martes, 16 de junio de 2026

    La logística manda

    Históricamente, la logística se ha relacionado
    con dos aspectos dentro de la empresa: el flujo del producto, desde
    la materia prima hasta el consumidor final, y el flujo de datos en
    sentido contrario (traer la información sobre los pedidos de
    reposición y, consecuentemente, regular el flujo de productos
    hacia los puntos de venta). Pero las cosas cambiaron.

    Pablo Doregger, consultor y director del programa de
    formación de la Asociación Argentina de
    Logística Empresaria (Arlog), señala que la actividad
    pasó por tres etapas de desarrollo. En el período
    1950-1964, de pleno crecimiento en las economías
    desarrolladas, se registró una explosión de productos
    que se tradujo en más complejidad para los encargados de la
    logística, que debían manejar más canales. A
    esta etapa le sucedió la de 1965 a 1979, con un crecimiento
    más moderado, donde ya había que pelear por los
    mercados; ya no se trataba sólo de manejar los
    depósitos y transportes sino también los inventarios.

    Finalmente, en la década de los ´80 comienza la etapa
    actual, en la que aparecen dos factores determinantes: las
    operaciones multinacionales, en las que las grandes empresas ya no
    importan o exportan sino que planean su funcionamiento globalmente, y
    el nuevo enfoque de la cadena de abastecimiento, a partir del cual la
    idea ya no es ver qué sucede con la logística dentro de
    cada empresa sino en el conjunto de ellas vinculadas entre sí
    a través del proceso productivo, como proveedores y clientes.

    ¿En qué punto se encuentra la Argentina?
    “Aquí llegamos mucho más tarde a este proceso de
    evolución de la logística, y la situación es
    heterogénea: hay empresas en cada una de estas tres etapas”,
    contesta Doregger.

    La definición actual de la logística se basa en
    lo que se conoce como la “gestión de la cadena de
    abastecimiento” (supply chain management), un enfoque que analiza y
    administra toda la cadena, desde los proveedores hasta el consumidor
    final, con el objetivo de obtener el mejor resultado para el sistema
    en su totalidad. Es una meta ambiciosa, difícil de lograr,
    pero obligatoria para competir en el mercado global.

     

    El gran desafío

     

    Para integrar la cadena se necesita que todas las partes
    mantengan un funcionamiento conjunto armónico. El hito
    histórico que marcó el surgimiento de soluciones de
    integración de la cadena fue el choque entre Wal Mart y
    Procter & Gamble. Dos gigantes acostumbrados a imponer sus
    soluciones se encontraron con que tenían que optimizar el
    conjunto de la operación. Para lograrlo, cambiaron las
    funciones del comprador y el vendedor. En las empresas ambos estaban
    en contacto entre sí, apoyados por los demás sectores.
    El cambio es que ahora el comprador y el vendedor son los
    facilitadores de una relación donde ingeniería,
    sistemas, marketing y logística buscan soluciones en
    conjunto.

    Para Mario Severi, gerente de Arlog y consultor, “cuando
    hablamos de marketing hablamos de cómo introducir el producto.
    Hasta los ´60 eso estaba condicionado a los esfuerzos que
    podía hacer el área de distribución. La idea
    ahora es que, cuando armamos las estrategias para introducir un
    producto, también participe la gente que tiene que colocarlo
    porque podemos tener un gran producto, un excelente packaging, buena
    publicidad, pero si el producto no llega en el momento en que pasa el
    consumidor por la góndola de nada sirve”.

    Desde que los japoneses demostraron que el stock, lejos de
    mejorar el servicio al cliente, sólo servía para
    ocultar problemas, se ha impuesto la idea de tratar de tener el menor
    inventario posible en todos los eslabones de la cadena. “Se trata de
    pasar del push al pull. Es decir, en lugar de que la empresa empuje
    el producto al mercado, que sea al revés, que podamos servir
    al consumidor atendiendo la demanda que éste requiere. Lo
    contrario lleva a tener inventarios insuficientes o excesivos”,
    afirma Severi.

