domingo, 21 de junio de 2026

    Dos apuestas para dar el salto

    La ciudad de Santa Fe fue fundada en 1573 por Juan de Garay, a
    orillas del Paraná, donde hoy está la localidad de
    Cayastá. Ochenta años después, asediada por los
    indios, se trasladó 82 kilómetros al sur, para
    asentarse sobre una angosta faja de tierra limitada al oeste y al sur
    por el río Salado, y al este por la laguna Setúbal o
    Guadalupe, que en rigor es una extensión del Paraná.
    Sólo por el norte quedó enlazada a tierra firme.

    En esa situación, Santa Fe fue adquiriendo de a poco su
    fisonomía y su personalidad. Los santafesinos son gente amable
    y pacífica, con algo de familiaridad pueblerina, afectos al
    tuteo y a los apodos. Dicen estar acostumbrados a una sociedad sin
    sorpresas, donde todos se conocen. Aman el carácter casi
    insular de su ciudad, pródiga en puentes, bañados y
    costaneras. La pesca, la navegación, las islas y el agua
    definen su calidad de vida y constituyen un atractivo más para
    el turismo y las inversiones.

    Como en todas las ciudades más antiguas de la
    región, en Santa Fe la Iglesia católica es un actor
    importante. El colegio jesuítico educó a la clase alta
    y los conventos de San Francisco y Santo Domingo, así como la
    basílica de Guadalupe, forman parte de su acervo
    arquitectónico. Semejante presencia contribuyó a volver
    conservadores a los santafesinos, cuyos sectores más
    tradicionales son normalmente religiosos y definen a la vecina
    capital entrerriana, Paraná, como una ciudad laica y liberal.
    El peso histórico de la ciudad, sede habitual de las
    convenciones constituyentes, refuerza su afecto por las
    instituciones.

    Antigua, conservadora y respetuosa de las tradiciones, Santa Fe
    contrasta con su hermana Rosario, reciente, cosmopolita, inclinada al
    socialismo y al radicalismo, colonizada por la inmigración
    hace un par de generaciones. Mientras Rosario canalizó el
    empuje industrial, la capital conservó el poder
    administrativo. De esa polarización, así como del
    carácter portuario de ambas, nació una rivalidad que
    afecta el funcionamiento de la provincia. “En Rosario hay sectores
    que hablan de escisión”, exageran algunos santafesinos. Lejos
    de avivar delirios separatistas, las generaciones más
    jóvenes de dirigentes políticos, empresariales y
    universitarios prefieren buscar los caminos de la
    complementación.

    Por su aspecto empobrecido y su ritmo pueblerino, sin vida
    nocturna ni grandes excitaciones, Santa Fe no da la imagen de una
    ciudad que alberga a casi 500.000 habitantes -incluida la vecina
    Santo Tomé- ni la de la capital de una de las tres provincias
    más poderosas de la Argentina. Tampoco se advierte
    fácilmente que en los últimos tiempos el oeste de la
    ciudad se pobló de villas de emergencia ocupadas
    principalmente por inmigrantes provenientes de Chaco, Formosa,
    Santiago del Estero, Bolivia y Paraguay. Lo que sí es notorio
    es la inseguridad urbana, que aumentó a medida que se retrajo
    la poco importante industria local y que los comercios
    reducían su número en alrededor de 30%.

    Actualmente, de sus 13.000 establecimientos, 47,8 % son comercios,
    11,9% están dedicados a la salud y la educación, 9,7%
    son inmobiliarias, 6,5%, talleres mecánicos, 5,9%, industrias,
    3%, hoteles y restaurantes, 1,5%, dedicados a transporte y
    comunicaciones, 1,3%, entidades financieras, y el resto, diversos
    servicios. En los tres primeros casos la ciudad supera los promedios
    nacionales, que son de 46% para los comercios y 7,4% tanto para salud
    y educación como para inmobiliarias; en otros, en cambio,
    está por debajo (industrias, 7,8%, y hoteles y restaurantes,
    4,3%).

    La distribución del empleo también es significativa:
    en 1995 45% de los trabajadores prestaba servicios en el sector
    privado, 43% lo hacía en el sector público y 12% era
    personal de servicio doméstico. La proporción de empleo
    público tiende a disminuir, pero la contracción del
    Estado genera el desafío de encontrar un proyecto de
    desarrollo diferente, capaz de absorber empleo.

     

    Conocer es poder

     

    Algunas características, hasta ahora poco valoradas,
    podrían servir de plataforma para ese proyecto. La Universidad
    Nacional del Litoral (UNL) es una de las más prestigiosas del
    país: su carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales, que
    concentra nada menos que 28,6% del total de su alumnado, ha dado
    nombres importantes al país; su Facultad de Arquitectura es
    considerada de vanguardia y ha producido proyectos que recibieron
    premios internacionales, y su Facultad de Ingeniería
    Química, la más antigua del país, goza de
    reconocimiento académico en todo el mundo.

