viernes, 3 de abril de 2026

    ¿Club, empresa o ambas cosas?

    Dentro de tres semanas, el Automóvil Club Argentino
    renovará autoridades. César Carman, portador de un
    apellido indisolublemente ligado a las cuatro últimas
    décadas de la historia de la entidad (su padre, César
    Carman, también ocupó el sillón de la
    presidencia entre 1956 y 1983), cederá su lugar a Carlos
    Vaquer, quien actualmente se desempeña como vicepresidente
    primero.

     

    Luego de doce años de gestión, Carman deja la
    conducción en un momento especial. Y paradójico.
    Mientras las cifras muestran al ACA en una situación
    financiera satisfactoria (ver gráfico), la entidad pierde
    presencia en aquellos mercados en los que históricamente
    participó como protagonista destacado. Y el número de
    socios -que con el aporte de las cuotas genera 62% de sus ingresos
    anuales- viene decreciendo en los últimos años.

    Según los datos que maneja el Sindicato Unico de
    Trabajadores de la entidad (Sutaca), que agrupa a los empleados en
    relación de dependencia, el ACA pasó de los 650.000
    asociados que tenía en 1985 a los actuales 470.000. Doce
    años atrás, los cotizantes -quienes mes a mes abonan
    efectivamente la cuota- eran 565.000. Hoy suman 350.000.

    Carman atribuye la diferencia entre ambas cifras a que la
    entidad no contaba antes con un sistema informático que
    permitiera realizar un registro confiable de los ingresos y egresos
    de asociados. “Muchas veces me dijeron que hace diez, veinte o
    treinta años el club tenía muchos más socios. Y
    yo a eso respondo: sí, pero póngalos en una
    computadora. Hoy el ACA debe contar con uno de los centros de
    cómputos más importantes del país. Sabemos
    exactamente cuántos socios pagan su cuota, cuántos
    litros de combustible vendemos.”

    Para Roberto Passo, secretario general del Sutaca, la
    explicación es otra: “Desde que Carman asumió, al ACA
    le faltan 300.000 socios. Y oficialmente las autoridades reconocen
    que hay 240.000 menos. Esos socios se fueron porque el club redujo su
    oferta de servicios -tenía una consigna de 103 ítem,
    hoy publicita 40-, y les quitó a quienes abonaban una cuota de
    $ 32 lo que necesitaban: un taller mecánico a la vuelta de su
    casa o el que funcionaba en las estaciones de servicio. El ACA
    perdió el verdadero vínculo con sus asociados, que se
    basaba en la calidad del servicio y el respaldo institucional”,
    asegura.

    Aliados del crecimiento

     

    Durante décadas, el ACA fue sinónimo del auxilio
    mecánico en la Argentina. El desarrollo de su estructura
    nacional -desde inicios de los ´40 el club montó una red en
    todo el país, compuesta por cientos de estaciones de servicio,
    talleres mecánicos, playas de estacionamiento, hoteles,
    hosterías y campamentos- llegó de la mano de una
    estrecha relación comercial con YPF.

    El vínculo nació de un convenio sellado en 1936,
    cuando la petrolera estatal comenzaba a abrirse paso en el mercado y
    tenía que promover sus combustibles y lubricantes. El
    Automóvil Club resultaba -por su condición de
    único organizador en el país de actividades
    automovilísticas- su aliado más idóneo.

    Más tarde, el ACA expandió sus operaciones hacia
    el mercado asegurador, gracias al acuerdo sellado en los ´50 con la
    por entonces también estatal Caja Nacional de Ahorro Postal.
    Desde entonces, el club logró reunir la cartera de seguro
    automotor más importante de la Argentina -que suma,
    según su último balance cerrado en junio el año
    pasado, 100.572 pólizas-, una cobertura que luego
    amplió a los asociados, su grupo familiar y su patrimonio.

    A pesar de que en los últimos años tanto YPF como
    La Caja pasaron a manos privadas, ambas empresas siguieron renovando
    sus acuerdos con el club. En el caso de la petrolera, el contrato por
    el cual el ACA se compromete a la venta exclusiva de sus combustibles
    y lubricantes se renovó hasta el 2000, con la posibilidad de
    extenderlo por diez años más, según las
    inversiones que YPF realice en las estaciones que integran la red del
    ACA.

