lunes, 22 de junio de 2026

    La Argentina en blanco y negro

    Las pugnas políticas, sin duda acicateadas por el horizonte
    de las elecciones de octubre, impiden al gobierno y al conjunto de la
    sociedad aprovechar al menos algunos de los beneficios derivados de
    una situación económica que está evolucionando
    positivamente.

    Dejando de lado la recesión inducida por el el efecto tequila,
    durante 1996 el producto creció 4,3% y este año la tasa
    llegaría a 7%. En cambio, durante el cuatrienio de oro que
    siguió a la instauración del plan de Convertibilidad,
    el índice promedio casi alcanzó a 9%.

    Claro que abundan los contrastes en el desempeño de los
    diferentes agregados. Así, mientras las exportaciones de
    bienes y servicios, a precios de 1986, crecieron a razón de
    3,6% anual entre 1991 y 1994, en 1996 lo hicieron a 6,3% y se espera
    que en 1997 lo hagan en casi 13%. En el caso de la inversión,
    que en la época dorada aumentó a razón de 25,5%
    por año, luego de la recuperación de 8,3% en 1996
    crecería 25% durante 1997. A la vez, las importaciones
    estarían creciendo a un ritmo superior a las exportaciones,
    pero inferior al del período 1991/94.

    En esas condiciones, el consumo global deberá aumentar a una
    tasa significativamente más baja que en los años
    precedentes. Mientras entre 1991 y 1994 creció a 10% por
    año, durante 1996 y 1997 se estima que lo hará a
    razón de 5%. Este desempeño constituye uno más
    de los indicadores de que el ajuste descendente de los salarios
    nominales, que se viene produciendo a partir del efecto tequila, es
    un proceso que aún no se ha agotado.

    Otro de los hechos auspiciosos que han acompañado a las
    fuertes tasas de crecimiento del PBI es la performance reciente de la
    recaudación tributaria. La percepción del fisco no
    sólo viene creciendo por arriba de los niveles registrados en
    igual lapso del año anterior, sino que, además,
    está en línea con las metas convenidas con el FMI.

    Sin embargo, esto no fue suficiente para que durante el primer
    cuatrimestre la situación fiscal mejorara. Lo que queda de
    manifiesto, al comparar los niveles de déficit en ambos
    períodos, es que son semejantes. Sin embargo, cuando se
    incorpora el resultado de las cuentas fiscales durante mayo y, en
    particular, el de la recaudación, la mayoría de las
    consultoras han revisado sus pronósticos de déficit
    hacia abajo: ahora, casi todas creen que es posible que el quebranto
    anual se ubique en valores más cercanos a los $ 5.000
    millones.

    Los indicadores más optimistas se encuentran por el lado
    monetario y financiero. Los depósitos siguen creciendo a un
    ritmo significativo, igual que el crédito al sector privado no
    financiero. El respaldo a la convertibilidad se encuentra en sus
    máximos niveles (99,9%), con un monto de reservas brutas
    internacionales que supera los US$ 20.000 millones. El riesgo
    país, medido a través del spread sobre los bonos del
    Tesoro norteamericano, tanto a 30 años como a 5, se encuentra
    en los valores más reducidos desde noviembre de 1995 y en una
    tendencia descendente. Por último, el Indice Merval muestra
    que los precios de las acciones líderes han superado el
    mítico registro de junio de 1992.

     

    Los números del conflicto social

    Frente a este alentador panorama, estudios elaborados por el
    Ministerio de Trabajo revelan que en todo el país existen algo
    más de 2,6 millones de personas que integran la
    categoría de desocupados urbanos y rurales pobres. De ese
    total, 54,6% (poco más de 1.400.000) son trabajadores
    desempleados que se encuentran por debajo de la línea de
    pobreza.

    Esa proporción, de por sí elevada, lo es aún
    más en el caso de las provincias del norte: en Formosa llega a
    94,3%, en Santiago del Estero a 89,4%, en Misiones a 89,3%, en Jujuy
    a 88,4% y en Chaco a 87,5%, por nombrar sólo las cinco
    primeras. En los casos de Salta y Neuquén, donde se suscitaron
    episodios de protesta civil, los porcentajes son también
    ampliamente superiores al promedio: 76,7% y 74,4%,
    respectivamente.

    Estos datos indican que 7,4% de la población total son
    desocupados urbanos o rurales pobres, y que 4,1% se encuentra por
    debajo de la línea de pobreza. Sin embargo, 16 de los 24
    estados federados registran cifras superiores al promedio. Los ocho
    privilegiados son las provincias de La Pampa, Mendoza, Buenos Aires,
    Chubut, Córdoba, Tierra del Fuego y Santa Cruz, y la Ciudad
    Autónoma de Buenos Aires. En la situación más
    crítica se encuentran Santiago del Estero, Formosa, Chaco,
    Salta y Misiones. Jujuy y Neuquén se ubican, respectivamente,
    en la 8ª y 11ª posiciones.

    Por lo demás, tanto Salta (50% por debajo) como Jujuy (63%)
    son provincias cuyos ingresos medios por habitante se encuentran muy
    alejados de la media nacional. Al contrario, Neuquén presenta
    una situación mejor que la del promedio del país, lo
    que refleja que, a diferencia de lo que sucede en los dos distritos
    del Noroeste, el conflicto de Cutral-Co reconoce una raíz
    más local.

    No obstante, las fuentes de la conflictividad social no se limitan a
    la pérdida del empleo y, consecuentemente, del salario.
    También cuenta la desigual estructura de ingresos de los
    trabajadores con relación de dependencia que perciben sus
    haberes en blanco. Según datos del Ministerio de Trabajo,
    aunque la remuneración promedio se ubica actualmente en torno
    de $ 950 por mes, 42,6% de los asalariados percibe ingresos
    inferiores a $ 500 por mes; 29,8%, entre $ 501 y $ 1.000 por mes;
    12,1%, entre $ 1.001 y $ 1.500, y 15,5%, más de $ 1.500.

    Si se considera que el costo de la canasta para una familia tipo es
    de $ 1.600 por mes, queda claro que sólo 15% de los
    trabajadores en blanco puede afrontar ese gasto con su salario. Aun
    si se redujera la canasta a los consumos más básicos,
    cuyo costo sería de poco más de $ 1.000 por mes,
    sólo estaría al alcance de los ingresos de 28% de los
    asalariados.

    Esos datos, junto a otros tales como la esperanza de vida al nacer y
    el nivel de alfabetización, conforman el Indice de Desarrollo
    Humano elaborado por las Naciones Unidas. La última
    versión de ese indicador, recientemente difundida y que en el
    caso de la Argentina toma en cuenta los registros de 1994 —el
    mejor año desde la convertibilidad—, señala que el
    país retrocedió seis puestos (del 30º al 36º
    ) en el ordenamiento mundial, y se sitúa por debajo de otras
    naciones del continente, como Barbados, Bahamas, Antigua, Chile y
    Costa Rica.