Este es el año cero para el negocio del entretenimiento en
la Argentina. Con el ingreso al sector de grandes grupos (como
Soldati y Maccarone), inversiones por más de US$ 500 millones
y la puesta en marcha de los primeros megaemprendimientos (Parque de
la Costa, Showcenter y complejos de multicines de Mendoza y Puerto
Madero), la oferta está alcanzando un grado de madurez sin
precedentes en el mercado local.
Según los criterios aceptados internacionalmente, el negocio
del entretenimiento abarca las actividades destinadas al tiempo libre
fuera del hogar (cine, teatro, parques de diversiones,
espectáculos deportivos, salas de juego, recitales, bares
temáticos). El sector dio su gran salto adelante en la
década del ‘70, de la mano de operadores de la talla de
Disney y los estudios Universal.
En la Argentina, en cambio, la actividad ha crecido tradicionalmente
sólo bajo el impulso de la demanda. Esto, dicen los expertos,
condujo al auge de centros de recreación que no fueron
concebidos como tales, como es el caso del Puerto de Frutos, en
Olivos, o los shopping centers.
“Aquí, el entretenimiento ha estado limitado al cine o
los restaurantes. No existía una oferta genuina, como en el
mundo desarrollado, donde el sector fue el que más
creció en los últimos años. Recién ahora
estamos dando los primeros pasos”, advierte Julio Aparicio,
titular de ID Consultores, la firma que trabajó en el
desarrollo de Parque de la Costa.
Los empresarios locales ya detectaron por dónde pasa el
negocio, pero todavía tienen una asignatura pendiente: conocer
con mayor profundidad cómo se divierten los argentinos.
“Afuera hay un montón de propuestas, pero el problema es
saber traducirlas. Como en el país no existen experiencias
anteriores, no queda otra alternativa que las pruebas de ensayo y
error”, asegura Eduardo Quintana, director de Interurban, una
empresa especializada en la comercialización de locales en
shoppings que también trabajó con el proyecto de
Showcenter.
“Lo que le falta al sector es una mayor
profesionalización. Como sucedía con el negocio de los
shoppings hace diez años, aún no existe un management
suficientemente preparado para esta área”, señala
Quintana.
Danza de millones
Según la revista Business Week, en Estados Unidos este
negocio genera US$ 340.000 millones anuales, de los cuales los
llamados parques temáticos se llevan US$ 14.000 millones.
En la Argentina, los estudios del Indec señalan que los gastos
en recreación se llevan 3,46% del ingreso total de la
población de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, aunque
en el nivel socioeconómico ABC1 el índice puede trepar
a casi 5%. Europeos y norteamericanos, en cambio, destinan alrededor
de 15% de su presupuesto familiar al entretenimiento. Pero, a pesar
de la brecha, el mercado local es muy apetecible: la gente de Parque
de la Costa estima que los 13 millones de habitantes del casco urbano
de Buenos Aires gastan anualmente US$ 6.500 millones en actividades
de tiempo libre.
“En los próximos años, el mercado del
entretenimiento va a crecer de manera muy sostenida, sobre todo por
la vía de la reasignación de los recursos. Las
principales víctimas del cambio serán los restaurantes.
En todo el mundo, a medida que crece el gasto en recreación la
comida pasa a adquirir un papel más básico, lo que
explica la expansión de modalidades como el fast-food”,
asegura Aparicio.
Jugáte conmigo
De todos los proyectos en marcha, el más ambicioso es, sin
duda, el Parque de la Costa. Con una inversión de US$ 120
millones, Sociedad Comercial del Plata —único accionista
del emprendimiento— está apostando a que Buenos Aires
cuente con un centro de entretenimientos comparable a Disneyworld, en
un mercado donde los únicos y lejanos antecedentes fueron el
Italpark y el Parque de la Ciudad (ex Interama). Sin embargo, y
aunque en el grupo Soldati no lo admitan abiertamente, la propuesta
también está dirigida a revitalizar el Tren de la
Costa, que no logra alcanzar las metas de venta de locales
comerciales en las estaciones.
“Como en Buenos Aires no había alternativas reales de
entretenimiento, lo que hicimos fue armar una propuesta a partir de
las expectativas de la gente. Y los estudios que encargamos mostraban
que el público estaba a la búsqueda de un centro de
esparcimiento al aire libre, dirigido a toda la familia y que
ofreciera un contacto directo con la naturaleza”, señala
Horacio Ibáñez, vicepresidente ejecutivo y CEO de Tren
de la Costa.
Para el proyecto —que se inauguró oficialmente el 5 de
mayo— la empresa trabajó con el asesoramiento de la
Asociación Internacional de Parques de Entretenimientos y
Atracciones (Iappa). También convocó a varios ex
ejecutivos de Disney de Estados Unidos y a los empresarios
Rubén La Rosa y Marcelo Pelegri como directores
artísticos. “Tomamos muchas cosas del modelo
norteamericano del entretenimiento, pero las adaptamos al gusto
argentino. Ahora, nuestra fantasía es hacer un producto que se
pueda exportar ofreciendo una propuesta que funcione en otros
países de la región”, se entusiasma La Rosa.
