La ciudad de Santa Fe fue fundada en 1573 por Juan de Garay, a
orillas del Paraná, donde hoy está la localidad de
Cayastá. Ochenta años después, asediada por los
indios, se trasladó 82 kilómetros al sur, para
asentarse sobre una angosta faja de tierra limitada al oeste y al sur
por el río Salado, y al este por la laguna Setúbal o
Guadalupe, que en rigor es una extensión del Paraná.
Sólo por el norte quedó enlazada a tierra firme.
En esa situación, Santa Fe fue adquiriendo de a poco su
fisonomía y su personalidad. Los santafesinos son gente amable
y pacífica, con algo de familiaridad pueblerina, afectos al
tuteo y a los apodos. Dicen estar acostumbrados a una sociedad sin
sorpresas, donde todos se conocen. Aman el carácter casi
insular de su ciudad, pródiga en puentes, bañados y
costaneras. La pesca, la navegación, las islas y el agua
definen su calidad de vida y constituyen un atractivo más para
el turismo y las inversiones.
Como en todas las ciudades más antiguas de la
región, en Santa Fe la Iglesia católica es un actor
importante. El colegio jesuítico educó a la clase alta
y los conventos de San Francisco y Santo Domingo, así como la
basílica de Guadalupe, forman parte de su acervo
arquitectónico. Semejante presencia contribuyó a volver
conservadores a los santafesinos, cuyos sectores más
tradicionales son normalmente religiosos y definen a la vecina
capital entrerriana, Paraná, como una ciudad laica y liberal.
El peso histórico de la ciudad, sede habitual de las
convenciones constituyentes, refuerza su afecto por las
instituciones.
Antigua, conservadora y respetuosa de las tradiciones, Santa Fe
contrasta con su hermana Rosario, reciente, cosmopolita, inclinada al
socialismo y al radicalismo, colonizada por la inmigración
hace un par de generaciones. Mientras Rosario canalizó el
empuje industrial, la capital conservó el poder
administrativo. De esa polarización, así como del
carácter portuario de ambas, nació una rivalidad que
afecta el funcionamiento de la provincia. “En Rosario hay sectores
que hablan de escisión”, exageran algunos santafesinos. Lejos
de avivar delirios separatistas, las generaciones más
jóvenes de dirigentes políticos, empresariales y
universitarios prefieren buscar los caminos de la
complementación.
Por su aspecto empobrecido y su ritmo pueblerino, sin vida
nocturna ni grandes excitaciones, Santa Fe no da la imagen de una
ciudad que alberga a casi 500.000 habitantes -incluida la vecina
Santo Tomé- ni la de la capital de una de las tres provincias
más poderosas de la Argentina. Tampoco se advierte
fácilmente que en los últimos tiempos el oeste de la
ciudad se pobló de villas de emergencia ocupadas
principalmente por inmigrantes provenientes de Chaco, Formosa,
Santiago del Estero, Bolivia y Paraguay. Lo que sí es notorio
es la inseguridad urbana, que aumentó a medida que se retrajo
la poco importante industria local y que los comercios
reducían su número en alrededor de 30%.
Actualmente, de sus 13.000 establecimientos, 47,8 % son comercios,
11,9% están dedicados a la salud y la educación, 9,7%
son inmobiliarias, 6,5%, talleres mecánicos, 5,9%, industrias,
3%, hoteles y restaurantes, 1,5%, dedicados a transporte y
comunicaciones, 1,3%, entidades financieras, y el resto, diversos
servicios. En los tres primeros casos la ciudad supera los promedios
nacionales, que son de 46% para los comercios y 7,4% tanto para salud
y educación como para inmobiliarias; en otros, en cambio,
está por debajo (industrias, 7,8%, y hoteles y restaurantes,
4,3%).
La distribución del empleo también es significativa:
en 1995 45% de los trabajadores prestaba servicios en el sector
privado, 43% lo hacía en el sector público y 12% era
personal de servicio doméstico. La proporción de empleo
público tiende a disminuir, pero la contracción del
Estado genera el desafío de encontrar un proyecto de
desarrollo diferente, capaz de absorber empleo.
Conocer es poder
Algunas características, hasta ahora poco valoradas,
podrían servir de plataforma para ese proyecto. La Universidad
Nacional del Litoral (UNL) es una de las más prestigiosas del
país: su carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales, que
concentra nada menos que 28,6% del total de su alumnado, ha dado
nombres importantes al país; su Facultad de Arquitectura es
considerada de vanguardia y ha producido proyectos que recibieron
premios internacionales, y su Facultad de Ingeniería
Química, la más antigua del país, goza de
reconocimiento académico en todo el mundo.
