Con la vigencia del nuevo sistema jubilatorio, muchos analistas
anticiparon un desarrollo sostenido del mercado de
coberturas adicionales para retiro, atención médica y seguridad
por invalidez y fallecimiento. Quienes ganan más de 60
Ampos ($ 4.500) y los autónomos estaban destinados a ser los
principales impulsores de ese crecimiento.
Pero el pronóstico encontró escaso respaldo en la realidad. El
estado apenas incipiente de la cultura de ahorro
previsional, el magro panorama económico-financiero y el
desconocimiento de esas herramientas de inversión
convergieron, en 1995, contra la evolución de ese sector. Los
volúmenes de aportes voluntarios canalizados hacia las AFJP
y los seguros de retiro no fueron, en general, significativos.
El menú de las alternativas suplementarias se integra con las
imposiciones espontáneas y convenidas, y los
seguros de retiro y de vida. Su clientela potencial es de vastas
dimensiones. Además de quienes perciben sueldos
superiores a
$ 4.500, abarca a las firmas interesadas en aumentar los
beneficios de sus empleados, los autónomos y quienes deben
permanecer —por diversas razones— en el régimen
jubilatorio estatal. “La conciencia de ahorrar para mantener
el
nivel de vida logrado en la etapa activa toma cuerpo con el
tiempo”, explica Emilio Colunga, gerente general de
Siembra, Seguros de Retiro. “Suele llegar cuando se acerca
el momento de la jubilación, o bien por una cuestión de
madurez personal.”
Las empresas de primera línea son las principales demandantes de
coberturas adicionales de previsión. Por lo general,
arman un esquema complementario para sus directivos. Luego lo
extienden, en forma progresiva, a los demás estratos. “Las
administradoras de fondos no resuelven las necesidades de
prevención y previsión de la gente. El sistema jubilatorio
obligatorio otorga sólo una cobertura básica”, destaca
Oscar Schmidt, director general de Metropolitan Life.
Cuando de lo que se trata es de incrementar la pensión, las
alternativas son dos. Por un lado, están las contribuciones
adicionales y los depósitos convenidos en las AFJP y, por el
otro, las compañías de seguro de retiro. “Existen
múltiples
recetas que se adaptan a una coyuntura particular”, indica
Colunga. “Ni los aportes espontáneos ni los seguros de
retiro son
mejor per se para unos u otros. Todo depende del perfil, las
condiciones y las aptitudes de un individuo.”
Lo primero a definir es si se quiere ahorrar, cubrir un riesgo o
ambas cosas. Después, habrá que determinar si será por un
corto o largo lapso, con disponibilidad de fondos o sin ella. Por
último, es preciso establecer si se busca o no un beneficio
impositivo. Así, la elección pasa —sobre todo— por
pagar más gravámenes ahora y disponer de liquidez (seguro de
retiro y
vida) o realizar menores contribuciones impositivas y ahorrar
para la jubilación (imposiciones no obligatorias o depósitos
convenidos). Los aportes voluntarios son 100% deducibles de la
base imponible del impuesto a las ganancias. Se trata, en
realidad, de un diferimiento. Estos seguros tienen desgravación
con tope. El máximo es de $ 1.260 por año para los
individuos y de $ 650 para las empresas.
Las Alternativas
Hasta el momento, los volúmenes de las imposiciones voluntarias
canalizadas a través de las las AFJP son modestos.
Para fines de 1995 sumaban $ 12 millones.
Las contribuciones adicionales a una AFJP pueden manejarse por
dos vías. Una es el depósito convenido (la figura que
toma el aporte por parte de una firma) y la otra es la
imposición espontánea (efectuada por una persona). Al
seleccionar la
primera alternativa es necesario considerar que:
•Es ahorro previsional puro. No se realizan descuentos para
el seguro de vida e invalidez.
•Unas pocas administradoras cobran una comisión que oscila
entre 1 y 11%.
•Representan una opción válida para los mayores de 50
años. Se inmovilizan así capitales por un período corto.
•Se dispone solamente de esos fondos a la edad de retiro.
•Su acreditación es inmediata en la cuenta individual.
•No hay montos prefijados.
•Pueden efectuarse con la frecuencia que se desee. Incluso,
una sola vez durante toda la vida laboral.
El depósito convenido origina un contrato combinado. El
empleador paga una suma determinada y el trabajador aporta
una cantidad igual o menor. La forma de contratarlo, sus pautas y
normas varían de compañía en compañía y de caso en
caso. Su objetivo es siempre incrementar el saldo de la cuenta de
capitalización.
La disponibilidad de estos fondos es un elemento de peso a la
hora de elegir. “Se evalúa la posibilidad de disponer de
las
contribuciones adicionales después de un cierto tiempo, como
sucede en Chile”, comenta Adrián Sasse, gerente de
operaciones y servicios de Consolidar. “Se estudia también
la posibilidad de emplearlos como garantía para acceder a
líneas
de crédito. Tal vez, se desarrolle así más el servicio.”
Del análisis de las cifras, surge a simple vista que los aportes
voluntarios son empleados como una metodología para diferir
impuestos. Esto explicaría por qué aumentaron 48% en
diciembre con respecto a noviembre.
“Un gran número de afiliados desempleados consultan si
pueden mantener su condición de aportante regular efectuando
contribuciones espontáneas”, señala Sasse. “Esta idea
es errónea, pues son ahorros jubilatorios puros y no afectan a
la
cobertura de vida e invalidez.”