La consigna de trabajar a partir de las preferencias del
público argentino obligó a introducir varios cambios en
el proyecto. En las encuestas, la gente les bajó el pulgar a
los personajes inspirados en el Ratón Mickey o el Pato Donald,
porque generaban cierta idea de Disney trucho, y fueron reemplazados
por los más autóctonos Cara de Barro, Delta o Yuyo.
El Parque de la Costa ocupa 15 hectáreas en el Tigre y cuenta
con dos anfiteatros con capacidad para 1.100 personas, un circo, un
teatro, todo tipo de juegos mecánicos y electrónicos,
simuladores de realidad virtual Imax, paseos al aire libre en
catamaranes y una variedad de restaurantes temáticos y locales
gastronómicos.
La meta es que entre tres y cuatro millones de personas visiten las
instalaciones durante el primer año de operaciones y generen
ingresos por US$ 80 millones. “En una economía que crece,
el gasto en entretenimiento aumenta tres veces más
rápido que cualquier otra propuesta, porque en la medida en
que las necesidades básicas estén cubiertas la gente
tiende a destinar una porción mayor de su presupuesto a la
recreación”, explica Ibáñez.
Para lograr el objetivo, en la empresa apuntan no sólo a los
13 millones de habitantes de Capital Federal y Gran Buenos Aires,
sino también a los 9 millones de turistas (de adentro y fuera
del país) que todos los años llegan a la ciudad.
Los analistas advierten, sin embargo, que el precio puede convertirse
en un considerable obstáculo. La cuestión de fondo es
cuántas familias están en condiciones de desembolsar $
100 en una salida, incluyendo el pasaporte para todos los juegos y
una incursión por los patios de comidas.
“La gente exige cada vez más por su dinero y nosotros
trabajamos todo el tiempo con encuestas. Los índices de
satisfacción de los que visitan el Parque son
altísimos. Además, el público de menores
recursos es el que está más dispuesto a gastar en
entretenimiento, y ya estamos redondeando paquetes y propuestas para
jubilados, escuelas y sindicatos”, argumenta, confiado, el
vicepresidente de Tren de la Costa.
La reconversión
El grupo Maccarone, dueño de Patio Bullrich, fue uno de los
primeros en advertir que los shoppings habían transmutado su
naturaleza original de centro de compras para convertirse, cada vez
más, en lugares de paseo. Cuando hace menos de dos años
decidió encarar el relanzamiento del shopping de Recoleta, una
de las prioridades fue incrementar el espacio para el esparcimiento
con la incorporación de un salón de juegos, a cargo de
la firma Neverland, y dos nuevas pantallas de cine.
Pero este año el grupo promete ir mucho más lejos, con
la apertura de sus primeros cuatro locales de Showcenter. El nuevo
emprendimiento está volcado, casi íntegramente, al
esparcimiento y el tiempo libre. “En Estados Unidos llegaron a
la conclusión de que los shoppings son lugares aburridos y
están tratando de reciclarlos, agregando distintas propuestas
de juegos, cines y parques de diversiones. Nosotros, en cambio, con
los Showcenters estamos doblando la apuesta, porque levantamos de
cero un nuevo concepto, en el cual todo va a girar alrededor del
entretenimiento”, explica Jorge Flom, director del grupo.
Está prevista una inversión de US$ 300 millones durante
los próximos dos años para la puesta en marcha de
cuatro centros. El primero acaba de abrir sus puertas en Haedo, y los
otros tres, que estarán ubicados en Martínez, La Plata
y Palermo, serán inaugurados a lo largo de 1998.
“Empezamos con Haedo porque creemos que en el oeste del Gran
Buenos Aires la demanda para este tipo de propuesta está
totalmente insatisfecha. En la zona no hay cines, a pesar de que en
un radio de 20 minutos vive casi un millón de personas.
Según un estudio que le encargamos a la consultora Gallup,
cada una de ellas gasta un promedio de $ 87 mensuales en
entretenimiento”, asegura Flom.
Según estas estimaciones, la población que vive en la
zona de influencia del Showcenter de Haedo destina US$ 1.000 millones
anuales al gasto en entretenimiento, y el objetivo de la empresa es
captar 15% de esta codiciada torta. “La verdad es que con un
ingreso de US$ 150 millones estaríamos más que
satisfechos”, reconoce Flom.