    A semejante centro de producción de saber, cuya oferta
    abarca 34 carreras y 41 posgrados, hay que añadir la
    Universidad Católica, la Universidad Tecnológica, el
    Instituto Tecnológico (Intec, producto de la
    colaboración entre la UNL y el Consejo Nacional de
    Investigaciones Científicas y Técnicas, Conicet) y el
    Centro Regional de Investigación y Desarrollo (Ceride),
    principal órgano de investigación tecnológica.

    Ese conjunto representa la mayor ventaja comparativa de Santa Fe.
    Por eso, el proyecto de desarrollo al que apuntan tanto los sectores
    universitarios como los productivos -nucleados principalmente en la
    Unión Industrial de Santa Fe (UISF), la Bolsa de Comercio
    local y el Centro Comercial- postula convertir la ciudad en un centro
    de generación de conocimiento y tecnología.

    “Eso ampliará nuestra oferta profesional y
    tecnológica y mejorará nuestro atractivo como centro de
    inversión”, dice Jorge Sobrero, vicepresidente del Centro
    Comercial, entidad que agrupa a las empresas comerciales, de
    servicios y buena parte de las industriales. “Hoy en día
    -agrega- 70% de las empresas mundialmente importantes prioriza la
    facilidad para acceder al conocimiento a la hora de elegir sus
    enclaves. Esperamos que de la mano del desarrollo científico y
    tecnológico se monten, por ejemplo, industrias alimentarias de
    alto valor agregado para la cuenca lechera de la que somos centro, y
    para la soja, que tiene multitud de subproductos.”

    En esa dirección, la UNL, las entidades intermedias del
    empresariado y la Intendencia están empeñando esfuerzos
    coincidentes en la construcción de la ciudad universitaria y
    en el tejido de una red de comunicación e intercambio lo
    más fluida posible entre las empresas y la Universidad. Para
    ello, la UNL cuenta con un Centro para la Transferencia de Resultados
    de la Investigación, que fue fundado en 1994 y tiene 201
    proyectos en marcha. “Ya se están viendo los primeros
    resultados de esta apertura destinada a aliar a la UNL con las
    empresas y los gobiernos, para promover el desarrollo”, se entusiasma
    Hugo Storero, rector de la casa de estudios.

    Pero mientras fija el horizonte de mediano plazo en la
    producción de conocimiento, en lo inmediato la clase dirigente
    santafesina mira hacia el puerto. El dragado del Paraná,
    destinado a permitir el paso de los grandes buques Panamax, y el
    proyecto de la hidrovía Paraná-Paraguay-Tieté
    son propulsados como una herramienta indispensable para integrarse al
    comercio global y revisten extrema urgencia, según los
    dirigentes locales, de cara al florecimiento de la industria minera
    en el Noroeste y a la expansión de la industria lechera en la
    cuenca del oeste y el centro de la provincia. Junto a las aceiteras,
    esos sectores serían los principales clientes del puerto de
    Santa Fe.

    La reactivación se hace urgente también por razones
    de rivalidad: porque Rosario inició un camino similar. “Pero
    Santa Fe está más al norte, mejor colocada respecto del
    noroeste del país”, dice Antonio Medina, presidente de la
    Bolsa de Comercio de la ciudad.

    Las entidades intermedias santafesinas se ocupan, junto al Ente
    Portuario, del trabajo de planificación y negociación
    para licitar la explotación de la terminal antes del
    año que viene. Pero hacerla rentable requiere una fuerte
    inversión ferrioviaria, que los ferrocarriles no quieren
    enfrentar sin garantías. “Por eso estamos tratando de juntar
    en la misma mesa a las mineras del Noroeste y a los ferroviarios, de
    modo que la inversión quede avalada por los prestadores del
    servicio y por los usuarios”, explica Miguel Bullrich, diputado del
    Partido Demócrata Progresista (PDP) y miembro de la opositora
    Alianza Santafesina, que esa agrupación integra junto a la
    Unión Cívica Radical (UCR) y el Frepaso, y que
    perdió las últimas elecciones por tan sólo 1,5%
    de los votos.

    El resurgimiento de la actividad protuaria es visto por los
    santafesinos como un remedio inmediato contra el desempleo. Sobre
    todo, porque el proyecto necesita una autopista Santa
    Fe-Córdoba y un puente entre Paraná y Santa Fe que
    compense las limitaciones del túnel subfluvial. “El
    túnel no soporta los grandes camiones que vienen de Brasil y
    van hacia allá, pero puede seguir atendiendo el
    tránsito menor y es apto para recibir un ferrocarril, algo muy
    necesario”, explica Medina.

