martes, 20 de enero de 2026

    Cómo vender en un mundo ancho y ajeno

    Cuando se habla de exportaciones, habitualmente se mencionan
    aspectos macroeconómicos, que facilitan o dificultan la
    entrada a otros mercados”, sostiene el consultor de empresas
    Guillermo D’Andrea. “Sin embargo, la experiencia de
    quienes
    se han internado en ellos indica que en un mundo donde las
    ventajas competitivas son determinantes, el éxito o el fracaso a

    largo plazo están mucho más vinculados con las acciones
    individuales de las empresas que con las condiciones del
    entorno.”
    En ese sentido, para un país como la Argentina, con una
    tradición histórica de exportador de commodities, la actividad
    de venta
    al exterior estuvo básicamente vinculada con temas como tarifas,
    tasas aduaneras, oscilación de los precios internacionales, y
    centrada en acciones que se conectaban más con aspectos
    administrativos y cuasi burocráticos que con estrategias y
    herramientas
    netamente comerciales.
    Para Alberto Wilensky, consultor en marketing, esa impronta
    derivó en la generación de “especialistas en la
    papelería, en
    las tramitaciones que hacen a este tipo de operación; se trata
    de gente que se ha formado a la luz de ir sabiendo la última
    norma, la última ventanilla en la cual había que sellar algo, y
    fue ascendiendo en los cargos para terminar manejando el
    tema desde esa concepción. Pero no están preparados para la
    lógica de competir en el mercado global, del cual ya nadie
    puede escapar”.
    El fenómeno de la apertura y la globalización trajo consigo
    nuevas reglas de juego y, consecuentemente, un flamante
    desafío para los productores locales. “Si asumimos como
    cierta la hipótesis del mercado global”, señala Wilensky,
    “que se
    puede comprobar cotidianamente cuando uno va al quiosco y se
    encuentra con los mismos productos que se están vendiendo
    en otros países, en los líderes, surge la pregunta obvia e
    inversa: ¿cómo hacemos para venderles a ellos? Y la respuesta
    es
    muy simple: haciendo marketing básico, de manual; a nivel
    conceptual, no es necesario inventar la pólvora”.
    Simple, en este caso, no es sinónimo de fácil. “Primero
    hay que invertir para informarse, para conocer, y después para
    promover”, explica Wilensky; “luego de lo cual uno
    tiene un mercado. Por cierto que también se pueden obtener
    resultados
    negativos pero, de lo contrario, siempre va a quedar la duda de
    si esto realmente no era un mercado o si simplemente no se
    lo atacó bien. Hay un famoso chiste de marketing que cuenta que
    mandan a un vendedor de una marca de zapatos a otro
    país, y dice que ahí ya no hay mercado porque están todos
    calzados. Así que no bastan los datos crudos; hay que investigar

    con un estilo más creativo, a ver por dónde puede pasar alguna
    posibilidad, que es lo que uno permanentemente desarrolla
    en los mercados locales”.
    Para D’Andrea, “la principal preocupación de la
    empresa exportadora debe ser el desarrollo de sus propias
    ventajas
    competitivas a fin de lograr una posición defendible en los
    mercados internacionales, para lo cual deben darse ciertas
    condiciones básicas en la empresa. La formación de los
    ejecutivos y la firme vocación por instalarse en otros mercados
    resultan imprescindibles”.
    La realidad indica que hay quienes han tomado debida nota de
    todos estos elementos mencionados por los especialistas.