La recuperación de la inversión podría lograrse
en un plazo de cuatro a cinco años, y los planes prevén
que, antes de que termine el siglo, el proyecto se habrá
expandido a otros puntos del país. “Ya estamos estudiando
distintas alternativas, como Córdoba, Rosario y otras zonas
del Gran Buenos Aires. Y para más adelante, la idea es ir
imponiendo la marca en todo el país, con emprendimientos
más chicos en otras ciudades, como Santa Fe-Paraná,
Resistencia-Corrientes o Neuquén-Cipolleti”, anticipa
Flom.
Maccarone no estará solo en el negocio de los Showcenters. El
primer paso fue cerrar un par de acuerdos con la empresa
norteamericana National Amusements —uno de los líderes
mundiales en el circuito de cines— y la brasileña
Playcenter, que opera en el negocio de parques de diversiones y
juegos. Estas dos alternativas serán los polos de
atracción en todos los centros.
La oferta se completa con la presencia de restaurantes, bares
temáticos, disquerías, librerías, shows
musicales y ferias culturales y artísticas.
Pero la apuesta más importante de Maccarone es el
emprendimiento de Palermo, para el cual el grupo acaba de asociarse
con Ogden-Rural, dueña del predio de la Rural.
“Todavía estamos trabajando en el master plan y lo
único que podemos anticipar es que va a ser más que un
Showcenter tradicional. La idea es transformar a la Rural en el
más importante centro de ferias, exposiciones y
entretenimientos de la Argentina, aprovechando las once
hectáreas del predio”, señala Flom.
Torneos y negocios
“En Estados Unidos hay grandes parques y bares
temáticos dirigidos al entretenimiento segmentado. Los
Estudios Universal, Disney y MGM tienen los propios. Estoy convencido
de que aquí se viene una expansión similar y queremos
ser protagonistas desde el comienzo”, afirma Carlos Avila,
presidente de Torneos y Competencias, la empresa madre del grupo que
él lidera y en la que está asociado con Luis Noffal y
la corporación norteamericana de comunicaciones TCI, que en la
actualidad controla 35% del paquete accionario.
Con esta convicción abrió la división Nuevos
Negocios, encargada de la diversificación de la oferta en
áreas no comunicacionales y con una fuerte apuesta al
“desarrollo exponencial de la industria del
entretenimiento”.
La división tiene a su cargo los bares temáticos, el
proyecto de estadio cubierto a construirse en Puerto Madero y el
desarrollo de un shopping de productos deportivos en San Telmo, donde
también funcionarán sus oficinas. Con el proyecto del
centro comercial intentará reproducir a gran escala el local
de TyC Shop, que hace un par de años inauguró en la
esquina de Libertad y Arenales.
Mientras describe cómo será el imponente edificio de
San Telmo, Avila se entusiasma: “Cuando empezamos en 1982 nadie
imaginaba que llegaríamos tan lejos con la transmisión
de deportes por televisión; ahora sabemos que es el tiempo del
desarrollo del entretenimiento en la Argentina”.
Ciertamente, sobran pruebas de su olfato para explotar nuevos
mercados. Avila comenzó con un contrato con la
Asociación de Fútbol Argentino para transmitir unos
pocos partidos de primera división; hoy tiene la exclusividad
del campeonato oficial hasta el 2014, y el grupo en conjunto
facturó algo más de US$ 200 millones en el
último ejercicio.
Su exitosa trayectoria en la especialidad le permite encarar la nueva
etapa a partir de diferentes alianzas estratégicas. Los
Torneos Café, con un costo de US$ 6 millones por
emprendimiento, funcionarán dentro de los Showcenters en una
superficie de más de 1.800 metros cuadrados cada uno y con una
capacidad de 800 asientos. “La idea repite el esquema de los
bares que existen en otras partes del mundo”, dice Avila. Los
clientes podrán presenciar diferentes eventos deportivos en un
bar dotado de tecnología de última generación.
El primero se inaugurará en agosto en el Showcenter de Haedo,
mientras que en la Capital el pionero estará ubicado en la
Rural.
Las expectativas de facturación son tan altas que se
llevó adelante una compleja operación societaria que
incluye un traspaso accionario importante: Torneos y Competencias
adquiere entre 5% y 15% del emprendimiento Showcenter, y el grupo
Maccarone se reserva un porcentaje similar de Torneos
Café.
“No hacemos emprendimientos narcisistas, nada se lleva a cabo si
no estamos seguros de que va a tener el éxito esperado”,
advierte Avila después de señalar que se
invertirán US$ 90 millones en Puerto Madero para la
construcción de un complejo que incluye estadio-hotel, cines,
restaurantes y estacionamiento para 1.500 automóviles. Sin
embargo, el proyecto aún está pendiente de
resolución y forma parte de una múltiple
licitación que en febrero de este año inició la
Corporación Antiguo Puerto Madero, y que ya pasó por
una postergación.
También para este emprendimiento, Avila tejió una
alianza estratégica: la inmobiliaria Urban Yard y
Telefé se reparten 66% de las acciones del consorcio que
participa del concurso, mientras que TyC conserva el resto.