    Pero la relación comercial no termina allí. “Bajo
    la conducción de José Estenssoro, YPF comenzó a
    encarar un cambio de imagen corporativa. Y en el interior del
    país, parte importante de esa imagen eran las estaciones del
    ACA. Eso nos llevó a firmar un contrato que responde a dos
    modalidades: en el caso de las estaciones que resultaban de
    interés comercial para YPF -porque estaban ubicadas en lugares
    estratégicos- nos comprometíamos a vender sus productos
    hasta el 2010, con la condición de que ellos hicieran las
    inversiones necesarias para la remodelación, pagaran un
    alquiler y le otorgaran al ACA las oficinas que necesitaba en cada
    dependencia. De esa forma, nos poníamos a la altura del cambio
    que demandaba un mercado mucho más competitivo. Hasta ahora,
    la inversión en obras realizada por YPF asciende a cerca de
    US$ 40 millones”, explica Carman.

    En el resto de los casos, la petrolera le abona al ACA un
    canon, que resulta de un porcentaje sobre las ventas obtenidas y
    varía de acuerdo con el emplazamiento de cada estación.

    La hora del ajuste

     

    La nueva modalidad del convenio entre YPF y el ACA es un buen
    ejemplo a la hora de dar cuenta de un proceso mayor de
    reingeniería. Cinco años atrás, el club
    comenzó a adaptar sus estructuras y servicios a las demandas
    de un mercado en el que surgían muchos competidores privados,
    todos dispuestos a terciar en cada uno de los negocios en los que,
    hasta entonces, el ACA no había conocido adversarios de peso.

    El downsizing encarado llevó a la entidad, entre otras
    cosas, a ceder la operación de sus estaciones de servicio
    más rentables, a reducir de manera drástica su personal
    en relación de dependencia -y el contratado por los
    concesionarios-, a tercerizar la operación de casi todas sus
    unidades turísticas y a contratar proveedores externos
    -llamados talleres seleccionados- para que brinden el servicio de
    auxilio mecánico.

    Para Jorge Rosales, gerente general del ACA desde 1985, “la
    transformación era necesaria. El club debía adaptarse a
    una realidad de mercado y dejar de funcionar casi como un ministerio.
    No se puede mantener una institución con fines meramente
    filantrópicos sin ajustarla a los resultados de los negocios
    en los que interviene. Porque, independientemente de la cuota
    societaria, el ACA tiene dos productos -la venta de combustible y los
    seguros-, regidos por convenios firmados con YPF y La Caja, que
    debían ser manejados desde la perspectiva de lo que son:
    negocios. Si no adaptaba sus estructuras y su estilo de
    gestión, el ACA desaparecía como institución”.

    El ajuste asumió varias formas. La reducción de
    personal fue una de las que más se hizo sentir. De los 2.879
    empleados en relación de dependencia con los que contaba el
    ACA en el bienio ´90-´91, pasó a 924. “La reducción
    obedecía a una necesidad estructural. En 80% de los casos los
    trabajadores se acogieron al régimen de retiros voluntarios,
    que se mantuvo durante varios años. A la mayoría se le
    brindó la posibilidad de cobrar sus indemnizaciones y
    convertirse en concesionarios de la entidad. Sólo se
    recurrió a los despidos en las áreas en que entendimos
    que había un exceso de gente”, afirma Rosales.

    Desde el gremio, la mirada de Passo sobre ese mismo proceso
    difiere radicalmente: “Con el retiro voluntario el ACA pagó
    indemnizaciones de $ 50.000 a $ 100.000 por trabajador, para dar de
    baja a unos 2.000 empleados en relación de dependencia y a
    otros 700 empleados de concesión, nucleados en el Smata. Pero
    a partir de 1993 se recurrió al despido masivo, sin que
    mediara ningún criterio de racionalidad”.

