domingo, 21 de junio de 2026

    Del surtidor a la garrafa

    Amoblamientos. Movimientos en el tablero.

    Decoración. Detalles que marcan la
    diferencia.


    Computadoras personales. En lucha por el
    liderazgo.


    Mainframes y servidores. La batalla del
    recambio.


    Impresoras. Aliadas del ahorro y de la imagen.

    Centrales telefónicas. Todavía no
    llegó lo mejor.


    Telefonía celular. Competencia en dos
    frentes.


    Pagers. Aliados de la automatización.

    Equipos de fax. Dispersión y recambio
    tecnológico.


    Procesamiento de documentos. Hay lugar para
    todos.

     

    Amoblamientos

    Movimientos en el tablero

    Con grandes estimaciones de crecimiento por las
    constantes reestructuraciones empresarias, la incorporación de
    tecnología y el incipiente auge del teletrabajo, el sector
    deberá absorber, sin embargo, el ingreso de dos pesos pesados
    internacionales.

     

    De los alrededor de $ 600 millones que mueve el mercado de muebles
    en la Argentina, la cuarta parte corresponde al segmento de
    amoblamientos para oficinas. Aunque no existen estudios actualizados
    sobre el aumento de la facturación global, todas las empresas
    del rubro coinciden en asegurar que el mercado está en
    expansión y con buenas perspectivas de crecimiento. Firmas que
    pisan fuerte en el exterior se establecieron en los últimos
    meses en el país, confirmando el auge de la actividad e
    introduciendo un objetivo ambicioso: disputar el sector más
    alto, liderado históricamente por cuatro empresas.

    Una de las recién llegadas es la norteamericana Haworth, que
    lo hizo a través de la local Openoffice. El gerente de Ventas
    de ésta, Félix Falcone, explica: “Aspiramos a
    tener en dos años una participación de 12% a 15% en el
    mercado de primer nivel. Creíamos que la inserción iba
    a costarnos más, pero teníamos la sensación de
    que el mercado argentino era como una esponja que estaba esperando el
    agua. La plaza es muy competitiva, porque hay empresas muy
    establecidas, pero lo nuestro es una bocanada de aire
    fresco”.

    Si hace unos años los puestos de trabajo eran una novedad, el
    auge del trabajo en equipo los han convertido en necesarios y,
    actualmente, representan más de 50% de las ventas. Como si
    fuera un juego de rasti, hoy las work stations se pueden armar y
    desarmar según la modalidad de trabajo de cada
    compañía. Las continuas reestructuraciones y
    reingenierías empresarias han contribuido al acelerado ritmo
    de cambios de equipamiento.

    Bordes redondeados, gavetas para guardar materiales, formas
    más ergonómicas y canalización de la
    electrificación de forma vertical y horizontal son algunas de
    las características más recientes de estos puestos de
    trabajo, junto a la adecuación de las normas internacionales
    de seguridad, como la propiedad antiflama de los materiales.

    A la hora de pensar en el cambio del amoblamiento de una oficina,
    además de influir la nueva organización del trabajo,
    hay un elemento que está imponiéndose cada vez
    más: la imagen corporativa como reflejo de la personalidad de
    cada firma.

    “En los últimos tiempos el equipamiento se reemplaza
    antes del fin de su vida útil”, afirma el presidente y
    fundador de Buró, Reinaldo Leiro, quien agrega que ello se
    debe a “la necesidad de adaptar la comunicación de la
    empresa, política que antes era anecdótica y hoy es
    ineludible”.

     

    Los reyes del sector

    Dentro de un mercado fuertemente atomizado, integrado por una gran
    cantidad de pequeñas y medianas empresas, se ubican en la
    cúspide cuatro firmas tradicionales que facturan en conjunto
    alrededor de $ 60 millones por año. Se trata de Tecno
    Sudamericana, Buró, Colección e Interieur Forma, que
    durante este año, a pesar de haber proyectado un crecimiento
    de sus ingresos de alrededor de 20%, van a sufrir la presencia de las
    firmas internacionales que se instalaron en el país a
    principios del ’97.

    “Desde la convertibilidad, la Argentina se ha convertido en un
    país previsible”, señala Carlos Kantt, presidente
    y fundador de Tecno Sudamericana, única licenciataria en el
    mundo de la italiana Tecno SpA Milano. También adquirió
    la franquicia para fabricar y vender productos de la milanesa
    Marcatré, una de las líderes europeas, que cuenta con
    una colección de sillas para oficinas y áreas
    públicas concebidas por el famoso diseñador Norman
    Foster.