Así y todo, los requisitos de factibilidad del Madison Square
Garden criollo no son menores: “Una obra de esa envergadura
necesita de la sinergia de otras fuerzas. No podría hacerse
sin un importante soporte de promoción (Telefé) y la
voluntad de dotarlo de las comodidades y la programación
artística y deportiva de nivel internacional. Además,
es esencial que se realicen en Buenos Aires las Olimpíadas del
2004 que les darían al estadio y a todo el corredor
olímpico una importante inyección de ingresos”,
admite Avila.
Rock & Show
El niño mimado en el ambiente local del espectáculo,
por su aceitado aparato de producción, es Daniel Grinbank. Con
buen ojo, el ex empresario rockero decidió reconvertir su
empresa Rock & Pop SRL sobre dos ejes: la diversificación
y la expansión. Y lo que antes era un emprendimiento local
relacionado con el rock se transformó en una empresa
multinacional de entretenimientos teatrales y musicales con intereses
en toda Latinoamérica, Italia, España y Asia.
Theatrical & Latina —a cargo de su socio Roberto Costa—
es la nueva empresa del grupo Grinbank que celebró un
importante contrato, cuyas cifras se guardan bajo siete llaves, para
la representación en distintas zonas de las obras de las dos
productoras más importantes de musicales de Broadway: Disney
Theatrical y Camareon Makintosh. Transportar por el continente
americano a cada uno de estos gigantes —producirán El
Jorobado y El Rey León, entre otros— es un esfuerzo que
demandará una inversión de US$ 3 a 5 millones.
“Abrimos oficinas en Chile, invertimos US$ 3 millones en comprar
y remodelar un teatro en México DF y otro tanto en la
refacción de una sala en Madrid. Después de traer a los
Rolling Stones, decidimos formar una nueva empresa que mantuviera el
principio que nos llevó al éxito: altos
parámetros de calidad y respeto por el público”,
asegura Grinbank.
Los números que rodean esta reconversión se mantienen
en reserva. Pero las ambiciones son claras: de no llegar a buen
puerto la licitación por el estadio en el Dique 4, Grinbank
tiene estudiada y decidida la construcción de un estadio para
12.000 personas en la Capital Federal, que requerirá una
inversión de US$ 15 millones. Y en breve comenzará la
puesta a punto de una sala céntrica de la calle Corrientes
para espectáculos teatrales donde depositará otros US$
3 millones. “El entretenimiento está creciendo en todo el
mundo. En la actualidad es una de las áreas más
dinámicas del mercado, y nosotros, con las dos radios FM,
tenemos una estructura probada de éxito”, explica el
empresario.
Los datos lo corroboran: hasta hace poco, Wall Street y Broadway
sólo coincidían en el mapa de Manhattan, pero hoy los
grandes brokers de la plaza financiera parecen seducidos por el
crecimiento de la facturación de las productoras teatrales. En
1976 estas empresas recaudaban US$ 170 millones. Veinte años
después, en la temporada ‘95-‘96, alcanzaron a US$
1.200 millones.
Ahora Daniel Grinbank, con el respaldo que le da su estructura de
promoción, tratará de capitalizar el interés de
los inversores en el mercado local: en 1998 abrirá su empresa
como sociedad anónima mediante la oferta pública de
acciones.
Montaña rusa
Dentro de los Showcenters, la empresa encargada de los salones de
juegos tiene un nombre familiar para los habitués de los
shoppings: Playcenter. Tonificada por el traspaso de manos de 50% del
paquete accionario —del grupo local Sanmartino a la central
Playcenter Brasil, que ahora controla el total de las acciones de su
filial argentina—, la empresa se prepara para la
inauguración de un complejo de 7.000 metros cuadrados de
entretenimientos mecánicos y eléctricos, bowlings,
bares y restaurantes en Haedo, con una inversión que supera
los US$ 10 millones.
“La percepción es muy clara en el mercado: todos los
shoppings están ampliando su área de entretenimiento
porque, junto con los hipermercados anexos, éstas son las
grandes anclas del negocio”, comenta Adalberto Reynal
O’Connor, un apasionado experto de los parques de diversiones y
presidente de Playcenter Argentina.
Para comprender mejor las opciones del mercado, vale la pena hacer un
poco de historia. Hace ya 120 años se inauguró en Coney
Island un parque de diversiones con la hoy mítica
montaña rusa de madera. Por entonces, las ferias de carrusel y
kermesses se asentaban en las terminales ferroviarias. Recién
en 1951, con la pionera Ciudad de los Niños en la localidad
bonaerense de Gonnet, y en 1955, con Disneyland en California, la
variante del parque temático tomó identidad propia.
Desde los ‘70, las tendencias se orientaron hacia grandes
instalaciones outdoors (parques de diversiones tradicionales como el
Italpark) o indoors (las secciones de juegos anexos a centros
comerciales).
