lunes, 25 de mayo de 2026

    La demanda es crecimiento

    Llegó la hora. La sociedad ha incorporado la estabilidad como un bien preciado, del que ya dispone.

    Sabe que puede haber remezones, pero cree que habrá margen para volver al derrotero, con firmeza.

    Lo que demanda ahora es crecimiento y quiere ver resultados en esa dirección.

    Los logros de la conducción económica son -sin duda- importantes. Al observar la tornadiza y exigente actitud de la opinión pública, tanto el Presidente como el ministro de Economía no habrán evitado pensar en la ingratitud que supone -desde la óptica del gobierno- la nueva dureza con que se reciben algunas de las iniciativas oficiales.

    En el plano político, el partido de gobierno -o al menos el círculo aúlico que rodea al primer mandatario- sigue empeñado en imponer la reelección presidencial, al costo que sea. El costo puede ser altísimo, y así comienzan a percibirlo todos los actores que se mueven en el escenario.

    El debate se comienza a poblar de temas que hace tres meses no tenían posibilidad de encontrar lugar en la agenda. Sobre la necesidad de una política industrial y la orientación que debe distinguirla; sobre las implicancias del “costo argentino” y las reales posibilidades de disminuirlo; sobre las perspectivas de una balanza comercial deficitaria; sobre el “posicionamiento” de Argentina en el mundo -o dicho de otro modo, acerca de qué les vamos a vender a otros países-. Si no se vuelve a plantear la discusión sobre la tasa cambiaria -aunque puede reaparecer pronto- es por el temor a una airada descalificación del ministro Cavallo.

    Hay angustias todavía difíciles de manejar: una fuerte caída en los valores de la Bolsa dejó a la City sumida en ansiedades y cavilaciones. Sin hablar de las increíbles explicaciones: el supuesto “efecto” Perot; el coletazo de lo ocurrido en México y Brasil; y naturalmente, el reflejo de la “dramática” caída en la Bolsa de Tokio.

    En Japón, el índice Nikkei que en 1989 estaba pisando los 40.000, estuvo en 20.000 en 1990. Es decir que, en un año, se volatilizó la mitad del valor del mercado de capitales. Ahora la nota sobresaliente fue que el mismo índice bajó de 16.000. Lo que demuestra que Japón tampoco es inmune a las cíclicas alzas y bajas de la Bolsa, lo que no significa el derrumbe de la principal potencia comercial.

    Ni tampoco, necesariamente, una caída de 7,9 % implica el fin del programa de convertibilidad en Argentina. Falta consolidar una cultura de la estabilidad. Sin embargo, es un buen recordatorio de lo volátiles que son algunos capitales que ingresan del extranjero.

    Por ahora avanza el proceso de privatizaciones, lo que ha permitido ordenar el frente de la deuda externa, y se están dedicando muchos recursos a la financiación de bienes duraderos, a tasas increíbles. En síntesis, hay baja inflación, y crecimiento impulsado por una demanda ávida de restablecer su nivel.

    Lo que no está resuelto ni siquiera explicitado es cómo se sigue para obtener crecimiento. Cuando se agoten los recursos de la privatización -eso será el año próximo- habrá que enfrentar los compromisos externos con dólares generados por el comercio exterior. ¿Cómo crecerán las exportaciones con un peso revaluado y con hipotéticas reducciones del “costo argentino” que dependen casi exclusivamente de servicios públicos en manos privadas que deben dar utilidades?

    Del mismo modo que Chile optó por convertirse en la “frutería y verdulería” de Estados Unidos, con éxito, ¿cuál será el “nicho” del mercado internacional que elegirá la Argentina para crecer? La gran incertidumbre es el destino de los sectores con capacidad de aumentar la producción exportable del país. No puede ser que el único negocio posible sea vender en el mercado interno.

    PROYECTO EDISON: QUE HACE FALTA.

    Hay quienes creen que en la Argentina tenemos la manía de imitar lo que ocurre en Estados Unidos.