    En su planta de 10.000 metros cuadrados, ubicada en el partido
    bonaerense de Lanús, Tecno Sudamericana fabrica sus productos
    con componentes importados de Europa. De sus ventas totales, 98%
    corresponde a equipamientos para oficinas, sector en el que participa
    con un tercio del segmento más alto. El año pasado
    facturó $ 16 millones, 15% más que en el ’95.

    “Entre el diseño y la moda hay una gran diferencia”,
    advierte Kantt y explica que “si bien en el diseño
    participan componentes que son inherentes a la moda, como por ejemplo
    los colores, la moda es efímera y el diseño perdura con
    sus valores en el tiempo”.

    Otra de las clásicas en el mercado local es Buró,
    fundada en 1964 por Leiro y Pincas Feingold, actual vicepresidente de
    la compañía. Los últimos tres años
    representan los de mayores ventas y, aunque el último
    ejercicio todavía no está cerrado, el presidente
    calcula ventas por aproximadamente $ 12 millones. Para este
    año planea un crecimiento muy importante no sólo por la
    expansión del mercado, sino también por la
    incorporación de una planta en San Justo seis veces mayor que
    la anterior.

    La empresa representa con exclusividad a las alemanas Voko (sistemas
    de puestos de trabajo y tabiques de techo a piso) y Wilkhahn
    (asientos y equipamiento para salas de conferencias), y a la italiana
    Assisa (sillas y sillones). Además, tiene diseños
    propios para puestos de trabajo: la línea, denominada Bus
    Award, cuenta con una infraestructura integral para el cableado de
    electricidad, telefonía y datos.

    En general, Buró instala work stations para 80% del personal
    de las empresas clientes. Se calcula para cada empleado una
    superficie promedio de 10 metros cuadrados. Según la
    línea elegida, el valor de un puesto de trabajo varía
    entre $ 1.200 y $ 1.500.

    En cuanto a las tendencias, Leiro sostiene: “A veces hay
    años clave con cambios muy puntuales, pero en general las
    tendencias abarcan un período de dos a tres años, en el
    cual se desarrollan y van cambiando. Hoy, las tendencias instaladas
    obedecen a cambios informáticos y toda la preparación
    para el cableado, en la línea de lo que se denomina
    equipamiento inteligente”.

    Interieur Forma, que el año pasado obtuvo la mayor
    facturación en este segmento ($ 20 millones), proyecta para
    este año un crecimiento de 17%. Los puestos de trabajo
    representan 70% de sus ventas totales. La firma cuenta hace 30
    años con la licencia de la norteamericana Knoll. La
    línea Morrison, con la que trabaja desde hace 10 años,
    tiene opciones de work stations para los distintos niveles laborales,
    desde los ejecutivos hasta los operativos. Los precios de un puesto
    completo van de $ 1.500 a $ 1.700.

    La compañía fue creada hace 35 años por las
    familias Eisler, Haker y Aczel y actualmente las distintas gerencias
    están a cargo de hijos de los fundadores. En la planta de San
    Fernando trabajan 110 personas.

    Alejandra Aczel, directora ejecutiva de Interieur Forma, opina que el
    mercado es “muy competitivo” y que “siempre hay que
    estar en punta con la novedad para diferenciarse”. Como ejemplo
    de esto indica que hace sólo unas semanas, en la última
    feria de Chicago, Knoll presentó un panel componible para work
    stations que tiene una espina totalmente electrificada que permite
    sacar los cables a cualquier altura y anuncia que esa línea
    estará disponible en la Argentina a principios del año
    próximo.

    Aczel asegura que todos los clientes quieren comprar la mejor calidad
    al menor precio. Como la evaluación sobre el precio depende
    muchas veces de la disponibilidad del cliente, la empresa tiene dos
    líneas de sillas: las italianas Lamm, desde $ 200, y las
    Knoll, desde $ 400.

    Colección —cuyo presidente, Jorge Ciaglia, afirma que en
    el primer semestre de este año sus ingresos crecieron
    30%— tiene desde hace 35 años la licencia de la
    norteamericana Herman Miller para fabricar sillas y sistemas de
    oficina. Importa algunas partes, como las estructuras y bases, y
    fabrica el resto de su producción en el país. En agosto
    abrirá un nuevo show-room en la zona de Plaza Libertad, donde
    están ubicados algunos de sus principales competidores.