Hoy, Reynal O’Connor reconoce que la empresa está
avanzando en estudios de factibilidad para su gran apuesta: un
gigantesco parque de diversiones en el área de influencia
bonaerense, con un universo de 20 millones de personas dispuestas a
divertirse.
La decisión está tomada: se destinarán US$ 100
millones a ese emprendimiento y estiman un plazo de
realización no superior a cinco años. “En 1998
inauguraremos en San Pablo, Brasil, el Great Aventure, que, con 65
hectáreas y más de US$ 200 millones de
inversión, será el parque más grande de
Sudamérica. Y lo mismo haremos en Buenos Aires. El objetivo es
quintuplicar nuestra actual oferta”, se entusiasma
O’Connor.
En la actualidad, con una participación importante en siete
shoppings, donde operan, a través del alquiler y
explotación del espacio, un área superior a 13.000
metros cuadrados y más de 600 atracciones, Playcenter es
líder en un dinámico y competitivo mercado, en el que
pugnan también la cordobesa Neverland —que acaba de
inaugurar un gigantesco salón de juegos en Parque de la
Costa— y la firma Aventura, del grupo Cencosud (y donde se habla
del desembarco de Warner Entertainment).
Ahora le están poniendo unas fichas al bowling, con
expectativas de que se convierta en un nuevo boom. “Es muy
fuerte como entretenimiento indoors en Estados Unidos y está
avanzando muy rápido en Europa. Sabemos que aquí va a
prender muy bien. Por eso estamos actuando agresivamente”,
explica Reynal O’Connor.
Por lo pronto, ya colocaron 24 canchas en el Alto Avellaneda Shopping
Mall y en Haedo. Y éste será el caballito de batalla
del Boulevard de Adrogué y otros centros comerciales
porteños para la ampliación de sus áreas de
juegos.
Para este proyecto se asociaron con AMF Bowling Worlwide, un
importante operador norteamericano. El objetivo es desarrollar y
operar cerca de 40 salones de bowling en Brasil y la Argentina. La
nueva sociedad, que se denominará AMF Playcenter, planea
invertir US$ 100 millones en los próximos cinco
años.
En el caso de Neverland, la empresa cuenta con 14 centros de
entretenimiento con una superficie promedio de 2.000 metros cuadrados
cada uno, incluyendo los que tiene en Patio Bullrich, Parque de la
Costa y varios shoppings del interior: Córdoba Shopping,
American Shop y Nuevocentro (de Córdoba), Shopping del
Jardín (San Miguel de Tucumán), Mendoza Plaza Shopping
y Nuevonorte (Salta). “En los próximos doce meses vamos a
invertir US$ 12 millones en la ampliación de distintos
centros, entre ellos un proyecto en la ciudad de Córdoba donde
ya contamos con un parque para chicos al que le vamos a agregar dos
restaurantes temáticos y una serie de propuestas de
entretenimiento para adolescentes y jóvenes, con una
inversión de US$ 6 millones”, explica Marcelo Periale,
presidente de Ares, la firma propietaria de Neverland, que el
año pasado facturó US$ 18 millones.
Sin embargo, el plan más ambicioso de la empresa
también pasa por la incursión en el negocio de los
parques temáticos. Están terminando de delinear dos
grandes emprendimientos en Córdoba y Buenos Aires. “Ya
contamos con un terreno de 25 hectáreas en Córdoba,
donde el objetivo es levantar un gran parque en el año 2001
con una inversión de US$ 25 millones, mientras que en Buenos
Aires todavía no tenemos definida la ubicación”,
sostiene Periale.
La proliferación de proyectos en el sector responde,
según Periale, a una causa fundamental: la estabilidad
económica. “En esta actividad, la rentabilidad es baja y
la recuperación de la inversión lenta, aunque muy
segura. Esto explica que su desarrollo en la Argentina haya sido
hasta ahora tan pobre, porque no se podían hacer planes a
largo plazo.”
Luz, cámara, inversión
Hace menos de diez años, la industria del cine
parecía condenada a muerte en la Argentina. La difusión
del video hogareño y la incesante reconversión de salas
en discotecas y templos evangelistas hacían pensar que el
sector iba a correr la misma suerte que el Cinema Paradiso. Pero el
panorama empezó a cambiar a partir de 1994, cuando, por
primera vez en décadas, el número de salas que se
abrieron (59) superó ampliamente a las que cerraron
(sólo 15).
El año pasado el número de entradas vendidas
superó los 20,1, millones frente a los 18,7 millones de 1993,
aunque todavía están lejos las cifras que se manejaban
una década atrás: en 1984 salieron de las taquillas
casi 64 millones de tickets.