A semejante centro de producción de saber, cuya oferta
abarca 34 carreras y 41 posgrados, hay que añadir la
Universidad Católica, la Universidad Tecnológica, el
Instituto Tecnológico (Intec, producto de la
colaboración entre la UNL y el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicet) y el
Centro Regional de Investigación y Desarrollo (Ceride),
principal órgano de investigación tecnológica.
Ese conjunto representa la mayor ventaja comparativa de Santa Fe.
Por eso, el proyecto de desarrollo al que apuntan tanto los sectores
universitarios como los productivos -nucleados principalmente en la
Unión Industrial de Santa Fe (UISF), la Bolsa de Comercio
local y el Centro Comercial- postula convertir la ciudad en un centro
de generación de conocimiento y tecnología.
“Eso ampliará nuestra oferta profesional y
tecnológica y mejorará nuestro atractivo como centro de
inversión”, dice Jorge Sobrero, vicepresidente del Centro
Comercial, entidad que agrupa a las empresas comerciales, de
servicios y buena parte de las industriales. “Hoy en día
-agrega- 70% de las empresas mundialmente importantes prioriza la
facilidad para acceder al conocimiento a la hora de elegir sus
enclaves. Esperamos que de la mano del desarrollo científico y
tecnológico se monten, por ejemplo, industrias alimentarias de
alto valor agregado para la cuenca lechera de la que somos centro, y
para la soja, que tiene multitud de subproductos.”
En esa dirección, la UNL, las entidades intermedias del
empresariado y la Intendencia están empeñando esfuerzos
coincidentes en la construcción de la ciudad universitaria y
en el tejido de una red de comunicación e intercambio lo
más fluida posible entre las empresas y la Universidad. Para
ello, la UNL cuenta con un Centro para la Transferencia de Resultados
de la Investigación, que fue fundado en 1994 y tiene 201
proyectos en marcha. “Ya se están viendo los primeros
resultados de esta apertura destinada a aliar a la UNL con las
empresas y los gobiernos, para promover el desarrollo”, se entusiasma
Hugo Storero, rector de la casa de estudios.
Pero mientras fija el horizonte de mediano plazo en la
producción de conocimiento, en lo inmediato la clase dirigente
santafesina mira hacia el puerto. El dragado del Paraná,
destinado a permitir el paso de los grandes buques Panamax, y el
proyecto de la hidrovía Paraná-Paraguay-Tieté
son propulsados como una herramienta indispensable para integrarse al
comercio global y revisten extrema urgencia, según los
dirigentes locales, de cara al florecimiento de la industria minera
en el Noroeste y a la expansión de la industria lechera en la
cuenca del oeste y el centro de la provincia. Junto a las aceiteras,
esos sectores serían los principales clientes del puerto de
Santa Fe.
La reactivación se hace urgente también por razones
de rivalidad: porque Rosario inició un camino similar. “Pero
Santa Fe está más al norte, mejor colocada respecto del
noroeste del país”, dice Antonio Medina, presidente de la
Bolsa de Comercio de la ciudad.
Las entidades intermedias santafesinas se ocupan, junto al Ente
Portuario, del trabajo de planificación y negociación
para licitar la explotación de la terminal antes del
año que viene. Pero hacerla rentable requiere una fuerte
inversión ferrioviaria, que los ferrocarriles no quieren
enfrentar sin garantías. “Por eso estamos tratando de juntar
en la misma mesa a las mineras del Noroeste y a los ferroviarios, de
modo que la inversión quede avalada por los prestadores del
servicio y por los usuarios”, explica Miguel Bullrich, diputado del
Partido Demócrata Progresista (PDP) y miembro de la opositora
Alianza Santafesina, que esa agrupación integra junto a la
Unión Cívica Radical (UCR) y el Frepaso, y que
perdió las últimas elecciones por tan sólo 1,5%
de los votos.
El resurgimiento de la actividad protuaria es visto por los
santafesinos como un remedio inmediato contra el desempleo. Sobre
todo, porque el proyecto necesita una autopista Santa
Fe-Córdoba y un puente entre Paraná y Santa Fe que
compense las limitaciones del túnel subfluvial. “El
túnel no soporta los grandes camiones que vienen de Brasil y
van hacia allá, pero puede seguir atendiendo el
tránsito menor y es apto para recibir un ferrocarril, algo muy
necesario”, explica Medina.