    “La silla Aeron, diseñada por Herman Miller, rompe con la
    tendencia de que una silla se adapta a todas las personas,
    independientemente de su tamaño o peso”, dice Ciaglia,
    para quien “no necesariamente el sillón más grande
    es para el presidente de la empresa”. El precio de la Aeron va
    desde $ 900 hasta $ 1.500, según las prestaciones.

    Otra firma local importante es Esau, que lleva más de 30
    años en el mercado y es representante de la canadiense
    Novalink (puestos de trabajo) y la francesa Strafor (sillas y work
    stations). Este año agregó a su oferta la línea
    de accesorios Genexco (bibliotecas, percheros, pizarras) y acaba de
    inaugurar, el 10 de junio, un nuevo local de ventas llamado Esau
    Office Environment, donde despliega el sistema world place
    performance (mejor desempeño en el área de trabajo),
    creado por la norteamericana Steelcase, de la cual Esau es dealer
    exclusivo para la Argentina y Paraguay.

    “Los puestos de trabajo de ese show-room están siendo
    usados por el personal como oficinas virtuales”, cuenta Ethel
    Mouro, gerente de la compañía, y explica el
    funcionamiento: “Al llegar se toma algún puesto libre al
    que se le agrega un archivo rodante, que es el único
    mobiliario fijo que tienen los empleados”.

    Para la directiva, el prestigio de Steelcase, sumado al ofrecimiento
    de nuevos productos, le permite proyectar a Esau un crecimiento de
    30% a 40%, que será impulsado por la entrada de cuentas
    importantes. Respecto del mercado, Mouro opina que “hay
    más competencia” y que ello ha favorecido a la
    compañía “porque hay una demanda diferente”.
    Por último, señala que “el cliente aprecia cada
    vez más el valor agregado, ya no se habla de muebles sino de
    soluciones a necesidades particulares”.

     

    ¿Bienvenidos?

    En sintonía con el atractivo que despertó la
    Argentina para muchos otros sectores de actividad, a partir de la
    apertura y la desregulación de la economía, en los
    últimos meses llegaron al país dos grandes
    compañías internacionales de equipamiento para
    oficinas.

    Además de Haworth —una de las líderes mundiales,
    que desde diciembre del año pasado está representada
    por la local Openoffice—, a principios de este año
    desembarcó la División Equipamiento para Oficinas de la
    colombiana Carvajal, integrante de un sólido holding
    internacional con intereses en varios rubros y que en la Argentina ya
    tenía presencia en el mercado editorial, a través de
    Kapelusz y el Grupo Editorial Norma.

    En el mercado local, las opiniones se dividen entre quienes minimizan
    la incidencia de los nuevos players y quienes ya los incluyen entre
    los líderes. “Es difícil poder saber actualmente
    nuestra participación en el mercado, porque se han incorporado
    algunas empresas debido a la depresión de la industria del
    mueble en Europa y a que la Argentina se ha puesto de moda”,
    dice Leiro y agrega que “cuando hay un movimiento de
    ingresantes, hay que esperar un tiempo para ver cómo queda el
    mercado”.

    “Evidentemente son empresas fuertes, aunque todavía no
    las hemos visto actuar”, advierte Ciaglia, quien cree que
    “va a haber una mayor competencia, pero lo que va a marcar la
    diferencia es el servicio”.

    Haworth aprobó el año pasado una inversión de
    US$ 20 millones para construir una planta dentro del Mercosur.
    Eduardo Piccinini, el territory manager para la Argentina, Paraguay y
    Uruguay, indica que la compañía no da licencias de sus
    productos para fabricación local y asegura que “tiene
    plantas en todo el mundo, con normas ISO 9001, para asegurar la misma
    calidad a los clientes, sin tener en cuenta la ubicación de
    sus subsidiarias”.

    Respecto de sus intereses en la región, Piccinini describe que
    “el mayor mercado es el de San Pablo, aunque también en
    Caracas hay un auge muy importante y Buenos Aires está
    funcionando muy bien”. En la Argentina, los sistemas de oficina
    abierta representan 80% de las ventas totales.

    Además, está a punto de salir a la venta la
    línea Crossing —lanzada por Haworth en 1995— que,
    según Falcone, significa “un nuevo concepto en sistemas
    de equipamiento, en el que todas las piezas son móviles”
    y que “responde a una dinámica de cambio durante los
    tiempos de trabajo, permitiendo al usuario un control propio sobre su
    espacio y cumpliendo con las necesidades actuales del trabajo en
    equipo”.