“El público argentino está recuperando el
hábito de ir al cine. Esto responde a un fenómeno
mundial, impulsado especialmente por la industria de Hollywood, que
cada vez pone más títulos en el mercado. Pero
también influye la mejor calidad de la oferta local, con la
renovación de las salas, que ahora ofrecen sonido digital,
pantallas más grandes y butacas confortables”, explica
Martín Alvarez Morales, gerente de Cinemark Argentina.
La empresa —en la que participan como socios la cadena
norteamericana Cinemark International, la chilena Conate y los
locales SAC y Coll-Saragusti— es una de las que están
apostando más fuerte al renacimiento del cine en la
Argentina.
La euforia se sustenta en algunos datos contundentes. A lo largo de
este año se abrirán 147 nuevas salas en el país,
distribuidas en doce complejos, que sumarán en total 44.000
butacas. La inversión ascenderá a US$ 180 millones.
Claro que estos emprendimientos tienen poco que ver con los viejos y
amplios cines de barrio. La tendencia apunta a los complejos de
multicines, formados por pequeñas salas, con sonido digital y
amplias butacas reclinables donde los espectadores pueden consumir
alimentos y bebidas mientras ven la película.
El concepto de los multicines nació en Estados Unidos hace 15
años y ahora está desembarcando en la Argentina de la
mano, precisamente, de varias compañías
norteamericanas, como Cinemark, National Amusements y United Artists.
Sin embargo, la primera en hacer pie en el mercado local fue la
australiana Village, con la apertura de 10 salas en el Mendoza Plaza
Shopping. Para los próximos dos años tienen prevista la
inauguración de otras 40 pantallas en Pilar, San Isidro y el
Shopping del Abasto. El objetivo es llegar al 2000 con 200 cines
funcionando en todo el país.
En Cinemark —que opera 1.600 pantallas en todo el mundo—
también alientan planes ambiciosos. “En mayo inauguramos
el primer complejo de ocho salas en Puerto Madero, y a lo largo de
1997 vamos a invertir US$ 20 millones en la apertura de otras diez en
Mendoza, siete donde funcionaba el teatro Politeama y seis en
Adrogué”, anuncia Alvarez Morales.
Los proyectos de National Amusements están directamente
relacionados con la expansión de los Showcenters. La cadena
será una de las anclas en cada uno de los centros de
entretenimientos que levantará Maccarone en Martínez,
La Plata y Palermo. Repitiendo este esquema, United Artists
—otro de los grandes operadores a nivel mundial— se
asoció con el grupo chileno Cencosud, los dueños de
Jumbo y Unicenter, para levantar 36 salas en el Gran Buenos Aires,
con una inversión de US$ 35 millones.
“En julio inauguramos las primeras ocho pantallas en el Plaza
Oeste Shopping de Morón, y después continuamos con
otras 12 en Quilmes y 16 en la ampliación de Unicenter. La
oferta no está totalmente satisfecha, y nuestra idea es seguir
agregando salas en todos los complejos comerciales que vayamos
abriendo”, explica Carlos Medina, gerente comercial de la
división shopping centers de Cencosud.
La voz disidente con respecto al boom del cine proviene de Carlos
Rottemberg, líder en producción teatral, propietario de
seis salas y factótum de más de 270 espectáculos
estrenados. “El supuesto auge del cine es una mentira. Revisando
las cifras de entradas vendidas se observa que el promedio de jueves
a domingo tenía, hasta 1987, picos de 300.000 y un umbral
nunca inferior a 130.000, tomando 40 salas céntricas. Hoy, el
techo es de 150.000 espectadores por fin de semana, y para sumar 40
salas hay que incluir a las de Belgrano y Flores. En el teatro la
realidad es mucho más dura todavía”, advierte.
¿Cuánto más dura? Las estimaciones hablan de una
merma de 50% en la recaudación con respecto al año
pasado, que había sido uno de los peores que vio el teatro
comercial. Desanimados por las crisis, los empresarios prefieren no
calcular cuánto dinero maneja la actividad, pero todos
coinciden en que cada vez es menos. Un magro promedio de 700 entradas
vendidas por semana —después de bajar el precio a $ 10 y
$ 20— resulta a las claras insuficiente para hacer frente a
inversiones cercanas a US$ 300.000 para poner en cartel una obra de
primera línea.
Así y todo, desprenderse de los teatros no es fácil
para los empresarios. La Ley 14.800/59 establece que no se puede
levantar ninguna otra edificación donde haya una sala.
“Todos sabemos que sería económicamente muy
ventajoso instalar un estacionamiento, un bingo o un bowling, pero la
ley parece no permitirlo”, se sincera Rottemberg, que ya tiene
delineada la estrategia para el futuro próximo: crear un gran
multiteatro concentrando sus seis salas en un mismo complejo.
Estadios y escenarios
Pero el entretenimiento no sólo se pone en juego en parques
de diversiones, cines o teatros. Grandes producciones teatrales,
espectáculos musicales y especialmente deportes indoors
—que fueron los que más crecieron en convocatoria en la
última década en todo el mundo— requieren estadios
cubiertos en condiciones de albergar cualquiera de estas variantes. Y
la oferta porteña en materia de salas con una capacidad
superior a las 3.000 personas es escasa.