    Eso obliga a que, además de llevar el producto en
    tiempo y forma a los clientes, haya que hacerlo con el mínimo
    stock posible en cada etapa. Mantener este equilibrio es otro
    desafío que ha vuelto más compleja todavía la
    actividad logística.

     

    No se ven, pero cuestan

     

    Uno de los principales problemas que debe solucionar la
    logística moderna es la eliminación de los costos
    ocultos, que no aparecen en ningún balance, pero que
    están implícitos en cada parte donde la cadena de
    abastecimiento falla.

    ¿Dónde se generan? La lista es notablemente larga
    y asombra por la sencillez de sus causas. Va desde el caso, tan
    habitual, del proveedor que programó visitar cinco clientes a
    la mañana pero sólo pudo ver a dos, porque el primero,
    que no tenía los datos para comprar, lo demoró varias
    horas, hasta el camión que llevó la mercadería
    palletizada pero como el cliente no tenía autoelevador
    disponible hubo que perder tiempo bajándola a mano. Incluye
    los famosos objetivos que suelen tener que cumplir los vendedores y
    que llevan al cliente a comprar, para aprovechar una oferta,
    más que lo que realmente necesita. Aparecen luego los grandes
    volúmenes amontonados sin capacidad para ser descargados,
    vehículos que regresan con su carga al origen, etc. Es
    indudable que la falta de integración de la cadena se paga
    caro.

     

    Crecer de golpe

     

    Mientras que en el mundo desarrollado se acumulan tres
    décadas de experiencia, la Argentina despertó del
    letargo a principios de los ´90 con la reingeniería e
    informatización de numerosos depósitos, la
    construcción de almacenes inteligentes y la
    modernización de una docena de grandes compañías
    de transporte de carga devenidas en modernas empresas de servicios
    logísticos.

    Según las estimaciones proyectadas por varios especialistas
    en la materia, ahora hay en el país un centenar de almacenes
    semiautomáticos, esto es, depósitos informatizados,
    codificados y vinculados on line con sus clientes, donde las
    mercaderías son clasificadas y ordenadas con sus fechas de
    elaboración y vencimiento, cantidad, peso y volumen.

    Esta modalidad de trabajo se generalizó en tres
    sectores que hicieron punta: los productos de consumo masivo, la
    industria automotriz y los laboratorios farmacéuticos. “Antes
    de los ´90 la calidad del servicio y el cumplimiento del pacto
    comercial no eran variables que le cambiaran los negocios a nadie; lo
    fundamental eran las operaciones puramente financieras. En cambio,
    ahora, el negocio es genuinamente comercial, es decir, exige a las
    empresas que logren su rentabilidad y utilidad a partir de mayor
    eficiencia”, observa Osvaldo Fernández, uno de los más
    importantes consultores del país en la materia.

    Tales reformas provocaron, además, el desembarco de
    consultoras y compañías multinacionales que, solas o en
    alianza con empresas locales, aportan experiencia y know how de clase
    mundial.

    Sin embargo, esta firme tendencia no desconoce las enormes
    dificultades que conlleva una reforma de esta naturaleza. Algunos
    profesionales de la logística cuentan que su experiencia en
    esta flamante actividad ha generado resistencias en los espacios
    más afectados de las empresas que sufren la metamorfosis de
    sus sistemas de transporte, almacenaje y distribución.

    “En logística, hay una serie de costos que se ven
    -alquileres, transportes, personal, repuestos-, cosas que pueden
    calcularse de manera tangible y que pueden hacer pensar que se va a
    recuperar la inversión en un tiempo determinado”, explica
    Alejandro Boniscontro, director de proyecto de la consultora alemana
    Miebach. “Pero hay otra cantidad de efectos que no se ven y no pueden
    ponderarse hasta su funcionamiento efectivo.”

    “En algunos sectores la logística ha avanzado y
    está al nivel de los países desarrollados”, sostiene
    Jorge Marchesotti, presidente de Arlog. “Y puede ser que en otros
    todavía estemos en el nivel en que se encontraba la
    logística del Primer Mundo hace 15 años, pero
    ésta es una consecuencia natural y casi inevitable cuando se
    produce un proceso rápido de cambio como el que estamos
    viviendo.”