Gobiernos bajo la lupa
Todos esos proyectos son recientes y no son consecuencia de la
acción de gobierno, que, según todos los testimonios,
dejó bastante que desear. Carlos Reutemann -gobernador en
1991/95- es considerado como un ejemplo de honestidad que
acabó con las sospechas de corrupción que
caracterizaron los mandatos de José María Vernet
(1983/87) y Víctor Reviglio (1987/91).
Respecto del actual mandatario, Jorge Obeid, es bien recordada su
gestión (1987/95) como intendente de la ciudad capital, pero,
según un importante dirigente empresario, “tampoco ha hecho
una gestión para el desarrollo; se concentró en la
privatización del banco provincial, pero lo demás
está paralizado, en parte por la oposición interna de
los propios reutemannistas”.
En fuentes empresarias también es posible escuchar
críticas a la postura de la gobernación frente a temas
como el Mercosur: “Otras provincias desarrollan planes de fomento a
las exportaciones desde hace años, mientras Santa Fe espera”,
se queja un dirigente. “Lo lógico sería que Obeid
busque en la oposición el apoyo que no consigue en su partido,
pero no quiere sacar los pies del plato y eso perjudica a la
provincia”, sostiene el diputado Bullrich.
La administración municipal, en cambio, tiene mejor
crítica. El intendente Horacio Rosatti es elogiado por su
acción por la puesta a punto de la ciudad, lo que se refleja
en las numerosas obras de asfaltado y alumbrado público,
así como en el remozamiento de plazas y otros lugares
públicos. También merecen opiniones favorables el
fomento de la cultura y la preocupación por integrar mejor a
Santa Fe como un gran conurbano.
Sin embargo, dirigentes políticos y empresariales coinciden
en que esos esfuerzos no son suficientes para asegurarle a Santa Fe
un futuro promisorio, y advierten que ello sólo podrá
alcanzarse a través de la alianza del frente productivo con
los gobiernos y las universidades.
La lucha por sobrevivir
Más allá de algunos casos excepcionales, vinculados
sobre todo a la industria láctea, el mapa empresarial
santafesino muestra abrumadora mayoría de Pymes con escaso o
nulo acceso al crédito y casi sin otro objetivo que el de no
desaparecer del mercado.
La actividad industrial de la ciudad de Santa Fe está
dominada por la producción de alimentos y bebidas, que
concentra casi 37% de los 780 establecimientos fabriles de la ciudad,
incluyendo cinco de las siete empresas existentes con más de
100 empleados. El sector, en el que tiene fuerte preponderancia la
actividad lechera, concentra 47% del empleo.
El otro gran rubro industrial es el de la producción
metalúrgica y de maquinaria y equipos, compuesto por
compañías pequeñas y medianas que representan
32% de las firmas manufactureras de la ciudad pero, golpeadas por la
recesión, absorben apenas 20% del empleo fabril.
También son importantes las 61 editoriales que significan 8%
de las empresas industriales y 9,6% de la fuerza laboral.
Además, la ciudad es sede de establecimientos productores de
madera, papel, cartón, cemento, cerámica, vidrio,
plástico, químicos y textiles.
Sin embargo, el único sector que ha registrado inversiones
importantes en los últimos tiempos es el de la
alimentación. En algunos casos, con desarrollos propios, como
el de la láctea Milkaut. En otros, con inyección de
capitales extranjeros, como el de Cervecera Santa Fe, que fue
absorbida por su colega Schneider, de propiedad chilena; como
consecuencia de esa operación, la fábrica local fue
automatizada y la marca cobró fuerte impulso en el mercado
local, lo que obligó a Quilmes a reforzar su inversión
en promociones y presencia en puntos de venta.
En otro orden, la instalación en Resistencia de una filial
de la chilena Altas Líneas Aéreas comunica por primera
vez, directamente por aire, a Santa Fe con Rosario, Resistencia,
Córdoba, Tucumán, Salta, Catamarca, Formosa, Posadas y
Asunción, con posibilidades de llegar pronto a Brasil.
Naturalmente, ello es un nuevo estímulo a la
integración regional.
De acuerdo con los datos de un relevamiento hecho por la
Municipalidad de Santa Fe, 83% de las industrias radicadas en la
ciudad son de capital familiar; 73% tiene una única gerencia y
15% sólo dos gerentes, 36% son de propiedad unipersonal, 30,5%
son sociedades de responsabilidad limitada y sólo 14% son
sociedades anónimas, y en 89% de los casos no hay gerentes que
no sean socios. Por otra parte, 54,5% de las compañías
consideran que el precio es la clave de la competitividad, mientras
26% sostiene que la variable determinante es la calidad.
