lunes, 22 de junio de 2026

    Los avisos premiados, ¿venden?

    El estereotipo —para muchos perimido— no habla bien de
    la relación. Según él, en uno de los lados de la
    calle prevalecen jóvenes talentosos y atrevidos que se llaman
    a sí mismos creativos; del otro, gerentes circunspectos que
    rezan día a día los salmos de las cifras Nielsen. Esta
    cohabitación, a pesar de todo, fructifica y de ella nacen
    piezas publicitarias que, si todo va bien, llevan la inteligencia del
    padre-empresa y la belleza de la madre-creativa. Ya crecidas, las
    criaturas son a veces inscriptas en los festivales de la línea
    materna. Y ganan premios, que llenan de orgullo a tías y
    abuelas. Entonces todo se complica: según ese estereotipo, de
    un lado se las besa y abraza como a prodigios, mientras del otro
    irremediablemente se sospecha de su legitimidad.

    Frente a los cuestionamientos que pueden despertar los premios
    creativos, la agencia Leo Burnett Internacional quiso saber si en
    verdad los anuncios galardonados constituyen hijos ilegítimos,
    piezas fatuas que se olvidan de vender en su solo afán de
    brillar o si, por el contrario, constituyen un arma de poderosa
    eficacia. Para ello, durante los últimos cinco años Leo
    Burnett investigó los resultados comerciales de los 400 avisos
    más premiados entre 1992 y 1995, para establecer alguna
    correlación entre las distinciones y las ventas. Con el
    auspicio de MERCADO, ese estudio fue presentado en Buenos Aires el 29
    de abril por Carlos Mouzo, director general creativo de Leo Burnett
    para América latina.

    La investigación constó de dos partes. La primera
    incluyó los comerciales premiados que estuvieron en el aire
    entre el ‘92 y el ‘93, la segunda correspondió a los
    del período ‘94/’95. Los premios fueron otorgados
    por 45 festivales: internacionales (como Cannes, Clio o New York
    Festival), regionales (Fiap, Asian Advertising Award, Eurobest o
    Epica) y nacionales.

    Una vez identificados los avisos, el paso siguiente consistió
    en solicitarles a las agencias y anunciantes información sobre
    el desempeño comercial de los spots. En concreto, se les
    preguntó qué objetivos se habían propuesto, si
    se los alcanzó o no, datos estadísticos que avalaran la
    respuesta y, en caso de incumplimiento de las metas, una
    reseña de las posibles causas del fracaso.

    “Los resultados fueron sorprendentes”, aseguró
    Mouzo. “Aunque muchos piensan que los premios son una frivolidad
    o que resultan irrelevantes e incluso contraproducentes para la
    misión principal de una agencia de publicidad —que es la
    venta de productos y servicios—, quedó demostrado que las
    buenas ideas son las que venden y que el juicio de los jurados de los
    festivales y de los consumidores no es tan distinto como a veces se
    supone.”

    Según los datos recogidos, sólo 54 de los 400 avisos no
    consiguieron los objetivos para los que fueron creados. Los otros 346
    (86,4%) tuvieron éxito, ya sea en relación con metas
    cuantitativas (ventas, volumen, share) o cualitativas (cambio de
    actitudes, recordación o imagen de marca). Los responsables
    del estudio destacaron que 101 avisos (25% del total) superaron
    cualquier expectativa y tuvieron un desempeño notable, con
    incrementos de ventas de hasta 500%.

    Para Mouzo, muchas de estas piezas “habrían hecho las
    delicias de las brigadas anticomerciales”: avisos como el del
    jeep Cherokee en el que no se ve el vehículo, ni se habla de
    sus detalles técnicos ni se menciona el precio, y que, sin
    embargo, llevó a la marca a cifras de venta nunca antes
    alcanzadas en Estados Unidos, con 430.000 unidades en 1994. O
    comerciales de comida en los que nadie expresa satisfacción
    ante la promesa del producto y que, sin embargo, en los mercados
    expuestos elevaron las ventas en 30%.