Frente a este panorama, Carlos Avila planea la construcción de
un complejo en el Dique 4 de Puerto Madero, en la continuación
de la avenida Corrientes y Dávila. Claro que cualquier
transeúnte habitual de la zona se preguntará
legítimamente qué pasará con el Luna Park. Avila
ofrece una respuesta en clave: “Nos encantaría tener a
Lectoure como manager de nuestro estadio”.
Daniel Grinbank también proyecta su propio espacio. Ya
cerró contrato con Showcenter y Ogden-Rural para operar en el
Picadero de la Rural —con capacidad para 8.000 personas—
después de resignar su exclusividad en el estadio de Obras
Sanitarias. Este reducto con capacidad para 5.000 espectadores
quedó en manos de la empresa Upstage. Su presidente, Juan
Segura, tiene grandes planes. “La inversión calculada
para la refacción del estadio es de US$ 500.000.”
Desde que cerraron el trato con el club, en Upstage comenzaron a
delinear el perfil de espectáculos que se montará en el
estadio y, aunque la prioridad serán los shows musicales,
también están trabajando en el área de
exhibiciones deportivas de nivel internacional y producciones
teatrales.
Planet Buenos Aires
Como pasó antes con el pool, el paddle o los videoclubes,
ahora parece que llegó el momento de los bares y restaurantes
temáticos. Aunque en la Argentina ya existían algunos
proyectos inspirados en modelos de ultramar, el pionero en este campo
fue Hard Rock Cafe, que en julio de 1995 desembarcó en la
Recoleta con una inversión de US$ 6 millones. Siguiendo sus
pasos, en el último año y medio los emprendimientos de
locales gastronómicos basados en un tema deportivo,
artístico o cultural se multiplicaron rápidamente.
Pablo Pini, director de Interurban, advierte sobre el peligro de un
abuso del concepto. “Poner un restaurante temático con
estacionamiento y bien decorado no asegura nada. Si no hay un trabajo
de producción constante, la gente va una vez a conocer la
novedad y después no vuelve. En este tipo de negocios la clave
es no quedarse estático, renovar siempre la
propuesta.”
Inicialmente, detrás del proyecto del Hard Rock en la
Argentina se encontraba el empresario inglés Charles Lewis,
que en enero de este año decidió vender la franquicia a
Hard Rock Cafe Corporation, en una operación que forma parte
de una estrategia a nivel mundial de la compañía de
recomprar sus licencias. Sin embargo, Lewis no parece darse por
vencido fácilmente y ahora va por la segunda, con la idea de
importar Planet Hollywood a toda la región. “Antes de fin
de año vamos a inaugurar el primer local en Río de
Janeiro, y en los próximos 24 meses tenemos planeada la
apertura de otras cuatro sucursales en Buenos Aires, Santiago, San
Pablo y Punta del Este, con una inversión que oscilará
entre US$ 30 y US$ 40 millones”, señala Mark McClenney,
vicepresidente de First World Entertainment, la firma creada por
Lewis para encarar sus inversiones en América latina.
Planet Hollywood pertenece mayoritariamente a cuatro actores: Bruce
Willis, Arnold Schwarzenegger, Demi Moore y Sylvester Stallone, y
toda su decoración se sustenta en la memorabilia de Hollywood.
La cadena es sólo una de las innumerables propuestas de
restaurantes temáticos que surgieron en los últimos
años en Estados Unidos, como Fashion Cafe, Harley Davidson
Cafe, Dive, Motown Cafe o Jeckyll & Mr. Hyde.
“Gracias a la experiencia que tenemos en el mercado, ya
recibimos varias propuestas de otras cadenas norteamericanas
interesadas en venir a la Argentina. En todo el mundo, el futuro de
la gastronomía son los restaurantes temáticos, porque
los clientes buscan algo de diversión cuando van a
comer”, señala McClenney.
A las propuestas surgidas en el Primer Mundo, en los últimos
dos años también se fueron sumando desarrollos locales,
como Cibermanía —una cadena con seis negocios en Buenos
Aires, que apunta a los fanáticos de Internet—, aunque la
tendencia dominante apunta a los bares de fútbol. En este
campo, el puntapié inicial lo dio Mística, en la zona
de Recoleta, y en la actualidad avanzan varios proyectos de similares
características, como los TyC Café de Showcenter (el
primero comenzará a funcionar en agosto) o el World Sports
Café que se acaba de inaugurar también en Recoleta. En
este último caso, las caras visibles del negocio son un par de
dirigentes de River (Ricardo Grosso y César Traversone) y dos
miembros del cuerpo técnico de la selección de
fútbol, Américo Gallego y Ricardo Pizzaroti. Aunque
también se menciona a Daniel Passarella como otro de los
accionistas del proyecto, que demandó una inversión
superior a US$ 1 millón.
