¿Es ésta una opción real?
En el marco de esta economía globalizada e interdependiente que caracteriza al planeta al final del siglo, ¿cuáles son las alternativas reales que tiene la Argentina?Por lo menos en teoría existiría la posibilidad de la apertura indiscriminada al comercio internacional, situación impensable a la luz de la tendencia mundial a la conformación de grandes bloques económicos, a pesar de que la diplomacia se ha esmerado en mostrar en el marco del Gatt una vocación de amplitud que, muchas veces, va más allá de la propia marcha de las transacciones.Hay, en apariencia, dos opciones: encarar la decidida integración con Brasil, Paraguay y Uruguay en el Mercosur, sin subordinarla a los resultados del plan de estabilización brasileño, o apuntar a una rápida entrada al tratado de libre comercio de Norteamérica (Nafta) como sugeriría la alineación a ultranza con Estados Unidos de la política exterior argentina.Si los términos de esta opción son reales, bastaría evaluar cuál es el resultado más conveniente para la Argentina en términos de ventajas concretas de adherir a uno u otro esquema. Balance factible de hacer en términos puramente económicos o comerciales, aunque en esta materia el ingrediente político tiene, además, valor sustancial.En ese caso, la primera gran conclusión será que la formulación de la opción es incorrecta. En verdad, la Argentina tiene una única posibilidad: la de adherir a la integración con sus vecinos en el Mercosur. La participación en el Nafta es una meta elusiva. Ni el mismo gobierno argentino que alienta la expectativa de esta íntima vinculación con la principal economía mundial cree de verdad en la viabilidad de este proyecto. Dentro del equipo económico, aunque no se hace público, se sabe bien que una muy hipotética participación en un tratado de libre comercio con las tres naciones de América del Norte tendría efectos negativos superiores a cualquier ventaja que se pretenda encontrar.Aunque el embajador en Estados Unidos, Raúl Granillo Ocampo, se ocupó de aclarar que la reciente inclusión de la Argentina en el informe del funcionario de la administración Clinton Michael Kantor no implicaría un inminente ingreso al Nafta, el círculo íntimo del presidente Carlos Menem no oculta su ansiedad -por lo menos en los dichos públicos- para que el vínculo se concrete cuanto antes.Aunque el mismo Granillo Ocampo sostuvo que “el Mercosur nos ofrece por ahora mejores posibilidades”.De todos modos, esa voluntad tendrá que esperar turno y amoldarse a algunas condiciones: * El Nafta surgió de una decisión geopolítica de Estados Unidos cuyo principal destinatario es México;* Chile es el primer país del continente que puede interesar en el Norte para incorporarlo al tratado;* Brasil es, a los ojos de Washington, el país sudamericano más difícil e importante para establecer una relación sólida.Un trabajo realizado por el consultor de un proyecto del PNUD con la cancillería, Arturo O´Connell, recomienda avanzar prioritariamente hacia la conformación de un área de libre comercio con Chile y continuar en la senda del Mercosur, mientras que demuestra que la creación del Nafta no devendríaen un desvío significativo del comercio que perjudique al país, con lo cual no sería necesario, por ese lado, negociar la entrada al tratado para neutralizar un hipotético daño.
EVALUACIONES TECNICAS.
En general, ninguno de los estudios técnicos profundos que se hicieron para evaluar las relaciones comerciales futuras hace hincapié en una ventaja excluyente de adherir al Nafta.Sí, en cambio, rescatan la salud estructural del Mercosur, ya que las turbulencias atravesadas hasta el momento responden más a problemas coyunturales de demanda que de oferta.La sociedad con Brasil siempre fue vista con recelo por los empresarios argentinos, guiados por el prejuicio de que la alta industrialización y capacidad exportadora del país vecino los condenaría a ser meros proveedores de alimentos y materias primas. Pero la combinación entre el atraso cambiario delos planes de Collor y el adelanto inicial de la reforma económica de Menem en 1990 y 1991 obsequió un resultado bilateral favorable para la Argentina de US$ 403 y 706 millones, respectivamente, que modificó la predisposición interna. Pero en los dos años siguientes el sesgo varió, y con él, los ánimos locales a la integración.Uno de los públicos defensores del Mercosur desde su gestación, Roberto Lavagna, previene sobre la necesidad de avanzar hacia el establecimiento del arancel externo común y, luego, de la conformación de una zona de libre comercio con los restantes países de la región (tipo Aladi), ya que, en caso de que cualquiera de los integrantes saliera del subbloque para negociar individualmente con Estados Unidos, Canadá o México (en ese orden) “se entregaría el mercado de los bienes manufacturados de la región al Nafta, en una suerte de reprimarización de las exportaciones de los miembros del Mercosur”.Por cierto, en la famosa lista de países que según Estados Unidos estarían en condiciones de negociar acuerdos de libre comercio (figuran 70) aparece Chile en primer lugar en el ámbito regional y de inmediato el Mercosur, como bloque.