Además, 37% de los encuestados considera que sus productos
están siendo desplazados del mercado. De esa
proporción, 25% cree que la causa está en otros
productos locales y 38%, que se debe a la introducción de
artículos importados.
Pese a que los datos sugieren un panorama de estancamiento o de
escaso desarrollo, la Municipalidad detectó que 800 empresas
realizaron mejoras de diversa índole, en 76% de los casos sin
colaboración externa y en 82% con resultados satisfactorios.
Claro que en 60% de los casos el motivo de las inversiones fue,
simplemente, el de sobrevivir sin ser desplazado del mercado.
En otro orden, 67% de las empresas santafesinas coincidió
en que la principal dificultad es la ausencia de financiamiento para
nuevos proyectos. De hecho, 45% de las compañías
relevadas opera con una sola entidad financiera y 23%, con dos. No
obstante, 57% de las firmas declaró haber comprado equipos
nuevos durante el último bienio.
Otro resultado importante -y no precisamente alentador- de la
muestra es que la industria santafesina posee un bajo grado de
integración y de movilidad: apenas 27% de las firmas decide su
producción sobre la base de información de demanda
posible, 71% no realiza producción para otras empresas y 62%
no conoce siquiera las normas ISO 9000.
Vale la pena completar el retrato dibujado por el relevamiento
municipal con el análisis de algunos casos particulares.
Blanca y radiante
En Milkaut “conviven de un modo bastante especial una cooperativa
originaria y una sociedad anónima de su propiedad”, dice
Hernán Zambón, director general ejecutivo de la firma.
Cuenta que se trata de la primera cooperativa láctea del
país, que fue fundada en 1925 por descendientes de suizos,
italianos y alemanes, y que reunió inicialmente a 29
productores. Llegó a adquirir 26 cremerías dedicadas a
elaborar suero y manteca. A partir de los años ´50 se
diversificó. “Hoy tenemos 200 artículos, como Sancor y
La Serenísima, que son las únicas lecherías
más grandes que nosotros en la Argentina”, dice Zambón.
Milkaut procesa 1,2 millón de litros de leche por
día, contra dos millones de La Serenísima y cuatro
millones de Sancor. Además de leche en polvo, UAT, de larga
duración y pasteurizada, fabrica quesos, yogures, crema,
manteca, dulce de leche, postres, flanes y lactosa. “La única
planta de lactosa y proteína de América del Sur es
nuestra”, se enorgullece Zambón, y agrega que allí se
procesan 500.000 litros de suero por día.
El principal complejo industrial de Milkaut se encuentra en
Franck, una pequeña localidad cercana a Santa Fe.
Además, la compañía tiene plantas en la capital
provincial, Colonia Nueva y Resistencia, y acaba de comprar una
lechería cordobesa, Windi, que procesa 200.000 litros por
día.
“La cooperativa suma hoy 1.300 productores y factura unos $ 170
millones, de los cuales $ 30 millones provienen de exportaciones”,
afirma Zambón, y revela que las expectativas de crecimiento
alcanzan a 8% interanual durante el próximo quinquenio, lo que
representa casi el doble del promedio del sector. Milkaut exporta
quesos a Estados Unidos, Canadá, Japón, Italia y
Alemania. En América latina Brasil concentra 85% de sus
exportaciones y Chile, Paraguay y Uruguay se reparten el resto en
proporciones parecidas.
En 1996 la empresa invirtió más de $ 20 millones en
nuevas plantas y para este año están previstas
inversiones por otros $ 13 millones, destinados a la
modernización y la ampliación de plantas y
depósitos, y a la instalación de una fábrica de
quesos. “Además, esperamos cerrar antes de fin de año
un negocio con otra empresa láctea, lo que nos
permitiría pasar a procesar 1,6 millón de litros por
día y a facturar $ 200 millones”, anticipa Zambón.
Semejante desarrollo ha puesto a Milkaut en la mira de grandes
inversores. Pero la empresa toma las cosas con calma: “Queremos
evaluar nuestro precio y vender para crecer”, advierte Zambón.
