La ciudad de Neuquén tiene algo de cruce de caminos y
confluencia de culturas y costumbres. Algo así como un oasis
en el medio del desierto. Fue polo de migración interna en los
últimos 25 años: se dieron cita en ella hombres y
mujeres de todo el país, cargados con sus peculiaridades y sus
acentos, y dispuestos a apostar sus mejores cartas en un juego
contrario a la tradición.
Por eso se respira en Neuquén un aire de individualismo
amistoso, orientado a construir en la Patagonia un espacio de
bienestar personal y de encuentro. Esa frescura se acentúa por
lo juvenil de la población: la mitad tiene menos de 20
años; muchos son primera generación patagónica;
otros, recién llegados. Aun entre quienes han pasado los 40,
la abundancia de expectativas es la norma antes que la
excepción.
No quieren atenerse a lo hecho: están allí para armar
algo propio. Y esa importancia de las opciones personales, unida a la
heterogeneidad de un tejido social sin viejos patriciados, hicieron
de Neuquén una sociedad políticamente personalista,
entusiasta, sin pesados moralismos y poco disciplinada, volcada hacia
el futuro más que al pasado, pero bastante despreocupada y
poco dada a generar proyectos colectivos trabajosos.
De esa conjunción de actividad e improvisación, de
compañerismo e individualismo, de frontera y de centro
cosmopolita, brotaron la desorientación y la ansiedad que hoy
embargan a los neuquinos. Ven amenazada una prosperidad que
parecía inconmovible. Sienten que su futuro no les pertenece
del todo porque las reglas les fueron cambiadas. Enfrentan la pobreza
y perciben la necesidad de una transformación para la que
aún no se sienten preparados, en la dirección y en los
plazos necesarios.
Cuánto y cómo
Neuquén es muy joven. Lleva 40 años como capital
provincial y tenía 20.000 habitantes hace tres décadas.
Hoy alberga a 270.000 personas, incluidos los 25.000 ciudadanos de
Plottier y los 30.000 de Centenario, sus municipios vecinos. La
provincia, en tanto, no llega al medio millón. Entre los
capitalinos, 63% son autóctonos, 9% extranjeros, 8%
bonaerenses y porteños, 7% de Río Negro, y los
demás, del resto del país. Entre los inmigrantes es
alta la proporción de profesionales y de gente formada, lo que
hace de Neuquén una plaza de alma progresista, con mucha y
buena materia gris.
La inmigración empezó a fin de la década de los
’60, con la construcción del complejo
hidroeléctrico Chocón-Cerros Colorados y la
expansión de la explotación petrolera en el
departamento Confluencia, sede de la capital. Para entonces, el PBI
provincial no llegaba a 70% del promedio de las provincias del
país, pero durante los 15 años siguientes
aumentó a razón de 9,3% anual, mientras la
población lo hacía a 4,1%.
“Fue entonces cuando se fijó la matriz productiva del
Neuquén actual”, dice Humberto Zambón, ex decano
de la Facultad de Economía de la Universidad del Comahue y
jefe de la bancada de concejales del Frepaso. Y agrega: “La
construcción representó 26% del PBI, con 76% de
inversión pública. Esto se debía no sólo
a la importancia de los emprendimientos hidroeléctricos, sino
también a la política de asentamiento poblacional que
ejercía YPF y a los planes de vivienda del gobierno
provincial”. La agricultura bajo riego creció, pero
solamente 6,44%, con lo que su participación relativa
decayó. El comercio llegó a representar 30% del
producto, pero hoy es mucho menos: el petróleo y el gas lo
desplazaron.
En 1983 se instaló en la provincia la industria
cerámica, cuya producción representa 50% del sector
manufacturero. Pero sigue siendo un rubro minoritario: hoy no supera
7,5% del PBI, mientras los servicios comunitarios y personales
aportan 21,5%; el petróleo y la minería, 38,3%; la
construcción, el comercio y el agro, 7% cada uno; la
electricidad, el gas y el agua, 5,2 %; las finanzas, 4,5%, y los
transportes y las telecomunicaciones, el resto, según cifras
del Consejo de Planificación para el Desarrollo (Copade) del
estado provincial.
El pasado reciente transformó a la ciudad en un centro de
servicios para la región, y marcó a su población
con el signo de la dependencia del estado provincial, principal motor
económico fuera de los hidrocarburos. Además, la
concentración de la prosperidad en los rubros
petrolífero e hidroeléctrico hizo de Neuquén una
economía de enclave. Es decir, una economía que
sólo por su ubicación geográfica pertenece a la
región, pero cuyos beneficios se exportan fuera de ella, sin
reproducir inversión productiva ni generar actividad
intersectorial a largo plazo.
Las regalías petroleras (12 % del valor en boca de pozo) son
del estado provincial y contribuyen a consolidarlo como el principal
factor local de decisión, reforzando el tradicional papel
colonizador que el sector público tuvo en la Patagonia desde
comienzos de siglo, primero con el Ejército y luego con los
ferrocarriles y las petroleras. “La Patagonia productiva es un
invento del Estado nacional”, dicen los neuquinos.