COMPARACION CON ESTADOS UNIDOS.
Eduardo Bianchi (del Centro de Economía Internacional) y Jorge Robbio (del Instituto para el Desarrollo Industrial) acometieron la tarea de evaluar el impacto que el Nafta tendrá sobre las exportaciones argentinas y brasileñas dirigidas al socio mayor del tratado: Estados Unidos, y coincidentemente con conclusiones como las extraídas por Erzan y Yeats en 1992, las preferenciasarancelarias hacia esta parte del continente arrojarían modestas ganancias comerciales, sobre todo para la Argentina. La liberalización completa de los mercados, que para la Argentina equivalen a 82% de su comercio total con Estados Unidos, y para Brasil, 87%, implicaría una expansión de lasexportaciones de US$ 46 millones en el caso argentino y de US$ 704 millones en el brasileño.Las utilidades que devengará la finalización exitosa de la Ronda Uruguay del Gatt prometen ser más jugosas, ya que con la reducción arancelaria de 30% las ventas argentinas crecerían en US$ 360 millones. Para Brasil, las ganancias en tal caso arribarían a US$ 1.600 millones.El trabajo editado por el centro de estudios dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores indica que, a largo plazo, sin embargo, los valores del comercio de Argentina y Brasil comprometidos por la incorporación de México al Nafta podrían verse alterados por el acceso preferencial que el país azteca tendrá al mercado estadounidense, además de la influencia que ejercerá el flujo de capitales y la relocalización de industrias.Lavagna sostiene que una progresión equilibrada arrancaría de un ordenamiento en el Mercosur y en la subregión para después de 1995 iniciar un proceso de cuatro años hacia la inserción con el Nafta.El economista del peronismo que se desempeñó como funcionario durante el gobierno de Raúl Alfonsín propone un período de convergencia y transición de 10 años para que el Mercosur y la nueva Aladi entren en bloque al tratado norteamericano.O´Connell coincide con los resultados del estudio de Erzan y Yeats en que, a priori, el comercio no crecerá mayormente cuando se constituya el bloque continental. Para la Argentina, en 1991, las exportaciones a Estados Unidos no alcanzaban a 10% del volumen total. Contando el Mercosur, la participación no llegaba a 17%, y tomando todo el Cono Sur, apenas tocaba 21%.La expansión calculada por los especialistas sería entre 6 y 8% para todo el continente y para la Argentina, individualmente. Al revés, la diferencia en las barreras arancelarias que todavía favorece a esta parte del mapa prenuncia un crecimiento mayor de las colocaciones de productos norteamericanos en cuanto se acorten. Incluso se prevé que un avance de la Iniciativa de las Américashacia alianzas entre Estados Unidos con cada uno de los países latinoamericanos por separado agravaría la situación de muchos ante una disminución del intercambio entre ellos debido a la desigual competencia.El modelo Trains de la Unctad permite relevar las posiciones en las que Argentina se halla en competencia con los otros miembros del Nafta a fin de determinar las consecuencias que traería aparejado el ingreso. Con Canadá, casi la totalidad de las exportaciones argentinas hacia ese destino (US$ 79 millones) están expuestas a competencia de los otros miembros del tratado; 20% entran sin derechos y el arancel promedio es de 5,8%.Con México, de US$ 111,1 millones, 93,7 millones están en competencia. Y de éstos, 60,2 millones enfrentan alguna barrera arancelaria. El arancel es de 8,1%. Y con Estados Unidos, las exportaciones suman US$ 1.467 millones, de los que 1.309 millones podrían ser sustituidos por ventas desde los otros miembros del Nafta. Otra particularidad es la alta concentración de productos enviados desde el puerto de Buenos Aires al Norte, al corresponder dos tercios a las 20 primeras posiciones en valor.De éstas, 