Desde el comienzo del plan de Convertibilidad, las exportaciones
ocuparon un espacio central en las discusiones sobre la
marcha y consistencia de la política económica. Detrás del
debate, muchos de los participantes escondían su desacuerdo con
algunos aspectos de la política oficial; más particularmente
con la política cambiaria y sus efectos sobre el conjunto de
precios relativos y la competitividad, y las consecuencias de
estas señales de precios sobre las decisiones de inversión del
sector privado.
A pesar de que los saldos de la balanza comercial se tornaron
crecientemente negativos, a partir de 1992 comenzó a
observarse un incremento de las exportaciones. Este
comportamiento se extendió a partir de 1993 a las manufacturas
de
origen industrial, que empezaron a recuperarse de la caída
registrada en los dos años anteriores.
Pero fue recién en 1994 cuando el crecimiento de las
exportaciones apareció como un fenómeno generalizado, que
alcanzó a
la mayor parte de los grandes rubros exportables aunque con
comportamientos muy disímiles.
A partir de este comportamiento, los analistas comenzaron a
buscar nuevas razones que confirmaran sus posiciones.
Mientras unos encontraban causas virtuosas que justificaban el
aumento de las exportaciones, otros calificaban a esas
mismas causas y sus resultados como la confirmación de sus
hipótesis negativas.
Lo cierto es que, más allá de las discusiones, se observó un
incremento en el volumen y cambios en la composición del
comercio exterior y modificaciones significativas en el
desempeño de los sectores exportadores.
Aunque no puede hablarse de un cambio fundamental en el tipo de
inserción internacional del país, se han producido
cambios que modifican algunas ideas aceptadas tradicionalmente
sobre el papel de la Argentina en el comercio
internacional.
Cambio de Estructura
Una característica tradicional del comercio externo argentino ha
sido su extrema volatilidad, no sólo en términos de
volúmenes, sino de su composición. Esto solía atribuirse a dos
causas. La primera de ellas estaba relacionada con la
composición de las exportaciones: el predominio de rubros de
origen agropecuario las tornaba fuertemente dependientes de
factores incontrolables (el clima) y de la evolución de las
cotizaciones de los mercados internacionales, que también son
marcadamente variables. La segunda causa se relaciona con el
comportamiento de la economía argentina en las últimas
décadas. Los violentos cambios en el nivel de la demanda
interna, originados en los ciclos de expansión y retracción,
tenían
un efecto directo sobre la oferta de productos exportables.
En los últimos años el ciclo se repitió: entre 1991 y 1994 el
PBI creció ininterrumpidamente durante 36 trimestres, y a
partir de mediados de 1995 se inició una fuerte recesión.
Las exportaciones cayeron en la primera etapa de la expansión
(1991) pero comenzaron a recuperarse en el mismo ciclo (a
partir de 1992). Si se toma como ejemplo el año 1994, las
exportaciones crecieron 20,8%, mientras el PBI se incrementaba
en 7,1%.
En 1995 se inició la recesión, pero durante el primer trimestre
—cuando ésta aún no había comenzado— las
exportaciones
crecieron 48% con respecto al mismo período del año anterior.
En la segunda etapa del año —cuando la recesión ya estaba
instalada— las exportaciones continuaron creciendo, aunque a
un ritmo menor que el anterior. Este comportamiento difiere
significativamente del tradicional.
Otra de las imagenes construidas, en los últimos tiempos, sobre
el crecimiento de las exportaciones es que éste es el
resultado de un crecimiento generalizado de todos los rubros
exportables. Si se analiza el comportamiento de los grandes
sectores exportadores, se observa que han tenido un desempeño no
homogéneo desde el inicio de la convertibilidad. Aun en
aquellos años en que el crecimiento fue relativamente
generalizado, las diferentes tasas de expansión definieron una
nueva
estructura de comercio que, en apariencia, está tendiendo a
consolidarse en los dos últimos años.
Uno de los elementos centrales de la nueva tendencia es la caída
en la gravitación de los rubros primarios y un aumento en
la participación de productos elaborados (tanto de origen
industrial como agropecuario) y combustibles.
La participación de los productos primarios en las exportaciones
—según la clasificación del Indec— ha caído de
alrededor
de 45% a comienzos de los años ’80 a niveles de 20 a 25% en
estos últimos años. Si se incluyeran los combustibles dentro
del grupo de primarios, el retroceso sería de 50% a 35%.
¿Sobre Ruedas?
Podría afirmarse, por lo tanto, que no se observa una
primarización de las exportaciones. Un análisis más detallado
muestra, sin embargo, que las exportaciones siguen manteniendo
una fuerte dependencia de los recursos naturales.
Gran parte del incremento de 1994 se debió al aumento de las
exportaciones del complejo automotriz (autos y autopartes),
del oro y sus derivados y de algunos commodities industriales. En
1995 se registró un ascenso más o menos generalizado de
todos los sectores industriales, pero con un mayor peso,
nuevamente, del sector automotriz y los commodities industriales.
Un análisis más detallado permite identificar tres elementos
que parecen centrales a la hora de explicar este desempeño:
• El papel de los mercados regionales,
• Los precios de los commodities industriales,
• El régimen automotriz.
Durante 1994, y particularmente durante 1995, los mercados
regionales presentaron condiciones muy atractivas para las
exportaciones argentinas. Los efectos combinados de la
revaluación de la mayoría de las monedas de la región frente
al
dólar (Mercosur y Chile) y altas tasas de crecimiento del
producto (Brasil y Chile), junto con el aumento en la cotización
internacional de los bienes primarios y el impacto del régimen
automotriz, produjeron una mejora en la competitividad de
muchos sectores industriales, lo que se potenció por la puesta
en vigencia del Mercosur.