La rueda de la fortuna
A pesar de que están más emparentadas con la
lotería, las salas de bingo también se convirtieron en
los últimos años en una opción para los
porteños a la hora de elegir un entretenimiento o planear una
salida nocturna.
El año pasado, casi 4 millones de personas visitaron las salas
de Buenos Aires, atraídas por la entrada barata (apenas $ 2) y
la posibilidad de alzarse con pozos que en promedio se ubican en los
$ 800.
“El auge de los bingos se explica a partir del boom de los
juegos con pozos, que requieren de pequeños desembolsos y
están desplazando a otros más tradicionales, como el
Prode o la lotería”, señala Norberto Brenna,
gerente de Mercado de Lotería Nacional.
En la Argentina se gastan al año cerca de US$ 1.800 millones
en apuestas. De ese total, los porcentajes más altos
corresponden a los casinos y la quiniela, y un escalón
más abajo se encuentra el bingo.
En 1996, las casas de juego porteñas recaudaron un promedio de
$ 900.000 diarios, lo que representa un incremento de 25% con
respecto a un año atrás.
Los bingos de la ciudad de Buenos Aires están bajo la
supervisión de la Lotería Nacional que, a su vez,
depende de la Secretaría de Desarrollo Social. La actividad
está totalmente fiscalizada por el organismo público
que fue el encargado de la selección de los cinco operadores
que hoy están al frente de las distintas salas.
La primera en abrir fue la de la calle Lavalle, en octubre de 1993, y
en un plazo de dos años se fueron sumando Belgrano, Congreso,
Caballito y Flores. Hoy, cualquiera de las salas recauda más
que la película o la obra teatral más exitosa.
Del dinero obtenido en los bingos, 64% se destina al pago de los
premios y el resto se reparte entre la Secretaría de
Desarrollo Social (6%), el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
(6%), la Lotería Nacional (6%), entidades de bien
público (1,8%) y la comisión para el agente operador de
la sala (16,2%).
Archivo Negro
De la falta de una verdadera profesionalización para
encarar el negocio del entretenimiento en la Argentina dan cuenta los
únicos dos antecedentes de parques de diversiones que
existieron en el país.
En julio de 1990 dos jovencitas fallecieron en uno de los juegos del
Italpark. Las pericias determinaron que el parque tenía
problemas de mantenimiento y que su estructura no estaba en
condiciones de funcionar. Inmediatamente se decidió la
clausura del lugar. Sus dueños, los hermanos Zanón,
tenían el permiso para funcionar vencido desde 1960 pero la
Municipalidad les había dado sucesivas prórrogas. El
punto final para el Italpark lo puso la Justicia, al condenar tanto a
los dueños del parque como a la ciudad de Buenos Aires al pago
de una indemnización de US$ 520.000 por daños y
perjuicios.
La historia del Parque de la Ciudad, ex Interama, es menos
trágica, pero no más exitosa. Su construcción se
inició durante la intendencia del brigadier Osvaldo
Cacciatore, quien avaló y respaldó con la
coparticipación federal de la ciudad los créditos que
se tomaron para construirlo.
El proyecto era a todas luces faraónico. El objetivo era
levantar el parque de diversiones más grande de
Sudamérica, con 90 juegos, estacionamiento para 25.000 autos y
una torre de 200 metros de altura, que por sí sola
demandó una inversión de US$ 10 millones.
En 1983, la Comuna rescindió por decreto el acuerdo que
tenía con la firma concesionaria —Parques Interama
SA— acusándola de incumplimiento de contrato.
Ahora, el parque sólo abre los fines de semana y los feriados,
aunque el actual promedio de 30.000 visitantes mensuales puede
despertar la envidia de más de un operador del negocio del
entretenimiento.
Desde que Fernando de la Rúa se hizo cargo del gobierno de la
ciudad, en el establecimiento asumió un nuevo interventor,
Fernando Monis, quien asegura que es posible transformar al ex
Interama en un negocio rentable. “Ahora estamos encarando varias
obras para poner a punto el parque, pero sabemos que sin grandes
juegos no hay gancho para atraer a la gente. Por eso estamos
refaccionando una montaña rusa que es la más grande de
Latinoamérica, pero que por diversas causas nunca entró
en funcionamiento. La idea es que en un plazo de cinco o seis meses
el juego ya esté operando”, señala Monis.
La intención de la Secretaría de Promoción
Social, presidida por Rafael Kohanoff y de la cual depende el centro,
es que en dos o tres años el Parque de la Ciudad pase a manos
privadas, a través del sistema de concesión. Pero para
hacerlo deberán solucionar antes el litigio judicial iniciado
por los antiguos concesionarios, que reclaman una
indemnización de US$ 1.000 millones por la rescisión
del contrato.

