viernes, 17 de abril de 2026

    Algo está cambiando

    Desde el comienzo del plan de Convertibilidad, las exportaciones
    ocuparon un espacio central en las discusiones sobre la
    marcha y consistencia de la política económica. Detrás del
    debate, muchos de los participantes escondían su desacuerdo con
    algunos aspectos de la política oficial; más particularmente
    con la política cambiaria y sus efectos sobre el conjunto de
    precios relativos y la competitividad, y las consecuencias de
    estas señales de precios sobre las decisiones de inversión del
    sector privado.
    A pesar de que los saldos de la balanza comercial se tornaron
    crecientemente negativos, a partir de 1992 comenzó a
    observarse un incremento de las exportaciones. Este
    comportamiento se extendió a partir de 1993 a las manufacturas
    de
    origen industrial, que empezaron a recuperarse de la caída
    registrada en los dos años anteriores.
    Pero fue recién en 1994 cuando el crecimiento de las
    exportaciones apareció como un fenómeno generalizado, que
    alcanzó a
    la mayor parte de los grandes rubros exportables aunque con
    comportamientos muy disímiles.
    A partir de este comportamiento, los analistas comenzaron a
    buscar nuevas razones que confirmaran sus posiciones.
    Mientras unos encontraban causas virtuosas que justificaban el
    aumento de las exportaciones, otros calificaban a esas
    mismas causas y sus resultados como la confirmación de sus
    hipótesis negativas.
    Lo cierto es que, más allá de las discusiones, se observó un
    incremento en el volumen y cambios en la composición del
    comercio exterior y modificaciones significativas en el
    desempeño de los sectores exportadores.
    Aunque no puede hablarse de un cambio fundamental en el tipo de
    inserción internacional del país, se han producido
    cambios que modifican algunas ideas aceptadas tradicionalmente
    sobre el papel de la Argentina en el comercio
    internacional.

    Cambio de Estructura

    Una característica tradicional del comercio externo argentino ha
    sido su extrema volatilidad, no sólo en términos de
    volúmenes, sino de su composición. Esto solía atribuirse a dos
    causas. La primera de ellas estaba relacionada con la
    composición de las exportaciones: el predominio de rubros de
    origen agropecuario las tornaba fuertemente dependientes de
    factores incontrolables (el clima) y de la evolución de las
    cotizaciones de los mercados internacionales, que también son
    marcadamente variables. La segunda causa se relaciona con el
    comportamiento de la economía argentina en las últimas
    décadas. Los violentos cambios en el nivel de la demanda
    interna, originados en los ciclos de expansión y retracción,
    tenían
    un efecto directo sobre la oferta de productos exportables.
    En los últimos años el ciclo se repitió: entre 1991 y 1994 el
    PBI creció ininterrumpidamente durante 36 trimestres, y a
    partir de mediados de 1995 se inició una fuerte recesión.
    Las exportaciones cayeron en la primera etapa de la expansión
    (1991) pero comenzaron a recuperarse en el mismo ciclo (a
    partir de 1992). Si se toma como ejemplo el año 1994, las
    exportaciones crecieron 20,8%, mientras el PBI se incrementaba
    en 7,1%.
    En 1995 se inició la recesión, pero durante el primer trimestre
    —cuando ésta aún no había comenzado— las
    exportaciones
    crecieron 48% con respecto al mismo período del año anterior.
    En la segunda etapa del año —cuando la recesión ya estaba
    instalada— las exportaciones continuaron creciendo, aunque a
    un ritmo menor que el anterior. Este comportamiento difiere
    significativamente del tradicional.
    Otra de las imagenes construidas, en los últimos tiempos, sobre
    el crecimiento de las exportaciones es que éste es el
    resultado de un crecimiento generalizado de todos los rubros
    exportables. Si se analiza el comportamiento de los grandes
    sectores exportadores, se observa que han tenido un desempeño no
    homogéneo desde el inicio de la convertibilidad. Aun en
    aquellos años en que el crecimiento fue relativamente
    generalizado, las diferentes tasas de expansión definieron una
    nueva
    estructura de comercio que, en apariencia, está tendiendo a
    consolidarse en los dos últimos años.
    Uno de los elementos centrales de la nueva tendencia es la caída
    en la gravitación de los rubros primarios y un aumento en
    la participación de productos elaborados (tanto de origen
    industrial como agropecuario) y combustibles.
    La participación de los productos primarios en las exportaciones
    —según la clasificación del Indec— ha caído de
    alrededor
    de 45% a comienzos de los años ’80 a niveles de 20 a 25% en
    estos últimos años. Si se incluyeran los combustibles dentro
    del grupo de primarios, el retroceso sería de 50% a 35%.

