miércoles, 17 de junio de 2026

    La reconfiguración del poder

    También en la Argentina se ha instalado el boom del ocio
    (analizado en la nota de Portada de esta edición).
    Aunque, aquí, el fenómeno parece ser puro reflejo
    —y, por lo tanto, la imagen invertida— de la tendencia
    global. No se trata, como en Europa y Estados Unidos, de un auge
    impulsado por la demanda, aunque es indudable que la estabilidad y la
    apertura han significado, para un sector de la población, la
    incorporación de hábitos de consumo más caros y
    sofisticados.

    En realidad, lo que está en marcha es una revolución de
    la oferta. El negocio del tiempo libre en la Argentina es singular
    porque está inventándose a sí mismo, avanzando
    en un territorio con escasas referencias locales; intuyendo,
    más que evaluando, las preferencias y la disposición al
    gasto de un público para el que las alternativas de
    entretenimiento han sido hasta ahora escasas y uniformes.

    La ola avanza por su propio impulso y atrapa a todos: desde grupos
    económicos con capacidad de importar los productos
    temáticos diseñados en Estados Unidos (parques,
    restaurantes, bares), hasta empresarios del teatro, el deporte y el
    rock, que no quieren quedar afuera del nuevo negocio.

     

    Vuelta al nido

    Otra imagen invertida es la que parece surgir a dos años de
    la disolución de Autolatina. En 1987, la iniciativa
    pareció ser un ejercicio vanguardista de la globalidad: la
    estadounidense Ford y la alemana Volkswagen, enfrentadas en el
    mercado internacional, rompieron las fronteras corporativas y se
    asociaron en la Argentina y Brasil para multiplicar sus ventajas
    competitivas.

    Curiosamente, fueron los desafíos globales los que condujeron,
    ocho años después, a la clausura del emprendimiento.
    Tal como relata el presidente de Ford Argentina, Jorge Mostany, en
    una entrevista con MERCADO , la apertura del mercado automotor
    regional a los grandes players tornó imprescindible el retorno
    a las fuentes para incorporarse a los respectivos proyectos globales
    de las casas matrices y poder pelear en el Mercosur con productos de
    clase internacional.

    El camino de regreso resultó tanto o más duro que el de
    ida, pero los frutos han sido extremadamente satisfactorios. Ford se
    ubica ahora en el tope del mercado total y si se suman sus ventas a
    las de Volkswagen la cifra es 54% superior a la que registró
    Autolatina en su último año de vida.

     

    Socios y rivales

    No es, por cierto, un dato menor que la dinámica impuesta
    por el acuerdo regional haya empujado a estos dos gigantes de la
    industria automotriz a revisar una estrategia ya corporizada en un
    audaz proyecto. Y es, justamente, esta presencia creciente y vigorosa
    del Mercosur lo que ha puesto en marcha una pugna —al más
    puro estilo de los tradicionales escenarios anteriores a la
    globalidad— entre las dos grandes potencias económicas:
    la Unión Europea y Estados Unidos. (Ver informe en la
    sección Perspectiva.)

    Para Washington parece fundamental, en esta etapa, recuperar el
    terreno y el tiempo perdidos en Sudamérica. Y quiere hacerlo a
    lo grande, con una iniciativa de alcance continental, que absorba
    —y, sobre todo, diluya— el bloque del Cono Sur y ponga
    freno al avance europeo en la región.

     

    El fantasma del patio
    trasero

    La cuestión despierta, desde luego, antiguos recelos acerca
    de la vocación hegemónica de Estados Unidos. Pero,
    más allá de ello, está el tema de fondo del
    futuro. ¿Qué tienen para ganar o perder los países
    del Mercosur ante esta alternativa? La ecuación comercial
    parece favorecer, aunque con matices, la opción por el socio
    europeo.

    En cuanto a la conveniencia o no de renunciar al bloque subregional
    para cosechar los beneficios de una gran entidad americana, es
    preciso contabilizar en la columna del pasivo la pérdida de la
    plataforma de aprendizaje y desarrollo que muchas empresas y sectores
    han encontrado en el Mercosur, un ámbito más amigable
    que muchos otros para ensayar el papel de jugador global.

     

    Ganadores y
    vendedores

    El ranking de MERCADO de las empresas más rentables da
    cuenta de las contradicciones con que se vienen cumpliendo en la
    Argentina las nuevas reglas del juego económico
    internacional.

    Por un lado, sobresalen en los tramos superiores de la lista los
    sectores que han mostrado mayor dinamismo en este último
    quinquenio; básicamente, las petroleras y las empresas del
    sector energético.

    Entre las grandes compañías se destacan aquellas con
    más altos índices de productividad. (En la petrolera
    Amoco, por ejemplo, la facturación por trabajador ocupado es
    de $ 1.509.000.)

    Pero entre los ganadores se encuentran también varias empresas
    del tradicional sector de la construcción, estimulado por el
    crecimiento de la oferta de créditos hipotecarios y la
    existencia de una amplia franja de demandantes de vivienda que
    recién ahora podrán acceder a ella.

    Finalmente, las cifras de algunos holdings y grandes empresas
    incluyen ganancias originadas, mayormente, en las ventas de activos o
    firmas subsidiarias, un fenómeno que se hará notar
    mucho más en los balances del próximo ejercicio, cuando
    queden registrados los efectos de la actual fiebre de adquisiciones
    por parte de compañías extranjeras.

     

    Claroscuros

    ¿Hay que concluir que estos contrastes y paradojas reflejan
    la dificultad del país para encajar en el modelo global? En
    principio, contribuyen a desmentir la difundida idea de que la
    globalidad es —aquí o en el resto del mundo— un
    camino llano y recto hacia la prosperidad.

    El propio Thurow se encargó, durante su visita a Buenos Aires,
    de refutar a los predicadores del entusiasmo a ultranza. “La
    economía mundial creció a un ritmo de 5% en los
    años ‘60; el índice descendió a 3,6% en los
    ’70; a 2,8% en los ‘80, y a 2% en lo que va de esta
    década”, señaló, para advertir que lo que
    hay por delante es una ardua búsqueda de la vía de
    retorno al crecimiento. Y con altas dosis de incertidumbre:
    “¿Quién va a parar el próximo crack del
    capitalismo? Antes, los encargados de auxiliarlo en las crisis
    cíclicas eran los Estados nacionales. Hoy tenemos
    economía global sin gobierno mundial”.