos. En medio
    de la crisis, y después de prometer que nunca lo
    harían, tuvieron que hacer todo eso. Esto no quiere decir que
    hayamos resuelto el problema central del sistema financiero, que son
    las tasas de interés y el acceso al crédito.

     

    -Pero el hecho de que la banca esté cada vez más
    concentrada, y en instituciones de origen extranjero, supone que la
    torna menos permeable a cualquier intento del gobierno de movilizar
    el instrumento financiero.

    -Sí, pero creo que para eso el Estado debe utilizar
    políticas específicas. Tiene que seguir habiendo banca
    pública. En la situación actual, en que la banca no ha
    llegado al interior, donde existen muchas ciudades que
    quedarían desbancarizadas en este proceso de privatizaciones,
    hay un rol para la banca pública. El Banco Nación tiene
    que estar por un período largo prestándoles a las
    Pymes, porque para eso está. Necesitamos mecanismos directos,
    necesitamos un banco de segundo piso que funcione como en Alemania,
    donde hay dos bancos que toman fondos para prestarles a las Pymes. El
    Bice no funciona. Necesitamos una sociedad de garantías
    recíprocas; la del Banco Nación fue anunciada hace
    más de un año y todavía no funciona. Yo
    volvería a mecanismos -que tendrían que estar en el
    presupuesto- de subsidios de tasas de interés para Pymes.
    Además de la factura conformada y del leasing. Es decir: el
    problema de las Pymes no se resuelve con un solo instrumento, sino
    con cinco o seis.

     

    -Usted decía que las normas que se autoimpuso la Argentina
    en materia financiera son más duras que las de los
    países desarrollados. ¿Le parece que es el momento de
    aflojar las tuercas?

    -El argumento que se dio en su momento fue que la banca era
    más endeble en la Argentina y por eso tenía
    requerimientos de capital más altos. Con la presencia del
    Santander, el Bilbao Vizcaya y todos los que están llegando,
    en algún momento se va a plantear que ya no es tan endeble.
    Entonces se va a dar la paradoja de que una vez que se haya producido
    todo el proceso de entrada de la banca extranjera vamos a empezar a
    aflojar los requisitos de capital porque ya no serán
    necesarios. Creo que nunca fueron necesarios requisitos de capital de
    la magnitud que tiene la Argentina. Sí mayores que los
    países desarrollados, porque somos un país un poco
    más inestable, pero hoy día tenemos exigencias de
    capital 60% más altas, que siempre me parecieron una
    exageración.

     

    -¿La Alianza tiene previsto promover alguna ley
    antimonopolio?

    -Sí. Esa y algunas otras leyes. Nuestra idea es tener
    algunos proyectos de ley y algunas propuestas en distintos
    ámbitos, pero primero tenemos que trabajar en los equipos
    técnicos.

     

    -¿Está de acuerdo con el foro especial para asuntos
    financieros que propuso el FMI?

    -A mí me parece razonable, pero es mi opinión, no la
    de la Alianza. Uno de los muchos problemas que tiene la Justicia es
    que, en algunas provincias en particular, ejecutar al deudor de un
    crédito demanda tres o cuatro años. A la larga, hay
    bancos que dejan de prestarles a esas provincias o les exigen
    garantías mayores o les cobran tasas de interés
    mayores. No me parece que tengamos que usar los juzgados para evitar
    esta discusión; tiene que haber un fuero que sea ejecutivo y
    que atienda más rápido, para bajar realmente el costo
    del crédito.

     

    -¿Cuál debe ser la prioridad para las relaciones
    exteriores argentinas: Estados Unidos, Europa o el Mercosur?

    -El Mercosur, sin dudas. Esa es nuestra prioridad y allí
    vamos a poner todo el esfuerzo. Lo que tenemos que hacer es encontrar
    el mecanismo para negociar con Brasil y no llegar siempre tarde, no
    enterarnos por los diarios de qué es lo que hace nuestro
    socio. Después, tenemos que fijarnos objetivos para los
    procesos de integración con el resto del mundo, porque no es
    cuestión de hacer zonas de libre comercio por todos lados sino
    definir qué es lo que estratégicamente conviene
    más.

     

    -En la medida en que continúe la convertibilidad, la
    Brasil-dependencia del comercio exterior argentino es una cuerda que
    tiende a tensarse cada vez más. ¿Qué
    pasaría ante un eventual sacudón de la economía
    brasileña?

    -Acá hay dos cosas. Primero hay una natural
    Brasil-dependencia como fruto del Mercosur; nosotros vamos a
    comerciar cada vez más con Brasil y para eso es que se
    estableció el acuerdo. La parte más preocupante surge
    cuando vemos que somos muy competitivos con respecto a la
    región y poco con respecto al resto del mundo. En las
    exportaciones de origen industrial vemos que, si bien crecieron un
    12% en el primer semestre del año, aumentaron 32% a Brasil y
    cayeron 3% al resto del mundo. El mercado ampliado debería ser
    una especie de plataforma de lanzamiento hacia los demás
    mercados, en el que aprendemos a exportar y competimos con actores
    más o menos similares. Yo tengo mis dudas de que esto
    esté siendo así y por eso digo que, ya que no podemos
    utilizar el instrumento cambiario, necesitamos políticas de
    estímulos indirectos a las exportaciones para llegar a ser
    competitivos a nivel mundial.

     

    -Pero para ser más competitivos en el mercado global se
    supone que deberíamos ser más productivos.
    ¿Cuál es la expectativa razonable de aumento de
    productividad?

    -No va a haber muchas más ganancias de productividad. El
    shock ya se produjo. De aquí en más la ganancia
    será de 2% o 3% anual, que es fantástico, pero no es lo
    mismo que 7%. Nuestra competitividad ahora va a mejorar muy
    lentamente, por lo que insisto en que es necesario apuntalar nuestro
    perfil exportador con políticas adicionales.

     

    -¿La flexibilización laboral es la solución al
    desempleo?

    -Yo creo que el tema del empleo pasa 60% por el ritmo de
    crecimiento de la economía, 25% o 30% por el tema impositivo y
    sólo el resto por las reglas laborales. No me parece que la
    flexibilización sea urgente; es un asunto sobre el que se debe
    lograr consenso entre los actores y sacarlo por ley. De todos modos,
    tampoco se puede dejar de reconocer que con 16% de desempleo existe
    flexibilidad de hecho. Yo digo que tenemos empleo-basura y que
    así vamos en contra de la racionalidad económica.

     

    Dolores Valle y Alejandro J. Lomuto

     

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