    Conocer e Invertir

    “Arcor tiene negocios internacionales desde hace 26 años en
    forma ininterrumpida”, afirma Enrique D’Alessandro,
    gerente de Publicidad, Promoción y Packaging de la firma,
    “con lo cual no hablamos de saldos ofertables o de buenos o
    malos años. En ese lapso pasaron infinidad de gobiernos, de
    políticas y de planes económicos”. Como ejemplo de la
    actitud
    de la empresa ante el negocio, cuenta una anécdota: “En
    1969 se le envió un container de caramelos a un cliente
    mayorista
    de Nueva York. Por un problema de mal estibaje en el barco, la
    mercadería estuvo expuesta al sol; cuando los recibió el
    cliente, parte de los caramelos estaban pegoteados, así que
    formuló un reclamo preguntando qué descuento le hacíamos por
    ese hecho. Don Julio (Pagani) le contestó que nuestros productos
    eran de excelente calidad y que no quería correr ningún
    riesgo, por lo que le pidió que le mandara el container de
    vuelta y que al día siguiente le enviaría uno nuevo sin cargo.
    Este
    se convirtió en nuestro cliente más fuerte en Estados Unidos
    durante muchos años”.
    La continuidad en la actividad exportadora tiene explicaciones de
    peso. “Porque tenemos una vocación internacional”,
    señala D’Alessandro, “en los momentos en los que
    perdimos plata exportando preferimos mantener los clientes, ya
    que
    haberlos perdido hubiera significado no recuperarlos más o
    incurrir en un costo mayor para lograrlo; se trataba, pues, de
    una inversión”.
    En materia de estrategias de marketing, Santiago Soria, gerente
    del área a nivel internacional, destaca que tratan de
    trabajar de la misma manera en que lo hacen en el mercado
    argentino. “En los lugares en los que contamos con
    filiales”,
    apunta, “tenemos una estructura adecuada, con departamento
    de marketing, depósitos, administración, logística, ventas.
    Estamos planificando para llegar a eso en cada país pero, en
    aquellos mercados donde recién estamos entrando, no es
    posible desplegar todas esas herramientas”. En este punto,
    D’Alessandro acota que la excepción a esto son los que
    consideran productos estratégicos: “Para ellos —por
    ejemplo la línea Bon-o-bon, Rocklets, chicles, algunas pastillas
    y
    caramelos— contamos con información de mercado tipo
    Nielsen, investigación focalizada y una agencia de publicidad
    local
    que a la vez participa de una coordinación regional”.
    Elementos como el packaging también son tenidos en cuenta a la
    hora de vender más allá de las fronteras, ya que la
    política de la empresa apunta a ajustar el diseño al gusto de
    los consumidores de cada lugar. Tampoco se deja librada al azar
    la estrategia de los terceros, o sea aquellos distribuidores que
    no pertenecen a la compañía. “Conceptualmente”,
    afirma
    Soria, “no despachamos la mercadería para que un mayorista
    de un país la importe y la venda a minoristas; nosotros
    hacemos un trabajo muy de cerca con distribuidores exclusivos de
    nuestros productos”.

    Compromiso a Largo Plazo

    Para Impsa, otro peso pesado, el sudeste asiático constituyó
    desde hace largo tiempo un centro estratégico. Según Julio
    Bermant, gerente comercial de la empresa, “es esencial
    mantenerse dentro de reglas de juego que aparentan ser básicas
    para
    cualquier mercado pero que tienen especial relevancia en el
    sudeste asiático”.
    Entre ellas menciona “el compromiso a largo plazo: los
    clientes quieren ver a sus proveedores comprometidos con el país

    y sus empresas. No es hacer un negocio, es participar en un
    mercado. Otro punto es que las compañías deben aportar
    tecnología muy eficiente y actualizada, deben ser muy
    competitivas y brindar un excelente servicio post-venta. Por
    último,
    hay que ser muy consistentes y pacientes; en el mercado del
    sudeste asiático el conocimiento de la cultura, el idioma y la
    idiosincrasia de los pueblos, así como sus tiempos, es básico.
    Esto sólo se logra a través de un contacto directo y
    permanente. Se invierte primero, a partir de lo cual se
    cosecha”.