     

    Gobiernos bajo la lupa

     

    Todos esos proyectos son recientes y no son consecuencia de la
    acción de gobierno, que, según todos los testimonios,
    dejó bastante que desear. Carlos Reutemann -gobernador en
    1991/95- es considerado como un ejemplo de honestidad que
    acabó con las sospechas de corrupción que
    caracterizaron los mandatos de José María Vernet
    (1983/87) y Víctor Reviglio (1987/91).

    Respecto del actual mandatario, Jorge Obeid, es bien recordada su
    gestión (1987/95) como intendente de la ciudad capital, pero,
    según un importante dirigente empresario, “tampoco ha hecho
    una gestión para el desarrollo; se concentró en la
    privatización del banco provincial, pero lo demás
    está paralizado, en parte por la oposición interna de
    los propios reutemannistas”.

    En fuentes empresarias también es posible escuchar
    críticas a la postura de la gobernación frente a temas
    como el Mercosur: “Otras provincias desarrollan planes de fomento a
    las exportaciones desde hace años, mientras Santa Fe espera”,
    se queja un dirigente. “Lo lógico sería que Obeid
    busque en la oposición el apoyo que no consigue en su partido,
    pero no quiere sacar los pies del plato y eso perjudica a la
    provincia”, sostiene el diputado Bullrich.

    La administración municipal, en cambio, tiene mejor
    crítica. El intendente Horacio Rosatti es elogiado por su
    acción por la puesta a punto de la ciudad, lo que se refleja
    en las numerosas obras de asfaltado y alumbrado público,
    así como en el remozamiento de plazas y otros lugares
    públicos. También merecen opiniones favorables el
    fomento de la cultura y la preocupación por integrar mejor a
    Santa Fe como un gran conurbano.

    Sin embargo, dirigentes políticos y empresariales coinciden
    en que esos esfuerzos no son suficientes para asegurarle a Santa Fe
    un futuro promisorio, y advierten que ello sólo podrá
    alcanzarse a través de la alianza del frente productivo con
    los gobiernos y las universidades.

     

    La lucha por sobrevivir

     

    Más allá de algunos casos excepcionales, vinculados
    sobre todo a la industria láctea, el mapa empresarial
    santafesino muestra abrumadora mayoría de Pymes con escaso o
    nulo acceso al crédito y casi sin otro objetivo que el de no
    desaparecer del mercado.

     

    La actividad industrial de la ciudad de Santa Fe está
    dominada por la producción de alimentos y bebidas, que
    concentra casi 37% de los 780 establecimientos fabriles de la ciudad,
    incluyendo cinco de las siete empresas existentes con más de
    100 empleados. El sector, en el que tiene fuerte preponderancia la
    actividad lechera, concentra 47% del empleo.

    El otro gran rubro industrial es el de la producción
    metalúrgica y de maquinaria y equipos, compuesto por
    compañías pequeñas y medianas que representan
    32% de las firmas manufactureras de la ciudad pero, golpeadas por la
    recesión, absorben apenas 20% del empleo fabril.
    También son importantes las 61 editoriales que significan 8%
    de las empresas industriales y 9,6% de la fuerza laboral.
    Además, la ciudad es sede de establecimientos productores de
    madera, papel, cartón, cemento, cerámica, vidrio,
    plástico, químicos y textiles.

    Sin embargo, el único sector que ha registrado inversiones
    importantes en los últimos tiempos es el de la
    alimentación. En algunos casos, con desarrollos propios, como
    el de la láctea Milkaut. En otros, con inyección de
    capitales extranjeros, como el de Cervecera Santa Fe, que fue
    absorbida por su colega Schneider, de propiedad chilena; como
    consecuencia de esa operación, la fábrica local fue
    automatizada y la marca cobró fuerte impulso en el mercado
    local, lo que obligó a Quilmes a reforzar su inversión
    en promociones y presencia en puntos de venta.

    En otro orden, la instalación en Resistencia de una filial
    de la chilena Altas Líneas Aéreas comunica por primera
    vez, directamente por aire, a Santa Fe con Rosario, Resistencia,
    Córdoba, Tucumán, Salta, Catamarca, Formosa, Posadas y
    Asunción, con posibilidades de llegar pronto a Brasil.
    Naturalmente, ello es un nuevo estímulo a la
    integración regional.

