miércoles, 29 de abril de 2026

    La vida en los libros

    Al principio, los libros se exponían y vendían, una vez al año, en alguna plaza de la ciudad. La primera feria se organizó en 1975 y la idea del publicista Roberto Vastiglione tuvo una impensada resonancia. La popularidad de la iniciativa se iría acrecentando con el correr del tiempo y los cambios que sus creadores -la Sociedad Argentina de Escritores, la Cámara Argentina del Libro, Argentores y otras entidades- le fueron imprimiendo.

    En 1985 la exposición anual adquirió forma jurídica y dio origen a la Fundación El Libro, una organización eficiente, perfectible y muy activa. Marta Díaz trabaja para la feria desde su misma creación y aun antes, como secretaria y testigo de los sueños de Castiglione, hasta llegar a su puesto actual de directora de Ferias.

    “Ayer terminamos la muestra del libro infantil. Fue la tercera. Un éxito. Ahora hay que continuar los trabajos para la próxima feria grande, la del ´93. Esta vez el lema elegido es “El libro y el mundo del futuro” y tenemos varias sorpresas preparadas.”

    Es evidente que el tema la apasiona, que cada feria es como un hijo mimado hasta el día de la inauguración. “Ese día me encierro en mi despacho y empiezo a olvidarme de lo que con tanta esperanza preparamos. ¿Sabe a qué se parece lo nuestro? A una puesta teatral: ensayamos durante 11 meses y representamos solamente 20 días. Una puesta con los tiempos al revés.”

    Y siempre con novedades. Algunas convertidas después en un buen recuerdo, otras no tanto. “Por ejemplo, la feria más triste fue la que montamos durante los días de la guerra de las Malvinas. Otra que trajo complicaciones fue la segunda, inaugurada tres días después de la caída del gobierno de Isabel Perón.”

    La que recuerda con más entusiasmo fue la de 1985, dedicada a la ciencia y a la técnica, cuyo comité organizador integraban Favaloro, Leloir y Sadosky y a la que asistieron un astronauta norteamericano y un cosmonauta soviético.

    “Además, la Feria me permitió hacer amistades inolvidables. Como la de Juan Rulfo, quien me escribía mensajes afectuosos entre florcitas dibujadas, o la alegría contagiosa del poeta Eugene Evtuchenko o los encuentros con Gonzalo Torrente Ballester, con el que formé un divertido dúo de tango. Y no le hablo de Ernesto Sabato, Beatriz Guido o María Esther de Miguel.”

    También este trabajo -el único que tuvo en su vida- la ha llevado y sigue llevándola a recorrer el mundo, casi siempre en relación con el libro. Nueva York, Los Angeles, Frankfurt, San Pablo, Madrid.

    Lo que se dice una vida muy activa. De la cual necesita distenderse recurriendo… a la lectura, sobre todo de novelas policiales, consumidas a razón de cinco por mes. “En cambio, cuando quiero aprender leo ensayos históricos y para deleitarme recurro a la poesía”. Finalmente, Marta Díaz revela el secreto de su éxito: “Amo lo que hago y hago lo que amo”.