lunes, 22 de junio de 2026

    A la búsqueda del mejor socio

    En la aldea global, las políticas de relaciones exteriores
    parecerían condenadas a perder importancia. Sin embargo, en
    Estados Unidos y en la Unión Europea la rivalidad por las
    áreas de influencia despierta tanto interés como en los
    tiempos de la guerra fría, cuando la supervivencia
    requería sumar aliados. “Muchas veces está en
    juego el prestigio. Hay que tener en cuenta que el Mercosur
    está de moda en los centros financieros. Ni europeos ni
    norteamericanos quieren estar ausentes de este mercado”, afirma
    Diana Tussie, investigadora de Flacso.

    Los europeos diseñaron un acuerdo que prevé ventajas
    impositivas para el ingreso de productos en uno y otro sentido. Y fue
    bajo el influjo del Mercosur que Estados Unidos decidió lanzar
    la iniciativa hemisférica del Area de Libre Comercio de las
    Américas (Alca), con debut anunciado para el 2005.

    Es preciso tener en cuenta que Estados Unidos exporta más a
    Brasil que a China y encuentra entre los 14 millones de chilenos un
    mercado más favorable que el que le ofrecen 900 millones de
    habitantes de la India.

    En medio de la polémica suscitada por la cuestión,
    algunos analistas sostienen que el Alca puede representar,
    paradójicamente, la garantía de supervivencia del
    Mercosur. “Si no existiera la posibilidad de una alianza
    latinoamericana, a Brasil no le interesaría tanto el
    Mercosur”, afirma Tussie.

    “El Alca es una realidad. Hay un compromiso firmado por los
    presidentes del Mercosur de integrarse al resto de la región
    bajo las condiciones que plantea Estados Unidos, es decir, arancel
    cero”, señala la economista Beatriz Nofal, asesora de
    Unida, una de las dos cámaras que agrupa a la industria de los
    alimentos.

    “Para la Argentina esto inaugura un nuevo escenario, aún
    más abierto y competitivo. Implica otra
    reestructuración en tiempos difíciles. La ventaja,
    vista desde aquí, es que el Alca va a forzar a Brasil a
    liberar parte de su mercado, los servicios, y ciertos sectores
    industriales, que están muy protegidos”, señala
    Nofal.

    Javier Tizado, vicepresidente de Siderar y Tecpetrol y director del
    comité ejecutivo de la Organización Techint, expone una
    visión parecida. “Muchas de las medidas que aplica Brasil
    no sólo lesionan las reglas del Mercosur, sino también
    las de la Organización Mundial del Comercio. Es el caso de los
    subsidios a la industria automotriz.”

    “El Alca va a lograr que Brasil vaya adecuándose a la
    tendencia mundial hacia un comercio cada vez más libre. La
    Argentina también debe mejorar la competitividad en un marco
    donde las fronteras abiertas no estarán restringidas a los
    miembros del Mercosur”, pronostica Tizado.

    Para la Argentina el Mercosur es un tema central desde el punto de
    vista económico. “Brasil es vital, con sus 140 millones
    de habitantes y 70 millones de consumidores. La Argentina, con 34
    millones de habitantes, tiene un mercado de consumo masivo de 25
    millones. La diferencia es notable”, argumenta Luis
    Spaggenberch, director de Relaciones Institucionales del grupo
    Bemberg y directivo de la Copal, la otra cámara que agrupa a
    las empresas del rubro alimentario. Con las marcas de cerveza
    Heineken y Quilmes, los Bemberg apenas logran penetrar en el sur
    brasileño. Un hecho que Spaggenberch atribuye en gran medida a
    las diferencias de tamaño. “Ellos producen 70 millones de
    hectolitros de cerveza por año. Nosotros, 12 millones.”

     

    Los que vinieron

    Para Brasil, el Mercosur es, sobre todo, una prioridad
    política. Pero, aun así, ya son 300 las empresas
    brasileñas que llegaron a la Argentina para quedarse.
    “Venir aquí nos resulta más ventajoso que ir a
    nuestro noreste. Claro que hay que conocer bien el mercado y buscar
    un socio. Si no, puede pasar con el negocio lo mismo que con la
    compra de una casa de fin de semana, un hecho que da dos
    alegrías: la primera cuando la compramos y la segunda cuando
    la vendemos”, explica Dickson Tangerino, presidente del Grupo
    Brasil, que cobija a 175 de las firmas de ese origen presentes en la
    Argentina.

