Una guerra de tarifas entre aseguradoras era el escenario donde todos esperaban que se desarrollara el primer acto en el teatro del nuevo régimen de accidentes de trabajo. Sin embargo, pocos anticiparon que la competencia llegaría a niveles tan despiadados y con consecuencias difícilmente previsibles. “Si se realiza una transacción a valores sumamente bajos, es evidente que la responsabilidad recae en las partes intervinientes”, señala Ricardo Rodríguez Marengo, gerente general de Consolidar ART. La desinformación gravitó también a la hora de seleccionar la cobertura. “Algunos empresarios no tuvieron empacho de entrar en la guerra de alícuotas diciendo: ´De todos modos, tenemos garantía estatal´. Y lo cierto es que tal garantía no existe”, explica Carlos Facal, presidente de Berkley. “Hay sólo un fondo de reserva equivalente a 8 por mil de las primas. Suponiendo que todos paguen llegará a 4 millones de pesos”. Para Rodríguez Marengo, una firma que contrató el seguro de accidentes de trabajo a 20 o 50% de su costo técnico tiene motivos para preocuparse. “A esos niveles tarifarios se deberá ajustar el servicio o los precios”, aclara. La falta de una cultura de prevención lleva, a veces, al empleador a pensar que el costo de los accidentes es sólo la prima de la cobertura. Pero esta cuestión va mucho más allá. “Con la transferencia de las prestaciones en dinero y en especies no se termina con los gastos de un siniestro”, señala Graciela Cattaneo, gerenta técnica y de prevención de riesgos de Berkley. “Las cargas indirectas de una eventualidad (caída de la producción, pérdida temporaria o definitiva de recursos humanos con experiencia, entre otros) pueden ser entre 5 y 50 veces mayores que las del incidente en sí”. Las expectativas de facturación del sector en su conjunto oscilaban entre $ 700 y $ 1. 500 millones anuales, antes de la puesta en marcha del régimen. Las primeras proyecciones basadas sobre datos reales hicieron descender el cálculo a 500 millones. De mantenerse esta cifra, las pérdidas totalizarían 450 millones para toda la actividad. “Al registrarse un descenso significativo de las primas, el fondo de reservas global del sistema no es suficiente para el riesgo técnico del sector”, apunta Rodríguez Marengo. “Las autoridades sacaron una norma bastante dura para ampliar los capitales mínimos. Creo que los fondos exigidos permitirán solventar las pérdidas. “La Superintendencia de Seguros de la Nación modificó las reglas de juego. Estableció la formación de un capital mínimo adicional. Ese monto equivale a 30% de la diferencia entre las tarifas pactadas y las determinadas en el decreto de autoseguro para cada actividad. ¿Quiénes fueron los culpables de este amargo despegue? ¿Quiénes desataron la guerra de precios? “Algunas aseguradoras que no tenían buenos canales de distribución, cuando percibieron que no estaban captando suficientes negocios, decidieron bajar sus alícuotas y dar concesiones sin límite”, opina Jorge Ferrari, gerente general de Omega ART.
A ciegas
Las cifras oficiales revelan 324 incidentes en los primeros 45 días del nuevo régimen: 124 sucedieron fuera del lugar de trabajo y 61 resultaron fatales. Sin embargo, abundan las dudas acerca de estos datos. “Creemos que la siniestralidad denunciada es menor a la real. Ciertos casos se comunicarán con posterioridad y hasta se los atenderá a través de la obra social. Esta situación se da por desconocimiento del sistema”, considera Ferrari. “Tendremos noticias de muchas de esas eventualidades pues nos reclamarán los gastos de su atención. “Durante las primeras semanas las aseguradoras de riesgo prestaron servicios sin saber quién era cliente y quién no. Como 90% de la captación se efectuó en los tres últimos días de junio, no se contaba con los padrones de empleados de cada empresa. La calidad de la atención fue, según las primeras impresiones, bastante despareja. “El primer problema que debimos enfrentar fue el de armar una cobertura nacional un poco a ciegas, sin conocer dónde tendríamos clientes”, señala Alejandro Bruce, gerente de reclamos de Berkley. “Algunos armaron la red para cumplir con las normativas, pero no estaba implementada en la realidad. “Al delinear la estructura de salud, las Art se toparon con la imposibilidad de contratar buenos prestadores en determinados puntos del país. Este hecho se notó en la región del noreste y en la Patagonia. Las pequeñas y medianas empresas serán las principales afectadas si la calidad de la atención médica de la aseguradora de riesgo es deficiente. Las grandes compañías recurrirían ante estas circunstancias a sus antiguos prestadores y luego le enviarán la factura a la ART. Los resultados del lanzamiento de unas cuantas aseguradoras fueron desalentadores. Aunque algunas apostaron a seguir luchando para levantar su performance, otras prefirieron acortar su agonía, ya sea por la vía de la transferencia de carteras o la fusión, dándose de baja, o cediendo sus contratos aún no ingresados en los registros oficiales. Tal como ocurrió con las AFJP en su momento, todas las aseguradoras están manteniendo charlas informales entre sí. Aparentemente, no habrá que esperar mucho tiempo para ver los resultados de las negociaciones. Se dice que la compañía australiana HIH Internacional sería la pionera en este terreno. Sus conversaciones con Interamericana están ya muy avanzadas. Pero Orbis le ganó de mano al ceder su cartera de taxistas asegurados a Liberty. “Los países con regímenes similares al nuestro presentan una gran concentración de carteras. No hay razones para pensar que en la Argentina no pasará lo mismo. Ante la fuerte baja sufrida por las alícuotas este proceso se acelerará”, vaticina Ferrari.
La historia oficial
Un total de 330. 000 empresas aseguraron a sus 3,5 millones de empleados al nuevo sistema de accidentes de trabajo. Sólo se autoaseguró 10% del sector público nacional y provincial, Esso y Shell, según datos de la Secretaría de Seguridad Social. La masa salarial de los trabajadores cubiertos es de $ 2. 720 millones mensuales. Esta cifra equivale a un sueldo promedio de $ 820. El costo medio del seguro ronda 1,53% de las remuneraciones. Este índice sería el más bajo del mercado internacional.