    De acuerdo con los datos de un relevamiento hecho por la
    Municipalidad de Santa Fe, 83% de las industrias radicadas en la
    ciudad son de capital familiar; 73% tiene una única gerencia y
    15% sólo dos gerentes, 36% son de propiedad unipersonal, 30,5%
    son sociedades de responsabilidad limitada y sólo 14% son
    sociedades anónimas, y en 89% de los casos no hay gerentes que
    no sean socios. Por otra parte, 54,5% de las compañías
    consideran que el precio es la clave de la competitividad, mientras
    26% sostiene que la variable determinante es la calidad.
    Además, 37% de los encuestados considera que sus productos
    están siendo desplazados del mercado. De esa
    proporción, 25% cree que la causa está en otros
    productos locales y 38%, que se debe a la introducción de
    artículos importados.

    Pese a que los datos sugieren un panorama de estancamiento o de
    escaso desarrollo, la Municipalidad detectó que 800 empresas
    realizaron mejoras de diversa índole, en 76% de los casos sin
    colaboración externa y en 82% con resultados satisfactorios.
    Claro que en 60% de los casos el motivo de las inversiones fue,
    simplemente, el de sobrevivir sin ser desplazado del mercado.

    En otro orden, 67% de las empresas santafesinas coincidió
    en que la principal dificultad es la ausencia de financiamiento para
    nuevos proyectos. De hecho, 45% de las compañías
    relevadas opera con una sola entidad financiera y 23%, con dos. No
    obstante, 57% de las firmas declaró haber comprado equipos
    nuevos durante el último bienio.

    Otro resultado importante -y no precisamente alentador- de la
    muestra es que la industria santafesina posee un bajo grado de
    integración y de movilidad: apenas 27% de las firmas decide su
    producción sobre la base de información de demanda
    posible, 71% no realiza producción para otras empresas y 62%
    no conoce siquiera las normas ISO 9000.

    Vale la pena completar el retrato dibujado por el relevamiento
    municipal con el análisis de algunos casos particulares.

     

    Blanca y radiante

     

    En Milkaut “conviven de un modo bastante especial una cooperativa
    originaria y una sociedad anónima de su propiedad”, dice
    Hernán Zambón, director general ejecutivo de la firma.
    Cuenta que se trata de la primera cooperativa láctea del
    país, que fue fundada en 1925 por descendientes de suizos,
    italianos y alemanes, y que reunió inicialmente a 29
    productores. Llegó a adquirir 26 cremerías dedicadas a
    elaborar suero y manteca. A partir de los años ´50 se
    diversificó. “Hoy tenemos 200 artículos, como Sancor y
    La Serenísima, que son las únicas lecherías
    más grandes que nosotros en la Argentina”, dice Zambón.

    Milkaut procesa 1,2 millón de litros de leche por
    día, contra dos millones de La Serenísima y cuatro
    millones de Sancor. Además de leche en polvo, UAT, de larga
    duración y pasteurizada, fabrica quesos, yogures, crema,
    manteca, dulce de leche, postres, flanes y lactosa. “La única
    planta de lactosa y proteína de América del Sur es
    nuestra”, se enorgullece Zambón, y agrega que allí se
    procesan 500.000 litros de suero por día.

    El principal complejo industrial de Milkaut se encuentra en
    Franck, una pequeña localidad cercana a Santa Fe.
    Además, la compañía tiene plantas en la capital
    provincial, Colonia Nueva y Resistencia, y acaba de comprar una
    lechería cordobesa, Windi, que procesa 200.000 litros por
    día.

    “La cooperativa suma hoy 1.300 productores y factura unos $ 170
    millones, de los cuales $ 30 millones provienen de exportaciones”,
    afirma Zambón, y revela que las expectativas de crecimiento
    alcanzan a 8% interanual durante el próximo quinquenio, lo que
    representa casi el doble del promedio del sector. Milkaut exporta
    quesos a Estados Unidos, Canadá, Japón, Italia y
    Alemania. En América latina Brasil concentra 85% de sus
    exportaciones y Chile, Paraguay y Uruguay se reparten el resto en
    proporciones parecidas.

    En 1996 la empresa invirtió más de $ 20 millones en
    nuevas plantas y para este año están previstas
    inversiones por otros $ 13 millones, destinados a la
    modernización y la ampliación de plantas y
    depósitos, y a la instalación de una fábrica de
    quesos. “Además, esperamos cerrar antes de fin de año
    un negocio con otra empresa láctea, lo que nos
    permitiría pasar a procesar 1,6 millón de litros por
    día y a facturar $ 200 millones”, anticipa Zambón.

    Semejante desarrollo ha puesto a Milkaut en la mira de grandes
    inversores. Pero la empresa toma las cosas con calma: “Queremos
    evaluar nuestro precio y vender para crecer”, advierte Zambón.