En esas condiciones, y en épocas de proscripción del
peronismo, nació el Movimiento Popular Neuquino, liderado
desde entonces por los hermanos Elías y Felipe Sapag. Hoy, 40
años después, poco menos de la mitad de los afiliados
provinciales a partidos políticos pertenecen al MPN. Felipe
Sapag es nuevamente gobernador de Neuquén, y el intendente de
la ciudad capital, Luis Julián Jalil, es miembro del partido.
Esta consentida permanencia en el poder de un movimiento centrado en
una familia completa el retrato de las relaciones sociales y
productivas que dominaron la ciudad y la provincia de Neuquén.
Final del juego
Ese modelo de funcionamiento empezó a colapsar a comienzos
de la presente década, con la privatización de YPF, y
hoy no puede generar el cambio que todos perciben como urgente. El
proceso de quiebre tiene dos fuentes principales. Por un lado, la
racionalización del gasto encarada por las petroleras
privadas, que cerró miles de puestos de trabajo y
terminó con las políticas de asentamientos humanos y de
aprovisionamiento local. Por otro, “a partir de 1990, las
regalías gasíferas se calculan sobre la base del precio
de mercado y no sobre el equivalente calórico con el
petróleo, lo que redujo los montos liquidados al estado
provincial”, comenta Zambón. “Además, desde
el ’91 los porcentajes de la coparticipación que reciben
las provincias también se restringieron: Neuquén tiene
$ 210 millones menos”, agrega.
Esa combinación aumentó la importancia del gasto
corriente, que de representar 50% del presupuesto pasó a
comprometer 70%, detuvo el crecimiento del Estado como empleador y lo
obligó a redimensionarse, restringió las inversiones en
construcción y determinó que el crecimiento explosivo
del PBI (12 % anual desde el ’90) no implicara un aumento de los
ingresos.
Zambón explica el fenómeno: “La ocupación
disminuyó, con lo cual hay menos sueldos, y el excedente
económico de los sectores de petróleo, gas y
electricidad, que son la base de nuestro PBI, emigra y pasa a formar
parte del ingreso de otras regiones, como la Capital Federal, o
incluso de otros países. Mientras tanto, la población
crece dos veces más rápido que en el resto del
país”. En Neuquén, este diagnóstico es
compartido por todos, fuera y dentro del gobierno.
Claro que no todo es petróleo: la producción
agrícola creció en el último quinquenio, sobre
todo peras (117% más) y manzanas (30%). Neuquén
participa con 21% de la producción nacional de manzana y 13%
de la de pera. También en este sector se concentró la
actividad de grandes empresas que hicieron importantes inversiones en
riego, tecnología, empaque y marketing. En cambio, es cada vez
menor el número de pequeños productores y chacareros.
En Plottier, por ejemplo, hay más de 5.000 hectáreas
bajo riego virtualmente abandonadas.
Las exportaciones a Chile, principal comprador de productos
neuquinos, han empezado a dinamizar la economía regional. La
integración con los puertos chilenos con miras a los mercados
del Pacífico se reconoce como necesaria, pero demanda
importantes inversiones en infraestructura carretera.
De cualquier modo, la situación general no cambiará si
no se afianzan las actividades productivas con alto valor agregado
local, como el turismo y la agroindustria, o las derivadas de la
producción primaria, como la silvicultura y la
frutihorticultura. También la petroquímica
podría jugar un papel importante, de cara al mercado del
Pacífico.
Pero, para que ello sea posible, el estado provincial tiene que
ordenar la situación mediante planes de reconversión
concretos y viables. “No se trata sólo de modificaciones
en la producción, sino también en la cultura del
neuquino, mayormente ajeno a las labores de producción
agrícola y manufacturera”, dice Mónica
Ocaña, de la recientemente creada Ala Blanca del MPN. Y
agrega: “Este es el principal problema. No tenemos
tradición industrial, y la agrícola es débil.
Por el lado de la línea tradicional del partido gobernante,
además, no hay capacidad para orientar la reconversión
productiva. El Copade realiza excelentes estudios de
planificación estratégica, pero no considera los planes
de implementación para las circunstancias actuales, y en eso
falla”.
Horizonte regional
La ciudad de Neuquén es centro de la región del Alto
Valle del Río Negro, que comprende las ciudades rionegrinas de
Cipolletti, integrada al conurbano por dos puentes, General Roca y
Villa Regina. Mantiene también, a lo largo de la cuenca del
Limay, un eje de conexión con los parques nacionales y con los
recursos hídricos de la provincia vecina.
El símbolo de esta unión funcional interprovincial es
la Universidad del Comahue, con sede en la ciudad de Neuquén y
cuyo actual rector es un rionegrino que vive en Cipolletti y fue
candidato a diputado por el Partido Justicialista de Río
Negro. La región vive como un todo, pese a su doble
administración.
Semejante carácter de bisagra entre el norte del país y
la Patagonia es una ventaja comparativa importante para la ciudad de
Neuquén, porque la transforma en un centro de
distribución que une la cuenca del Pacífico y las
regiones Novena y Décima de Chile, con sus puertos de Valdivia
y Concepción, por un lado, y, por otro, las ciudades de
Bahía Blanca y Buenos Aires, al este de la Argentina, y las
provincias patagónicas al sur. Se abre así para la
ciudad un mercado sureño ampliado, así como la
posibilidad de jugar un papel estratégico importante.