    Arlog congrega a los profesionales de la actividad
    logística de la Argentina. Fundada en 1990 con apenas 22
    miembros, hoy suma alrededor de 500, de los cuales un tercio se
    asoció el año pasado.

    Para Angel Castaño, docente de Idea, “estamos en
    pañales en lo que se refiere a comunicaciones”. Haciendo
    hincapié en la falta de escala de la economía nacional
    como principal factor del atraso logístico, Castaño
    dispara una serie de cuestionamientos. “¿Cómo se puede
    competir con las centrales logísticas que existen en otros
    lugares del mundo, que manejan volúmenes diez veces mayores y
    donde hay un grado de automatismo y estandarización muy
    superior? Tenemos un sistema de packaging que no responde a las
    normas de palletización ni al límite de apilamiento y
    todas esas ineficiencias a la larga se pagan con altos costos.”

     

    Un caso difícil

    “Este es un país complicado. Primero, porque es muy
    grande -lo que dificulta mucho las comunicaciones- y, segundo, porque
    no tiene el tejido industrial que debería tener”, reflexiona
    el español José María Costa, titular de la
    filial local de TNT. “Hay una gran dependencia del exterior,
    cualquier cosa tiene que venir de afuera, y eso es un gran
    obstáculo porque la Argentina está muy lejos de todos
    los lugares que pueden abastecerla de productos industriales. Todo
    esto da como resultado que los costos logísticos sean muy
    altos.”

    La densidad de población es un factor determinante.
    Francia, por ejemplo, con un índice relativamente bajo -aunque
    mucho más alto que el de la Argentina-, es el país
    europeo que exhibe costos logísticos más altos, frente
    a Holanda, cuya densidad es una de las más elevadas y tiene
    el costo más reducido.

    En todo el mundo, estos inconvenientes se compensan con un
    parque automotor joven, una red vial sólida y un sistema de
    transporte ferroviario y fluvial moderno y eficiente.

     

    ¿Las máquinas lo hacen
    mejor ?

     

    En una actividad tan dinámica, donde el traslado y el
    movimiento exacto constituyen la fisiología del sistema, no
    podían faltar los aportes de la automatización. Los
    depósitos robotizados cuentan con cadenas de rodillos que
    deslizan los pallets cargados con enormes bultos en dirección
    a los almacenes automatizados. Los pallets son controlados en postas
    inteligentes por lectores ópticos de códigos de barras
    que identifican la carga y los conducen hacia grandes autoelevadores
    que, movilizados a través de rieles, acomodan en pocos minutos
    los bultos seleccionados que la máquina deposita y memoriza.

    Sin embargo, los robots no son siempre el mejor recurso para
    reestructurar y hacer más eficiente un depósito de
    mercaderías. “Robotizar es como tercerizar; no puede ser un
    dogma. Se debe estudiar cada caso en especial, para qué,
    cuáles serán los beneficios, en el marco de qué
    estrategia, con qué variación de volúmenes se va
    a operar, pues el sistema es muy inflexible, y las cosas pueden
    complicarse”, explica Osvaldo Fernández, quien advierte sobre
    los peligros de recurrir al trabajo automatizado sin hacer un
    cuidadoso balance previo. “Hay algunos que alientan la
    automatización en casi todos los casos, cuando saben que el
    tema hoy está seriamente cuestionado.”

    La gran ventaja de estos depósitos es, obviamente, la
    rapidez y eficiencia de los traslados con ínfimos
    márgenes de error, los bajos requerimientos de mano de obra
    y la reducción de la probabilidad de robos y roturas. Pero en
    mercados muy dinámicos y en permanente transformación,
    como el argentino, la rigidez de un sistema robotizado puede
    entorpecer más que lo que aporta. A ello se agrega el riesgo
    de subexplotación del espacio ocioso y los costos que los
    tiempos muertos generan en un almacén automático
    subutilizado.