     

    Especialistas en derecho

     

    Rubinzal y Asociados es la principal editorial santafesina
    dedicada por completo a las ciencias jurídicas. Fundada en
    1967 por Isaac Rubinzal, fue primero distribuidora, y es editora
    desde 1977. “Nos ha ido medianamente bien: estamos lanzando al
    mercado nuestro libro número 223 y tenemos un par de
    publicaciones periódicas; apuntamos a un nicho
    específico, no tenemos un público masivo ni altas
    facturaciones”, cuenta el fundador.

    “Se trata de una empresa personal, de trabajo y no de capital; las
    editoriales técnicas no son siquiera familiares, no perduran
    por generaciones”, explica Rubinzal, quien apunta que acaso la
    única excepción en la Argentina es la empresa editora
    de La Ley. El editor explica que tiene dos canales de
    distribución: por un lado, los libreros jurídicos y,
    por otro, un equipo de ventas que visita estudios en todo el
    país.

    “Si reunimos la editora y la distribuidora quedamos ubicados en el
    sector de las editoriales intermedias, que facturan entre $ 4 y 5
    millones”, indica, y agrega que “es poco para una empresa con casi 60
    personas.” Además, la compañía coloca parte de
    su producción en el exterior: Chile -principalmente-,
    Paraguay, Uruguay y, en menor medida, México.

    En 1996 el sello Rubinzal y Cursoni editó 23
    títulos, a razón de 3.000 ejemplares cada uno. “La
    llave del éxito en esta actividad es doble: buena
    distribución y calidad autoral, lo que implica temas
    oportunos”, asegura el editor.

    Rubinzal enumera otras claves: “Por fortuna -dice-, la Argentina
    es un país con un alto nivel intelectual. Tenemos algún
    autor colombiano y otro mexicano, pero el resto son todos argentinos.
    Esta riqueza nacional no es común en América latina. El
    actual intendente de Santa Fe, por ejemplo, es autor de la obra
    más importante que se ha escrito en el país sobre
    derecho municipal. Santa Fe es un importante polo de
    producción de teoría jurídica. Tenemos
    aquí a una figura de estatura internacional, como Jorge Mosset
    Iturraspe, y hay varios otros. Quizá tenga que ver con la
    larga tradición jurídica de la Universidad Nacional del
    Litoral”.

     

    Mucha agua bajo los puentes

     

    La francesa Lyonnaise des Eaux se hizo cargo de Aguas Provinciales
    de Santa Fe en diciembre de 1995. Un año después
    había invertido $ 46 millones en obras de infraestructura y,
    mediante proyectos que ya existían y respetando licitaciones
    públicas previas, elevó la capacidad de la planta
    potabilizadora de Santa Fe de 100 a 195 millones de litros diarios, y
    la de Rosario de 350 a 450 millones de litros, asegura Reinaldo
    Avilé, gerente de Relaciones Públicas de la
    compañía privatizada.

    “También comenzamos a mejorar toda la red de
    distribución, que no había sido mantenida y en algunos
    tramos tiene hasta 100 años de antigüedad”, dice
    Avilé, y añade que durante el primer año se
    rehabilitaron 30 kilómetros de viejas cañerías y
    se extendió 4% la red cloacal, un crecimiento equivalente al
    que había tenido en los 10 años previos.

    Aguas Provinciales maneja 90.000 cuentas en Santa Fe y 350.000 en
    Rosario. Cada cuenta representa entre 3,5 y cuatro personas. En
    total, la provincia reúne unas 550.000 cuentas. “A fin del
    año pasado, la encuestadora Mónica Kleinmann
    realizó una encuesta entre nuestros clientes, que
    determinó que 93% estaban satisfechos o muy satisfechos, y
    sólo 7% estaban insatisfechos”, indica Avilé.

    Además de proveer agua potable, Aguas Provinciales realiza
    el tratamiento primario de los efluentes cloacales. “A partir del
    octavo año de concesión nos encargaremos también
    del tratamiento secundario, para lanzar al río agua limpia”,
    anuncia el gerente, y explica que eso no ocurrirá antes porque
    la compañía tiene “una serie de metas previas,
    más urgentes”. Entre las ya concretadas cita el acueducto
    noroeste de la ciudad de Santa Fe, “7.500 metros que permitieron
    proveer agua a 90.000 personas hasta entonces desatendidas”, y el
    acueducto oeste, “7.400 metros gracias a los cuales se
    solucionó el suministro de 14 o 15 barrios”.

    En total, según el directivo, Aguas Provinciales
    construyó 18.152 metros de cañerías y 21.778
    metros de cloacas; además, expandió las redes
    secundarias en 86.024 metros de cañerías distribuidoras
    y 407.591 metros de colectoras cloacales. Y agregó más
    de 20.000 nuevos usuarios a la red.