    ¿Sobre Ruedas?

    Podría afirmarse, por lo tanto, que no se observa una
    primarización de las exportaciones. Un análisis más detallado
    muestra, sin embargo, que las exportaciones siguen manteniendo
    una fuerte dependencia de los recursos naturales.
    Gran parte del incremento de 1994 se debió al aumento de las
    exportaciones del complejo automotriz (autos y autopartes),
    del oro y sus derivados y de algunos commodities industriales. En
    1995 se registró un ascenso más o menos generalizado de
    todos los sectores industriales, pero con un mayor peso,
    nuevamente, del sector automotriz y los commodities industriales.

    Un análisis más detallado permite identificar tres elementos
    que parecen centrales a la hora de explicar este desempeño:
    • El papel de los mercados regionales,
    • Los precios de los commodities industriales,
    • El régimen automotriz.
    Durante 1994, y particularmente durante 1995, los mercados
    regionales presentaron condiciones muy atractivas para las
    exportaciones argentinas. Los efectos combinados de la
    revaluación de la mayoría de las monedas de la región frente
    al
    dólar (Mercosur y Chile) y altas tasas de crecimiento del
    producto (Brasil y Chile), junto con el aumento en la cotización

    internacional de los bienes primarios y el impacto del régimen
    automotriz, produjeron una mejora en la competitividad de
    muchos sectores industriales, lo que se potenció por la puesta
    en vigencia del Mercosur.
    Los mercados internacionales de commodities industriales
    reaccionaron a la reactivación de las economías centrales con
    fuertes incrementos de precios en la mayoría de los productos.
    Estos, en muchos casos, alcanzaron los niveles más altos de
    la década. Sobre mediados de 1995 los precios tendieron a
    declinar, pero aun así mantuvieron niveles superiores a los de
    los
    años previos a 1994.
    El aumento de la capacidad instalada en la industria automotriz,
    la presión oficial por el cumplimiento de las deudas del
    régimen y
    el aumento de la demanda brasileña de automóviles estimularon
    las exportaciones de 1994 y los dos primeros factores unidos a la

    caída de demanda del mercado local impulsaron las ventas en
    1995.
    El desempeño de este sector debe ser entendido dentro de la
    lógica del régimen automotriz. Las exportaciones del sector son

    funcionales al régimen tal como lo son las importaciones; en ese
    sentido el aumento verificado es consistente con las
    necesidades de un intercambio equilibrado entre las terminales y
    un proceso de especialización productiva dentro de las
    compañías.

    El Papel de la Región

    Durante 1994 y particularmente en 1995 creció significativamente
    la participación del Mercosur y de Chile en el comercio total
    argentino: de 32% en 1993 a 39% en 1995. Esto se explica
    fundamentalmente por el desempeño de Brasil, pero no debe
    subestimarse la gravitación de Chile.
    En 1995, la participación del Mercosur y Chile alcanza a 39%.
    Mientras tanto, la incidencia de los mercados tradicionales
    argentinos (Nafta y Unión Europea) retrocedió en cerca de 7%.
    Este fenómeno es más notable si se consideran las exportaciones
    de manufacturas de origen industrial. En este caso, el
    Mercosur y Chile representan 70% del incremento.
    Esto significa que en 1995 se exportaron al Mercosur 49% de las
    manufacturas de origen industrial. Si se incluye a Chile, la
    proporción alcanza a 56%.
    En este punto, valdría la pena examinar el tipo de relación
    entre la Argentina y Brasil. Una definición sintética
    permitiría
    definir a ambas economías como complementarias. Más allá del
    tradicional comercio de productos agrícolas y minerales, en
    muchas otras áreas aparece un intercambio de tipo
    intraindustrial y es allí donde existe una mayor diferenciación
    de
    productos. Este perfil estaría mostrando al mercado brasileño
    como un mercado doméstico ampliado (esta característica
    podría extenderse a los restantes países del Mercosur y
    especialmente a Chile) y les permitiría a aquellos sectores con
    mayores dificultades para insertarse en el comercio internacional
    realizar sus primeros pasos en la internacionalización (por
    las ventajas arancelarias, de cercanía, de calidad, etc.). Si
    bien esto ha venido ocurriendo en forma más intensa desde
    mediados de la década del ’80, en estos últimos años
    surge con mayor nitidez el peso del Mercosur —y de Brasil en

