miércoles, 22 de abril de 2026

    El debate de fin de siglo

    Está en pleno desarrollo el debate más intenso y relevante de
    finales del siglo. Es acerca del futuro del capitalismo, del
    papel del Estado en una economía globalizada y crecientemente
    interdependiente, del papel de los empresarios en una nueva
    economía y de la responsabilidad social de la empresa. Pero,
    sobre todo, es acerca del crecimiento, de sus límites y de la
    posibilidad de que coincida con mayor nivel de empleo y con más
    equidad en la distribución del ingreso. Toda la década de los
    años ´80 fue dominada, en especial a partir de la caída del
    comunismo, por la noción de que lo único relevante era la
    economía de libre mercado, con máxima apertura y sin ninguna
    traba, la búsqueda de un Estado mínimo y la ausencia de trabas
    regulatorias a la libre iniciativa de las empresas. El péndulo
    parece oscilar en sentido contrario en esta década. Hay
    múltiples indicios de ese creciente debate que ocupará los
    próximos años. Un disparador de esa polémica, que ha
    contribuido a hacerla pública es, entre otros indicadores, el
    recibimiento que tuvo el último libro de Lester Thurow, El
    futuro del capitalismo. El nudo del asunto para Thurow es que
    sigue la lucha a muerte contra la inflación -aunque parece
    dominada en todo el mundo- constriñendo el crecimiento y
    obligando a tener altas tasas de interés. En ese contexto, las
    empresas se ven obligadas a despedir gente continuamente para ser
    rentables.
    En las últimas semanas abundaron las señales de que este debate
    va in crescendo. Estas son algunas de ellas. * En la segunda
    quincena de mayo el presidente Clinton reunió en la Casa Blanca
    a la flor y nata del empresariado estadounidense para recordarles
    los daños sociales que a su juicio ha impuesto el constante
    downsizing sobre las empresas y sobre el nivel de empleo.
    También los exhortó a retomar la ruta del crecimiento con
    empleo y a tener presente el concepto central de responsabilidad
    social de los empresarios.* Robert Reich, secretario de Trabajo
    de Estados Unidos, sigue su bombardeo teórico (ver la página
    siguiente) con inmuerables apariciones públicas. En una de ellas
    recordó a los empresarios que querían un Estado más pequeño,
    que ya lo tienen. Ahora, pregunta: ¿quién se ocupará de la
    educación, tan necesaria para que una nación sea competitiva?
    Su respuesta: los empresarios deben dar un paso al frente.* En un
    artículo aparecido originalmente en Le Monde de París, cinco
    Premios Nobel de Economía de la Universidad de Chicago, bastión
    de la ortodoxia, reaccionaron con virulencia a las tesis de
    Thurow. Sostienen que en todo el mundo existe ahora un buen nivel
    de crecimiento.* Henry Mintzberg, el legendario profesor de
    management, vuelve al ruedo con un provocativo ensayo -publicado
    en el último número de la Harvard Business Review- sobre la
    naturaleza específica de la gerencia del gobierno y de la
    administración, que -dice- no admite el traslado mecánico de
    modelos de gestión útiles y eficientes en el sector privado.*
    Otro ensayo publicado en la Harvard Business Review (reproducido
    en MERCADO de mayo de 1996, número 942, página 136), del
    polémico y original economista Paul Krugman, recuerda que
    "el país no es una empresa" y que, equivocadamente,
    "muchos creen que alguien que ha logrado amasar una fortuna
    personal sabe cómo llevar a toda una nación a la
    prosperidad".* Reingeniería y downsizing, los dos conceptos
    claves del cambio empresarial de los últimos años, están bajo
    fuego cruzado. Lo curioso es que sus antiguos defensores se
    están pasando al bando de los críticos. Stephen Roach, por
    ejemplo, economista jefe del banco Morgan Stanley, envió un
    memorando a sus clientes advirtiendo que estas tesis pueden ser
    la receta estadounidense para la extinción de la industria.Lo
    cierto es que -al menos en el mundo industrializado- la caída en
    los salarios reales, el mayor desempleo a pesar de la máxima
    flexibilidad laboral y los extraordinarios aumentos en las
    remuneraciones de gerentes y ejecutivos son una combinación
    explosiva que puede generar una reacción idéntica. El debate se
    trasladará ahora a las economías emergentes, como la argentina.