Especialistas en derecho
Rubinzal y Asociados es la principal editorial santafesina
dedicada por completo a las ciencias jurídicas. Fundada en
1967 por Isaac Rubinzal, fue primero distribuidora, y es editora
desde 1977. “Nos ha ido medianamente bien: estamos lanzando al
mercado nuestro libro número 223 y tenemos un par de
publicaciones periódicas; apuntamos a un nicho
específico, no tenemos un público masivo ni altas
facturaciones”, cuenta el fundador.
“Se trata de una empresa personal, de trabajo y no de capital; las
editoriales técnicas no son siquiera familiares, no perduran
por generaciones”, explica Rubinzal, quien apunta que acaso la
única excepción en la Argentina es la empresa editora
de La Ley. El editor explica que tiene dos canales de
distribución: por un lado, los libreros jurídicos y,
por otro, un equipo de ventas que visita estudios en todo el
país.
“Si reunimos la editora y la distribuidora quedamos ubicados en el
sector de las editoriales intermedias, que facturan entre $ 4 y 5
millones”, indica, y agrega que “es poco para una empresa con casi 60
personas.” Además, la compañía coloca parte de
su producción en el exterior: Chile -principalmente-,
Paraguay, Uruguay y, en menor medida, México.
En 1996 el sello Rubinzal y Cursoni editó 23
títulos, a razón de 3.000 ejemplares cada uno. “La
llave del éxito en esta actividad es doble: buena
distribución y calidad autoral, lo que implica temas
oportunos”, asegura el editor.
Rubinzal enumera otras claves: “Por fortuna -dice-, la Argentina
es un país con un alto nivel intelectual. Tenemos algún
autor colombiano y otro mexicano, pero el resto son todos argentinos.
Esta riqueza nacional no es común en América latina. El
actual intendente de Santa Fe, por ejemplo, es autor de la obra
más importante que se ha escrito en el país sobre
derecho municipal. Santa Fe es un importante polo de
producción de teoría jurídica. Tenemos
aquí a una figura de estatura internacional, como Jorge Mosset
Iturraspe, y hay varios otros. Quizá tenga que ver con la
larga tradición jurídica de la Universidad Nacional del
Litoral”.
Mucha agua bajo los puentes
La francesa Lyonnaise des Eaux se hizo cargo de Aguas Provinciales
de Santa Fe en diciembre de 1995. Un año después
había invertido $ 46 millones en obras de infraestructura y,
mediante proyectos que ya existían y respetando licitaciones
públicas previas, elevó la capacidad de la planta
potabilizadora de Santa Fe de 100 a 195 millones de litros diarios, y
la de Rosario de 350 a 450 millones de litros, asegura Reinaldo
Avilé, gerente de Relaciones Públicas de la
compañía privatizada.
“También comenzamos a mejorar toda la red de
distribución, que no había sido mantenida y en algunos
tramos tiene hasta 100 años de antigüedad”, dice
Avilé, y añade que durante el primer año se
rehabilitaron 30 kilómetros de viejas cañerías y
se extendió 4% la red cloacal, un crecimiento equivalente al
que había tenido en los 10 años previos.
Aguas Provinciales maneja 90.000 cuentas en Santa Fe y 350.000 en
Rosario. Cada cuenta representa entre 3,5 y cuatro personas. En
total, la provincia reúne unas 550.000 cuentas. “A fin del
año pasado, la encuestadora Mónica Kleinmann
realizó una encuesta entre nuestros clientes, que
determinó que 93% estaban satisfechos o muy satisfechos, y
sólo 7% estaban insatisfechos”, indica Avilé.
Además de proveer agua potable, Aguas Provinciales realiza
el tratamiento primario de los efluentes cloacales. “A partir del
octavo año de concesión nos encargaremos también
del tratamiento secundario, para lanzar al río agua limpia”,
anuncia el gerente, y explica que eso no ocurrirá antes porque
la compañía tiene “una serie de metas previas,
más urgentes”. Entre las ya concretadas cita el acueducto
noroeste de la ciudad de Santa Fe, “7.500 metros que permitieron
proveer agua a 90.000 personas hasta entonces desatendidas”, y el
acueducto oeste, “7.400 metros gracias a los cuales se
solucionó el suministro de 14 o 15 barrios”.
En total, según el directivo, Aguas Provinciales
construyó 18.152 metros de cañerías y 21.778
metros de cloacas; además, expandió las redes
secundarias en 86.024 metros de cañerías distribuidoras
y 407.591 metros de colectoras cloacales. Y agregó más
de 20.000 nuevos usuarios a la red.