81% enfrentan barreras comerciales y el arancel medio se ubica en 5,09%.Para medir el desvío de comercio adverso a la Argentina, el modelo Smart (Software for Market Analysis and Restrictions on Trade) suprimió el efecto de las restricciones arancelarias entre los países del Nafta sobre las exportaciones argentinas con ese destino determinando que sería claramente inferior a 1% y hubiera modificado las cifras en sólo US$ 7 millones.En todo caso, como sostienen Roberto Bouzas y Jaime Ros (The North-South Variety of Economic Integration, Serie de Documentos e Informes de Investigación de Flacso, marzo de 1993), el Nafta tiene influencia sobre las opciones que perciben los otros países latinoamericanos. Queda en claroque las nuevas prácticas de discriminación comercial no responden, por parte de Estados Unidos, a consideraciones de seguridad o de política exterior. Encuentran fundamento en la creciente insatisfacción de Estados Unidos con el Gatt y en la necesidad de mantener competitividad global en un contexto donde se perciben signos de declinación económica y tecnológica.Lo cierto es, como lo demuestra el caso mexicano, que cualquier negociación de Estados Unidos con un país latinoamericano contendrá puntos totalmente novedosos para la agenda tradicional, como la liberalización de los servicios, el régimen de propiedad intelectual, condiciones laborales y protección del ambiente.
SOCIEDAD CON BRASIL.
Para la Argentina, la participación en el Mercosur implica insertarse en la economía internacional desde un mercado ampliado para alcanzar escalas de producción a través de la especialización industrial y lograr una base productiva diversificada y competitiva en términos internacionales.Aunque el tamaño de la economía brasileña cuadruplica al de la Argentina, las posibilidades de complementación exceden tal proporción. Vittorio Orsi hace hincapié en la “gran prioridad” de mejorar la interconexión energética, ya sea eléctrica o de gas, y de desarrollar en conjunto el petróleo, el gas y los alimentos.Una vez integrado el continente sudamericano, el ex encargado de planificación durante la primera etapa de la administración menemista avizora un frente muy competitivo en commodities, como siderurgia, petroquímica, pasta, papel, textil y alimentos.Actualmente, el comercio bilateral asciende a US$ 6.300 millones, que se elevan a US$ 8.300millones considerando a la totalidad del Mercosur. Argentina ha tenido en el último año un déficit comercial en el bloque de US$ 499 millones. Tomando nada más que productos industriales, el tránsito por las fronteras favorece a Brasil en US$ 1.700 millones.Para corregir ese desfasaje, la Argentina apeló en octubre del año pasado a un subterfugio arancelario para proteger su balanza comercial del desequilibrio que se venía perfilando debido a la alta demanda originada en la reactivación local y en la inflación -25% mensual- del país vecino.Desde ese momento, el alza interna de los precios minoristas argentinos frente al tipo de cambio fijo fue agotando ese alivio y en vísperas de las elecciones en Brasil no son pocos los que esperan una explosión del plan Cardozo con salida hacia el esquema de convertibilidad primo hermano del aplicado en este lado de la frontera por el ministro Domingo Cavallo.También se baraja como hipótesis, o como una expresión de deseos, que Brasil salga de la recesión que atraviesa e incremente su capacidad para absorber mayor cantidad de productos elaborados por sus socios regionales.Las corporaciones que vienen ejecutando proyectos industriales complementarios en los dos principales miembros del Mercosur dividen los módulos según el nivel de especialización de la mano de obra y la capacidad para agregar valor. Pero los que ven más allá de la coyuntura afirman que enel futuro los niveles se irán emparejando en calidad, aunque no en cantidad.