    En opinión de Passo, “la planta no estaba
    sobredimensionada. Todo debe verse en relación con la cantidad
    de servicios que el club quería brindar. Porque una cosa es
    contar con un caudal creciente de socios y una oferta de 103
    servicios, y otra es la realidad presente: el número de socios
    va cayendo, y los servicios publicitados son menos de la mitad de los
    que existían. No se apostó al crecimiento: por el
    contrario, se otorgó todo en concesión, se
    tercerizó y, de esa forma, se rompió el equilibrio
    histórico que existía entre la explotación
    directa y las concesiones, un modelo que había funcionado por
    más de 30 años. La dirección puso sobre la mesa
    exclusivamente los costos, y la calidad del servicio decayó.
    Allí debe buscarse la causa principal de la disminución
    del número de socios”.

     

    La tercerización como estrategia

     

    Precisamente, la firma de acuerdos de concesión o
    alquiler de sus dependencias para la explotación de terceros
    fue uno de los pilares en los que la conducción basó la
    reingeniería del club. “El ACA decidió derivar
    paulatinamente la explotación directa de los servicios que
    desarrolla. En hotelería, por ejemplo, hoy sólo
    atendemos con personal propio el hotel de Córdoba”, explica
    Oscar Lenticchia, gerente de Operaciones del Interior.

    El ACA encara sus explotaciones mediante distintos sistemas: en
    algunos casos, a través de un concesionario que presta el
    servicio en una suerte de franquicia. El club lo provee del
    establecimiento, y el franquiciado está obligado a manejarse
    con el know how provisto por el club y a respetar los convenios de
    exclusividad -la venta de productos de determinadas marcas- firmados
    por el ACA.

    En otras ocasiones, el club recurre al alquiler “por lo
    mínimo. Se ha dado con las dependencias ubicadas en
    localidades pequeñas, en rutas poco transitadas. Fueron
    dependencias que en su momento cumplieron una función, pero
    que hoy, por no tener volumen, habían pasado a ser
    deficitarias. En esos casos permitimos que el inquilino atienda a
    socios y no socios, y lo autorizamos a ampliar su prestación
    de servicios”, describe Lenticchia. Actualmente, entre 8 y 10% de las
    casi 200 dependencias que integran la red nacional se encuadran en
    ese esquema.

    Pero el ACA también alquila “a terceros dispuestos a
    invertir sumas que van de US$ 300.000 a US$ 2 millones. Las nuevas
    obras se realizan sobre pautas que fija el club. El inquilino sigue
    brindando servicios a los socios, pero se le otorga libertad de
    acción para fijar sus precios de comercialización,
    atender a no socios y abrir su mercado a otros productos. Cuando la
    remodelación es importante, firmamos contratos por plazos de 6
    a 10 años”.

     

    Tiempo de competir

     

    El cambio de las condiciones en el mercado del auxilio
    mecánico es, sin duda, el principal desafío. Esta fue,
    históricamente, la actividad distintiva del ACA, y la que
    genera 80% del ingreso de nuevos socios. Hoy se ha convertido en el
    epicentro de una batalla que libra un número importante de
    empresas privadas que, de la mano de acuerdos con aseguradoras,
    automotrices y bancos, transformaron el servicio en un adicional
    gratuito de pólizas, autos cero kilómetro y cuentas
    bancarias (ver recuadro).

    Aunque tardíamente, las respuestas del ACA comenzaron a
    llegar: desde 1995 redujo su cuota mensual de $ 32 hasta llegar a los
    actuales $ 15, una suma que depende del tipo de seguro que contrate
    el asociado y de que elija la tarjeta de crédito como medio de
    pago. “La rebaja demandó un esfuerzo importante por parte del
    club”, reconoce Rosales. “Pero gracias a esa reducción, y a
    pesar de la competencia creciente, pudimos mantener una cartera
    estable de socios en torno de los 350.000 cotizantes.” También
    admite que el ACA se prepara para sumarse al mercado corporativo y
    poder recuperar el terreno perdido a manos de sus nuevos
    competidores: “Tomamos la decisión de intervenir en ese
    segmento, brindando el servicio a aseguradoras. Ya estamos
    negociando, aunque no puedo decir con qué
    compañías”.

    El ACA selló, además, un convenio con la
    Municipalidad de Buenos Aires, por el cual sus socios ya pueden
    renovar la licencia de conducir en las instalaciones del club.
    Pronto, quienes deban sacar su primer registro también
    tendrán la posibilidad de hacerlo en el ACA.