Los mercados internacionales de commodities industriales
reaccionaron a la reactivación de las economías centrales con
fuertes incrementos de precios en la mayoría de los productos.
Estos, en muchos casos, alcanzaron los niveles más altos de
la década. Sobre mediados de 1995 los precios tendieron a
declinar, pero aun así mantuvieron niveles superiores a los de
los
años previos a 1994.
El aumento de la capacidad instalada en la industria automotriz,
la presión oficial por el cumplimiento de las deudas del
régimen y
el aumento de la demanda brasileña de automóviles estimularon
las exportaciones de 1994 y los dos primeros factores unidos a la
caída de demanda del mercado local impulsaron las ventas en
1995.
El desempeño de este sector debe ser entendido dentro de la
lógica del régimen automotriz. Las exportaciones del sector son
funcionales al régimen tal como lo son las importaciones; en ese
sentido el aumento verificado es consistente con las
necesidades de un intercambio equilibrado entre las terminales y
un proceso de especialización productiva dentro de las
compañías.
El Papel de la Región
Durante 1994 y particularmente en 1995 creció significativamente
la participación del Mercosur y de Chile en el comercio total
argentino: de 32% en 1993 a 39% en 1995. Esto se explica
fundamentalmente por el desempeño de Brasil, pero no debe
subestimarse la gravitación de Chile.
En 1995, la participación del Mercosur y Chile alcanza a 39%.
Mientras tanto, la incidencia de los mercados tradicionales
argentinos (Nafta y Unión Europea) retrocedió en cerca de 7%.
Este fenómeno es más notable si se consideran las exportaciones
de manufacturas de origen industrial. En este caso, el
Mercosur y Chile representan 70% del incremento.
Esto significa que en 1995 se exportaron al Mercosur 49% de las
manufacturas de origen industrial. Si se incluye a Chile, la
proporción alcanza a 56%.
En este punto, valdría la pena examinar el tipo de relación
entre la Argentina y Brasil. Una definición sintética
permitiría
definir a ambas economías como complementarias. Más allá del
tradicional comercio de productos agrícolas y minerales, en
muchas otras áreas aparece un intercambio de tipo
intraindustrial y es allí donde existe una mayor diferenciación
de
productos. Este perfil estaría mostrando al mercado brasileño
como un mercado doméstico ampliado (esta característica
podría extenderse a los restantes países del Mercosur y
especialmente a Chile) y les permitiría a aquellos sectores con
mayores dificultades para insertarse en el comercio internacional
realizar sus primeros pasos en la internacionalización (por
las ventajas arancelarias, de cercanía, de calidad, etc.). Si
bien esto ha venido ocurriendo en forma más intensa desde
mediados de la década del ’80, en estos últimos años
surge con mayor nitidez el peso del Mercosur —y de Brasil en
particular— como campo de ensayo en la internacionalización
de las empresas argentinas.
Primero, los Grandes
A todo esto es preciso sumar los cambios que se registran en la
composición de las exportaciones. Aunque se mantiene el
protagonismo de un grupo de productos relativamente pequeño
(cereales, oleaginosas y sus subrpoductos, carnes, cueros y
pescados), han aparecido otros sectores con un desempeño
destacado: metales comunes y sus manufacturas, combustibles y
la industria automotriz.
Entre los principales responsables del incremento de las
exportaciones de los últimos años se mantienen algunos sectores
ya
mencionados (aceites, carnes, pescado, automotores, metales
comunes y sus manufacturas) y aparecen otros: químicos y
plásticos, lácteos, máquinas y aparatos.
Lo cierto es que tanto en los sectores que más pesan en las
exportaciones como en los que más crecieron predominan las
grandes compañías.
Este fenómeno de concentración de las exportaciones en grandes
empresas, o en medianas-grandes que son
subsidiarias de compañías internacionales, se mantiene aunque
algunos trabajos realizados recientemente señalan el
aumento del número de exportadores de pequeño monto.
Otro punto a analizar es el grado de diferenciación de los
productos exportados. Considerando el total de las exportaciones,
la mayoría corresponde a productos no diferenciados. Aunque
también debe señalarse que en las exportaciones de
manufacturas de origen industrial y agropecuarios los rubros de
mayor crecimiento son productos con cierto grado de
diferenciación, lo que encierra un resultado positivo.
En este resultado no puede dejar de mencionarse el efecto de las
exportaciones del sector automotor y del comercio con el
Mercosur. Este factor resulta importante por su influencia dentro
de la estructura industrial. Muchos economistas señalan
que se puede establecer una relación directa entre
diferenciación y valor agregado y que la exportación de este
tipo de bienes
estaría señalando la capacidad de desarrollar mercados, cierta
madurez tecnológica y calidad.
En cuanto a las iniciativas oficiales destinadas a promover las
exportaciones, es posible advertir dos tipos de acciones: los
estímulos a la exportación propiamente dichos y las políticas
de reconversión.
En los últimos años se han aplicado algunas iniciativas con el
objetivo de modificar las señales de precios. Las primeras
fueron la
reforma arancelaria y la aplicación del criterio especular para
la determinación de los reintegros de impuestos. Luego vino la
reducción de cargas patronales para el sector de bienes
transables, que posteriormente se extendió a otros sectores
productivos.
En suma, durante los últimos años se han producido algunos
cambios que presentan una versión levemente diferente de la
imagen tradicional sobre el comportamiento de las exportaciones.
Existe un proceso de aumento en el nivel de industrialización de
los recursos naturales que produce un intercambio
diferente del tradicional. Por otra parte, los cambios ocurridos
en los últimos años (desregulación, privatizaciones, aumento
de la presencia de firmas internacionales, vigencia del Mercosur)
están modificando, aunque muy lentamente, el tipo de
inserción del país en el comercio internacional.