    La experiencia con una empresa automotriz de Barcelona hizo
    descartar a los directivos de TNT la alternativa de la
    automatización total de sus plantas en la Argentina.
    José María Costa dice que “como positivo puede
    afirmarse que compacta mucho material en poco espacio, pero como
    contrapartida, si uno necesita ya mismo determinado material, tiene
    que esperar a que salga según los tiempos de la máquina
    y las prioridades establecidas en el software. Es un sistema muy
    estricto y es muy difícil salir de lo que está
    programado. También exige inversiones muy altas que a veces no
    se justifican”

    En la Argentina pueden contarse apenas una decena de
    depósitos automáticos e inteligentes. El
    puntapié inicial lo dio en 1994 Molinos Río de la
    Plata, que construyó en la localidad bonaerense de
    Morón, con asesoramiento alemán, el primer centro
    automatizado del país para su frigorífico Tres Cruces.

    Con los volúmenes que maneja la empresa, la experiencia
    no podía fracasar. Tanto es así que redoblaron la
    apuesta y resolvieron continuar la senda de la robótica.
    Cotejando la ecuación horas-hombre sobre producto distribuido
    a lo largo de diferentes períodos, la gente de Molinos
    comprobó que con la automatización multiplicó
    por cinco la productividad del almacén.

    Este fue el primer paso de un proceso de reconversión
    en el que ya lleva invertidos US$ 25 millones en los tres centros de
    distribución automatizados que posee actualmente. En pocos
    meses racionalizó mano de obra y aumentó su
    facturación sin despedir a ninguno de los 350 trabajadores que
    ocupan estos centros, que mueven 650.000 toneladas anuales. Este
    cambio le permitió no sólo recortar gastos operativos y
    racionalizar el proceso de almacenaje y distribución -sus
    costos logísticos representan 7% de la facturación
    total-, sino también incrementar la calidad del servicio a sus
    clientes.

    Para José Luis Losada, gerente de logística y
    distribución de Molinos, “gracias a la tecnología, a la
    eficiencia y a la logística podemos diferenciarnos no
    sólo por los precios y la calidad de los productos, sino
    también por la capacidad de brindar un servicio de entregas de
    alta confiabilidad y calidad. Por ejemplo, entregamos la
    mercadería en pallets que llevan una etiqueta que indica el
    contenido, sin posibilidad de error, porque anteriormente en el
    proceso de picking -es decir, la preparación del pedido- no se
    cometieron errores”.

     

    Robocop

     

    Otra empresa que incursionó en la robótica fue
    Cadesa, propietaria de la cadena de supermercados Norte. Las
    tribulaciones que provocaban las aglomeraciones en la entregas de
    1.500 proveedores, la custodia y la distribución de toneladas
    de productos clasificados en 27.000 referencias diferentes los
    llevó a probar suerte con las máquinas. “Cada local
    tenía sus propios depósitos, y, por lo tanto, el
    gerente de sucursal demandaba más mercadería que la que
    realmente necesitaba, con lo que perjudicaba a otros locales y
    mantenía grandes volúmenes de mercadería sin
    vender”, recuerda Jorge Garramuño, gerente de
    distribución de la cadena. “Ahora se trata de no tener stock,
    preparar con celeridad el pedido y completar en tiempos más
    cortos la reposición de mercaderías.”

    En junio del año pasado Norte inauguró su
    centro de distribución robotizado en Munro, provincia de
    Buenos Aires, donde invirtió US$ 20 millones. Con el
    asesoramiento de la multinacional Miebach, construyó una
    planta de 22.000 m2 (antes contaba con tres centros que sumaban
    17.000 m2), con una capacidad de almacenamiento de 22.000 pallets y
    en condiciones de administrar un flujo diario de 150.000 bultos.
    Desde esta flamante planta automatizada abastece en 24 horas los
    pedidos de sus 25 locales distribuidos entre Capital, Gran Buenos
    Aires y Tandil. Hoy, Norte factura 50% más que con la anterior
    estructura y lo hace con los mismos 230 trabajadores reentrenados
    para las nuevas tareas.

