sábado, 18 de abril de 2026

    El perfil de los mejores

    La gestión por competencias nació en Harvard en 1973 de la mano
    de uno de sus expertos en recursos humanos, David McClelland,
    quien se las arregló para tornar mensurables conceptos tales
    como actitudes, valores, rasgos de carácter y motivos. A lo
    largo de estos años, su importancia en el mercado no ha cesado
    de desarrollarse, hasta convertirse, en la actualidad, en el modo
    habitual de trabajo en empresas como Sony, Pepsi o L´Oreal. En
    una conversación con MERCADO, el experto español Juan Carlos
    Cubeiro, director de Hay Management Consultants, explica el
    funcionamiento y los alcances de esta metodología que no centra
    su análisis en el contenido de los puestos de trabajo sino en el
    estudio de las características comunes de quienes lo están
    haciendo mejor. "Las competencias se diferencian de la
    gestión tradicional en que no sólo consideran la parte de
    conocimientos que una persona puede tener y las habilidades que
    haya demostrado, sino también aquello que anteriormente se
    llamaba actitud o predisposición, que es una parte menos
    conocida y sin embargo mucho más profunda. Además de lo que
    figura en un historial profesional, nosotros evaluamos a través
    de las cualidades de las personas que mejor realizan las tareas
    del puesto a cubrir", explica Cubeiro. Lo primero que se
    hace, en este sentido, es desarrollar un perfil del puesto, es
    decir: un listado de las competencias comunes a quienes
    alcanzaron un alto grado de excelencia en esa función. Se define
    cada competencia por niveles y se registran las conductas
    observables que surgen de esa combinación. Así es posible saber
    lo que se está buscando en términos tangibles. Por ejemplo: una
    competencia es el autocontrol; si lo que se está definiendo es
    el perfil de un comandante de submarino, esta cualidad aparecerá
    y en un grado máximo. El perfil se completará con una tabla de
    las demás competencias requeridas, el nivel necesario de cada
    una y los comportamientos esperados que, en caso del autocontrol,
    significaría, entre otras cosas, ser capaz de tranquilizar a los
    demás.

    Hacia el cambio cultural

    Ahora bien, ¿qué pasa cuando no hay forma de comparar un perfil
    con el de los que lo hacen mejor, porque se trata de una función
    nueva?"Hay dos componentes dentro de un perfil: uno es el
    que ya mencioné y que refiere a lo que hacen los excelentes en
    términos inductivos. Luego hay otro que nosotros llamamos de
    cambio cultural, necesario para puestos que todavía no han sido
    creados o para puestos ya existentes pero que en el futuro,
    mediante un benchmarking con otras compañías, se
    modificarán", señala Cubeiro. "Muy a menudo contamos
    en la empresa con personal que siendo excelente hoy no lo será
    para el mercado en el mediano plazo. Entonces no vamos a trabajar
    por inducción sino que recurrimos a un panel de expertos que
    como conocedores del puesto indican las competencias y los grados
    requeridos. "Obviamente, en este tipo de selección, el
    clásico currículum pierde gravitación en el proceso: no es
    más que el punto de partida para definir el componente de
    conocimientos y habilidades. "Ya no podemos decir
    necesitamos un ingeniero y buscamos un ingeniero, porque no todos
    pueden cubrir con excelencia ese puesto", señala Cubeiro.
    "Con estas técnicas podemos elegir incluso gente muy joven
    y sin experiencia, porque a través de sus otros comportamientos
    podemos inferir sus cualidades para determinado puesto.
    "Cualquier observador podría anticipar, a primera vista,
    que la introducción de un enfoque de este tipo en una
    organización ya consolidada tendería a generar muchos y
    significativos relevos en el plantel de personal. Cubeiro, sin
    embargo, refuta esa visión a partir de su experiencia concreta.
    "Una de las sorpresas que se lleva uno cuando echa a andar
    un programa de gestión por competencias es que el primer
    interesado en el programa no es el responsable de recursos
    humanos, ni el consultor ni el gerente general, sino el ocupante
    del puesto. Porque de este modo sabrá qué perfil se requiere
    para su función, qué se espera de él, qué define a los que
    mejor lo hacen, qué grado de adecuación en términos de
    conductas necesita, y porque, además, se le van a dar las
    herramientas para que pueda mejorar en su posición. Con otras
    metodologías lo más común ante reestructuraciones es que se
    decida si la persona se queda o se va sin ningún tipo de
    criterio, por lo que los recortes siempre resultan traumáticos.
    ""Nuestra experiencia nos indica que una de las cosas
    que más inestabilidad crea en el empleado es no saber qué es lo
    que se le pide y espera de él y a qué ajustarse. Si se consigue
    llevar a términos tangibles el perfil buscado, esta
    incertidumbre desaparece. En términos de competencias, cada vez
    se habla más de learning organizations, pero sin embargo el
    aprendizaje no se logra sin compromiso y no se puede lograr
    compromiso sin confianza. Y confianza quiere decir que el
    proyecto y las reglas están claras, que se han clarificado los
    valores y la cultura de una organización, que se han generado
    procesos por todos comprensibles y sistemas de información no
    excluyentes. "

    Una empresa, un perfil

    ¿El sistema gestión por competencias resulta más adecuado en
    ciertos tipos determinados de actividades? La experiencia indica,
    según Cubeiro, que las diferencias más importantes se dan, ante
    todo, en puestos directivos y entre los hombres de venta, donde
    uno excelente genera más volúmenes y más márgenes que un
    vendedor promedio. Además del rendimiento, otra ventaja
    importante del enfoque es que la rotación es muchísimo menor y
    por lo general responde más a la voluntad del empleado que
    decide irse a otra empresa que a un error de criterio de
    selección por parte de la gerencia. Cubeiro se muestra, en
    cambio, escéptico, con respecto a la idea -crecientemente en
    boga en la cultura de la economía global- de que un hombre o una
    mujer excelente en determinado sector lo será igualmente en
    otro. "Los perfiles son distintos para cada compañía.
    Incluso una firma transnacional que tiene su matriz en Inglaterra
    no puede trasladar el perfil de competencias de un puesto a
    Latinoamérica. Esto es imposible, aunque se trate de una filial,
    porque la estrategia y la cultura son decisivas y los mejores son
    los mejores en un contexto dado. ""De todos modos, es
    muy interesante disponer de un benchmarking -y ésa es una de las
    ventajas de nuestra base de datos- porque al tener miles de casos
    en ella podemos comparar el perfil que se genera en un puesto en
    una organización con los que se van dando en el sector. Si, por
    ejemplo, en un cargo comercial no aparece entre los excelentes la
    competencia de orientación a resultados, ahí hay algo extraño,
    porque nuestra base de datos indica que puestos muy similares en
    ventas siempre la incluyen. "La difusión de este método ha
    hecho posible, por otra parte, establecer un ranking de las
    competencias más requeridas actualmente. De hecho, admite
    Cubeiro, hay 24 que representan entre 80 y 85% de los perfiles
    más habituales. Las tres que ocupan los primeros puestos en la
    nómina son, según Cubeiro, las siguientes: "La primera es
    la orientación a resultados; tener un afán de logro y querer
    conseguir uno mismo determinadas metas. La segunda es la
    orientación al cliente, que significa saber detectar las
    necesidades tanto del cliente como de los propios compañeros. Y
    la tercera, que cobra creciente importancia en estos días, es la
    capacidad de innovación, porque ante un entorno que no cesa de
    desafiarnos resulta imprescindible contar con gente hábil para
    generar nuevos servicios y productos".