    La empresa tiene 1.000 empleados y factura anualmente alrededor de
    $ 70 millones. Pero este año, gracias a los ingresos por
    incorporación de cuentas y mejoras en el servicio, el producto
    bruto debería llegar a $ 90 millones. Los planes de
    crecimiento contemplan alcanzar $ 110 millones el año
    próximo.

     

    Soda sin refresco

     

    Estambul era líder en la fabricación y
    distribución de soda en Santa Fe. Nació en 1948,
    producto de la fusión de cinco pequeños productores, y
    conservó la marca de uno de ellos. En 1974 pasó del
    sifón a la botella; su antiguo liderazgo queda demostrado en
    el hecho de que, aun en la actualidad, casi no existe consumo de soda
    en sifones en la ciudad de Santa Fe. La firma se expandió
    también hacia el resto del Litoral y el norte argentino, y hoy
    tiene clientes en Entre Ríos, Corrientes y Santiago del
    Estero, asegura su presidente, César Sarchi.

    “Pero estamos en problemas: la aparición del envase
    descartable nos afectó terriblemente, porque a partir de
    entonces cualquiera puede envasar soda casi sin inversión”,
    advierte Sarchi, y explica que, “de cuatro empresas que había
    hasta hace cinco años, pasamos a tener un centenar de
    competidores, entre los cuales están Pepsi y Coca-Cola, que,
    para colmo, regala su soda como complemento del refresco”.

    “Antes éramos líderes, pero hoy las ventas nos han
    caído 35% si tomamos como referencia lo que vendíamos
    en el ´87, y no tenemos más de 20% del mercado”, lamenta el
    presidente. Señala que en Santa Fe la firma atiende unos 4.000
    comercios y unas 7.000 familias, lo que representa 40% de sus ventas
    totales, por las que ingresan unos $ 5 millones al año.

    “Pero no sabemos si nuestra participación seguirá
    cayendo, porque el mercado sigue atomizándose; para colmo, la
    competencia hizo bajar el precio, con lo cual hemos perdido
    rentabilidad”, se preocupa Sarchi, y cuenta que una alternativa que
    encontró Estambul para competir es la fabricación de
    soda para otros distribuidores, pero “los resultados no son los
    mismos”.

    Sarchi denuncia que la competencia “promueve conductas desleales
    que hasta ahora no eran conocidas en este mercado”, y admite
    dificultades estructurales propias: “Nuestra gran desventaja
    -explica- es que quienes dirigimos estas compañías no
    somos especialistas, no somos empresarios educados para esto. Somos
    los hijos de los dueños y fuimos formados en otras
    disciplinas. Yo, por ejemplo, soy abogado. Por eso estamos
    recurriendo a asesoría profesional externa, que es costosa y
    nunca es lo mismo.”

    Y aventura una hipótesis, por cierto nada optimista: “Si
    tomo en cuenta las tendencias mundiales que creo reconocer, debo
    pensar que empresas como la mía no tienen futuro, no tienen
    cómo competir contra los gigantes. Ojalá esté
    equivocado”.

     

    La visión industrial

     

    “Las fábricas de conocimiento que de hecho existen en Santa
    Fe son un atractivo enorme para la inversión”, dice Daniel
    Oblán, presidente de la Unión Industrial de Santa Fe.
    “En menos de cinco años tuvimos que adaptarnos a una
    economía abierta y sin inflación; hoy producimos a
    precios competitivos y empezamos a pensar en el desarrollo a largo
    plazo”, agrega.

    Según Oblán, la tarea de los industriales es aliarse
    con los centros productores de conocimiento “para desarrollar a las
    Pymes: que las que existen crezcan y que aparezcan otras”. Al mismo
    tiempo, admite la conveniencia de “buscar alternativas de
    producción y abrir nuevos mercados”.

    “Para ello acabamos de empezar la elaboración de un
    programa de fomento a la creación de nuevas empresas, no
    sólo mediante asistencia financiera, sino, sobre todo, a
    través de la búsqueda de talentos empresariales en
    colegios, empresas y universidades, según un mecanismo de
    juegos de rol que tuvimos que desarrollar nosotros mismos”, informa.

    Tras la selección, los elegidos son preparados en talleres,
    hasta desarrollar un proyecto. “Sólo entonces hablamos de
    dinero”, asegura Oblán, quien sostiene que de ese modo es
    posible garantizar el éxito de las inversiones.

     

    Los triángulos de la Universidad

     

    Con tres principios históricos (gratuita, regional y
    orientada a la producción) y tres campos de acción
    (investigación, enseñanza y transferencia de
    tecnología), la UNL quiere ser el eje del trípode de
    desarrollo concebido por Jorge Sábato: conocimiento,
    producción y gestión (universidad, empresas y
    gobiernos).