    En el ámbito de la Capital Federal y el GBA el club
    apostó a generar mayor presencia en las calles, poniendo la
    mayoría de sus 230 vehículos de auxilio en permanente
    movimiento. Juan María Díaz, gerente de Operaciones del
    área, asegura que “los camiones prestan entre 1.700 y 2.000
    servicios diarios, muchos más que los que brinda cualquiera de
    nuestros competidores. Y logramos mejorar la eficiencia en la
    prestación del auxilio, con un promedio una demora de
    sólo 25 minutos”.

    Así, a menos de un mes de concretar su recambio de
    autoridades, el ACA hace equilibrio entre dos definiciones: una
    entidad sin fines de lucro que aspira a competir como empresa, y una
    estructura que, actuando con mentalidad empresaria, debe -por
    historia, por estatuto, por concepción filosófica-
    continuar siendo un club.

    Desde los primeros días de mayo, Carlos Vaquer
    será el encargado de buscar cuál es la
    definición que más le cuadra al futuro del club. “El
    ACA debe crecer sin abandonar sus lineamientos fundacionales, pero
    con un manejo totalmente empresario de aquellas áreas
    -auxilio, seguros, venta de combustibles- en las que asume un papel
    de empresa”, opina Vaquer. “Y tenemos que hacerlo rápido,
    porque el club ya está saneado. A Carman le tocó la
    difícil y necesaria tarea del ajuste. Con su vieja estructura
    el ACA no podía crecer. Estábamos alimentando a un
    monstruo, y ya no nos quedaba comida para darle.”

     

     

    La salud de los números

     

    ———————————————————–

    1992/93 1993/94 1994/95 1995/96

    ———————————————————–

    Activo Corriente (1) 47,9 42,5 52,6 54,0

    Pasivo Corriente (1) 35,3 42,2 36,4 33,4

    Capital de Trabajo (1) 12,6 2,7 16,1 20,5

    Resultados Brutos (1) 169,3 188,2 186,0 154,1

    Utilidades Netas (1) 1,8 1,5 1,1 1,8

    Patrimonio Neto (1) 145,2 138,8 148,6 150,4

    Relación Corriente 1,36 1,07 1,45 1,62

    Indice de

    solvencia general 4,60 4,17 4,30 4,10

    Indice de

    endeudamiento 0,27 0,33 0,30 0,32

    ———————————————————————-

    (1) En millones de pesos

     

    El ACA en cifras

     

    * Fundado en 1904

    1994/95 1995/96 Var. (%)

    ———————————————————–

    * Cantidad de socios 445.471 437.660 – 1,75

    * Cantidad de empleados 1.254 924 -35,71

    * Cantidad de pólizas de

    seguro automotor 87.546 100.572 14,87

    * Venta de combustible (1) 461.363 374.821 -18,75

    * Ingresos por cuotas

    sociales (2) 127.385.429 101.071.526 -20,65

    * Ingresos por venta de

    combustible (2) 25.599.453 19.231.880 -24,87

    * Ingresos por servicios

    de seguros (automotor,

    vida, otros) (2) 15.399.288 15.787.551 2,52

    * Ingresos por servicios

    al automóvil (2) 4.098.389 6.879.457 67,85

    * Ingresos por servicios

    turísticos (2) 6.534.564 5.302.059 -18,86

    * Ingresos totales (2) 186.055.463 154.107.716 -17,17

    ———————————————————–

    Fuente: Balances del Automóvil Club Argentino.

    (1) En miles de litros – (2) En pesos

     

    La asistencia al vehículo

    Un negocio sobre ruedas

     

    En los últimos cinco años, la asistencia al
    vehículo se convirtió en un negocio excelente para
    empresas como S.O.S., Car Assistance e Ibero Asistencia que, a
    través del régimen de capitación, sellaron
    acuerdos con compañías aseguradoras, bancos, tarjetas
    de crédito, terminales automotrices y firmas de medicina
    prepaga.