La empresa tiene 1.000 empleados y factura anualmente alrededor de
$ 70 millones. Pero este año, gracias a los ingresos por
incorporación de cuentas y mejoras en el servicio, el producto
bruto debería llegar a $ 90 millones. Los planes de
crecimiento contemplan alcanzar $ 110 millones el año
próximo.
Soda sin refresco
Estambul era líder en la fabricación y
distribución de soda en Santa Fe. Nació en 1948,
producto de la fusión de cinco pequeños productores, y
conservó la marca de uno de ellos. En 1974 pasó del
sifón a la botella; su antiguo liderazgo queda demostrado en
el hecho de que, aun en la actualidad, casi no existe consumo de soda
en sifones en la ciudad de Santa Fe. La firma se expandió
también hacia el resto del Litoral y el norte argentino, y hoy
tiene clientes en Entre Ríos, Corrientes y Santiago del
Estero, asegura su presidente, César Sarchi.
“Pero estamos en problemas: la aparición del envase
descartable nos afectó terriblemente, porque a partir de
entonces cualquiera puede envasar soda casi sin inversión”,
advierte Sarchi, y explica que, “de cuatro empresas que había
hasta hace cinco años, pasamos a tener un centenar de
competidores, entre los cuales están Pepsi y Coca-Cola, que,
para colmo, regala su soda como complemento del refresco”.
“Antes éramos líderes, pero hoy las ventas nos han
caído 35% si tomamos como referencia lo que vendíamos
en el ´87, y no tenemos más de 20% del mercado”, lamenta el
presidente. Señala que en Santa Fe la firma atiende unos 4.000
comercios y unas 7.000 familias, lo que representa 40% de sus ventas
totales, por las que ingresan unos $ 5 millones al año.
“Pero no sabemos si nuestra participación seguirá
cayendo, porque el mercado sigue atomizándose; para colmo, la
competencia hizo bajar el precio, con lo cual hemos perdido
rentabilidad”, se preocupa Sarchi, y cuenta que una alternativa que
encontró Estambul para competir es la fabricación de
soda para otros distribuidores, pero “los resultados no son los
mismos”.
Sarchi denuncia que la competencia “promueve conductas desleales
que hasta ahora no eran conocidas en este mercado”, y admite
dificultades estructurales propias: “Nuestra gran desventaja
-explica- es que quienes dirigimos estas compañías no
somos especialistas, no somos empresarios educados para esto. Somos
los hijos de los dueños y fuimos formados en otras
disciplinas. Yo, por ejemplo, soy abogado. Por eso estamos
recurriendo a asesoría profesional externa, que es costosa y
nunca es lo mismo.”
Y aventura una hipótesis, por cierto nada optimista: “Si
tomo en cuenta las tendencias mundiales que creo reconocer, debo
pensar que empresas como la mía no tienen futuro, no tienen
cómo competir contra los gigantes. Ojalá esté
equivocado”.
La visión industrial
“Las fábricas de conocimiento que de hecho existen en Santa
Fe son un atractivo enorme para la inversión”, dice Daniel
Oblán, presidente de la Unión Industrial de Santa Fe.
“En menos de cinco años tuvimos que adaptarnos a una
economía abierta y sin inflación; hoy producimos a
precios competitivos y empezamos a pensar en el desarrollo a largo
plazo”, agrega.
Según Oblán, la tarea de los industriales es aliarse
con los centros productores de conocimiento “para desarrollar a las
Pymes: que las que existen crezcan y que aparezcan otras”. Al mismo
tiempo, admite la conveniencia de “buscar alternativas de
producción y abrir nuevos mercados”.
“Para ello acabamos de empezar la elaboración de un
programa de fomento a la creación de nuevas empresas, no
sólo mediante asistencia financiera, sino, sobre todo, a
través de la búsqueda de talentos empresariales en
colegios, empresas y universidades, según un mecanismo de
juegos de rol que tuvimos que desarrollar nosotros mismos”, informa.
Tras la selección, los elegidos son preparados en talleres,
hasta desarrollar un proyecto. “Sólo entonces hablamos de
dinero”, asegura Oblán, quien sostiene que de ese modo es
posible garantizar el éxito de las inversiones.
Los triángulos de la Universidad
Con tres principios históricos (gratuita, regional y
orientada a la producción) y tres campos de acción
(investigación, enseñanza y transferencia de
tecnología), la UNL quiere ser el eje del trípode de
desarrollo concebido por Jorge Sábato: conocimiento,
producción y gestión (universidad, empresas y
gobiernos).