     

    La Universidad Nacional del Litoral (UNL) tiene “principios
    históricos que le marcan el destino”, advierte de entrada el
    rector, Hugo Storero, y los describe. “En primer lugar, cree en la
    gratuidad de la enseñanza, aunque impulsa colaboraciones
    voluntarias. Segundo, su destino es regional; nació en 1919
    con cabeceras distanciadas hasta 600 kilómetros, para seis
    provincias. Y tercero, nacimos para atender a la producción,
    por eso tuvimos las primeras facultades de Química,
    Agronomía y Veterinaria de América latina.”

    “Hoy buscamos potenciar las tres tradiciones”, asegura el rector,
    y sostiene que ello se hace interactuando “firmemente” con el entorno
    social y productivo, investigando “cómo son” los actuales
    procesos productivos y de gestión y detectando qué
    requiere el mundo y qué se puede hacer al respecto.

    “Esto nos permite relacionarnos con los productores y las
    gestiones de gobierno en un modelo de vinculación
    tecnológica entre la universidad y la producción y la
    gestión, que trata de concretar, por fin en la Argentina, un
    proyecto formulado hace 30 años por Jorge Sábato, que
    muchos países de punta incorporaron con gran éxito”,
    asegura.

    “Sábato -explica- decía que para que una
    región se desarrolle hace falta que tres sectores borren las
    fronteras que los separan y se estimulen entre sí, integrados
    en triángulo: los sectores del conocimiento, la
    producción (agraria, industrial, de servicios) y la
    gestión (municipal, provincial y nacional). Si eso ocurre, el
    desarrollo se dispara y se sostiene.”

    Storero asegura que las organizaciones intermedias del
    empresariado “apoyan activamente” ese proceso de integración y
    que, paralelamente, se registran “avances importantes” con los
    gobiernos municipales y “algo menores” con las administraciones
    provinciales. “Está teniendo lugar un proceso cuyos resultados
    pueden sorprender, pero el gobierno nacional no cobra conciencia de
    la importancia de las universidades para el desarrollo del
    país”, sostiene.

    El rector entiende que Santa Fe tiene hoy “una gran oportunidad de
    cara al proceso de integración regional que tiene lugar en el
    país, ya que está ubicada en el cruce de la
    hidrovía con el corredor bioceánico, es una cuenca
    productora de alimentos de primera calidad y tiene una importante
    tradición de producción de conocimiento y
    tecnología, con 50.000 graduados y profesores sobre una
    población de menos de medio millón”. Y agrega:
    “Salvando las distancias, nuestro modelo es Washington. La
    conjunción no se puede desaprovechar”.

    Hace tres años la UNL firmó un convenio de
    cooperación con el Politécnico de Valencia,
    España, y, siguiendo el modelo de las oficinas europeas
    análogas, creó el Centro de Transferencia de los
    Resultados de la Investigación (Cetri). “Salimos a buscar a
    las empresas y recibimos el premio Balseiro, que otorgan el Foro
    Nacional de la Ciencia y la Técnica y el Ministerio de
    Educación, y que premia a la universidad que más ha
    avanzado en el intercambio con los sectores productivos”, se
    enorgullece Storero. “Nuestra universidad investiga, enseña y
    también transfiere, que es lo que enriquece a las dos primeras
    actividades”, insiste.

    La UNL incorporó la informática, el diseño,
    el marketing internacional y el comercio exterior como ámbitos
    de gran interés. Además, aprovechó la
    Convención Constituyente de 1994 para financiar una red
    abierta de fibra óptica -obviamente, con acceso a Internet-,
    que conecta a todos los locales universitarios, las organizaciones
    intermedias empresariales y las instituciones sin fines de lucro.

    “Todo eso, con los $ 40 millones que recibimos cada año y
    que administramos puntillosamente, según un programa de
    planificación estratégica que nos ha permitido
    sobrevivir y crecer a fuerza de optimizar nuestros recursos”,
    concluye Storero.

     

    Cuentas claras permiten hacer obras

     

    Aunque subraya que su estilo es diferente, el intendente Rosatti
    destaca la ordenada herencia recibida de su antecesor -el actual
    gobernador Obeid- y enumera logros: reducción del plantel
    municipal, privatización de servicios, asfalto e
    integración con el conurbano.

     

    Hugo Rosatti, de 40 años, profesor de Derecho
    Constitucional y Ciencias Políticas graduado en la Universidad
    Nacional del Litoral (UNL), es intendente de Santa Fe desde fin del
    ´95. Anteriormente, fue fiscal municipal (1989/91) durante la primera
    gestión de su antecesor, el actual gobernador Jorge Obeid,
    secretario de Gobierno (1991/93) en el primer tramo de la segunda
    intendencia de Obeid, secretario general de la gobernación
    provincial (1993/95) durante los últimos años del
    mandato de Carlos Reutemann y convencional constituyente en 1994.