    La visión no es del todo fundada. En todo caso se puede discrepar ampliamente sobre qué merece ser copiado. He aquí una propuesta de emulación positiva.

    Los empresarios estadounidenses se cansaron de lamentarse sobre el deficitario nivel educativo del país, y su repercusión en la marcha de las empresas y en el destino de la nación. Han decidido meter las manos en la masa. Involucrarse directamente en el tema. No sólo con contribuciones y apoyo a programas especiales, experiencias que abundaron en los últimos años, sino asumiendo integralmente la responsabilidad de crear centros de excelencia en todo el país.

    Bajo el liderazgo de Beno Schmidt, hasta ahora presidente de la afamada Universidad de Yale, un grupo empresario organizado por Christopher Whittle, de Tennessee, auspicia el Proyecto Edison cuyo objetivo es poner en marcha 1.000 establecimientos educativos de tecnología avanzada, desde el nivel primario hasta el universitario. En 1996 se esperar abrir 200 de estas escuelas en todo el país, con capacidad para albergar 100.000 estudiantes. Los ingresos del primer año se estiman en US$ 700 millones. Para el 2005 estaría operando todo el sistema: 1.000 escuelas con dos millones de estudiantes e ingresos anuales por US$ 10 mil millones.

    Todo será repensado: la cantidad de horas de clase y los métodos de enseñanza. Matemáticas y ciencia tendrán especial énfasis. La escuela privada cobrará anualmente US$ 5.500 por alumno, cifra similar a la que le cuesta al Estado cada estudiante en una escuela pública. A pesar de la similitud en los ingresos, esperan tener utilidades porque harán uso intensivo de la nueva tecnología y demandarán menos maestros y personal de apoyo que la escuela pública. Una quinta parte del estudiantado serán becarios, provenientes de familias que no pueden afrontar el pago de los aranceles.

    El capital inicial reunido es de US$ 60 millones, y varios medios de comunicación están entre los accionistas. Se utilizarán intensivamente computadoras interactivas y cada escuela tendrá acceso a una biblioteca electrónica. Las críticas abundan y las predicciones de fracaso también. Pero en tanto el riesgo es inherente a la actividad empresarial, los inspiradores del proyecto están dispuestos a poner su dinero y su prestigio personal en la balanza.

    PARA QUE SIRVEN LAS CAMARAS.

    Si hay un personaje en busca de un actor, es sin duda una cámara empresaria. Estas asociaciones empresariales están atravesando por una crisis de identidad. Hasta no hace mucho, su tarea era clara: hacer lobby en favor de sus asociados.

    Con una economía fuertemente regulada era preciso armonizar criterios entre quienes operaban en el mismo sector, y trasladar posiciones comunes ante los poderes públicos. El nuevo escenario de la economía argentina impone un replanteo. La antigua misión subsistirá siempre en alguna medida, como que es permanente el derecho de peticionar a las autoridades, y cuanto más orgánica es la petición, más efectiva resulta.

    Aun así, las cámaras empresarias se debilitarán y languidecerán si no encuentran otras tareas específicas que justifiquen su existencia. Y la respuesta, como en otras partes del mundo, pasa por la calidad y extensión de los servicios que puedan brindar a sus asociados.

    Información instantánea y selectiva de vital necesidad para quienes operen en el sector; banco de datos tecnológico; centro de excelencia para capacitación a todos los niveles; orientación en management y en marketing, son las exigencias del momento. Las cámaras que avancen en este territorio casi inexplorado fortalecerán su base de actuación y potenciarán el desarrollo de nuevos negocios para los asociados. El gerente profesional de una cámara debe ser más profesional que nunca. Y empujar a su entidad -a través de inteligentes vinculaciones y explorando posibles sinergias- por los nuevos dominios de la agenda empresarial de finales de siglo: ecología, educación, formación de recursos humanos, incorporación de tecnología.

    EL NUEVO DIALOGO NORTE-SUR.

    Hay dos teorías antagónicas que intentan sintetizar el resultado -y las perspectivas- de la Cumbre Ecológica de Río. Ellas son: 1) Hay indicios de que en los próximos meses se establecerá una nueva versión del diálogo Norte-Sur. 2) Ha revivido el clima de hostilidad y enfrentamiento que caracterizó a la década de los ´70.