    “Muchos ex socios del ACA optaron por ahorrarse la cuota y
    quedarse con el auxilio que obtenían gratuitamente, como un
    adicional de su seguro, su teléfono celular o su cuenta
    corriente”, asegura Mariano Morazzani, gerente de Servicios de
    Universal Assistance, una empresa de asistencia al viajero que hace
    cuatro años comenzó a brindar auxilio mecánico a
    aseguradoras y automotrices.

    Para Pablo Peón, director de Operaciones y Servicios de
    S.O.S. Urgencia Mecánica, “el mercado comenzó a
    transformarse hace diez años, cuando surgimos con una
    filosofía de abono similar a la del ACA, pero a un precio
    bastante menor y con mayor flexibilidad en cuanto a posibilidades de
    servicio. Nuestra diferencia radicó en atender al
    vehículo, sin importar quién lo manejara, y reparar
    más de 80% de los problemas sin recurrir al traslado”. S.O.S.
    ya cerró un centenar de convenios con compañías
    de seguros y terminales automotrices como Fiat, Chrysler y Alfa
    Romeo. Según Peón, “la torta se reparte entre S.O.S.
    (822.000 clientes), el ACA (450.000), Ibero Asistencia (400.000) y
    Car Assistance (350.000)”.

    Juan Briones, gerente de Car Assistance (la firma con la que
    Universal Assistance participa en el mercado individual del auxilio)
    opina que “nuestra verdadera competencia es el régimen de
    capitación. Peleamos contra nosotros mismos. Tenemos 10.000
    abonados individuales directos, pero cubrimos a otros 500.000
    vehículos a través de los contratos corporativos. La
    tendencia apunta a una puja entre el precio y la calidad que ofrezcan
    el mercado corporativo y el individual”.

    La única empresa del segmento que no apuesta a captar
    socios directos es Ibero Asistencia, del grupo Mapfre. Su gerente
    general, Pablo Alvert Sanz, explica que “no incursionamos en la venta
    individual porque consideramos que el producto es un commodity, y en
    ese sector el ACA sigue siendo líder. Pero estamos convencidos
    de que en el futuro el mercado va a pasar por lo corporativo. Por eso
    concentramos allí nuestros esfuerzos”.

     

     

     

    ADV/Vázquez, para una nueva imagen

    La campaña de los US$ 2,5 millones

     

    Siete piezas televisivas, mucha presencia en gráfica y
    vía pública y un costo estimado de US$ 2,5 millones.
    Esos recursos -y la necesidad de aggiornar la imagen del club- fueron
    las claves sobre las que la agencia ADV/Vázquez
    diseñó la campaña del ACA para el verano. “Dos
    aliados históricos del ACA, como YPF y La Caja, habían
    emprendido importantes procesos de modernización de su
    identidad corporativa. Y esos cambios tuvieron un fuerte impacto en
    el ACA, que sigue siendo un club, pero que mantiene con sus socios
    las mismas obligaciones que debe asumir una empresa: modernizarse
    constantemente”, señala Roberto Hernández, director
    general del Departamento de Cuentas de la agencia.

    El eje de comunicación de la campaña, lanzada en
    diciembre, giró en torno de la afiliación. Según
    la directora creativa, Andrea Cambra, “el momento era adecuado para
    la captación de socios, porque todos se iban de vacaciones y
    utilizaban el auto. Por eso pusimos el eje sobre la
    afiliación, pero además explicamos los motivos de su
    necesidad, que sintetizamos en el eslogan Siempre es mejor ser
    socio”.

    Un mes antes del lanzamiento, ADV/Vázquez se
    había hecho de la cuenta imponiéndose en un concurso
    del que participaron seis agencias. “Nuestra propuesta fue
    seleccionada porque, entre otras cosas, integraba la
    realización de promociones especiales -sorteos mensuales entre
    los nuevos socios- y otros servicios de asesoramiento de la agencia
    hacia el ACA”, cuenta Leo Schmid, del departamento de cuentas. Entre
    esos servicios se encuentra un proyecto del área multimedia de
    la agencia: la renovación del sistema Acamática -al
    cual los socios tienen acceso vía módem- “para
    diseñar una suerte de Web que, en el futuro -señala
    Schmid- podría llegar a extenderse a Internet”. Quizás,
    en poco tiempo, el ACA proyecte hacia el ciberespacio su batalla por
    sumar nuevos socios.

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