    Según los cálculos de los expertos, los
    brasileños ya llevan invertidos US$ 2.000 millones en la
    Argentina y antes de que concluya la década se habrán
    instalado aquí 500 empresas provenientes del gigantesco
    vecino.

    Para todos ellos, la Argentina es la base del desarrrollo
    internacional a través del idioma español:
    “Después de llegar acá, es más fácil
    ir a Bolivia, Chile y luego Perú”, apunta Tangerino.

     

    Grietas en el edificio

    Pero las ventajas que el mercado común depara a uno y otro
    socio no alcanzan. Los lazos entre Brasil y Argentina suelen exhibir
    grietas. Y el mismo Mercosur se encuentra en una encrucijada: a
    medida que avanza la unión aduanera van surgiendo los
    problemas de la integración.

    “Lo que más le conviene a la Argentina es un sistema
    regido por una entidad, quizás un tribunal supranacional, que
    pueda dirimir los conflictos que se van planteando en la
    relación comercial. Es el único mecanismo al que puede
    recurrir para equilibrar la fuerza de Brasil. Y a Brasil
    también le conviene esta especie de arbitraje, que permita ir
    resolviendo caso por caso”, propone Tussie.

    “Hay que liberar al Mercosur de las encrucijadas. La
    integración tiene que ser un problema crónico y no un
    problema crítico. Se requiere un andamiaje institucional que
    permita que los problemas que se generan se definan con toda la
    fuerza que haga falta y que no se transformen en crisis. Porque en
    las crisis domina el más fuerte”, coincide Ricardo
    Kesselman, director del holding Macri, encargado del seguimiento de
    la situación brasileña en Socma.

    Según Spaggenberch, la disfuncionalidad proviene de las
    distintas estructuras constitucionales de los dos socios mayores del
    Mercosur: “La Argentina es un país presidencialista,
    donde los aparatos impositivos a nivel nacional y municipal se mueven
    dentro de patrones rígidos. Los brasileños son
    federales. Los gobernadores, e incluso las municipalidades, se mueven
    con gran autonomía. Pueden disponer de presupuestos y otorgar
    subsidios, lo que ha generado una dura competencia por las
    inversiones”.

     

    Quién hace qué

    En el marco de la relación bilateral, la debilidad
    argentina también está determinada por su papel de
    proveedor de materias primas. Esto podría cambiar con el apoyo
    de políticas públicas, como ocurrió en la
    industria automotriz, la excepción que confirma la regla.

    Pero, por ahora, sólo se advierte en este campo una defensa
    activa contra la competencia extranjera desleal. “El año
    pasado la Argentina fue, después de Estados Unidos, el
    país que más recurrió a la legislación
    antidumping”, explica Tussie.

    Otro problema percibido por los empresarios es que en el Mercosur no
    hay distribución de funciones. “Es inconcebible pensar
    que Brasil no va a desarrollar su propia industria de alimentos. Lo
    que falta en el mercado común es decidir qué produce
    cada uno. Se necesitan acuerdos estratégicos y definir
    quién hace qué y cuánto de cada cosa”,
    afirma Kesselman.

    Hacia afuera, el bloque va haciendo negocios donde puede.

    Para muchos empresarios, el Alca suena como algo lejano. Y algunos se
    sienten más cómodos haciendo tratos con los europeos.
    “La competitividad de nuestros productos es mayor en Europa, y
    eso se nota en el volumen de negocios”, argumenta Tangerino.

    “No creo que la integración como socio privilegiado con
    el Alca dañe la corriente comercial con Europa”,
    argumenta Tizado, quien, sin embargo, se inclina por una
    definición gradual. “Hay que tomarse los tiempos para
    permitir que las operaciones industriales no se dañen y dar la
    oportunidad de reconversión a los sectores que tienen un
    horizonte ecnómico con buen nivel de competitividad. Estos
    procesos tendrán que ser administrados con cierto grado de
    paralelismo.”