    No se queja de la herencia: “Encontré una municipalidad
    ordenada -dice-, con un presupuesto equilibrado. Seguimos la
    línea de trabajo de Obeid, aunque con un estilo diferente. De
    hecho, conservamos algunos de sus funcionarios, como la subsecretaria
    de Cultura, María Celia Costa, quien hizo y hace una excelente
    gestión. Hoy estamos recaudando 70% de lo que emitimos en tasa
    de inmuebles; es la proporción más alta en la historia
    de Santa Fe”.

    Rosatti cree que, más allá del control fiscal, ese
    éxito “se debe a la adhesión de la gente”. Afirma que
    “hace cuatro años, de cada $ 100 pesos recaudados, $ 90 eran
    para pagar al personal, en tanto hoy se destinan sólo $ 50, y
    el resto queda para servicios y obras”.

    El intendente añade que el plantel municipal se redujo de
    5.000 a 3.500 trabajadores. “Para lograrlo, entre otras cosas
    privatizamos la recolección de residuos”, explica, pero
    advierte que se repartió la ciudad entre dos empresas, “de
    modo que no haya monopolio y se controlen mutuamente”.

    Entre las novedades de su gestión cita la concesión
    del estacionamiento medido de la zona céntrica, lo que “ha
    mejorado la circulación”, y la construcción,
    actualmente en obra, de “vías de comunicación
    importantes, como el Eje Norte-Sur y la Avenida de
    Circunvalación”.

    “Creo que podremos seguir haciendo obras, de manera de contribuir
    al gran proyecto estratégico de Santa Fe, que es convertirse
    en un nudo económico para el Mercosur”, anuncia Rosatti. “Para
    ello tenemos que conformar un gran conurbano, con continuidad
    funcional e institucional, entre Santa Fe, que tiene 380.000
    habitantes, y Santo Tomé”, agrega. El funcionario indica que
    ambas ciudades “están pegadas” pero “tienen sistemas de
    transporte diferentes”, y advierte que “esas cosas hay que
    resolverlas”. También afirma que “es necesario integrarse con
    Paraná”.

    Uno de los mayores problemas actuales de Santa Fe es la creciente
    marginalidad. Frente a ello, el intendente sostiene que “existe una
    importante red de solidaridad tejida por asociaciones civiles y
    eclesiásticas, como Caritas y el Movimiento de los Sin Techo,
    que mantienen comedores populares, hacen viviendas y así
    atenúan los efectos del empobrecimiento”.

    “Otra manera de mejorar la calidad de vida es hacer calles”, dice
    Rosatti, e informa que se están trazando unas 500 cuadras de
    ripio y otras 120 de pavimento por año. “Si esto sigue
    así, en cinco años no tendremos ni una cuadra de tierra
    en la ciudad”, se entusiasma.

     

    La cultura más necesaria

     

    “Nuestro objetivo en materia de cultura no es financiar las
    necesidades de los artistas; nos gustaría, pero no tenemos
    plata para todos y creemos que hay que atender también las
    necesidades de quienes disfrutan de la cultura y el arte, que son los
    ciudadanos”, dice María Celia Costa, subsecretaria de Cultura
    de la Municipalidad.

    “Por eso recuperamos el Teatro Municipal, al que le agregamos tres
    salitas: una para chicos, otra para música de cámara y
    otra para teatro experimental; recuperamos los museos existentes,
    abrimos un museo de arte decorativo reciclando la vieja casona donde
    funciona ahora la Subsecretaría, y nos lanzamos a promover,
    todos los fines de semana, eventos artísticos en ocho plazas
    distribuidas por toda la ciudad: siempre las mismas y todas las
    semanas del año”, cuenta.

    La Subsecretaría de Cultura también rescató
    el edificio del antiguo Banco de la Ciudad, donde instaló una
    biblioteca, una exposición fotográfica permanente y las
    cinco escuelas de arte de la Municipalidad. “Esto no se hizo en un
    día: hace cinco años que estoy en el cargo”, destaca.

    “No todo el mundo está contento con la gestión, pero
    creo que hemos llevado la cultura a gente que no tenía acceso
    a ella”, dice la funcionaria. Añade que se instituyó un
    premio anual de literatura y un ciclo de microprogramas de tres
    minutos que se transmiten por televisión tres veces por
    semana, en los que se presenta a los artistas de la ciudad. Asimismo,
    la Subsecretaría edita un boletín mensual con la oferta
    cultural santafesina y una serie de libros con la historia de los
    distintos barrios de Santa Fe.

     

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