    En esta nueva estructura, la empresa ha replanteado la
    relación con sus proveedores. No compra productos que no
    tengan código de barras; exigió -y consiguió- la
    modernización de la flota rodante de los abastecedores para
    lograr una operación eficaz de carga y descarga en su
    terminal, y hace cumplir rigurosos turnos para evitar
    embotellamientos en la playa de maniobras.

    En las oficinas de Cadesa estiman que los costos
    logísticos propios representan 2,5 % de los valores de las
    mercaderías que pasan por el depósito de Munro. El
    retorno de la inversión se espera para mediados de 1998.

     

     

    Justo a tiempo

     

    Cuando a principios de los ´90 la automotriz Sevel quiso
    encarar una reconversión productiva en su planta, construida
    hace más de 30 de años, se encontró con una
    arquitectura y un concepto de diseño muy anticuados. En 1993
    contrató a Andersen Consulting de España y en 14 meses,
    a un costo de US$ 2 millones -honorarios de la consultora incluidos-,
    la empresa comenzó a operar con su nuevo esquema
    logístico.

    Coordinar el proceso de abastecimiento de insumos -in bound- a
    través de sus 250 proveedores con miles de piezas distintas
    en forma, peso, tamaño y costo fue el primer logro.
    Actualmente el proveedor recibe los pedidos en forma
    electrónica (antes se hacía por correo); 25% se procesa
    con conexión EDI (ver recuadro) y el resto por fax. Sevel
    informa semanal y diariamente a qué hora pasará a
    retirar las piezas. “Decidimos invertir los términos: nosotros
    vamos a buscar las piezas. Para ello contratamos a la estadounidense
    Ryder. Ellos son los que planifican las unidades de transporte para
    operar, la cantidad de proveedores a visitar y el número de
    piezas que deben retirar”, relata Sandro Scaramelli, director de
    logística de Sevel. “Esto nos ha permitido evitar
    acumulación de stock de las piezas más valiosas
    -ruedas, asientos, equipos de aire acondicionado- con los riesgos de
    mal uso, obsolescencia y roturas que esto conlleva.”

    Sevel aplica el sistema just in time (JIT) para lograr
    inventarios mínimos, administrando la secuencia exacta de
    provisión según las necesidades de la planta.
    Rediseñó todo el circuito de las piezas desde el
    almacén hasta la línea de montaje.

    Creada en Japón por Toyota a mediados de los ´60, esta
    organización de la producción consiste en la
    disposición paralela a la línea de montaje de dos
    contenedores con piezas. Cuando el primero de ellos se vacía,
    el operador comienza a abastecerse del segundo mientras informa sobre
    el material a reponer a través de una señal luminosa.

    En Sevel exhiben con orgullo algunos resultados: “Hemos
    reducido en 30% los espacios de almacén, la cantidad diaria de
    camiones que nos abastecen bajó de 130 a 40 unidades y
    racionalizamos personal en 20%”.

    También las plantas de Toyota y Mercedes Benz operan
    con el sistema JIT, pero en sendos casos el operador logístico
    es Román, que también provee el servicio a otros
    gigantes como Alpargatas, Lever y Coca-Cola. El contrato renovado
    recientemente con la embotelladora le confía la
    distribución de más de la mitad de las ventas de
    Capital, algo así como 5,5 millones de cajones al año.
    Este operador es otro de los que incorporó alta
    tecnología a sus depósitos. Recientemente
    inauguró un almacén semiautomático en el barrio
    porteño de Barracas, con capacidad para 22.000 pallets.

     

    La tercerización

     

    Aunque cada vez son más las empresas argentinas que han
    puesto en manos de terceros el manejo de sus operaciones
    logísticas, todavía son muchas las
    compañías que se resisten a confiar a otros la
    operatoria de sus canales de distribución. Mientras en Gran
    Bretaña y Estados Unidos el outsourcing absorbe 30% de la
    actividad, se estima que en el mercado local el índice no
    supera 5%, lo que representa un potencial prometedor para las
    empresas que se dedican a la logística en la Argentina, que
    facturaron cerca de $ 500 millones en 1996.