     

    El poder de las ideas

    “Lo que quedó claro es que los jurados de los
    festivales publicitarios y los clientes de nuestros clientes tienen
    mucho más en común que lo que muchos piensan a la hora
    de reaccionar frente a la publicidad. Y esto es lógico: los
    buenos avisos son recompensas para todos aquellos a los que no les
    pedimos permiso para interrumpir sus programas favoritos”,
    comentó Mouzo, un creativo argentino que desde 1982 trabaja
    para Burnett en el exterior.

    Para él, pese a que todavía existe gran cantidad de
    gente, “incluso en los niveles más altos de
    decisión”, convencida de que ganar premios y vender son
    objetivos conflictivos y excluyentes, 86,4% de éxito no deja
    dudas de que para lograr buenos resultados comerciales se requiere
    publicidad de una calidad tal que le permita ser distinguida en los
    festivales. “Ese es el extraordinario poder de las ideas:
    alcanzar 86,4% de éxito cuando, según las
    investigaciones de nuestra agencia, lo normal en las
    categorías más competitivas es que un tercio de las
    marcas suba, otro baje y el restante se mantenga.”

    En la presentación del estudio, MERCADO convocó como
    panelistas a Félix Día Bo, gerente de marketing de
    Servicios Tickets, Fernando Vega Olmos, de la agencia VegaOlmosPonce,
    y Ramiro Agulla, de Agulla & Baccetti.

    Vega Olmos sostuvo que investigaciones de este tipo son un
    síntoma del grado de cuestionamiento al que está
    sometido el sector y que las acusaciones están, en parte,
    alentadas desde el interior del mercado publicitario. “En los
    festivales se escoge para la short list sólo 11% de las
    inscripciones; 2% lleva premios y 98% no gana nada: la actitud
    termina siendo: ´Si no gano, estoy en contra de los festivales y
    descreo de los premios´. Hasta que empiezan a ganar; ahí
    la mirada cambia.”

    En cuanto a la relación cotidiana con los anunciantes,
    advirtió que éstos son siempre más proclives a
    aplaudir la audacia ajena que a innovar con su dinero. “Y, sin
    embargo, la originalidad es el único recurso antizapping, el
    único diferencial de producto. Yo les digo a mis clientes:
    ´Desconfiá de todo aquello que al contártelo no te
    provoque un nudo en el estómago, porque si lo que te cuento no
    te inquieta, no va a ayudar a tu marca’”, aseveró
    Vega Olmos.

    Desde el otro lado del negocio, Día Bo defendió la
    necesidad de considerar a las agencias como socios comerciales y no
    meros proveedores. “Se trata de instalar una relación de
    confianza, un clima para que los profesionales publicitarios se
    sientan alentados a crear piezas del más alto nivel de
    excelencia”, planteó; “además, hay que tener
    siempre presente que la publicidad por sí sola no puede
    garantizar el resultado comercial, no se le puede pedir que supla
    falencias del producto, de la distribución u otros elementos
    que inciden en este proceso”.

    Agulla coincidió en que los éxitos se apoyan en la
    confianza de las empresas para aprobar soluciones originales, aunque
    señaló que existen clientes-gendarmes empeñados
    en detectar el error de la agencia. “Yo quiero que los
    anunciantes me manden todos los faxes, no sólo los insultos
    sino también los elogios; quiero saber qué cosas caen
    bien. Pero algunos se pasan el día pendientes de los que
    llaman para protestar, y después lo único que hacen es
    señalar lo que está mal. Es como si se compraran un
    canario y en seguida le pusieran un gato para que lo vigilara. Si
    quieren un gato, que se compren un gato”, aconsejó.

    De todos modos, también reconoció que los publicitarios
    algunas veces caen en la confusión de anteponer los premios a
    las necesidades de los clientes. “Hay que tratar de ganar un
    Grand Prix, pero después de hacer el trabajo que había
    que hacer, no antes. No tiene sentido brillar por brillar como un
    mago que hace trucos. Hay que brillar haciendo que las cosas sucedan,
    con resultados.”

    Diego Ardiaca