    Al menos una de ellas -¿acaso las dos?- debe estar errada. La primera incursiona en estos argumentos:

    * Las naciones de vanguardia están más dispuestas que en las pasadas dos décadas a considerar la conflictiva agenda. En pocos días más, los líderes del G7 -el club de las naciones más prósperas del planeta- harán su reunión anual, esta vez en Munich, Alemania.

    * Los vínculos con el mundo en desarrollo es el segundo tema de la agenda de cinco puntos, detrás del análisis de la economía mundial y de las perspectivas de crecimiento. La relación con el Tercer Mundo aparece antes que el futuro de los lazos con la ex URSS y antiguos satélites comunistas.

    * El representante estadounidense, Nicholas Brady, llevará una impresión de primera mano de lo que piensa el bloque latinoamericano, tras la reunión que mantuvo con 11 ministros de economía de la zona. Por su parte, el presidente de Senegal auscultó -en nombre del G 15, que agrupa a importantes naciones en desarrollo- al canciller Helmut Kohl, anfitrión de la reunión, sobre la posibilidad de que delegados del mundo en desarrollo estuvieran presentes en las deliberaciones de Munich.

    * La respuesta fue negativa, pero con la promesa de informar especialmente sobre los resultados de las deliberaciones. En el G 15 están Argentina, Brasil, México y Venezuela, como también Indonesia, India, Egipto, Nigeria y Argelia.

    * Lo cierto es que hay un nuevo clima. De parte de las economías prósperas, el convencimiento de que los problemas ecológicos no se resuelven sin el concurso de todas las naciones. Desde la óptica del Tercer Mundo, hay un nuevo realismo en los planteos que impresiona a los interlocutores del Norte.

    * Hará falta lucidez de ambas partes para destrabar la “impasse” de la Ronda Uruguay del GATT, superar el proteccionismo de los industrializados, e insertar las economías en desarrollo en la gran corriente del comercio internacional.

    La segunda tesis es más contundente. El actual balance de poder mundial ofrece escasa -o ninguna- alternativa de obtener concesiones del Norte, a partir del enfrentamiento. La convergencia en materia ecológica es la única posibilidad de regatear. Como dijo en Río el ministro de industrias básicas de Malasia: “Soy pobre y necesito mis selvas y bosques para sobrevivir. Si ustedes quieren que esos recursos sean preservados, deben pagar por ello, y proveerme de tecnología e inversión”.

    DESTRABAR LA RONDA URUGUAY.

    La total eliminación de las restricciones comerciales que se busca con la finalización de la Ronda Uruguay del GATT supondrá -tras diez años de funcionamiento- una ganancia anual de US$ 475 mil millones.

    Lo mejor del caso es la casi igualdad con que se repartirían esos nuevos beneficios: US$ 255 mil millones quedarían en manos de los 24 países industrializados agrupados en la OCDE; mientras que los restantes US$ 220 mil millones corresponderán a las economías en desarrollo, incluidas las de Europa oriental. Esa es la conclusión de un estudio que acaba de realizar la OCDE (Trade Liberalisation: What´s at Stake).

    A pesar de los evidentes beneficios, no hay posibilidad de destrabar las deliberaciones -seis años- en el GATT. No hay liderazgo político capaz de superar la influencia del lobby de los agricultores europeos y norteamericanos. Veinte de los 24 miembros de la OCDE tienen -en opinión de Lawrence Summers, economista jefe del Banco Mundial- más políticas proteccionistas que las que exhibían hace diez años.

    Entre tanto, la mentada “brecha de la pobreza” se agranda. Los países ricos se tornan más ricos a más velocidad que antes. Los países donde habita el más rico 20% de la población mundial, concentran ahora 82,7% del producto bruto mundial (contra 70,2% hace 30 años). En las áreas ocupadas por el más pobre 20% de la humanidad, la participación en el PB global es de 1,4%.