La Universidad Nacional del Litoral (UNL) tiene “principios
históricos que le marcan el destino”, advierte de entrada el
rector, Hugo Storero, y los describe. “En primer lugar, cree en la
gratuidad de la enseñanza, aunque impulsa colaboraciones
voluntarias. Segundo, su destino es regional; nació en 1919
con cabeceras distanciadas hasta 600 kilómetros, para seis
provincias. Y tercero, nacimos para atender a la producción,
por eso tuvimos las primeras facultades de Química,
Agronomía y Veterinaria de América latina.”
“Hoy buscamos potenciar las tres tradiciones”, asegura el rector,
y sostiene que ello se hace interactuando “firmemente” con el entorno
social y productivo, investigando “cómo son” los actuales
procesos productivos y de gestión y detectando qué
requiere el mundo y qué se puede hacer al respecto.
“Esto nos permite relacionarnos con los productores y las
gestiones de gobierno en un modelo de vinculación
tecnológica entre la universidad y la producción y la
gestión, que trata de concretar, por fin en la Argentina, un
proyecto formulado hace 30 años por Jorge Sábato, que
muchos países de punta incorporaron con gran éxito”,
asegura.
“Sábato -explica- decía que para que una
región se desarrolle hace falta que tres sectores borren las
fronteras que los separan y se estimulen entre sí, integrados
en triángulo: los sectores del conocimiento, la
producción (agraria, industrial, de servicios) y la
gestión (municipal, provincial y nacional). Si eso ocurre, el
desarrollo se dispara y se sostiene.”
Storero asegura que las organizaciones intermedias del
empresariado “apoyan activamente” ese proceso de integración y
que, paralelamente, se registran “avances importantes” con los
gobiernos municipales y “algo menores” con las administraciones
provinciales. “Está teniendo lugar un proceso cuyos resultados
pueden sorprender, pero el gobierno nacional no cobra conciencia de
la importancia de las universidades para el desarrollo del
país”, sostiene.
El rector entiende que Santa Fe tiene hoy “una gran oportunidad de
cara al proceso de integración regional que tiene lugar en el
país, ya que está ubicada en el cruce de la
hidrovía con el corredor bioceánico, es una cuenca
productora de alimentos de primera calidad y tiene una importante
tradición de producción de conocimiento y
tecnología, con 50.000 graduados y profesores sobre una
población de menos de medio millón”. Y agrega:
“Salvando las distancias, nuestro modelo es Washington. La
conjunción no se puede desaprovechar”.
Hace tres años la UNL firmó un convenio de
cooperación con el Politécnico de Valencia,
España, y, siguiendo el modelo de las oficinas europeas
análogas, creó el Centro de Transferencia de los
Resultados de la Investigación (Cetri). “Salimos a buscar a
las empresas y recibimos el premio Balseiro, que otorgan el Foro
Nacional de la Ciencia y la Técnica y el Ministerio de
Educación, y que premia a la universidad que más ha
avanzado en el intercambio con los sectores productivos”, se
enorgullece Storero. “Nuestra universidad investiga, enseña y
también transfiere, que es lo que enriquece a las dos primeras
actividades”, insiste.
La UNL incorporó la informática, el diseño,
el marketing internacional y el comercio exterior como ámbitos
de gran interés. Además, aprovechó la
Convención Constituyente de 1994 para financiar una red
abierta de fibra óptica -obviamente, con acceso a Internet-,
que conecta a todos los locales universitarios, las organizaciones
intermedias empresariales y las instituciones sin fines de lucro.
“Todo eso, con los $ 40 millones que recibimos cada año y
que administramos puntillosamente, según un programa de
planificación estratégica que nos ha permitido
sobrevivir y crecer a fuerza de optimizar nuestros recursos”,
concluye Storero.
Cuentas claras permiten hacer obras
Aunque subraya que su estilo es diferente, el intendente Rosatti
destaca la ordenada herencia recibida de su antecesor -el actual
gobernador Obeid- y enumera logros: reducción del plantel
municipal, privatización de servicios, asfalto e
integración con el conurbano.
Hugo Rosatti, de 40 años, profesor de Derecho
Constitucional y Ciencias Políticas graduado en la Universidad
Nacional del Litoral (UNL), es intendente de Santa Fe desde fin del
´95. Anteriormente, fue fiscal municipal (1989/91) durante la primera
gestión de su antecesor, el actual gobernador Jorge Obeid,
secretario de Gobierno (1991/93) en el primer tramo de la segunda
intendencia de Obeid, secretario general de la gobernación
provincial (1993/95) durante los últimos años del
mandato de Carlos Reutemann y convencional constituyente en 1994.
