El gas licuado de petróleo (propano-butano) es un commodity
que se comercializa internacionalmente (precios de referencia Mont
Bellvieu o Petromín). Se obtiene a partir de la
separación de líquidos del gas natural o como
subproducto del proceso de refinación de crudo. Se almacena,
una parte se industrializa como insumo petroquímico y la otra
se fracciona y vende al público en los conocidos cilindros y
garrafas.
La mayor parte de la demanda interna corresponde a sectores pobres y
marginales. El año pasado la oferta agregada anual de GLP en
la Argentina fue de 1.870.689 toneladas (valores de
producción), y las ventas al mercado interno (con destino a
productos petroquímicos y combustible) totalizaron 1.283.859
toneladas. Se trata, por lo tanto, de un mercado sobreofertado. Los
saldos exportables, que en 1996 alcanzaron 556.830 toneladas, se
ubican en mercados vecinos (Chile, Paraguay y Brasil).
Históricamente, los grandes productores de gas licuado han
sido YPF y Gas del Estado (acompañados por Esso, Shell,
Petroquímica General Mosconi, Petroquímica Bahía
Blanca e Isaura). Pero, con la transformación del mercado
petrolero y de la industria del gas natural, ha habido cambios
fundamentales en la estructura de la oferta y de la demanda. Hasta la
década del ‘60, Gas del Estado monopolizaba el
fraccionamiento, la distribución y la comercialización
del producto con destino al consumo. Luego se permitió el
ingreso del sector privado al fraccionamiento y
comercialización de las garrafas. A comienzos de los ‘80,
las empresas privadas también se hicieron cargo del
fraccionamiento y comercialización: se les transfirió
un parque de 2,3 millones de cilindros.
Las características del negocio (dependencia logística
de almacenamiento y transporte además de la alta peligrosidad
de la manipulación del producto) y las reglas de juego
anteriores a la desregulación del mercado facilitaron la
conformación de una estructura oligopólica en el
segmento de fraccionamiento y distribución, convalidada por un
sistema de cuotas anuales negociado en una suerte de mesa de gas
licuado. Los precios del producto estaban regulados.
Un nuevo marketing
La desregulación del mercado del gas licuado, contemplada
en los decretos de desregulación de la industria petrolera
(1989), fue inicialmente poco efectiva para introducir competencia en
el mercado del GLP. Durante los dos primeros años de la
desregulación, los precios de venta a fraccionadores fueron
fijados por Gas del Estado y los precios a consumidores finales
quedaron liberados.
Hoy, los precios en toda la cadena del negocio son libres. Pero
mientras el precio a granel en el mercado interno es de US$ 276 por
tonelada promedio (sin impuestos), el producto llega envasado al
consumidor local a US$ 820 (sin impuesto). La irrupción de
nuevos actores a partir de la compra de Agip por YPF y la reciente de
Argon por Total (también se negocia la venta de Algas y
Autogas) prometen introducir una nueva dinámica en el mercado.
Habrá inversiones, se afianzará la marca y se
profundizará el proceso de concentración e
integración. Si aguas arriba el negocio se internacionaliza y
aguas abajo prevalece un nuevo marketing, el consumidor podrá
beneficiarse con mejores servicios y menores precios. Habrá
llegado la hora de cambiarle la cara al gas envasado.