    Los partidarios de la tercerización sostienen que entre
    sus principales beneficios está el de transformar costos fijos
    en variables y el de poder confiar a otro actividades que la propia
    empresa no podría mejorar sin grandes inversiones inmediatas.

    Claro que todo esto implica, también, compartir el
    control de un eslabón esencial del proceso industrial y la
    relación directa con los clientes. Precisamente uno de los
    mayores temores es que información confidencial pueda caer en
    manos de la competencia, en muchos casos atendida por el mismo
    operador logístico. Por ello, los consultores aconsejan
    estudiar muy bien al futuro socio logístico, ya que un error
    puede resultar fatal. No hay duda, en consecuencia, de que la
    confiabilidad es el valor agregado esencial que debe aportar
    cualquier proveedor en este terreno.

    “Existe una correlación directa entre un gerenciamiento
    de avanzada y la tercerización de la logística -opina
    Jorge Ader, presidente de Tasa Logística-. Cuando una
    economía crece, el gerenciamiento tiende a tercerizarse, para
    mantener una estructura pequeña y flexible. Hace tiempo, un
    buen gerente medía su poder por el personal a su cargo. Hoy es
    considerado bueno si alcanza sus objetivos con una estructura
    mínima.”

     

    Los costos

    Muchas veces, al tercerizar la operatoria logística,
    los costos suelen ser inicialmente superiores a los de la anterior
    estructura. “La gente de marketing no ve la logística como una
    verdadera herramienta. A veces se gastan fortunas para llevar
    adelante una campaña publicitaria y luego retacean recursos
    que pueden significar 0,1% del total desembolsado”, afirma
    Fabián Yannone, gerente comercial de la división
    Logística de Andreani.

    “La cuestión”, agrega Gustavo Echenique, gerente de
    operaciones de la misma empresa, “no es sólo pensar
    cómo se hace para disminuir los costos, sino cómo se le
    agrega valor al producto. Si luego de una excelente promoción
    el producto no está en la góndola, se pierde más
    que cualquier ahorro que se hubiera logrado en el proceso de
    entrega”.

    Andreani realiza la logística integral de 40% de la
    industria farmacéutica nacional y transporta 70% de sus
    productos. Con tecnología satelital y camiones blindados
    logró arruinar un negocio que se había vuelto habitual
    en la Argentina: el de los piratas del asfalto. Cada camión
    asaltado incorpora hasta $ 500.000 al mercado negro de medicamentos.

    Pero no sólo se trata de costos. Confiar la
    logística a grandes operadores permite achicar la brecha entre
    las empresas proveedoras y las grandes cadenas de supermercados. “Las
    relaciones de poder con las grandes cadenas son muy desequilibradas
    para muchas empresas. Hay compañías que no están
    en algunos supermercados porque no saben con quién tienen que
    establecer un vínculo comercial”, explica Eduardo Olaguer
    Feliú, presidente de Agrocom, especializada en la
    logística de productos masivos.

    Agrocom transporta, deposita, custodia, cobra y lleva hasta
    la góndola los artículos de sus clientes. El enorme
    volumen sobre el que trabaja la sitúa entre los primeros diez
    proveedores de supermercados. Sin embargo, manifiestan cierta
    desazón -compartida por otras empresas- por la baja
    rentabilidad del negocio. En 1996, a pesar de haber facturado
    más de $ 160 millones, sus ganancias fueron menores a 1%.

     

    Desembarco de gigantes

     

    También a la logística están llegado las
    grandes compañías internacionales. Tasa, por ejemplo,
    se asoció con la estadounidense CTI , que abastece de insumos
    importados a la planta de Ford en General Pacheco. Trans
    cerró un acuerdo de intercambio tecnológico con Mark
    VII, una multinacional estadounidense que factura anualmente US$ 600
    millones y opera en los más diversos rubros (industria
    automotriz, petróleo, ferrocarriles, alimentos). La nueva
    empresa presta servicios a la industria alimentaria e
    informática y al negocio ferroviario, a través de la
    distribución y administración de los depósitos
    de Ferrosur y Ferroexpreso Pampeano. En 1996 ejecutó 4.000
    órdenes diarias en el servicio puerta a puerta para clientes
    como Wendy´s y Avon.