Contratar un seguro de retiro es algo así como hacerse un traje
a medida. Este servicio fue considerado para un grupo
selecto y como una herramienta para retener personal. Por lo
general, se aplica a los empleados jerárquicos o de mayor
especialización, aunque ya se vislumbra una tendencia a la
ampliación. Al igual que los depósitos convenidos, la firma
realiza un aporte y el empleado otro. El trabajador será
propietario de esos fondos si se cumplen algunas pautas
establecidas
por la empresa. Si un particular desea contratarlo puede también
establecer reglas.
Las características más sobresalientes de estos seguros son:
•Ofrecen liquidez total o parcial.
•Las contribuciones pueden efectuarse en pesos o en
dólares.
•Las pólizas en dólares garantizan percibir el capital
depositado más 4% anual.
•Poseen un atractivo especial para las épocas de
convulsión financiera: pueden contratarse en pesos y luego
pasarse en dólares o
viceversa, cuantas veces se desee.
Mucho por Andar
“No sé si ésta será la etapa del gran despegue de los
seguros de retiro. Pero, a medida que surgen más grupos
previsionales compuestos por administradoras de fondos,
compañías de seguros de vida y retiro, se genera un
redimensionamiento del producto”, adelanta Antonio
Gigliotti, gerente de operaciones y sistemas de Tres B,
compañía de
seguros. “Este no es un negocio fácil ni de rápida
evolución. Se debe crear, ante todo, conciencia de
previsión.”
El seguro de vida es la tercera opción, tanto para prolongar la
cobertura del seguro de vida e invalidez previsional como
para incrementar la futura pensión. Fue, dicen, el producto más
demandado durante 1995. La actividad creció 45% con
respecto a 1994, según datos extraoficiales. El tope fijado en $
4.500 para la imposición jubilatoria reduce los beneficios del
seguro de vida e invalidez. El ingreso base para calcular está
vigente desde febrero de 1994. A medida que pasa el tiempo,
esa cobertura tendrá menor relación con el sueldo real, pues
habrá un mayor número de aportes limitados por ese tope.
“La gente compra, en realidad, un seguro de vida de acuerdo
con sus necesidades”, señala Schmidt. “Los de ingresos
superiores
a 60 Ampos no se plantean, por lo común, cuánto les queda
descubierto en la póliza previsional; a pesar de que tratamos de
hacerlos razonar en ese sentido”. El espectro de clientes de
esos productos va de 30 a 50 años. Compran, en la mayoría de
los casos,
el capital mínimo asegurado y perciben un salario que oscila
entre
$ 3.000 y 5.000. “La decisión de adquirir un seguro de vida
surge del grupo familiar. Por ello se desdibuja un poco la
cuestión de
los $ 4.500”, agrega Juan Carlos Urreaga, gerente del área
de vida individual de Sur. “De este modo puede suceder que
el ingreso
familiar en su conjunto ronde 60 Ampos.”
La desgravación impositiva de este seguro tiene un tope de hasta
$ 996 anuales para las personas, y de 100% si lo
contrata una empresa para un trabajador.
Empieza a gestarse, por otra parte, una demanda de seguros de
vida desde los sectores de bajos sueldos. “Muchos
empleados de pequeñas empresas que tienen un seguro colectivo
contrataron este servicio en los últimos meses”, destaca
Inés Torres, gerenta general de Sur Vida. “Al no
brindárselo su empleador, lo buscan en forma individual. Estas
personas
cobran salarios bastante inferiores a $ 4.500.”
Hoy por hoy, las posibilidades de seguro de vida adicionales son
grandes. Estos son algunos ejemplos de lo que ofrece la
plaza.
•El temporario es el más clásico. Son los más baratos y
se contratan por un lapso prefijado.
• El de retiro con cláusula vida recibe aportes de la firma
y del empleador que se efectúan con la periodicidad
deseada o fijada de antemano. De esas contribuciones se deduce la
prima del seguro de vida. Se lo puede
complementar con una póliza por invalidez. En algunos casos, el
costo de la prima sube a medida que el asegurado
cumple años. En otros, en cambio, decrece según aumenta el
patrimonio acumulado en la cuenta de retiro.
•El de vida más ahorro es para toda la vida. Tiene una
prima nivelada y puede ser de invalidez total o parcial. Se
acumula un fondo de ahorro al que se aplica una tasa de interés.
Recibe, además, un porcentaje de las utilidades
financieras de la compañía, si obtiene un rendimiento superior
al fijado al contratarse la póliza. Existe la posibilidad
de graduar la proporción de previsión y la de ahorro según lo
desee el cliente.
Es bastante habitual que el gerente de Recursos Humanos de una
empresa tome la iniciativa de extender la cobertura de
fallecimiento e incapacidad y de retiro de los trabajadores. El
proceso suele comenzar por quienes ganan más de $ 4.500 y
se expande luego al resto del personal.
“Una vez que la compañía define la política de beneficios
para sus empleados, analiza primero la problemática de quienes
perciben más
de 60 Ampos . Restan la cobertura del Sistema Integrado de
Jubilaciones y Pensiones (SIJP) y por la diferencia piden una
cotización a una
aseguradora”, precisa Inés Torres. “Se obtienen, en
muchos casos, cotizaciones interesantes. Tuvimos algunos que
llegaban a $ 5 millones
por invalidez.”
Para satisfacer esta demanda, algunas compañías de seguros
comenzaron a utilizar el método del work site marketing.
Este sistema es empleado con buenos resultados en Estados Unidos.
Una empresa se contacta con un proveedor de seguros
para que le arme paquetes especiales de coberturas (tanto de vida
como de retiro) para su personal a precios más bajos que
los vigentes en el mercado. Después, los trabajadores deciden
voluntariamente si adquieren o no esos productos.