    Carvajal, que instaló alrededor de 200.000 estaciones de
    trabajo en todo el mundo, levantó en Buenos Aires una planta
    de ensamble de alta productividad. La gerente de Producto local,
    Carla D’Amato, afirma que la ventaja de la
    compañía sobre las colegas que importan la
    mayoría de los equipamientos es que puede “ofrecer un
    precio más bajo y competitivo” debido al hecho de
    fabricar sus propios productos.

    En su show-room, Carvajal tiene en exposición seis
    líneas: la Múltiple (sistemas de oficina abierta), la
    Jerez y la 2000 (muebles gerenciales y modulares), la Cosmetal
    (muebles free-standing de origen italiano) y la Dauphin y la Sifa
    (sillas ergonómicas de origen alemán). El precio de las
    sillas oscila entre $ 250 y $ 700.

    Aunque hace cinco años que está en el país,
    formada con 50% de capital nacional y 50% de capital italiano, es
    curioso que en ninguna de sus competidoras se haya mencionado a
    Arredamenti Italiani, que cuenta con una interesante nómina de
    clientes de primer nivel, no sólo en el sector privado sino
    también en la administración pública
    (Presidencia de la Nación, Ministerio de Educación y
    Secretaría de Recursos Naturales, entre otros organismos) y
    que factura $ 500.000 por mes.

    Desde sus comienzos, la empresa importa del grupo FZ el sistema
    Lógica, de butacas, sillas y muebles de oficina —algunos
    de éstos, hasta con heladera incorporada—, así
    como los asientos y tabiques Giaiotti. También
    incorporó la línea de puestos de trabajo Boulevard, de
    la canadiense Global Contract, que cuestan de $ 800 a $ 1.500.

    El presidente de Arredamenti Italiani, Vicente Virdó, compara
    el funcionamiento de una work station con el de una batería
    musical, ya que “el usuario tiene que tener todos los elementos
    de trabajo realizando la menor cantidad de movimientos posible”.

     

    Made in Argentina

    En el mercado de tabiques y paneles hay dos empresas tradicionales
    que cuentan con diseños y fabricación propios: Dimaat y
    Pivot. Esta última incorporó este año la
    línea española Movinor. Directivos de las dos firmas
    concuerdan en que las expectativas que existían en el primer
    semestre del ’96 no se cumplieron y, por lo tanto, no se
    materializó el crecimiento proyectado.

    A pesar de estar en uno de los segmentos más especializados
    del equipamiento para oficinas, Pivot incorporó a su oferta
    los tan solicitados puestos de trabajo y las cortinas, que ofrece
    como parte integral de la tabiquería entre vidrios. Sin
    embargo, la mayor parte de las ventas de esta firma, tanto como las
    de Dimaat, corresponde a tabiques y paneles.

    Acerca de la demanda, el director de Dimaat, Diego Bembasat,
    distingue dos polos: “Hay un perfil de cliente alto,
    generalmente empresas extranjeras, que invierte en productos de alta
    calidad estética y, por otro lado, un sector en el que mandan
    los números, que requiere lo mínimo
    indispensable”, sostiene. Prevé para su
    compañía un crecimiento de 15% a 20% para este
    año, aunque prefirió no dar las cifras de
    facturación, igual que su competidor.

    Igual que Pivot, Dimaat diversificó su oferta,
    extendiéndola al rubro de la construcción de edificios
    de renta y de oficinas. La firma cuenta con una planta en la ciudad
    de Buenos Aires, en la que se realizan trabajos de
    carpintería, corte y terminación de aluminio y
    estructuras metálicas.

    “En los últimos cinco años, el cliente ha
    cambiado”, asegura Bembasat y explica: “Se ha vuelto
    más exigente y cuenta con un mayor bagaje de conocimiento con
    respecto a la estética, lo que nos obligó a desarrollar
    más productos en virtud de lo que el mercado iba pidiendo.
    También hay hoy una gran exigencia hacia el proveedor, en
    relación con los plazos de entrega”.

    Ignacio Zubía, presidente de Pivot —firma con 20
    años de trayectoria—, asegura que en el mercado existe
    una demanda “más genuina, proveniente de una necesidad
    real y concreta” pero advierte que, paralelamente, la oferta ha
    crecido mucho, debido a la presencia de nuevos competidores. Para
    adecuarse a esa nueva realidad, Pivot incorporó nuevos
    productos, como los puestos de trabajo de la italiana Uniform.