    Pegada a la planta de Volkswagen en General Pacheco, la
    multinacional TNT -cuarto operador logístico mundial- cuenta
    con un flamante depósito semiautomatizado con capacidad para
    almacenar 40.000 pallets. A fines del año pasado, esta empresa
    de origen australiano pasó a manos del grupo holandés
    KPN, que factura anualmente US$ 7.300 millones y opera,
    además, en telecomunicaciones y correos.

    Aquí ofrece logística in-bound a Volkswagen. Se
    ocupa de la recepción de material, almacenaje, custodia y
    entrega just in time en la línea de montaje de su flamante
    vecino. Este año sumó a Fiat a su cartera de clientes y
    espera seguir ganando espacio en el sector. “Nuestro objetivo es
    continuar creciendo en la industria automotriz argentina”,
    señala el titular de la filial local, José María
    Costa, quien descarta -por el momento- cualquier plan de incursionar
    en otros rubros.

     

    Rutas argentinas

    Entre los reclamos que más movilizan a la gente de la
    logística sobresale la modernización de las maltratadas
    carreteras nacionales, que no se encuentran en adecuadas condiciones
    para soportar el traslado de camiones de alto tonelaje y cuyos tramos
    interprovinciales resultan, a veces, intransitables. Según la
    Comisión Nacional de Transporte Automotor (Conta), 80% del
    comercio circula a bordo de camiones, de allí que el
    transporte de carga automotor sea una cuestión clave en el
    desarrollo de la logística local. Las compañías
    que operan con logística propia alquilan casi la totalidad de
    los camiones que utilizan para el transporte de sus productos. En
    cuanto a las empresas de servicios logísticos, la flota no
    supera -en general- más de 15% de los rodados utilizados, el
    resto se contrata en el hipercompetitivo mercado local.

    La Federación Argentina de Entidades Empresarias de
    Automotores de Carga estima que en el país operan actualmente
    350.000 camiones, con una edad promedio de 19 años, el doble
    de la que exhiben los países desarrollados y demasiado cercana
    al límite tolerado por la ley de tránsito, que impone
    la prohibición de circular para rodados que superen los 20
    años de antigüedad. Además, es habitual que
    sólo se renueven las unidades tractoras, por lo que cajas y
    remolques suelen tener aún más años.

    Otro problema clave es la falta de unidades adecuadas a las
    nuevas tecnologías. La mayoría de los camiones siguen
    teniendo techo de lona y descarga lateral. La gente de Arlog
    comprobó que se puede llegar a tardar 35 minutos en levantar
    un techo de lona a mano, como es corriente en la Argentina. Son
    más que escasas las grandes unidades frigoríficas.

    Al mismo tiempo, la gran cantidad de empresas de transporte
    con menos de cinco unidades -según cifras de Conta representan
    95% de la flota total- ha generado una despiadada competencia con la
    imaginable rebaja en precios, costos e inversiones.

    Los gastos operativos (camiones, combustibles,
    neumáticos, etc.) son, en promedio, 20% más altos que
    en los países desarrollados. Los salarios de los choferes
    argentinos son los más elevados del Mercosur y el costo de los
    peajes complica más las cuentas de la actividad del
    transporte, que encuentra pocos incentivos para iniciar las grandes
    inversiones tecnológicas que necesita el sector.

     

    Código de barras

    Hoy es virtualmente imposible entrar a un supermercado o salir
    al comercio mundial sin las etiquetas estándar que en la
    Argentina administra la Asociación Civil Argentina de
    Codificación de Productos Comerciales, más conocida
    como Código. Desde 1985 el ritmo de difusión del
    sistema ha sido impresionante. En 1991 sólo había 1.850
    empresas trabajando con código de barras. Hoy son más
    de 10.000. La demanda ha crecido notablemente en los últimos
    cuatro años, lo que significó un explosivo salto que
    elevó los registros de 37.800 códigos habilitados en
    1992 a los 290.000 actuales. Sin embargo, los desniveles aún
    son grandes. Los artículos de consumo masivo constituyen 65%
    de los códigos registrados (almacén, bebidas, limpieza
    y bazar, lácteos, panadería y carnicería, etc.),
    mientras que el sector de electrodomésticos representa apenas
    1,6%. El sector de los supermercados -protagonista de la cruzada
    codificadora- espera que para 1998 se avance en el desarrollo de
    código de barras no sólo en los envases sino
    también en cajas o bultos. Luego -confían en
    Código- llegará el turno de los pallets, las
    estructuras estándar de pino o quebracho que sirven de base
    para el traslado y almacenamiento de las mercaderías.