    Marketing al Dente

    “Hace poco cumplimos 50 años de la primera
    exportación”, dice Hernán Tevez, gerente de Comercio
    Exterior de
    SanCor, “aunque en aquella época vendíamos manteca en
    bloques de 25 kilos y caseína en bolsas de 25 o 20 kilos, o sea
    commodities. La diferencia con la estrategia actual es que, si
    bien no abandonamos ese segmento, estamos totalmente
    enfocados al mercado de consumo masivo en el exterior. Productos
    que van directamente a la góndola del supermercado”.
    Tevez reconoce que la formación de una sociedad brasileña
    —SanCor de Brasil— cambió la historia de la empresa en
    la
    materia. “De ahí en más”, sostiene, “aplicamos
    la misma estrategia de marketing que desarrollamos en el mercado
    interno,
    de ver cuál es el producto que quiere el consumidor, cómo hacer
    para distribuirlo, cuáles son los colores que hay que poner
    en el packaging, cómo llegar al consumidor final, cuál es el
    precio que está dispuesto a pagar, cómo el trader o la cadena
    comercial puede llegar a aceptarlo o no, qué ventaja hay que
    darle para desplazar a otro producto similar. Porque uno puede
    tener el mejor producto del mundo pero, si no se cuenta detrás
    con el apoyo de una cadena comercial, no se logra ponerlo en
    la góndola”.
    El segundo mercado extranjero de importancia para esta
    cooperativa láctea es Estados Unidos. “El negocio allí lo
    tenemos montado desde hace 15 años”, señala Tevez,
    “aunque el gran énfasis se ha dado en los últimos tres,
    por las
    posibilidades que se abrieron al cambiar el contexto
    internacional. La Ronda Uruguay del Gatt amplió el cupo de la
    Argentina así que, si bien hoy el techo existe, está más alto,
    y eso nos alienta para invertir”.
    El fuerte de SanCor en aquel mercado son los quesos de pasta
    dura. “Les vendemos reggianito, parmesano, rallado”,
    puntualiza Tevez; “un factor que nos potenció y que
    veníamos investigando desde hace tiempo es el incremento del
    consumo de la comida italiana, sobre todo la pasta. Hay algo de
    moda, de comida sana y barata, es rica y —lo que más nos
    interesa, claro— lleva queso”.
    Para avanzar sobre los humeantes platos de espaguetis
    estadounidenses la gente de SanCor apeló a estudios de mercado,
    comunicaciones a consumidores finales en puntos de venta
    “pero —afirma Tevez— hubo mucha comunicación al
    trader, a
    gourmets, a cadenas de hotelería y restaurantes, donde pesa la
    decisión del chef que dice: ‘Quiero el queso italiano, pero

    también ese argentino de SanCor, que va muy bien con tal
    receta’. Somos muy competitivos, tenemos un buen producto, y

    también buenos costos; esa quizás sea la clave”.

    Verónica Rímuli

    El Récord de la Tortuga

    La recorrida por el ranking de exportadores de MERCADO depara
    algunas sorpresas. Una de ellas es el caso de Vall Ros
    Internacional, que se ubica en el puesto 62º con un monto
    exportado de US$ 55 millones. “Elaboramos cremas,
    emulsiones,
    desodorantes, colonias, productos de belleza para la mujer y el
    hombre”, explica Osvaldo Delillo, presidente de la firma.
    “Teníamos una larga experiencia en lo que era el mercado de
    frontera, en Puerto Iguazú, donde por años vendimos prendas
    de cuero. Así conocíamos el gusto de los brasileños y su
    interés por las líneas de cosmética argentinas, a las que
    siempre
    consideraron prestigiosas. Por eso decidimos empezar a fabricar
    en ese rubro y concentrarnos en ingresar en aquel país.
    Comenzamos con la marca Tartaruga (tortuga en portugués) y
    también adaptamos el packaging a su gusto, que prefiere los
    colores fuertes.”
    Delillo calcula que 98% de su producción se exporta a Brasil y
    Paraguay. “Quisimos ver si el éxito que teníamos afuera
    podíamos repetirlo acá, pero no fue posible. Así como nos
    resultó fácil entrar en aquellos mercados, acá se nos hace muy

    difícil”, admite.
    Como un dato que completa la atipicidad del caso, los titulares
    de la firma se hallan sumamente preocupados porque
    hace ya varios meses la autoridad aduanera argentina suspendió
    sus permisos de exportación, por lo que se hallan envueltos
    en un complejo litigio.