    particular— como campo de ensayo en la internacionalización
    de las empresas argentinas.

    Primero, los Grandes

    A todo esto es preciso sumar los cambios que se registran en la
    composición de las exportaciones. Aunque se mantiene el
    protagonismo de un grupo de productos relativamente pequeño
    (cereales, oleaginosas y sus subrpoductos, carnes, cueros y
    pescados), han aparecido otros sectores con un desempeño
    destacado: metales comunes y sus manufacturas, combustibles y
    la industria automotriz.
    Entre los principales responsables del incremento de las
    exportaciones de los últimos años se mantienen algunos sectores
    ya
    mencionados (aceites, carnes, pescado, automotores, metales
    comunes y sus manufacturas) y aparecen otros: químicos y
    plásticos, lácteos, máquinas y aparatos.
    Lo cierto es que tanto en los sectores que más pesan en las
    exportaciones como en los que más crecieron predominan las
    grandes compañías.
    Este fenómeno de concentración de las exportaciones en grandes
    empresas, o en medianas-grandes que son
    subsidiarias de compañías internacionales, se mantiene aunque
    algunos trabajos realizados recientemente señalan el
    aumento del número de exportadores de pequeño monto.
    Otro punto a analizar es el grado de diferenciación de los
    productos exportados. Considerando el total de las exportaciones,

    la mayoría corresponde a productos no diferenciados. Aunque
    también debe señalarse que en las exportaciones de
    manufacturas de origen industrial y agropecuarios los rubros de
    mayor crecimiento son productos con cierto grado de
    diferenciación, lo que encierra un resultado positivo.
    En este resultado no puede dejar de mencionarse el efecto de las
    exportaciones del sector automotor y del comercio con el
    Mercosur. Este factor resulta importante por su influencia dentro
    de la estructura industrial. Muchos economistas señalan
    que se puede establecer una relación directa entre
    diferenciación y valor agregado y que la exportación de este
    tipo de bienes
    estaría señalando la capacidad de desarrollar mercados, cierta
    madurez tecnológica y calidad.
    En cuanto a las iniciativas oficiales destinadas a promover las
    exportaciones, es posible advertir dos tipos de acciones: los
    estímulos a la exportación propiamente dichos y las políticas
    de reconversión.
    En los últimos años se han aplicado algunas iniciativas con el
    objetivo de modificar las señales de precios. Las primeras
    fueron la
    reforma arancelaria y la aplicación del criterio especular para
    la determinación de los reintegros de impuestos. Luego vino la
    reducción de cargas patronales para el sector de bienes
    transables, que posteriormente se extendió a otros sectores
    productivos.
    En suma, durante los últimos años se han producido algunos
    cambios que presentan una versión levemente diferente de la
    imagen tradicional sobre el comportamiento de las exportaciones.
    Existe un proceso de aumento en el nivel de industrialización de
    los recursos naturales que produce un intercambio
    diferente del tradicional. Por otra parte, los cambios ocurridos
    en los últimos años (desregulación, privatizaciones, aumento
    de la presencia de firmas internacionales, vigencia del Mercosur)
    están modificando, aunque muy lentamente, el tipo de
    inserción del país en el comercio internacional.