    Zubía afirma que actualmente la relación precio-calidad
    es muy fuerte: “Uno está obligado a marcar la diferencia
    con el producto que ofrece porque, aunque aumentó la demanda,
    también hay más oferta”, precisa. El metro
    cuadrado de los tabiques promedio cuesta entre $ 100 y $ 120, aunque
    también los hay de $ 150, $ 180 y hasta $ 200.

     

    La especialidad de la casa

    Aunque Natán y Teqsa son dos empresas que apuntan a
    sectores diferentes del mercado, encontraron su nicho dentro del
    rubro del equipamiento para oficinas: alta dirección y
    diseño especial.

    “Apuntamos al equipamiento de salas de reunión y
    despachos de oficinas de nivel gerencial para arriba aunque, si nos
    piden una propuesta integral, también la podemos
    desarrollar”, señala Silvana Churba, una de las
    directoras de Natán, históricamente fuerte en el
    diseño textil y en muebles de alta calidad para el hogar.

    Para los niveles top, Natán ofrece escritorios muy refinados
    de maderas exóticas, con formas que acompañan el
    movimiento. La firma ofrece productos importados —la
    línea Uffix, de Italia, y la Prestige, para escritorios
    especiales— y también dispone de la licencia de Frezza,
    que cuenta con una línea completa para oficinas.

    “El de las oficinas es un rubro bueno, pero muy
    competitivo”, advierte Churba, quien, sin embargo, aclara que
    “de todas maneras, siempre hay un segmento, sobre todo en la
    alta dirección, en el que uno se puede diferenciar”.

    Teqsa diseña y produce equipamiento especial para oficinas.
    “Fabricamos todos los elementos, no trabajamos productos
    seriados”, dice el presidente de la compañía,
    Roberto Lo Presti, y agrega: “Nuestra idea fue salir del bloque
    de empresas que hacen líneas estándar con licencias del
    exterior. Lo que hacemos es cubrir aquellas demandas que estaban
    insatisfechas”.

    La firma, que este año amplió su planta de
    producción y aumentó la cantidad de empleados, espera
    un crecimiento del 15 al 20% respecto al año pasado.

    Otra tendencia importante en los últimos tiempos, vinculada
    con los avances en los sistemas de comunicaciones, es la
    descentralización de los lugares de tarea y el incipiente
    crecimiento del trabajo en casa. Hacia ese segmento apunta desde 1991
    la empresa Arquimadera.

    “Es un segmento muy atípico dentro del sector”, dice
    Víctor Elena, director de la firma, y lo describe: “En
    general, son jóvenes profesionales de 25 a 45 años que
    pudieron esquivar la crisis económica y que les gustan las
    cosas distintas y modernas. Por eso, los muebles que ofrecemos
    cumplen con los nuevos requerimientos y son una mezcla de oficina y
    hogar”.

    Ese rubro emergente aún representa sólo 20% de las
    ventas de Arquimadera, una compañía con 35 años
    de antigüedad y especialización tradicional en
    equipamientos de cocinas y placards. No obstante, la firma tuvo un
    fuerte crecimiento (40%) entre 1995 y 1996.

    Arquimadera tiene una línea de productos nacionales y tres de
    origen italiano. Dos de ellas son Casa Manía y Magic, a las
    que representa para todo el Mercosur. En ambos casos, el mix de la
    oferta es 70% para el hogar y 30% al nuevo mercado casa-oficina. La
    tercera italiana es Casina, cuya representación comparte con
    Interieur Forma.

    Otro jugador local a tener en cuenta es André Kevin, que
    controla 5% del mercado de muebles hogareños en el área
    metropolitana y planea desembarcar en el sector de equipamiento para
    grandes empresas, en el que actualmente no tiene incidencia. Hoy por
    hoy, tiene alguna inserción en el mercado de las Pymes, pero
    éstas representan sólo 10% de sus ingresos.

    “La oficina hogareña es el mercado de mayor crecimiento
    en el mundo, con una proyección de 30% a 40% de incremento
    para este año”, afirma el presidente de la
    compañía, Daniel Saramaga. Para este año,
    André Kevin espera crecer 35%, a una facturación de $
    16 millones.

