jueves, 30 de abril de 2026

    Milton Friedman

    Nacido en 1912, profesor de la Universidad de Chicago, Milton Friedman es el máximo exponente de la reacción conservadora frente al agotamiento keynesiano. Además de innumerables artículos, editó en 1962 Capitalismo y libertad y en 1963 una enorme Historia monetaria de los Estados Unidos

    1867/1960, sus obras capitales. Había andado mucho trecho dentro del Partido Republicano desde su puesto de secretario de la Comisión Hoover, reivindicadora del presidente que aconsejaba rezar para que terminara la crisis del ´30.

    Al revés de los economistas precedentes, no se declaró neutral en materia política, no simuló nada y escribió todo lo que pensaba por más impopular que resultara. Eran los ´60, tiempos de Hermann Kahn, los Rostow, von Neumann y la futurología de moda, cuyas predicciones han resultado totalmente falsas. En Francia había tenido cierto éxito el poujadismo, una rebelión electoral de las

    Pymes contra la presión fiscal. La moda empresarial era reducir los impuestos para promover la inversión, ya que el dinero estaba mejor empleado por los que ganaban que por los burócratas lejanos. La actividad partidaria de Friedman tuvo su consagración en 1964, cuando redactó la plataforma electoral de los republicanos para su candidato presidencial Barry Goldwater.

    El documento fue conocido como Goldwater-Friedman (G-F), única vez en la historia de Estados Unidos en que el pensador recibe el crédito junto con el candidato. El programa, llamado modestamente Cruzada, olvidaba que todas las cruzadas se perdieron, y se concretaba en estos puntos:

    * El gobierno federal debe limitarse a dar un clima favorable para la actividad económica, sin intervenir para nada en el ciclo.

    * Debe reducirse el poder económico del gobierno federal: bajar los impuestos, pagar la deuda pública, limitar el gasto, y transferir a los estados y municipios todas las funciones, excepto las de Exterior y Defensa.

    * Las reglamentaciones públicas socavan la libertad y la eficiencia económica, y deben cesar. La competencia puede sustituir con ventaja a las regulaciones, limitar el poder económico privado y dirigirlo en el interés de las mayorías.

    LA MONEDA.

    Friedman parece escéptico en cuanto a las políticas anticíclicas, y pone en su lugar a la política monetaria. La variable principal está en la cantidad de moneda disponible: ésta debe seguir un ritmo de crecimiento igual a la tasa de crecimiento de la economía a largo plazo. Si los precios siguen la curva de la oferta monetaria, controlando ésta se controla la inflación. La política monetarista no es socialmente neutral: operando mediante el alza del tipo de interés, se reduce el monto de los créditos, y por ende el de los depósitos. De la plétora a la anemia, y del dinero barato al dinero caro.

    Además el alza del tipo de interés promovería flujos de capitales del exterior, ampliando la base monetaria sin el temido efecto inflacionario. El comercio exterior debe ser ampliado y simplificado, con una tarifa única y baja, promoviendo el librecambio y la competencia internacional en cuanto a

    mercancías. Los impuestos a las ganancias deben disminuir drásticamente hasta dejarlos en 33% para las empresas y 52,5% para las personas físicas (una reducción drástica frente al 70% en que estaban).

    Los impuestos con destino específico -caminos, vivienda, salud, educación, ancianidad- se anularían, compensando con deducciones impositivas los aportes privados a tales fines. Las transferencias de recursos federales a los estados cesarían, reemplazándolas por concesiones a empresas privadas que

    prestarían el mismo y mejor servicio. Las concesiones se asignarían a cada estado en proporción a la recaudación anterior.

    El objetivo del programa G-F es reducir el tamaño del gobierno federal, enemigo público N¡ 1. La ofensiva francesa de Rueff y Pinay, de cambiar dólares por oro a US$ 35 la onza, que era razonable cuando Estados Unidos tenía US$ 27 mil millones en oro y US$ 35 mil millones en circulante, dejó de serlo cuando la relación se puso 12/1 en favor del oro y los europeos comprendieron que los

    norteamericanos compraban empresas en Europa con billetes recién impresos. La oferta por la Fiat, de US$ 850 millones al contado, alertó a los europeos y japoneses acerca de la inestabilidad monetaria de Estados Unidos.

    El yen estaba 427 a 1 y el marco 4,30 a 1. Según Tobin -también premio Nobel-, la confianza del tándem G-F en la competencia como estado natural de la economía resultaba o muy cándida o muy falaz. Si bien el programa proponía una severa legislación contra las prácticas monopólicas, la abundante jurisprudencia norteamericana sobre prácticas restrictivas señalaba que no había demasiados abusos, sino nuevos usos. Tampoco se explicaba cómo, en medio de tantas restricciones, impuestos y presiones estatales y sindicales, las empresas de Estados Unidos habían prosperado tanto durante un siglo.

    NO DE LAS URNAS.

