sábado, 18 de abril de 2026

    Información, más que seducción

    "Todo lo que hace la empresa, lo publique o no, es
    comunicación. Es su sistema nervioso central lo que controla
    toda su actividad y su relación con el entorno." Quien
    lanza esta afirmación desafiante es el catalán Joan Costa,
    experto en comunicación, diseñador, profesor universitario y
    consultor de organizaciones. El núcleo de su argumento es que,
    tras la equiparación tecnológica de los productos, se ingresa a
    la cultura de la atención al cliente. "El
    postindustrialismo ha dado nacimiento a la revolución de los
    servicios", señala. En este esquema, hablar de producto y
    de publicidad resulta insuficiente. "El eje debe estar
    puesto en la imagen corporativa, que es el resultado de la
    comunicación global. La gente ya no se conforma sólo con la
    publicidad, quiere saber, quiere información. Al pasar de la
    ideología del consumo a la cultura del consumo, la información
    se ha vuelto más importante que la seducción."Sostiene que
    la empresa tiene ahora que lidiar ya no sólo con el mercado sino
    con la sociedad en general, por lo que la técnica de volver
    públicos sus productos deberá subordinarse a un programa de
    comunicación global en el que están incluidos nuevos medios,
    recursos y soportes: la identidad corporativa, la imagen, las
    vinculaciones con los medios, las relaciones públicas, la
    preocupación generalizada por la calidad, la investigación de
    opinión y posicionamiento en el mercado, las publicaciones
    institucionales y empresariales, el packaging, los recursos de
    señalización para conducir al público hasta un punto de venta,
    el diseño de interiores en redes de atención al cliente, el
    diseño de distribución y la comunicación interna. El consultor
    español tiene claro que en el actual mosaico de culturas, las
    palabras y las cosas tienden a confundirse; cualquier acción de
    la organización -desde una promoción hasta las relaciones que
    entabla con su personal- comunica, y a su vez la imagen,
    cristalización pública de un discurso de identidad, recrea a la
    empresa.

    Estamos para servirlo

    Costa afirma que lo esencialmente distintivo de una compañía
    son sus servicios, porque son los que definen su modo de ser y
    actuar, su estilo. A diferencia de los productos, nunca podrán
    ser estandarizados porque "no son cosas ni objetos, sino
    datos, información, recuerdos y promesas, que se seleccionan
    cara a cara con el cliente en el momento de su
    producción"."¿Qué pasaría si nos dieran la fórmula
    de la Coca-Cola?" "Nada", contesta, contundente,
    sin dar tiempo a imaginar fortunas. "Tendríamos una receta,
    un líquido, pero lo importante no es eso sino la potencia de la
    imagen de marca y la fidelidad del consumidor a ella. Esto fue
    evidente en un estudio reciente realizado en toda Europa sobre
    los factores claves en la decisión de compra. En él se ubicó,
    por primera vez, el servicio al cliente antes que el producto y
    antes, incluso, que el precio."Como actitud orientada al
    cliente, en el servicio convergen el principio de la
    comunicación, que privilegia al receptor; el del marketing,
    enfocado en el consumidor; el de las relaciones públicas,
    anclado en el valor de las personas y el principio de la ética
    empresarial orientada a la utilidad social. Asumiendo que el eje
    es el individuo, resulta entonces congruente que la difusión
    masiva ceda espacios a las formas de comunicación que admiten
    alguna clase de interactividad. El diseñador catalán afirma que
    la comunicación corporativa es a la revolución de los servicios
    lo que la publicidad fue a la revolución industrial, es decir,
    el motor del sistema de producción y consumo. Si la clave se
    desplazó del producto fabricado a la existencia pública de la
    empresa, los actores con los que ésta debe vincularse también
    se habrán modificado. Un entorno ampliado"Pensar a la
    empresa desde la comunicación no es lo mismo que hacerlo desde
    el marketing", advierte Costa. Desde esa perspectiva de la
    primera, la palabra mercado -herencia del taylorismo- debería
    ser reemplazada por campo social. La comunicación desborda el
    marco estricto del consumidor y aquello que no es mercado
    también interesa a la empresa, en tanto que es sujeto de
    comunicación. Costa señala que el personal no es mercado sino
    gente que aporta trabajo e ingenio a la firma, que a los
    proveedores no se les vende nada, que los líderes de opinión no
    son consumidores, al igual que los ecologistas u otros grupos a
    los que voluntaria o involuntariamente la empresa siempre
    comunica. Esta complejidad excede ampliamente el mundo de los
    publicistas, dividido en productores y clientes, y permite
    entender la caída relativa de este sector en la asignación
    presupuestaria. Lo que el hombre de marketing denomina mercado
    es, entonces, una porción del campo social global insuficiente
    para la construcción de la reputación de la organización.
    "Algunos laboratorios en Europa han hallado el modo de
    responder a las nuevas necesidades y responsabilidades que tienen
    las empresas apoyando a los estudiantes de medicina. Claro que
    piensan en que serán su mercado futuro, pero mientras tanto se
    están relacionando con ellos sin pretender venderles nada y
    procurando darles becas o ayudas." A caballo de estas
    posiciones sobreviene la avanzada de los hombres de
    comunicación. El encargado del programa de imagen global en el
    modelo de este consultor es un director de comunicación que
    está junto al presidente en la cúspide del organigrama,
    conectándose hacia los lados con Marketing y Recursos Humanos.
    El será el abogado del público ante la empresa y el de ésta
    ante la comunidad. Si la organización es ante todo imagen,
    también de esta área dependerá la definición de valores y
    cultura y la ejecución de programas de cambio.