    En su planta de 10.000 metros cuadrados, en el barrio porteño
    de Mataderos, André Kevin fabrica 35% de su producción.
    “Tenemos una de las plantas de muebles más importantes de
    la Argentina, con tecnología de punta que incluye dos robots,
    máquinas por control numérico y el único
    túnel de determinación por radiación
    ultravioleta para el acabado de productos que hay en el
    país”, enumera Saramaga.

     

    Made in USA

    La compañía Haworth fue fundada en 1948 por Gerald
    Haworth. Inicialmente fue un modesto taller que, con el tiempo,
    llegó a convertirse en un fabricante internacional que tiene
    más de 100 patentes mundiales y ventas por más de US$
    1.000 millones al año.

    La transformación comenzó en 1975, cuando la firma
    entró en la industria de muebles de oficina y se
    proyectó al mercado mundial, de la mano de la
    incorporación del primer panel modular preelectrificado. Desde
    ese año, las ventas han aumentado a tasas anuales que nunca
    bajaron de 15% y que llegaron a picos de 60%.

    En 1996 totalizó ingresos por US$ 1.360 millones, 19%
    más que en 1995. Más de 25% de las ventas se
    efectúa fuera de Estados Unidos. El año pasado
    trepó 16 puestos, del 160° al 144°, en el ranking de
    las 400 empresas privadas más grandes de Estados Unidos,
    según la revista Forbes.

    A partir de 1988, Haworth siguió una política de
    expansión global que incluyó América del Norte,
    Europa, Sudamérica, Asia y Oceanía. La operación
    europea asimiló la herencia de algunos de los mejores
    fabricantes de muebles de ese continente, como Comforto, Castelli,
    Com, Ordo, Mobilier International, Cortal y Seldex.

    En Asia tiene plantas en China, Hong Kong, Singapur, Malasia y
    Tailandia. En Oceanía, en Australia. A Sudamérica no
    hace mucho que llegó, pero ya instaló en San Pablo una
    oficina de ventas cuyo objetivo es ser el soporte de toda la
    gestión de servicio en la región.

    A comienzos de los ’90 empezaron a llegar las distinciones, la
    utilización de normas de calidad y el reconocimiento
    internacional. En 1992 se convirtió en el primer fabricante de
    Estados Unidos que obtuvo la certificación ISO 9001. Al
    año siguiente apareció en la clásica lista de
    Las 100 mejores compañías para trabajar en Estados
    Unidos. En el ’94 recibió el Premio al Liderazgo de
    Calidad de Michigan.

    Actualmente, la compañía, cuya sede central está
    en Holland, Michigan, opera en más de 70 países y
    emplea a más de 9.000 personas. Sus productos se venden en
    todo el mundo, a través de 800 distribuidores independientes.

     

    Gigante latino casi centenario

    En 1904, Miguel Carvajal Valencia y sus hijos Alberto y Hernando
    fundaron la compañía Carvajal, una pequeña
    tipográfica comercial en la que los textos se componían
    con tipos levantados a mano, en una vieja prensa de palanca.

    En 1952, la empresa creó la División Equipamiento para
    Oficinas, que hoy tiene 1.300 empleados, menos de 10% del plantel
    total del Grupo Carvajal, que ocupa a más 16.000 personas.

    En 1959, Carvajal fundó la editorial Publicar, que creó
    las páginas amarillas para las guías
    telefónicas, una modalidad que inmediatamente se
    internacionalizó. Un año más tarde inició
    sus operaciones el Grupo Editorial Norma, que hoy está
    conformado por 18 empresas editoriales. En el ’67 nació
    la impresora de libros y revistas Mancol.

    En 1975 el grupo alumbró a Flexa, una productora de empaques
    flexibles. Ya en los ’80 incorporó Edimedios, una
    editorial de revistas especializadas, y Plasticar, primera productora
    sudamericana de tarjetas plásticas de seguridad que
    recibió la aprobación de Visa y Mastercard.

    En 1984 creó Plan Vivienda, una empresa promotora de proyectos
    para la construcción de viviendas, locales comerciales y
    oficinas. En el ’89 fundó Tecno SA, para la
    producción de divisiones modulares de oficinas. Por
    último, a comienzos de los ’90 incursionó en la
    venta de software y asoció el Grupo Editorial Norma con la
    editorial argentina Tesis.

    Dentro de Colombia, la corporación tiene negocios en
    más de una decena de sectores de actividad. La sede central
    está en Cali y tiene más de 80 filiales o asociadas
    distribuidas por la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica,
    Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Guatemala,
    México, Nicaragua, Panamá, Perú, Puerto Rico y
    Venezuela.

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