lunes, 25 de mayo de 2026

    La gallecard

    Alguna vez se sentaron guapos, algún chorro, carreros, cantores. Ahora van los de ahora. Kabalistas de porteñeros secretos, custodiados y atendidos por el dueño gallego y chueco del boliche, en Barracas. El gato se hace el dormido sabiendo que son consecuencias del Primer Mundo.

    Ruso. (Colorado y encima con pecas) No estoy de acuerdo con adquirir una liability sin hacer una marketing intelligence. Qué querés que te diga.

    Goya. (Imaginen un gallego) Que me dijas aljo claro, tío.

    Ruso. Este café está horrible Goya. Veamos… (pausa) Vos querés ingresar en un deferred payment credit. (Goya pone cara de haberle bajado la presión.) Tranquilo. Es un mit hinausgeschobener en alemán, o sea un crédito de pago diferido. (La cara de Goya toma colores raros, tirando a solferinos, el gato se para atento.) Tranquilo. Tranquilo. Pienso que no te conviene adquirir una obligación sin tener una información comercial o, como dicen los alemanes, un marktkenntnisse. ¿Me entendés?

    (Goya da unos pasos vacilantes hacia atrás mientras el gato corre a esconderse entre las mesas.) ¡Pero che, no es para tanto! Tenés que informarte para no entrar en misconduct, cattiva condotta, verhalten o sea mala administración y aun, oíme bien, en un misdemeanour, un reato, vergehen o sea, oíme, gallego, un delito. Te lo digo. Hablando de delito mirá quién viene. (Entra el Chino frotándose las manos. Goya lo mira desesperado y, mientras se seca el sudor de la frente con el repasador, le pide ayuda con los ojos. Es un condenado y no hay tiempo. El gato se asoma y mueve la cola tiesa y nerviosa.)

    Chino. ¿Qué pasa? Goya, traéme un cortado mitad y mitad. ¿Qué te pasa, viejo? Che (al Ruso), ¿qué le pasa?

    Ruso. Quiere tener una tarjeta de crédito y le estoy explicando la necesidad de estudiar el asunto previamente para no meter la pata. Pero el gallego… vos viste.

    Chino. Las tarjetas se están haciendo plaga. Los bancos avanzan.

    Ruso. Y… están para dar crédito. Tratan de abrir bocas de expendio. Como si fuera un branch, una niederlassung.

    Chino. A mí no, viejo.

    Ruso. Bueno, una sucursal. (El Goya trae dos cafés, los acomoda y se queda escuchando. El gato se acerca lento, fino, desconfiado.)

    Goya. A ver, Chino, si tú me la haces más fácil.

    Chino. Cómo no. El asunto es así. Los bancos con las tarjetas aumentan las posibilidades de ventas a crédito. O sea, a pagar después. Como la antigua libreta del almacenero, pero en muchos lugares y con chapa de pudiente. La libreta era para salir del paso, en cambio la tarjeta no se la dan a cualquiera. ¿A vos por qué te la darían?

    Goya. Por gallejo. (El Chino se desorienta.)

    Ruso. Te explico. Los bancos crean grupos de afinidad. Y hacen bien. La gente se siente obligada con sus iguales y orgullosa de pertenecer a un sector con capacidad de compra. Esta es una tarjeta para gallegos. ¿Cuántos gallegos hay? Un montón. Y bueno, los gallegos tienen su tarjeta. La Gallecard.

    Eso es todo. La gente se siente bien, los bancos dan crédito, los negocios venden más. Redondo. (El gato vuelve a dormitar pensando en las consecuencias de pertenecer al Primer Mundo.)

    Chino. En una palabra; todos salen con earnings, ´rtrage, es decir, ganancias. (El Goya vuelve a tomar colores solferinos y a producir sudores exagerados.) Y a propósito, acá te vamos a pagar con tarjeta.

    Y listo.

    Goya. (Reaccionando en el acto.) ¡Ninjuna tarjeta! A mí me pajais con jita contante y sonante. (El gato lo mira serio.)