No se queja de la herencia: “Encontré una municipalidad
ordenada -dice-, con un presupuesto equilibrado. Seguimos la
línea de trabajo de Obeid, aunque con un estilo diferente. De
hecho, conservamos algunos de sus funcionarios, como la subsecretaria
de Cultura, María Celia Costa, quien hizo y hace una excelente
gestión. Hoy estamos recaudando 70% de lo que emitimos en tasa
de inmuebles; es la proporción más alta en la historia
de Santa Fe”.
Rosatti cree que, más allá del control fiscal, ese
éxito “se debe a la adhesión de la gente”. Afirma que
“hace cuatro años, de cada $ 100 pesos recaudados, $ 90 eran
para pagar al personal, en tanto hoy se destinan sólo $ 50, y
el resto queda para servicios y obras”.
El intendente añade que el plantel municipal se redujo de
5.000 a 3.500 trabajadores. “Para lograrlo, entre otras cosas
privatizamos la recolección de residuos”, explica, pero
advierte que se repartió la ciudad entre dos empresas, “de
modo que no haya monopolio y se controlen mutuamente”.
Entre las novedades de su gestión cita la concesión
del estacionamiento medido de la zona céntrica, lo que “ha
mejorado la circulación”, y la construcción,
actualmente en obra, de “vías de comunicación
importantes, como el Eje Norte-Sur y la Avenida de
Circunvalación”.
“Creo que podremos seguir haciendo obras, de manera de contribuir
al gran proyecto estratégico de Santa Fe, que es convertirse
en un nudo económico para el Mercosur”, anuncia Rosatti. “Para
ello tenemos que conformar un gran conurbano, con continuidad
funcional e institucional, entre Santa Fe, que tiene 380.000
habitantes, y Santo Tomé”, agrega. El funcionario indica que
ambas ciudades “están pegadas” pero “tienen sistemas de
transporte diferentes”, y advierte que “esas cosas hay que
resolverlas”. También afirma que “es necesario integrarse con
Paraná”.
Uno de los mayores problemas actuales de Santa Fe es la creciente
marginalidad. Frente a ello, el intendente sostiene que “existe una
importante red de solidaridad tejida por asociaciones civiles y
eclesiásticas, como Caritas y el Movimiento de los Sin Techo,
que mantienen comedores populares, hacen viviendas y así
atenúan los efectos del empobrecimiento”.
“Otra manera de mejorar la calidad de vida es hacer calles”, dice
Rosatti, e informa que se están trazando unas 500 cuadras de
ripio y otras 120 de pavimento por año. “Si esto sigue
así, en cinco años no tendremos ni una cuadra de tierra
en la ciudad”, se entusiasma.
La cultura más necesaria
“Nuestro objetivo en materia de cultura no es financiar las
necesidades de los artistas; nos gustaría, pero no tenemos
plata para todos y creemos que hay que atender también las
necesidades de quienes disfrutan de la cultura y el arte, que son los
ciudadanos”, dice María Celia Costa, subsecretaria de Cultura
de la Municipalidad.
“Por eso recuperamos el Teatro Municipal, al que le agregamos tres
salitas: una para chicos, otra para música de cámara y
otra para teatro experimental; recuperamos los museos existentes,
abrimos un museo de arte decorativo reciclando la vieja casona donde
funciona ahora la Subsecretaría, y nos lanzamos a promover,
todos los fines de semana, eventos artísticos en ocho plazas
distribuidas por toda la ciudad: siempre las mismas y todas las
semanas del año”, cuenta.
La Subsecretaría de Cultura también rescató
el edificio del antiguo Banco de la Ciudad, donde instaló una
biblioteca, una exposición fotográfica permanente y las
cinco escuelas de arte de la Municipalidad. “Esto no se hizo en un
día: hace cinco años que estoy en el cargo”, destaca.
“No todo el mundo está contento con la gestión, pero
creo que hemos llevado la cultura a gente que no tenía acceso
a ella”, dice la funcionaria. Añade que se instituyó un
premio anual de literatura y un ciclo de microprogramas de tres
minutos que se transmiten por televisión tres veces por
semana, en los que se presenta a los artistas de la ciudad. Asimismo,
la Subsecretaría edita un boletín mensual con la oferta
cultural santafesina y una serie de libros con la historia de los
distintos barrios de Santa Fe.