     

    Todo on line

    El Electric Data Interchange (EDI), o intercambio
    electrónico de documentos, es uno de los instrumentos que
    más ha contribuido a cambiar la historia de la operatoria
    logística. Se trata de un sistema de comunicaciones on line
    que permite emitir pedidos, órdenes de compra, facturas,
    avisos de despacho y recibo, informes de itinerario, avisos de
    remesa, etc. a través de computadoras. El EDI suplanta todo el
    complejo sistema de documentación comercial a través de
    papeles, reduce notablemente los tiempos y permite mantener un
    control total de la cadena de abastecimiento.

     

    Respuesta eficiente

    No es la llave del Mandala, pero los profesionales de la
    logística tienen enormes expectativas en él. El ECR
    (Efficient Consumer Response, o Respuesta eficiente al consumidor) es
    un modelo estratégico de negocios en el cual proveedores y
    clientes trabajan en forma conjunta para entregar mayor valor al
    consumidor final. “No es sólo el mayor valor en cuanto al
    mejor producto, sino el mayor valor incluyendo el menor costo”,
    aclara Mario Severi, de Arlog. El objetivo final consiste en integrar
    procesos logísticos y comerciales, a lo largo de toda la
    cadena de abastecimiento, pasando de push a pull, para lograr la
    máxima satisfacción del cliente y una reducción
    de los costos.

    En la Argentina viene trabajando en el tema un comité
    especial encabezado por Código, la asociación que
    asigna los códigos de barras, e integrado por un grupo de
    grandes empresas.

    El ECR tiene dos grandes enfoques: la integración de
    los aspectos logísticos, es decir, los medios para poder
    llegar en tiempo y forma al cliente, y el comercial, que está
    basado en el surtido, la promoción y la introducción de
    nuevos productos en forma eficiente.

    Los aspectos comerciales de un estudio preliminar que hizo
    este comité hablaban de la implantación de un proceso
    de administración por categorías, lo cual significa
    tomar como unidad de negocio a cada categoría de producto y
    estudiarlo en conjunto con el retailer.

    Uno de los obstáculos para el desarrollo de este
    modelo es la necesidad de compartir información, algo que en
    Europa es cosa de todos los días pero aquí representa
    aún un problema cultural.

    Los aspectos logísticos tienen que ver con el
    movimiento del producto y el flujo de información. La idea es
    que cuando el cliente pasó por la caja, en ese mismo momento
    salga automáticamente el pedido de reposición.
    Según los especialistas de Arlog, “en la Argentina no hay ni
    tecnología ni voluntad para hacerlo. No debe haber más
    de 15 empresas que estén usando el EDI (intercambio
    electrónico de datos) para trabajar juntos clientes y
    proveedores. La caja sólo se usa para facturar y para
    información interna. En Brasil lo hacen muy bien en la
    industria automotriz. En Estados Unidos y Europa es cosa de todos los
    días. Los clientes producen automáticamente
    órdenes de compra que aparecen en las pantallas de los
    proveedores”.

    El comité llegó a la conclusión de que,
    si se ajustaran todas las tuercas que implica la aplicación
    del ECR (plena utilización del EDI, optimización de los
    distintos eslabones de la cadena, eliminación de costos
    ocultos, adecuación y estandarización de los medios de
    transporte, etc.), se podría generar un ahorro en el
    área de consumo masivo de casi 7% de la facturación
    total. De esa suma, 52% beneficiaría a los proveedores y 48% a
    los clientes.



     

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