lunes, 25 de mayo de 2026

    ¿Quién es el dueño de los genes?

    El debate en torno del patentamiento de genes humanos vuelve a la primera plana. Ahora, el detonante es la renuncia del científico norteamericano James Watson, que de un día para el otro pasó al estrellato al abandonar sus funciones en el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.

    Watson no se opone, en principio, al patentamiento de genes, pero su visión va más lejos. En muchos países se están realizando esfuerzos científicos para aislar la totalidad de los genes humanos (que pueden ser algo así como 100.000) y, de ese modo, trazar un mapa, el así llamado genoma, que sería de enorme utilidad científica y práctica. La polémica se suscita cuando lo que se intenta es patentar tramos de material genético cuya estructura íntima todavía es un misterio.

    Los genes son como ladrillos básicos y la discusión surge cuando alguien intenta patentar toda una pared. Si se acepta ese patentamiento, automáticamente el resto de la comunidad científica pierde el interés por investigar los ladrillos que la componen y esto puede retrasar el genoma en años, tal vez décadas.

    En rigor, el debate no es nuevo: hace alrededor de 20 años se obtuvo el primer clon, o duplicación en laboratorio, de un gen. A partir de allí comenzó a discutirse el derecho de propiedad sobre formas de vida tales como genes, células, tejidos y hasta algunos organismos del reino animal. El debate alcanza también al mundo vegetal, incluyendo granos y otras plantas alimenticias.

    En 1980, una resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos, que concedió una patente para un microorganismo que disuelve el petróleo, desarrollado a través de procedimientos de ingeniería genética, dio origen al multimillonario negocio de la biotecnología. Ahora, el titular del Instituto Nacional de Salud, B. Healy, opina que, si Estados Unidos no patenta los misteriosos fragmentos de genes, va a ocasionar a los contribuyentes y a las empresas de biotecnología un gran lucro cesante con respecto a los ingresos esperados a partir de una cascada de descubrimientos genéticos.

    LA MAQUINA QUE ORGANIZA LA VIDA.

    Para quien se desespera al ver su escritorio repleto de papeles, a veces olvida agendar una cita, no sabe cómo orientarse en París, o quiere enviar un mensaje y no encuentra un teléfono o fax a mano, Apple acaba de presentar a Newton, el último invento en materia de electrónica “para tener control sobre sus actividades y organizar su vida”. En más de un sentido, la Newton es una cosa seria: funciona como un simple anotador, con las dimensiones de un libro. Al abrirlo, queda al descubierto una pantalla de 7 por 12 centímetros, junto con un lápiz electrónico. Es todo.

    Utilizando el lápiz se puede anotar cualquier cosa. Por ejemplo, una idea que a uno se le ocurra y que, después de anotada, se carga en la memoria del aparato. Entre sus habilidades, Newton tiene una nada despreciable: puede reconocer los rasgos de la escritura manual. Una pequeña tarjeta le permite disponer de 20 MBytes de memoria. Un sistema infrarrojo la conecta, a distancia, con computadoras o con modems telefónicos o de fax. En el futuro, está previsto ampliar la distancia mediante un sistema de radio. Pero lo más importante, Newton no ha sido diseñada para fanáticos de la computación, la electrónica y la tecnología. Al revés: está pensada para gente que, hasta ahora, se ha resistido a este tipo de aparatos.

    Tal apertura hacia el mundo de los no iniciados significa, ni más ni menos, que Apple piensa ingresar en un mercado potencial del orden de los 3,5 billones (millones de millones) de dólares. Por supuesto que otras empresas entrarán en este segmento e incluso Apple tiene previsto incorporar tecnologías de otras compañías a su nuevo producto. Tanto el hardware como el software de Newton son altamente sofisticados y esto conduce a lo que tal vez sea el único inconveniente inicial: el precio, que según las características podría oscilar entre US$ 400 y 700. La Newton puede traducir a varios idiomas, llevar cuantas agendas y datos necesite el usuario y tomar contacto con redes a distancia para incorporar datos: por ejemplo, un plano de París y el mejor camino para llegar de un punto a otro dentro de esa o cualquier ciudad.