    El programa fue sometido a votación en noviembre de 1964, y rechazado por 64% del electorado americano. Tampoco Nixon lo adoptó entre 1968 y 1974; antes bien, durante la crisis petrolera de 1973 congeló precios y salarios por decreto. El gobierno chileno pidió y obtuvo el concurso de Friedman en 1973, cuando Pinochet lo erigió en redentor de la economía. El cese del bloqueo, una

    mejor administración y la duplicación de los precios del cobre entre 1976 y 1982 coadyuvaron al éxito del Plan G-F, cesando la presión sindical y aliviando un tercio el desempleo. El comercio exterior creció sustancialmente y el flujo de capitales fue generoso, compensando una balanza de pagos positiva a una comercial negativa. Para mal, se retomó el credo ricardiano de la “división

    internacional del trabajo” en momentos en que comenzaba la baja del precio de las materias primas.

    Para satisfacción del gobierno de Chile, el Plan G-F incentivaba sin límites un solo tipo de gasto, el militar, como lo había propuesto en Estados Unidos.

    Nació el fundamentalismo de mercado (frase de Sobel) o, como dice Samuelson, el “fascismo de mercado”, una nueva fuente de poder autoritario, nacida en la concepción de la economía como ciencia exacta, con leyes y dogmas indiscutibles, que se deben acatar como leyes de la naturaleza.

    Nadie discute con el trueno. La vieja idea de Jevons remozada y ampliada hasta convertir todo en una Ley de Murphy: los problemas muy complicados tienen soluciones falsas muy sencillas y aplicables.

    La hipertrofia del Estado nació en 1933, ante la incapacidad de la economía ortodoxa para resolver los problemas que llevaron a la Gran Crisis y a instancias de gobiernos conservadores. En la Argentina se suele ignorar que todas las regulaciones económicas nacieron entre 1932 y 1938, durante el

    gobierno del general Justo. El programa G-F proponía reducir al mínimo la incumbencia de la Reserva Federal, ya que los sabios financistas cuidarían mejor el dinero de sus inversores que los burócratas de Washington.

    NUEVA MECA.

    Como antes fue Cambridge en la era keynesiana, la peregrinación de los jóvenes economistas tenía ahora su meta en Chicago, y de ahí a llevar el duro evangelio monetarista desde Inglaterra hasta Indonesia. Hasta el Bundesbank aplica las altas tasas que permiten el crecimiento con inflación. Pero la teoría monetarista cae cuando el dinero cambia su naturaleza y deja de estar controlado: desde tarjetas sin fin hasta dinero electrónico circulando un billón diario, parece imposible que nadie pueda controlar la oferta monetaria. Si se trata de fijar los precios no se puede considerar inflacionaria un alza salarial y que no lo sea un alza de los dividendos y beneficios. La sola elaboración de un índice define una ideología: si no entran en la matriz todos los elementos de los

    bienes y servicios disponibles, solamente se habrá frenado un grupo de precios, y no los más importantes. Se trata de una falsedad por omisión, ya que una verdad a medias es una mentira a medias.

    Los conceptos de Friedman calaron hondo en los republicanos y el presidente Reagan, al asumir, lo dijo: “El Estado no es la solución, es el problema a vencer”. Se abrió la importación y los bienes sometidos a competencia extranjera estabilizaron los precios. Los servicios continuaron subiendo los

    suyos y las quiebras de Pymes se duplicaron entre 1980 y 1983. El desempleo y la mano de obra “en negro” erosionaron la recaudación fiscal genuina, mientras las altas tasas de interés atraían flujos monetarios de todo el mundo, compensando la balanza de pagos a la comercial deficitaria y ampliando la base monetaria. La quiebra mexicana de 1982, cuando sus monetaristas admitieron que tenían asegurado sólo 3% de su deuda externa, abrió lo que sería una Opep de deudores morosos. Las Bolsas de Kuwait y Milán quebraron en el ´82, la primera por US$ 90.000 millones en cheques sin fondos. La amenaza brasileña de no pagar y hacer quebrar a los bancos acreedores le dejó un nombre, la sambatoria. Como en todas las crisis, el mercado inmobiliario salió en punta, triplicó sus precios y luego cayó a la mitad: los deudores hipotecarios deben mucho más que lo que valen sus inmuebles, desde Nigeria hasta Canadá. Estados Unidos, con millones de personas en la calle, pasó de ser el primer acreedor del mundo a ser el primer deudor. La reaganomics endeudó a Estados Unidos en US$ 4 billones más y la deuda alcanza a US$ 6,4 billones. El presupuesto de Estados Unidos prevé un gasto militar de US$ 390.000 millones, pero la partida para pago de la deuda es de

    US$ 472.000 millones, casi tanto por año como toda la deuda consolidada del mundo atrasado, arrastrados por altas tasas de interés.

    La teoría monetarista es atractiva, parece simple de aplicar, sus resultados son previsibles, todo cierra ordenadamente. La sinfonía es exacta y precisa, el problema son los intérpretes, sus intereses y su propensión a decir la verdad. En 1930 parecía haberse evaporado el oro del mundo, a la espera de

    reaparecer en mejores condiciones. El resultado fácil y la respuesta inmediata del mercado al estímulo son los grandes señuelos monetaristas; el problema surge cuando deja de aparecer el tesoro escondido.