miércoles, 29 de abril de 2026

    El fracaso que engendró una victoria

    Cuando hace diez años Coca-Cola introdujo al mercado su New Coke desencadenó una guerra que le significó un fracaso

    equivalente al del fuerte Alamo. Sin embargo, la empresa acaba de celebrar, en sus oficinas de Atlanta, el décimo

    aniversario de aquella Nueva Coca-Cola. Los analistas del sector creen hoy que aquel producto fue el mejor error que podría

    haber cometido la compañía.

    Lo que en 1985 llevó al gerente de productos Sergio Zyman a un estrepitoso fracaso es lo mismo que hoy lo convierte en un

    genio del marketing, quien desde su cargo de director ejecutivo del área maneja más de 30 cuentas publicitarias.

    Desde 1985, la producción global de Coca-Cola aumentó 7% por año. Su participación total en el mercado de las bebidas

    gaseosas creció de 38% a 42% (cada punto equivale a US$ 500 millones en ventas minoristas, según la revista especializada

    Beverage Digest). Coke Classic fue la marca líder en 1994, con 20,4% de participación en el mercado. Pepsi quedó segunda

    con 17,8%. New Coke (o sea la Nueva Coca-Cola), ahora conocida como Coke II, apenas arañó 0,1%.

    Lo que según casi todas las interpretaciones fue una colosal torpeza terminó transformándose en lo que convirtió a la

    empresa en una maravilla del marketing, según Tom Pirko, presidente de Bevmark, consultora especializada de Nueva

    York. A raíz de New Coke, Coca-Cola se topó de frente con las dos grandes tendencias que están cambiando la cara al

    mercado de las colas. El fiasco enseñó a la compañía que había una enorme demanda por un sabor diferente, una demanda

    que en última instancia generaría el furor de la Nueva Era en categoría bebidas.

    Los tés y los jugos habían sacado una gran tajada al mercado. La participación de Coca-Cola común y de la variante

    dietética había caído de 63,6% en 1984 a 58,3% en 1994. Con esas cifras en mente, Zyman y su gente aprendieron, de la

    peor manera posible, la lección de diferenciación de productos. En lugar de poner un conjunto de bebidas nuevas bajo la

    misma etiqueta, Coca-Cola diversificó, asignando diferentes marcas a sus nuevas incursiones en el mercado. Fruitopia es

    uno de ellos, y fue calificada por la revista Time como uno de los diez mejores productos del año pasado.

    La ampliación de sus actividades significó también que Coca-Cola debía abandonar la estrategia publicitaria de su

    megamarca. Las cuentas de Coca-Cola solían estar consolidadas en unas pocas agencias monolíticas como McCann-

    Erickson Worldwide y Leo Burnett USA. Aquellas épocas terminaron: Zyman hizo polvo la hegemonía de Madison Avenue

    sobre las cuentas de Coca-Cola, que asignó a agencias menos conocidas como Wieden & Kennedy, de Portland, Oregon,

    que había surgido a la fama de la mano de Nike a finales de los ´80. Actualmente la agencia maneja la cuenta de la soda

    OK.

    Ultimamente, Coca-Cola ha sido prolífica en desarrollo de productos. En marzo de este año incursionó en el corazón del mercado

    de la cerveza con la compra de Barq´s. Lanzó una flotilla de nuevos sabores con las marcas Fruitopia y Nestea. Además, la división

    Alimentos de Coca-Cola está introduciendo en mercados selectos una línea de jugos no cítricos denominada Orchard´s Best. Coke

    Classic y Sprite reaparecerán en las estanterías en las típicas botellas torneadas, y hay cambios gráficos en el envase de las marcas

    Minute Maid, Hi-C y Powerade.

    El año próximo podría ser todavía mejor para Coca-Cola. La compañía obtuvo el auspicio de las Olimpíadas a celebrarse en

    Atlanta, donde además está proyectando un parque de diversiones cerca del lugar de los Juegos.

    Andrew Wallenstein

    © MERCADO/Advertising Age

    Crónica de una derrota

    Una década atrás, Coca-Cola, que estaba perdiendo participación en el mercado frente a colas como Pepsi, intentó cambiar

    su fórmula de 99 años reemplazándola por un sabor más dulce, descubierto mientras desarrollaba Diet Coke. Personas

    allegadas a la compañía dijeron que la idea se había barajado más de 20 años antes como una estrategia para atraer a los

    más jóvenes. Coca-Cola gastó US$ 4 millones investigando el concepto, incluyendo 200.000 pruebas en dos años y medio.

    La empresa también contrató a dos compañías de investigación para encuestar a los consumidores sobre un nuevo sabor.

    Una de ellas determinó que a los consumidores les gustaría una nueva Coca, pero la otra dijo que el nuevo sabor afectaría a

    Americana.

    Hoy, los problemas parecen evidentes. Las pruebas de sabor no usaron la misma fórmula. A ninguno de los

    participantes de las pruebas de sabor se les preguntó cómo se sentirían si Coca-Cola abandonaba su venerable

    sabor por una nueva fórmula, y eso porque se tenía gran temor de que la idea se filtrara. Mirado

    retrospectivamente, ése fue el “gran error”, dijo alguien de la empresa.

    Coca-Cola decidió llevar adelante la idea y pidió a McCann que desarrollara una estrategia creativa. Los ejecutivos

    de la agencia se sorprendieron el 3 de enero de 1985 cuando se les notificó de los planes para cambiar el sabor de

    Coke. Se tomaron estrictas medidas de seguridad; se les pidió que no comentaran las reuniones con sus secretarias,

    empleados o cónyuges.

    Se estableció el bunker, un lugar secreto donde los ejecutivos de McCann se reunían a discutir abiertamente el nuevo

    proyecto. La sala estaba protegida por una guardia de seguridad que controlaba los pases de todos los que entraban y se

    aseguraba de que nadie sacara ningún material escrito.

    Todo aquel que ingresaba al grupo debía firmar un documento donde declaraba que nunca revelaría el contenido de las

    discusiones.

    Las tomas del producto para los cortos comerciales se hicieron en Londres porque la agencia pensaba que en Inglaterra los

    equipos de filmación harían menos preguntas sobre el cambio de presentación. Los directores llevaban las latas de la nueva

    bebida en portafolios cerrados con llave hasta el momento en que debían ser usadas en el corto.

    El gran momento llegó el 22 de abril, y al día siguiente Coca-Cola reveló el nuevo sabor, más dulce, ante analistas

    financieros y los medios. Pepsi, en respuesta al anuncio que ya se esperaba, sacó un aviso de una página en el New York

    Times del 23 de abril, que decía: “Después de 87 años de mirarnos fijamente a los ojos, el otro finalmente pestañeó”.

    La reacción de los consumidores fue asombrosa. Durante fines de mayo y principios de junio, los clientes comenzaron a

    pedir que la compañía volviera al sabor original. Los fanáticos más absolutos corrieron a comprar cajones de su amada vieja

    fórmula.

    Durante esta revuelta, Pepsi aprovechó la ventaja. Lanzó avisos que hacían referencia a la reformulación. Y, durante el mes

    de mayo, los esfuerzos de la compañía parecieron dar frutos. Pepsi declaró un aumento de 14% en la venta minorista de

    botellas y latas.

    Finalmente, Coca-Cola admitió su derrota. El 10 de julio anunció que volvería el sabor original con el nombre de Coca-Cola

    Classic. Hoy, la nueva fórmula representa menos de 1% del mercado de gaseosas.

    Leah Rickard

    © Advertising Age